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¿Conocías el "Plan Madagascar" nazi? Entrá que te cuento

Info7/28/2015

Los nazis planearon mandar a los judíos a Madagascar







Israel podía estar hoy en África oriental y quién sabe si los malgaches estarían montando una Intifada en los andurriales de Antananarivo. Los nazis estuvieron barajando la idea de trasladar a los judíos alemanes a Madagascar entre 1938 y 1941, con el beneplácito de Hitler. En realidad, el proyecto de crear una tierra prometida forzosa se remonta a finales del siglo XIX pero no fue hasta 1937, con los nazis en el poder, cuando Polonia envió una comisión a Madagascar para determinar si era factible esa migración forzosa. La comisión decidió que no era viable, de modo que para resolver el “problema judío” se optó por la Solución Final.

Madagascar es la isla más grande del continente africano y la cuarta más grande del mundo. También es una isla relativamente despoblada, con 19 millones de habitantes en un tamaño ligeramente superior al de España. En el período entreguerras, sin embargo, apenas llegaba a los 4 millones de habitantes. Japón y Polonia, por separado, estudiaron la posibilidad de utilizar la isla para aliviar sus respectivos problemas de superpoblación.

El Plan Madagascar se origina en 1885, cuando el renombrado orientalista y antisemita germinal Paul de Lagarde lanzó la propuesta de recluir a los 4 millones de judíos europeos en la isla de Madagascar. La idea de establecerse en el continente negro tampoco desagradó a los propios judíos: el Movimiento Sionista consideró en 1904 seriamente la idea de establecer Israel en Uganda, aunque es dudoso queo sopesaran la opción malgache.

En la comisión que envió Polonia en 1937 para comprobar si Madagascar era apta para acoger a la estirpe deicida estaban dos judíos, Leon Alter y Shlomo Dyk, según relata Jennifer Rosenberg (indudablemente judía) en About.com. El líder de la comisión consideró que la isla africana podía acoger a entre 40.000 y 60.000 judíos pero los Alter y Dyk creían que el máximo factible era de 2.000 personas.

Un año después el ministro alemán de Exteriores de la Alemania nazi, Joachin von Robbentrop, propuso el Plan Madagascar en una conferencia de paz en Londres. Según la “Enciclopedia del Holocausto”,

“Como Madagascar era todavía una colonia francesa durante las conversaciones, Alemania no podía llevar a cabo sus planes sin la aprobación de Francia. El inicio de la II Guerra Mundial acabó con las discusiones pero tras la derrota de Francia en 1940, Alemania dejó de necesitar coordinarse con Europa occidental acerca del plan”.








El plan, según Himmler, era “mejor que la exterminación física del método bolchevique”. El jefe de las SS consultó a su superior, Adolf Hitler, sobre la idoneidad del plan a lo que éste respondió que era “muy bueno y correcto”, según la “Enciclopedia del Holocausto”. El programa, diseñado por Franz Rademacher y Adolf Eichmann, jefe de la oficina de evacuación de judíos del III Reich, contemplaba la expatriación de un millón de judíos al año durante un período de cuatro años.

El plan diseñado por Rademacher en el memorándum “La cuestión judía en el tratado de paz” contemplaba los siguientes puntos:

• Francia cedería Madagascar a Alemania.

• Alemania podría instalar bases militares en Madagascar.

• Los 25.000 franceses que vivían en la isla deberían abandonarla.

• La emigración judía sería forzosa.

• Los judíos de Madagascar tendrían un gobierno local bajo la égida de los alemanes.

• La emigración y colonización de Madagascar se pagaría con las posesiones judías confiscadas por los nazis.

A pesar de estar concienzudamente diseñado, el Plan Madagascar no llegó a ejecutarse. Por un lado, la
deportación de judíos alemanes al recién construido gueto de Varsovia hizo innecesario el traslado, mucho más caro y logísticamente complicado, hacia Madagascar. Por otra parte, la resistencia de Inglaterra fue mayor de lo prevista por el mando alemán, de modo que no fue posible disponer de la flota inglesa para llevar a cabo el traslado de los judíos.



Plan Madagascar, la deportación de todos los judíos a África








Los nazis habían hecho creer a la opinión pública que todos los males de la gran nación alemana tenían como raíz la innoble usura del judío, que mientras el país sufría la crisis económica y la humillación de un tratado de paz deshonroso tras la Gran Guerra, los judíos se enriquecían y daban la espalda a las dificultades del pueblo. El odio estaba sembrado y la política antisemita nazi, antes de llegar al horror del Holocausto, planeó varias soluciones para marginar, confinar y excluir de su idea de sociedad, del gran Reich, a todos los judíos de Europa.



Crear una Israel, "la tierra prometida de los judíos", pero en África

Fue Heinrich Himmler, el máximo dirigente de la SS, el que presentó en mayo de 1940, recién ocupada Francia por los ejércitos nazis, un documento a Hitler sobre los estudios que sus analistas habían realizado para qué hacer con los pueblos conquistados, con los nuevos súbditos. El trato que recibirían y la categoría de cada pueblo en ese mundo ario y puro que estaban creando. Los polacos, por ejemplo, que ya llevaban conquistados un año eran considerados por Himmler y sus “intelectuales” de la SS como un pueblo subhumano del Este, sólo válidos para ser campesinos y obreros poco cualificados.

Los judíos en ese memorando etnográfico nazi eran los peor parados. Es innecesario transcribir las vilezas que sobre el pueblo judío contenía. Himmler, el jerarca de la SS, barajó la posibilidad de la desaparición (exterminio) desde el principio. Paradójicamente el hombre que luego daría la orden de la “Solución Final” (Holocausto), Hitler, prefirió en 1940 un proyecto de exilio forzoso, una deportación a una isla grande, tipo Madagascar, porque el exterminio le parecía de “maneras soviéticas”. Confinados allí, el mundo se olvidaría de ellos.




La idea venía de lejos

Ese proyecto de gran deportación venía de tiempo atrás, la planteó en 1885 un orientalista antisemita y filósofo germano, Paul Antón de Legarde (1827-1891). Era la época del colonialismo europeo en África. En las disputas territoriales, Madagascar cayó en manos francesas como protectorado en ese año de 1885 y para calmar tensiones con las otras potencias que también reclamaban la isla, un administrador colonial francés la propuso como gueto para los judíos de Europa.

Existía a finales del siglo XIX y principios del XX una corriente internacional antisemita obsesionada con expulsar a los judíos de Europa. En paralelo, los círculos de poder judío intentaban regresar a Palestina, la tierra donde consideraban debía estar el estado de Israel. Regresar a Palestina no era tan sencillo, estaba bajo control del imperio británico y allí llevaban también siglos pueblos árabes. Por eso hasta Theodor Herzl (1860-1904), fundador del movimiento sionista y que puso las bases para la creación de una patria judía, consideró la posibilidad de crear Israel en algún lugar del África Oriental.




La idea la recuperan los nazis

Los polacos, víctimas del racismo, en cambio, en el periodo de entreguerras sostuvieron una política racista al pedir a la comunidad internacional la urgente creación de un estado judío, deseaban "echar" a los más de 3,5 millones de judíos que vivían en el país. Los políticos de ultraderecha franceses y británicos de la época recordaron el plan europeo de Madagascar y apoyaron a Varsovia, llegándose incluso a planificar un viaje de colonos judíos polacos.

Cuando los nazis llegan al poder y Himmler le presentó el informe de política racial del Tercer Reich a Hitler, este último tiene en mente toda la “política de salón” reciente que hubo sobre la “cuestión judía” en Europa y no le parece descabellado que la deportación masiva a África sea bien vista hasta por los políticos europeos que ahora son sus enemigos.




Una singular política de inmigración

El mayor problema que encontraban los nazis en su rápida expansión por Europa era la recolocación de las poblaciones conquistadas, en algunos lugares, como los Sudetes, interesaba repoblar con mayor contingente humano de origen alemán y expulsar a las etnias no germanas y en otros casos, como en Polonia, se trataba de “limpiar” los territorios de pueblos inferiores.

El plan de Madagascar acabó en un cajón por las dificultades logísticas para llevarlo a cabo. Ni confiscando todos los barcos mercantes de todos los países conquistados se hubiera podido embarcar a una población judía europea que superaba por esas fechas los nueve millones de habitantes. Además, la armada del Imperio Británico seguía siendo la dominadora de todas las rutas marítimas de acceso a Madagascar.

Hacer historia “imaginaria” de qué hubiese ocurrido si en lugar de Holocausto se hubiera hecho la gran deportación a Madagascar resulta inútil. Es probable, viendo como sufrieron y acabaron en los guetos de las ciudades conquistadas los judíos, que un “gran gueto natural” en Madagascar también habría tenido el mismo destino final de los millones muertos en Europa.




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