Si naciste entre 1985 y 1995, lee este artículo y averigualo
Un diagnóstico es una determinación que cierra otras posibilidades, es solo una forma de contemplar un fenómeno. Si bien la crisis del cuarto de vida no es la excepción espero que este artículo te ayude a despejar dudas, esas dudas tan comunes cuando sabes que no tenés 25 años sino que un cuarto de tu vida ya pasó.
Es bien fácil. Lee con atención los siguientes 11 ítems. Si estás pasando por al menos 9 de estas situaciones, entonces ¡Bienvenido!
1 Te sentís incomprendido.
Incluso por personas con las que antes te identificabas plenamente, como amigos cercanos, parientes o tu mismísima pareja.
2 Algunas personas que antes te divertían ahora son aburridas.
Lo mismo sucede con ciertos lugares y actividades ¿De verdad tengo que hacer esto? ¿En serio pedí hacer esto? Deberían pagarme por hacer esto.
La bebida blanca (ya) no es tu amiga.
3 Te parece que lo pasaste mejor en la secundaria o en la universidad.
Del trabajo ni que decir… ¡esperabas otra cosa!
4 El lugar en donde estás no se parece en nada al lugar en donde pensaste que ibas a estar cuando tenías 18 años.
5 La presión económica es una verdadera carga.
Sea porque tu independencia tambalea frágil con tus ingresos o porque ni siquiera percibís ingresos y eso te hace sentir incompetente. También te persigue la sensación de que podrías hacerlo mucho mejor si te dieran la oportunidad/si la oportunidad se presentase.
6 Deseás, de pronto, establecerte.
Tener un trabajo muy seguro, un hijo, adquirir una casa o volver a tu ciudad de origen (si te fuiste buscando suerte). Se trata de pensamientos erráticos, como arrebatos.
7 Te entusiasman fantasías extremas y disímiles que rara vez llevas a cabo, y que después de un par de días abandonas.
¿Qué pasa si me voy de crucero y me hago bartender? Puede ser volverse frigano, vivir en la montaña o, como en el punto anterior, establecerte de golpe.
8 Y también el otro extremo.
¿Qué hubiera pasado si estudiaba otra carrera/terminaba la carrera? ¿Si tuviese plata y pudiera no trabajar? ¿Si hubiera participado en ese concurso? ¿Si todavía me viera con esa persona? ¿Si no me hubiera peleado con Pepita/o? ¿Si fuera pelirroja y china?
Un cardiograma de tu pensamiento semanal podría verse así: comienzas coqueteando con la idea de volver a la casa de tus padres y cortar fiambre en el negocio de tu tío, abrazando las bondades de una vida sencilla y familiar que, para el miércoles, cambias por algo que implique el desarrollo de tu carrera, ambicionando escalar para terminar siendo un alma fría y bien vestida, que contesta de forma inteligente. Cerca del viernes renuncias a esta idea porque te estresa y entonces piensas en dedicarte a la encuadernación artesanal, viviendo de lo que juntes en la calle.
La gente no dice nada cuando le comentas tus planes.
9 De por sí cuando hablas, estás más alterado. Buscas confrontar dando opiniones extremas y/o tajantes.
10 Te generan enojo/mucha incomodidad las siguientes preguntas:
¿Cuánto ganás? ¿Ya tenés trabajo? ¿Ta estás pareja? ¿Te vas a casar? ¿Sos independiente económicamente? ¿Te sentís realizado en tu actividad?
Las personas no se volvieron más inquisidoras. Solo ha cambiado tu percepción al respecto. Y cuando digo percepción quiero decir sensibilidad.
11 Comparas “vidas” de distintas personas (tus padres, amigos, compañeros, etc.)
En esas comparaciones parece que al resto le va mejor que a vos.
Un diagnóstico es una determinación que cierra otras posibilidades, es solo una forma de contemplar un fenómeno. Si bien la crisis del cuarto de vida no es la excepción espero que este artículo te ayude a despejar dudas, esas dudas tan comunes cuando sabes que no tenés 25 años sino que un cuarto de tu vida ya pasó.
Es bien fácil. Lee con atención los siguientes 11 ítems. Si estás pasando por al menos 9 de estas situaciones, entonces ¡Bienvenido!
1 Te sentís incomprendido.
Incluso por personas con las que antes te identificabas plenamente, como amigos cercanos, parientes o tu mismísima pareja.
2 Algunas personas que antes te divertían ahora son aburridas.
Lo mismo sucede con ciertos lugares y actividades ¿De verdad tengo que hacer esto? ¿En serio pedí hacer esto? Deberían pagarme por hacer esto.
La bebida blanca (ya) no es tu amiga.
3 Te parece que lo pasaste mejor en la secundaria o en la universidad.
Del trabajo ni que decir… ¡esperabas otra cosa!
4 El lugar en donde estás no se parece en nada al lugar en donde pensaste que ibas a estar cuando tenías 18 años.
5 La presión económica es una verdadera carga.
Sea porque tu independencia tambalea frágil con tus ingresos o porque ni siquiera percibís ingresos y eso te hace sentir incompetente. También te persigue la sensación de que podrías hacerlo mucho mejor si te dieran la oportunidad/si la oportunidad se presentase.
6 Deseás, de pronto, establecerte.
Tener un trabajo muy seguro, un hijo, adquirir una casa o volver a tu ciudad de origen (si te fuiste buscando suerte). Se trata de pensamientos erráticos, como arrebatos.
7 Te entusiasman fantasías extremas y disímiles que rara vez llevas a cabo, y que después de un par de días abandonas.
¿Qué pasa si me voy de crucero y me hago bartender? Puede ser volverse frigano, vivir en la montaña o, como en el punto anterior, establecerte de golpe.
8 Y también el otro extremo.
¿Qué hubiera pasado si estudiaba otra carrera/terminaba la carrera? ¿Si tuviese plata y pudiera no trabajar? ¿Si hubiera participado en ese concurso? ¿Si todavía me viera con esa persona? ¿Si no me hubiera peleado con Pepita/o? ¿Si fuera pelirroja y china?
Un cardiograma de tu pensamiento semanal podría verse así: comienzas coqueteando con la idea de volver a la casa de tus padres y cortar fiambre en el negocio de tu tío, abrazando las bondades de una vida sencilla y familiar que, para el miércoles, cambias por algo que implique el desarrollo de tu carrera, ambicionando escalar para terminar siendo un alma fría y bien vestida, que contesta de forma inteligente. Cerca del viernes renuncias a esta idea porque te estresa y entonces piensas en dedicarte a la encuadernación artesanal, viviendo de lo que juntes en la calle.
La gente no dice nada cuando le comentas tus planes.
9 De por sí cuando hablas, estás más alterado. Buscas confrontar dando opiniones extremas y/o tajantes.
10 Te generan enojo/mucha incomodidad las siguientes preguntas:
¿Cuánto ganás? ¿Ya tenés trabajo? ¿Ta estás pareja? ¿Te vas a casar? ¿Sos independiente económicamente? ¿Te sentís realizado en tu actividad?
Las personas no se volvieron más inquisidoras. Solo ha cambiado tu percepción al respecto. Y cuando digo percepción quiero decir sensibilidad.
11 Comparas “vidas” de distintas personas (tus padres, amigos, compañeros, etc.)
En esas comparaciones parece que al resto le va mejor que a vos.