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La Flota de Guerra Argentina, Despues del 2 de Abril

Info7/30/2015
La Flota de Guerra Argentina, Despues del 2 de Abril





Antes que nada, perdon, se que la regla es "taringuero no lee nada mas de 5 renglones" pero no podia dejar de poner esto:


Mucho se ha escrito de la actuación de la Flota de Mar en la operación de recuperación de las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982.
 
Es evidente que el cumplimiento de la misión, por parte de la Fuerza de Tareas Anfibia al mando del Contraalmirante D. Walter Allara, se alcanzó con todo éxito, especialmente si se tienen en cuenta los condicionamientos que existían de efectuar una operación en lo posible incruenta y respetando los bienes materiales de los habitantes, aspectos que se cumplieron sin que merecieran objeciones.






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Hasta aquí se había cumplido lo planificado, que era la recuperación de las Islas, pero quedaba una gran incertidumbre sobre las operaciones que devendrían en caso de que el Reino Unido decidiera emplear el poderío de sus Fuerzas Navales para volver a retomarlas.
Quizás un adelanto de sus claras intenciones lo constituyó el hecho, conocido después de la terminación de la guerra , que a fines de marzo, es decir varios días antes que se produjera el desembarco argentino en las Malvinas, fue destacado desde su base de Gibraltar un primer submarino nuclear, como avanzada de lo que luego sería la gran flota que actuó en el Atlántico Sur en los meses de mayo y junio, para terminar reocu- pando nuevamente las Islas el 14 de ese último mes.

Resulta evidente que si a fines de marzo, antes del desembarco argentino , ya destaca ron un submarino nuclear, que teóricamente no podía ser retirado de las fuerzas de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte ), en época aún de la Guerra Fría, es porque disponían información de inteligencia sobre el alistamiento y zarpada de la Flota de Mar argentina y que además contaban con la pertinente autorización para retirar la uni- dad nuclear y empeñarla en una operación particular del Reino Unido y fuera del empleo de las fuerzas de la OTAN.









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Como se verá más adelante, la utilización en la reocupación de las Malvinas de ese submarino nuclear y hasta cuatro más fue lo que condicionó especialmente el balance de fuerzas navales, negando la actuación, bajo el punto de vista de la aceptabilidad, de la Flota de Mar en las operaciones posteriores al 2 de abril.
Finalizada la Operación Rosario, la unidades de la Flota de Mar, como estaba previsto, iniciaron su repliegue a su base de Puerto Belgrano para reabastecerse, reparar averías, especialmente en los antiguos destructores y el buque tanque , quedando sólo en Puerto Argen tino la corbeta ARA Granville, a efectos de apoyar la instalación de los equipos de comunicaciones en el Apostadero Naval Malvinas, zarpando de regreso también el 5 de abril.
En esa semana de permanencia en puerto, de acuerdo con las noticias que se tenían de las rápidas zarpadas de los buques ingleses, desde sus distintas bases al giro que iban tomando los acontecimientos y el desarrollo de las acciones diplomáticas, se comenzaron a planificar las posteriores operaciones en que podría actuar la Flota de Mar, basándose en la instrucciones emitidas por el Escalón Superior, la situación internacional y regional, particularmente con la República de Chile y teniendo en cuenta las capacidades del enemigo.
Es de destacar que, para este último punto, nuestra doctrina establece que para la planificación el Jefe de Inteligencia estudia los medios con que cuenta el posible ene- migo, su estado de alistamiento y en lo posible el adiestramiento de su personal para el uso correcto de los mismos, pero no tiene en cuenta las intenciones que pueda tener ese posible enemigo para la utilización o no de los medios a disposición. Aquí puede surgir a prima facie una aberración doctrinaria que es pensar que los submarinos nucleares no serían empleados en el Atlántico Sur, por estar destinados a actuar dentro del ámbito de la OTAN.
No fue éste el caso de las capacidades presentadas en la planificación para las operaciones posteriores de la Flota de Mar que tuvieron en cuenta a esos poderosos submarinos pero quedan dudas sobre la real aceptación, por parte del Comandante, que no esta- ba del todo convencido de que el Reino Unido pudiera retirar del Atlántico Norte esos sub- marinos para llevarlos al sur. Es bastante lógico que así fuera, pues el Contraalmirante Allara venía de ser en los dos años anteriores el Jefe de la Comisión Naval en Europa con sede en Londres y conocía muy bien la problemática de la OTAN, y la contribución inglesa a la constitución de sus fuerzas navales.
No obstante en las capacidades del enemigo para la planificación se tuvieron en cuenta su existencia y así se presentaron:
Capacidades de la Fuerza Expedicionaria Inglesa
Dos portaaeronaves (Hermes e Invincible), dos destructores clase County, tres destructores tipo 42, tres destructores tipo 32, tres fragatas tipo Leander, cuatro fragatas tipo 12, dos fragatas tipo 21, tres submarinos nucleares tipo Swiftswre, dos submarinos conven- cionales tipo Oberon, dos buques de asalto tipo Intrepid, dos buques de desembarco logístico tipo Sir Lancelot, tres petroleros de flota, dos buques de reabastecimiento y dos transportes. Su grupo aéreo podía tener hasta 20 aviones Sea Harrier y 10 Harrier, 42 helicópteros Sea King y/o Wessex, 12 Sea Lynx y 7 Wasp.
Estas unidades le daban capacidad para asegurar su defensa aérea y obtener la supe- rioridad aérea sobre Malvinas; en virtud de ambas, tener adecuada libertad de acción para sus unidades de superficie y su fuerza de desembarco, al minimizar la interferencia aérea propia y capacidad de desembarcar por helicópteros hasta 1 .000 hombres o su equivalente de carga de 100 toneladas en una noche.










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Esta primera apreciación de inteligencia si bien estuvo bastante acertada en cuanto a los buques de guerra que formaron realmente la fuerza inglesa, no podía tener en cuenta todavía la utilización de gran cantidad de buques petroleros (10), cisternas (6) y auxilia- res (remolcadores, ambulancias , de pasajeros para transporte de tropas , roll on roll off, cargueros, etc.) en general de la marina mercante que elevó la suma total de unidades que intervinieron a 112.
Este número contrastó fuertemente con las unidades disponibles de la Flota de Mar argentina, que en base a lo cambiante de la situación estableció una organización flexible que permitiera responder mínimamente a cada una de las posibles acciones del/o los enemigos. Para ello se dividió a la Flota de Mar (Fuerza de Tareas 79) en tres grupos de tareas:
 
Flota de Mar (Fuerza de Tareas 79)
G.T. 79.1: un portaaeronaves (ARA 25 de Mayo) con su grupo aeronaval embarcado: 8 avio- nes Skyhawk A4Q, 4 aviones Traker S2E, 2 aviones Traker S2A, 3 helicópteros H 3 Sea King y 3 helicópteros AI 03, Alouette, un destructor misilístico tipo 42 (ARA Santísina Trinidad), tres corbetas misilísticas (ARA Drummond, Guerrico y Granville) y un petrolero de YPF (Campo Durán).
G.T. 79.2: un destructor misilístico tipo 42 (ARA Hércules), dos destructores tipo Summer y Gearing (ARA Py y Seguí) y un buque tanque (ARA Punta Médanos).
G.T. 79.3: un crucero (ARA General Belgrano), dos destructores tipo Summer (ARA Piedrabuena y Bouchard) y un petrolero de YPF (Puerto Rosales).










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La misión que se le asignó (quizás un poco optimista, teniendo en cuenta el desbalance de fuerzas) fue: desgastar, neutralizar o destruir, en oportunidad favorable, unidades del enemigo, a fin de contribuir a consolidar la zona insular reconquistada, impedir su recuperación por el oponente y apoyar las acciones del Gobierno Militar .
Para cumplir esta misión, se eligió un modo de acción en el cual la Fuerza se dirigiría a ocupar posiciones relativas favorables dividiéndola en dos líneas de acción; una com- puesta por los G.T. 79.1 y 79.2 en cercanías del golfo de San Jorge y el G.T. 79.3 en pro- ximidades a la Isla de los Estados . Este último grupo, atendiendo no sólo las acciones de la flota inglesa, sino también resguardando el flanco sur, actuando como disuasivo en el marco regional, ya que no había seguridad con respecto a las intenciones por parte de los vecinos trasandinos en el caso de un empeñamiento de la flota argentina con los ingleses. La intención era mantenerse en esas posiciones a la espera de que la evolución de la situación política y militar indicara el momento oportuno para redesplegarse y ejecutar las acciones ordenadas.
Aquí es conveniente hacer una aclaración con respecto al adiestramiento de la flota argentina. En efecto, dada la época del año en que se precipitaron los acontecimientos, aquél no había alcanzado un nivel óptimo, por lo que en los primeros días y mientras las unidades se desplazaban para ocupar esas posiciones, para encontrarse en condiciones de cumplir la misión asignada, ejecutaban ejercitaciones de tiro, operaciones con aeronaves y antisubmarinas, simulacros de acciones de superficie, de comunicaciones, de guerra electrónica, lanzamiento de misiles , etc., incluyendo, por primera vez, ejercitaciones conjuntas con aviones de la Fuerza Aérea .
Cabe destacar el empeño, espíritu de sacrificio y deseos de superación evidenciados por las planas mayores y tripulaciones de las unidades de la Flota que permitió que la misma alcanzara en ese corto lapso, en forma acelerada, un nivel de adiestramiento aceptable.










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Por otro lado, durante estas ejercitaciones comenzaron a notarse algunas falencias en el estado de funcionamiento de las unidades que luego influirían notoriamente en las accio- nes posteriores al 1° de mayo. Entre las más importantes se pueden nombrar:
1. Portaaviones 25 de Mayo: el estado de su sistema de propulsión le permitía sólo alcanzar una velocidad máxima de 18 nudos, exigua para el lanzamiento de algunos aviones. Por otra parte, al tener sus ascensores como parte de la cubierta de vuelo, cuando éstos eran usados para izar o arriar aviones al hangar, quedaba inutilizada para el lanzamiento o recuperación de aviones. Las frecuentes averías en los motores de los Tracker obligaban a bajarlos al hangar para su reparación y luego izarlos a la cubierta de vuelo para su prueba (maniobra que estaba prohibido realizarla dentro del hangar), por lo que mantenía durante bastante tiempo inutilizada la cubierta de vuelo, en especial para el lanzamiento de los interceptores listos en cubierta A4Q, para el caso de un ataque aéreo del oponente.
 
2. Los destructores Summer y Gearing, remanentes de la Segunda Guerra, también tenían averías en sus plantas propulsoras, que obligaban a veces a quitarlos de una cortina y/o disminuir la velocidad de la formación. A altas velocidades su consumo de combustible obligaba a reabastecerlos aproximadamente cada 48 hs.
 
3. El reabastecimiento entonces, bastante frecuente de las unidades, debía hacerse con los tres petroleros, de los cuales sólo el Punta Médanos, también limitado en su veloci- dad por frecuentes averías en su planta propulsora, podía entregar combustible a más de un buque a la vez. Los otros dos pertenecientes a YPF, mercantes de poca velocidad, tenían sólo una estación de entrega por la popa. Resumiendo, el reabastecimiento de las unidades era frecuente y complicado lo que originaba que la Fuerza pasara mucho tiempo efectuando esta maniobra que vulneraba la seguridad antisubmarina y antiaérea
Esta limitación de orden logístico era particularmente determinante en forma negativa para la planificación de cualquier operación a realizar al este de las Malvinas. Si bien los destructores tipo Hércules y las corbetas tipo Drummond no necesitaban ser reabastecidos con tanta frecuencia, cualquier operación más allá del meridiano de las Malvinas, requeriría por lo menos un reabastecimiento al regreso, con lo que sería necesario destacar un petrolero a un punto muy peligroso para un buque de lento andar y sin armamento para su defensa, máxime si se trataba de un buque de YPF, con tripulación civil.
A medida que se conocía por inteligencia los movimientos de la flota inglesa, la Fuerza 79 se desplazaba, en actitud de espera, a nuevas áreas que permitieran ocupar posiciones relativas favorables para:
1. Materializar una amenaza para la fuerza oponente.
 
2. Permitir una oportuna proyección ante la decisión de emplear agresivamente los medios.
 
3. Dificultar el accionar del oponente induciéndolo a dividir su esfuerzo mediante la ame- naza desde distintas direcciones.
Durante la permanencia en las áreas asignadas y en los desplazamientos se efectuaba exploración aérea antisubmarina y antisuperficie al norte y oeste de Malvinas, hasta una distancia de 300 millas de la Fuerza mientras los buques ejecutaban acciones de defensa antisubmarina, seleccionando las derrotas para navegar por zonas de profundidad tal que entorpeciera el accionar de los posibles submarinos ingleses y mezclándose con buques pesqueros de la zona, para producir confusión y dificultar el reconocimiento.
 
 
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Acciones a partir del 1° de mayo




El primer día de mayo, a 0440 hs, la flota inglesa efectuó su primer ataque sobre las islas. Por la tarde se detectó un intento de desembarco en la zona norte de la isla Sole- dad con unidades de superficie ubicadas entre los 010° y 145° verdaderos divididos en
tres grupos entre las 10/40 y 90 millas. Considerando la posibilidad de efectuar un ata- que combinado de aviones y buques, el Comandante ordenó constituir el G.T. 79.4 con las tres corbetas tipo Drummond y asignarle al Punta Médanos. De esta forma se dejó al G.T 79.1 constituido con el portaaviones, su escolta de defensa aérea destructor Santí- sima Trinidad y el petrolero Campo Durán.
Al encontrarse la Flota Inglesa de superficie aferrada al ataque sobre Puerto Argentino, (ex Puerto Stanley), por la noche se detectó en el radar de un avión de exploración Tracker la posi- ción de uno de esos grupos constituido por un buque grande y cinco medianos en una formación circular con el grande en el centro, ubicada en latitud 50° 21’ S y longitud 56° 13’ W. Se ordenó iniciar la interceptación, para la cual se adoptó el modo de acción de efectuar un ataque con aviación embarcada en el crepúsculo matutino del día 2 de mayo y se destacó al G.T 79.4 a un punto adecuado para realizar lanzamiento de misiles a unidades desgastadas por el ataque aéreo.
También se destacó al G.T 79.3 (crucero, destructores y petrolero) por el sur del banco Burdwood, en un movimiento de pinzas, intentando contacto con blancos de oportunidad de unidades inglesas situadas al sur de las islas, que podían arri- bar por el océano Pacífico, donde podrían tener su tránsito autorizado y apoyo logístico, especialmente de combustible en bases chilenas.
A esta altura de los acontecimientos se presumía que la flota inglesa disponía de información satelitaria que permitía determinar la posición de los G.T. argentinos y se estimaba, de acuerdo con las capacidades expresadas, la presencia en la zona de 2/3 sub- marinos nucleares.
Al aproximarse el grupo del portaaviones 25 de Mayo a las fuerzas inglesas, el día 2 a 0030 hs su aviación de exploración lo detectó, manteniéndose orbitando en contacto, pero fuera del alcance de las armas antiaéreas propias. No obstante se continuó la aproximación para realizar el ataque, pero aquí se produjo un hecho realmente inédito en el Atlántico Sur, en las latitudes en que se operaba.
El viento era cero, y estado del mar completamente planchado como podrían estar las aguas del lago de Palermo en un día sin viento en Bs. As. Como testigo de la situación meteorológica, embarcado en el portaaviones, nunca había visto en mis 30 años de navegación por la zona, el mar argentino en los 50° de latitud en ese estado. Para el lanzamiento de los Skyhawk, en una configuración de armamento y combustible adecuada se necesitaban 22 nudos de viento relativo en la cubierta de vuelo, pero el portaaviones sólo tenía 18 nudos de velocidad, luego los nudos restantes de viento que debía proveer la meteorología no existieron. De esta manera la tarea se consideró no factible y el ataque se frustró, por no tener el portaaviones una velocidad un poco mayor para un lanzamiento adecuado.
A raíz de ese inédito estado meteorológico se ordenó contramarchar a los tres G.T. que se habían destacado hacia el este, a ocupar posiciones de espera favorables hasta que aumentara el viento y se pudiera efectuar el ataque aeronaval y el posterior ataque misilístico.
Ese mismo día a las 1630 hs, cuando se dirigía hacia el oeste, cumpliendo la orden de replegarse, el grupo del sur es atacado y hundido el crucero General Belgrano, por el sub- marino nuclear HMS Conqueror, cuando era cortinado por los dos destructores escolta, que no detectaron con sus sonares al mencionado submarino. Las circunstancias del hundimiento, la posterior búsqueda y salvamento de gran parte de los tripulantes (880 hombres) han sido también suficientemente relatados en otros artículos y libros.
A raíz de este hecho, las presunciones sobre la presencia de submarinos nucleares se confirmaron y, además, si bien es factible que la situación geográfica del crucero haya sido conocida por datos obtenidos por inteligencia al zarpar de Ushuaia, a fines de abril, y haya sido seguido por el Conqueror en su desplazamiento, también es posible asumir que los ingleses pudieron obtener información por satélite de la posición, más si se tiene en cuenta que el submarino se comunicó con Londres para pedir autorización para el ataque.
 
 
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El 3 de mayo persistieron las condiciones meteorológicas desfavorables y se recibió la confirmación del Comandante de la Armada que la flota inglesa tenía información satelital diurna y nocturna de la posición de las naves argentinas y consideró que el blanco principal, luego del hundimiento del crucero, sería el portaaviones. A bordo del mismo, éramos conscientes de tal circunstancia, por lo que teníamos nuestros salvavidas permanentemente a mano, durante el día y la noche.
 
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Al respecto existen ahora muchas declaraciones de importantes autoridades inglesas y norteamericanas relatando la ame- naza que representaba para ellos la presencia del portaaviones argentino. La pri- mer ministro Thatcher relata que, siendo su principal amenaza, lo estuvieron buscando con sus submarinos nucleares, pero no pudieron encontrarlo; sin embargo aparentemente el Splendid lo había detectado en aguas dentro de un golfo (se trataría del San Jorge), pero las recomendaciones del ase- sor jurídico general del gobierno fueron de no hundirlo dentro de las aguas territoriales, aunque no quedaba muy claro si el golfo estaba comprendido dentro de ella. Finalmente decidieron atacarlo igual, pero por el movimiento del buque éste ya no fue encontrado nuevamente.
Por otro lado, en el libro The Official History of The Falklands Campaign se dedica el capítulo 19 al problema del portaaviones, que lo consideraban una gran amenaza y hacen el relato de la discusión en el gabinete de guerra en Londres, si podría ser usado con los aviones Super Etendard, recientemente entregados por Francia y que se hallaban en la Base Aeronaval de Espora en período de alistamiento.
 
 
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Luego se cuenta que habiendo tenido información por inteligencia de la zarpada del 25 de Mayo con el destructor Santísima Trinidad desde Puerto Belgrano (¿cuánta información saldría desde Punta Alta?), el submarino Splendid recibió orden de buscarlo y vigilarlo, pero no tenía exactitud en la posición.
 
Las velocidades de las unidades propias eran en general menores que las del opo- nente, incluyendo la de los submarinos nucleares.
Debido a ello, en el Estado Mayor de la Flota, cada vez que se estudiaban las acciones concebidas originalmente para producir daños en la flota oponente, de acuerdo con nuestra doctrina de planificación, cuando se las sometía a la prueba de AFA (aptitud, factibilidad y aceptabilidad) resultaban aptas, generalmente poco factibles y no aceptables, bajo el punto de vista de la pérdida de unidades.










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La Flota de Mar después del 3 de mayo






Tomando en cuenta las capacidades del oponente y las propias y las pocas posibilidades de la flota argen- tina de actuar con éxito en lo sucesivo, el Comandan- te del Teatro de Operaciones, Vicealmirante Juan J. Lombardo, ordenó a la misma dirigirse a aguas poco profundas, para dificultar el accionar de los submarinos nucleares. En resumen, las condiciones operati- vas de ese teatro eran:
1. Las posiciones de las unidades propias eran conocidas por parte del oponente por información satelitaria.
 
2. La presencia de por lo menos tres submarinos nucleares.
Consecuentemente se ordenó a la Fuerza dedicarse a la búsqueda aérea antisubmarina y contribuir a la protección del tránsito marítimo y de los objetivos del potencial nacional en el continente, navegando en aguas de menos de 100 m de profundidad, para evadir a los submarinos nucleares.
La presunción de que el portaaviones, con su grupo aéreo embarcado, o un destructor tipo Hércules eran buscados para hundirlos, especialmente luego que los aviones aero- navales habían echado a pique al destructor Sheffield, gemelo de aquél, se confirmó en los días siguientes por lo menos en dos oportunidades.
El 3 de mayo, cuando el portaaviones navegaba en la zona del golfo San Jorge y las aero- naves antisubmarinas efectuaban una barrera de sonoboyas, obtuvieron en sus hidrófo- nos la señal de un sonar y posterior rumor hidrofónico de posibles hélices de submarino, perdiéndose luego el contacto a unas 30 millas al este de la isla Rasa.
Posteriormente, el día 5, al decolar un Tracker desde el portaaviones, dirigiéndose a una misión de búsqueda y rescate del aviso Alférez Sobral, que había sido atacado cuando iba en rescate de pilotos de la Fuerza Aérea derribados, obtuvo primero un contacto radar que luego desapareció y al reconocer visualmente la zona observó lo que apreció como la posible estela dejada por un sumergible, al ir a inmersión, probablemente después de navegar con snorkel. Mientras la aeronave se mantiene en zona, arroja torpedos antisubmarinos y decola un helicóptero, que inmediatamente inicia la explotación del contacto y obtiene nue- vas evidencias que califican la acción como posible submarino, procediendo a atacarlo con torpedos y bombas de profundidad. La acción se mantuvo por más de 24 hs interviniendo 3 aviones Tracker y 2 helicópteros Sea King que realizaron más de tres misiones cada uno.
Si bien no pudieron obtenerse pruebas del resultado de los ataques, la posterior infor- mación periodística de Inglaterra indicó que varios submarinos habían regresado a sus bases, durante y después del conflicto, con averías. Una en particular, como la del Onyx, (convencional tipo Oberon), fue atribuida a “haber tomado contacto violentamente con un bajofondo que no figuraba en las cartas de navegación ni en los derroteros”. Ése proba- blemente fue el submarino atacado en esa operación.
A esta altura del conflicto, se analizó que el portaaviones:
 
1. se había constituido en la unidad más buscada,
 
2. por la ubicación de sus ascensores su cubierta de vuelo no estaba siempre disponi- ble para lanzar aviones,
 
3. su escasa velocidad lo hacía muy vulnerable al ataque de submarinos, y que por lo tanto al navegar en aguas más seguras, de poca profundidad, la distancia a los buques del oponente era muy grande y no podía emplear su aviación de ataque con configuraciones adecuadas y eficaces,
 
4. y por último, que su protección requería se le subordinara una gran cantidad de buques para su escolta, más si se tenía en cuenta que las cortinas antisubmarinas debían ser circulares, debido a la gran diferencia de velocidad con los submarinos nucleares, que con más de 10 nudos a su favor podían aparecer y atacar en un redes- pliegue por los sectores popeles de la formación.
Por todo ello se tomó la decisión de apartarlo de las operaciones, desembarcando a su aviación de ataque para que operaran desde bases en tierra en conjunto con las aerona- ves de la Fuerza Aérea, ya que podrían realizar ataques a mayor distancia y con más arma- mento y a su vez liberar a las unidades de superficie.
De esta manera se cambió la misión de las operaciones y se formaron tres G.T.
G.T. 79.4 constituido por las corbetas tipo Drummond, operando entre las latitudes de los faros Claromecó y Río Negro.
G.T. 79.2 formado por los dos destructores tipo Hércules y el Py actuando en la zona ubi- cada entre el faro Punta Delgada y Puerto Deseado.
G.T 79.3 con los destructores Bouchard y Piedrabuena entre Puerto Deseado y la Isla de los Estados.










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La Flota de Guerra Argentina, Despues del 2 de Abril
Sus operaciones consistieron en protección del tránsito marítimo, especialmente de los buques petroleros que continuaron efectuando, durante el conflicto, sus habituales navegaciones desde Tierra del Fuego y Comodoro Rivadavia hacia las destilerías del norte. Además otro tipo de operaciones de defensa antisuperficie, antisubmarinas y antiaéreas de protección de objetivos vitales en tierra fundamentalmente evitando la aproximación de unidades inglesas que pudieran desembarcar grupos comandos con intenciones de atacar los aeródromos de la Patagonia , desde los que operaban las aero- naves propias.
 
También se utilizaron los buques en el control de esas aeronaves, en especial cuando regresaban de sus misiones y en tareas de interceptación de comunicaciones, guerra electrónica, etc.
Una proyectada operación de ataque al Queen Elizabeth II (QE 2)
Dentro de las planificaciones que hacía el Estado Mayor de la Fuerza, para infligir daño al oponente, se estudió la posibilidad de atacar al mencionado trasatlántico, uno de los más grandes del mundo, que transportó a la reserva estratégica inglesa compuesta por más de 4.000 hombres y sus pertrechos, para la recuperación de las islas.
Por datos de inteligencia se supo que el buque había zarpado de Portsmouth el 12 de mayo y que haría escala en la isla Ascensión para cargar materiales cedidos por EE.UU. alrededor del 20, considerando que si bien su velocidad máxima era de 28 nudos, adoptaría una de desplazamiento de entre 20 y 24 nudos. Luego de perma- necer alrededor de dos días volvería a zar- par (día Z) hacia Malvinas entre el 22 y 24 de mayo.
Se planificaba efectuar el ataque con dos destructores tipo Hércules y/o con el des- tructor Py y se hicieron las consideraciones pertinentes cinemáticas, de exploración y de armamento a utilizar.
El estudio del problema cinemático para la elección de puntos aptos para la intercep- tación permitió determinar un conjunto de posibles posiciones iniciales ubicadas dentro de las 200 millas de la costa desde aproximadamente el Río de la Plata hasta Río de Janeiro. Desde cualquiera de esos puntos era posible proyectar un avance hacia el este, para practicar la interceptación con el concepto de mínima distancia a recorrer, que era del orden de las 700 millas en todos los casos.
Analizados los puntos se descartaron todos los ubicados al norte del Río de la Plata por:
1. Necesidad de usar un petrolero para reabastecimiento de combustible, antes del ataque. 2. Gran incertidumbre con respecto a la posición del QE
2, debido a necesidad de la zar- pada de unidades propias para realizar la operación, aun antes de la partida del mismo desde Ascensión.
3. Los puntos resultaban relativamente cercanos a Ascensión.
4. Mayor tiempo de permanencia en el mar, lo que facilitaba el despliegue de medios del oponente, e implicaba mayor probabilidad de averías propias.
 
 
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Asimismo se descartaron los puntos más al sur de la latitud de Punta Médanos por la proximidad al área de Malvinas que implicaba la posibilidad de un rápido despliegue de un submarino nuclear para interceptar a las unidades propias.
Resultó pues elegido un punto de interceptación en una latitud intermedia, lo que:
1. Permitía la zarpada de unidades propias desde El Rincón con mínimo preaviso (un día después de la zarpada del QE 2 desde Ascensión).
2. Reducía el tiempo de tránsito y se consideró suficientemente alejado del área de Mal- vinas para evitar el redespliegue de un submarino nuclear.
3. El reabastecimiento de las unidades propias sólo era necesario al regreso en un punto situado a unas 60 millas al este de Cabo San Antonio y en aguas poco profundas, siempre que no existieran demoras o períodos de espera.
Con respecto a la exploración, para obtener información precisa se necesitaba estable- cer una barrera aérea de unas 250 millas de longitud a mantener entre los días Z+2 y Z+4, o sea un total de 48 hs entre los puntos latitud 26° 20’ S, longitud 31° W y latitud 28° 40’ y longitud 27° 20’ W con el fin de asegurar la primera detección con el preaviso suficiente para iniciar la aproximación (alrededor de 36 hs) y luego mantener lo mejor posible el contacto con el propósito de disminuir la incertidumbre durante ese período.
Analizadas las características del QE 2 y su posible escolta, se apreció que:
1. Podría contar con hasta 3 helicópteros Sea King con capacidades antisuperficie y anti- submarinas y capacidad de exploración aérea propia hasta 180 millas de su posición.
2. Su armamento sería poco significativo por lo que su defensa se basaría en su escol- ta y/o los helicópteros.
3. La escolta estaría dada por hasta 2 fragatas y/o destructores fundamentalmente con capacidades antiaéreas y con helicópteros embarcados.
4. Eventualmente podría ser escoltado por un submarino nuclear
Cuando se analizaron los factores de fuerza y debilidad del QE 2 se concluyó:
1. La velocidad máxima disponible del blanco y sus escoltas facilitaban la evasión anti- submarina y antisuperficie.
2. Disponía de libertad de acción para elegir la derrota más conveniente.
3. Poseía exploración aérea táctica permanente con helicópteros dotados con misiles Sea Skua y exploración aérea estratégica provista por exploradores de largo alcance y posible información satelitaria.
4. La meteorología imperante al norte de la latitud de 40° no interferiría en su velocidad de avance.
5. Las dimensiones, velocidad y características del blanco y la necesidad de exploración aérea con helicópteros propios facilitarían su detección visual, radar e hidrofónica, haciendo más acentuada su vulnerabilidad ante ataques aéreos. 6. Poseía reducida capacidad antisubmarina dada la escasa cantidad de escoltas y heli- cópteros disponibles.
En base a estos factores se concluyó que la capacidad del trasatlántico sería seleccionar una derrota de aproximación al área de Malvinas fuera del radio de acción de la aviación de ataque propia y que dificultara la operación de interceptación y ataque de fuerzas de superficie, efectuando exploración aérea con aviación basada en tierra y helicópteros embarcados atacando a incursores de superficie y submarinos mediante buques de escolta y helicópteros.
Considerando los modos de acción propios se descartó el uso de submarinos por no tener disponibilidad de unidades ni alcanzar el tiempo para llegar oportunamente al punto adecuado que se estableció en latitud 40° S y longitud 40° W, que podía ser alcanzado a una velocidad de 25 nudos por unidades de superficie.
Efectuada la prueba de AFA, se concluyó que era una operación apta pero con res- pecto a la factibilidad el juicio fue de comprometida ya que surgieron las siguientes consideraciones:
1. Por la importancia y trascendencia de la carga militar transportada el QE 2 transitaría escoltado con hasta dos fragatas y/o destructores, no descartándose la posibilidad de una escolta submarina, que por la velocidad de traslado debería ser nuclear (agre- gado o en lugar de las unidades de superficie) y dispondría además de exploración aérea con aviones basados en tierra (Nimrod).
2. La defensa antiaérea y antisubmarina de las unidades propias era reducida y prácti- camente ineficaz frente a submarino nuclear.
3. Existía suficiente tiempo para que por inteligencia (satélite y exploración aérea), el oponente detectara el movimiento de unidades propias, lo que le permitiría no sólo alertar los medios de defensa, sino desviar su derrota, que con su velocidad máxi- ma podía evitar el encuentro, existiendo la misma posibilidad si el /los escoltas lograran interponerse.
4. No pudiendo mantener la exploración propia en contacto, el poco frente de búsqueda radar, del orden de 50 millas, podría ocasionar que no se produjera el contacto tácti- co, aun sin una acción deliberada de evasión del QE 2.
5. La operación requería navegar a máxima velocidad sostenida, con probabilidad de averías, en especial el destructor Py.
En cuanto a la aceptabilidad se concluyó que:
1. Inaceptable si existiera escolta de submarino nuclear.
2. Si no existiera esa escolta y fuera dada sólo por los buques de superficie sería acepta- ble, sin dejar de tener en cuenta que podría haber antes del encuentro misilístico un ata- que previo a los buques propios con helicópteros dotados con misiles antisuperficie.
3. Existiría siempre la amenaza submarina después del ataque, dada la desfavorable dis- tancia a recorrer, hasta llegar a aguas seguras, considerando una posible represalia con submarinos nucleares en patrulla al este de Malvinas.
Se consideró por todo lo explicado que la operación era marginal especialmente por el esfuerzo que significaría, la necesidad imprescindible de tener conocimiento preciso de la posición del blanco, su posible inaceptabilidad y no siendo seguro el encuentro con el QE 2 ya sea por cinemática o medidas de evasión del mismo, pudiendo ser alto el costo, sin conseguir el objetivo. La misma quedó descartada por el Comando.
 
 
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Después de la guerra se supo que para Londres no era aceptable arriesgar al QE 2 en la zona de guerra, por lo que se decidió que navegara directamente desde Ascensión a las islas Georgias del Sur, lejos de la posible exploración aérea argentina.
 
De esta manera, acaba el ultimo intento de la Flota de Mar Argentina de realizar operaciones ofensivas durante el Conflicto del Atlantico Sur.


Fuente: 














Muchas Gracias!


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