Tribus nativas del Sur de los Andes y la Patagonia
LOS MAPUCHE
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Ubicación: Chile y Argentina Población: 900.000 (Chile), 150.000 (Argentina) Lengua: Araucana
El pueblo mapuche sigue luchando incansablemente por recuperar los derechos sobre sus tierras. En Chile su población llega casi al millón de habitantes.
El pueblo mapuche desciende de otros grupos instalados en Chile alrededor del 500 d.C. A la llegada de los españoles, estaban ubicados en un territorio más amplio, compartido lingüísticamente con los huilliche y picunche. A partir del siglo XVII se extendieron por Argentina, lo que conllevó un alto grado de mestizaje tanto étnico como cultural. Hoy en día, este pueblo de lengua araucana, se encuentra localizado en ambos países (Chile y Argentina).
Los mapuche vivían de la agricultura (maíz, calabaza, quinoa, papa) y también de la recolección y caza, así como de la pesca en las zonas costeras. En territorio argentino desarrollaron el pastoreo, adaptándose a la vida nómada, así como la orfebrería y la confección de tejidos. En nuestros días viven en reservas donde cultivan trigo, maíz y otras plantas.
Este pueblo se caracterizó por su baja estatura y corta cabeza. Su ropa se caracterizaba por el poncho y botas de cuero. Las mujeres, generalmente, llevaban el pelo recogido en dos trenzas y se sujetaban mantas a la cintura con fajas de vivos colores.
Su cultura se basa en la unidad familiar, que se interrelaciona por medio de los linajes del varón. Generalmente se instalaban juntas las familias relacionadas, pero si algún varón migraba con su familia, se daba lugar a un nuevo linaje. La distribución de las riquezas quedaba en manos del varón de más edad durante las ceremonias, y ostentaba su cargo de mandatario en época de guerras. Este cargo (Toki) adquirió especial importancia en la guerra con los blancos.
Los mapuches permitían la poligamia, en función del poder económica del varón, ya que éste debía “comprar” a la novia. No se permitía el matrimonio dentro del mismo linaje, y los esposos se establecían en el territorio del marido, lo que significa que generalmente el hombre toma como esposa a una pariente materna. La mujer disponía de sus propios animales, cerámica y tejidos. Los hijos del matrimonio, viven su primer a los cinco años, en el cual el abuelo paterno le otorga oficialmente el nombre.
En cuanto a su mitología, está recogida de forma importante en todas las creaciones de sus orfebres. La plata, moneda de cambio con los españoles, fue su principal materia prima a partir del siglo XIX. Así, algunos grupos mapuches comenzaron a distinguirse por la cantidad de adornos, joyas y las cabalgaduras y riendas adornadas con este metal. En estas obras se plasman sus ideas sobre el cosmos, el cual, se divide en siete niveles.
Los superiores están habitados por dioses y espíritus, otro, está habitado por los propios mapuches (nivel terrestre), y en los niveles inferiores habitan seres malignos (Wekufe). Así, el bien y el mal interactúa en el nivel terrestre, afectando a los hombres y sus conductas. Sus mitos sobre el origen explican cómo a partir de la lucha entre dos serpientes (Kai Kai y Ten Ten) se produjo un diluvio que les obligó a refugiarse cerca del río Biobío a partir del cual poblaron la Tierra. Su dios creador es Chan, y tienen gran respeto por la figura de la Machi (curandera o chamán).
En cuanto a sus ceremonias, la más importante es el Nguillatun, en el que se pide a los dioses por la cosecha, se muestra el agradecimiento por lo recibido y se implora a los antepasados. La ceremonia contiene diversas manifestaciones rituales de danzas y cantos, utilizando los instrumentos musicales tradicionales (Kultrun, Trutruka y Pifilka), decorados para la ocasión con pinturas cosmogónicas y que ayuda a la comunicación con los dioses. Otra representación cultural mapuche es la chueca, juego que de pelota, practicado por la comunidad para reforzar las relaciones del grupo.
A la llegada de los españoles, se estima que la población mapuche era de 1.000.000 de habitantes. Más tarde (1860-83), el coronel argentino Cornelio Saavedra, lleva a cabo una campaña en la que arrebata sus tierras, desmembrando el territorio mapuche. Hoy en día los mapuches siguen luchando por recuperar sus tierras agrupados en diferentes organizaciones indígenas.
Los mapuches llevan años intentando recuperar sus tierras. Los intereses económicos y gubernamentales están poniendo muy difícil su labor, pero la voz del pueblo es incallable
Una pena tan antigua como su pueblo, una guerra que desde siglos los acompaña, una historia llena de abusos, injusticias, de voces y leyes dormidas, una violencia vivida desde tiempos inmemoriales hasta la actualidad, por un pueblo que lo único que pide es sobrevivir.
La expresión "explotación del hombre por el hombre," engloba de manera clara y sencilla, el conflicto histórico vivido por el pueblo mapuche.
En el año de1546, se podría decir que se da el primer el primer choque bélico contra el ejército español, que encontraba un pueblo indígena dedicado básicamente a la caza y a la recolección. Los españoles, conquistadores natos, aportaron nuevos recursos animales, como el vacuno, el caballo, el ganado lanar y los cerdos; los mapuches pos su parte desarrollaron éstas bases ganaderas, adaptándolas a sus condiciones de vida.
En 1559, la voz del pueblo se deja oír y se da la primera rebelión mapuche. Pero es en 1881, donde se da el más cruel y despiadado enfrentamiento, el mismo estado chileno declara la guerra, invade y arrebata el territorio. Más de 30 mil muertos, casi un 80% de la población mapuche, tiñe de llanto y de dolor un pueblo que ama la naturaleza, que vive de ella y por ella, pero eso poco importó al poder político chileno, y a su mal llamada "Pacificación de la Araucanía."
De 30 millones de hectáreas que constituían el territorio mapuche, el gobierno chileno dispuso que se redujeran a 532 mil hectáreas, menos del 1% de su territorio. Sufren a su vez, un acondicionamiento forzoso, pasando de ser recolectores y cazadores, a ser campesinos agrícolas. La escasez predomina en el territorio, menos de cuatro hectáreas por familia, no producen lo suficiente para la alimentación familiar, lo que hace que se den las olas migratorias hacia las diversas ciudades, dándose el fenómeno de transculturización.
Ya en el año de 1992, el 80% de la población mapuche, mas de 736 mil personas, habita en zonas urbanas.
Juan Painecura Antinao, Representante de la corporación de desarrollo y comunicaciones mapuches Xeg - Xeg, ha denunciado abiertamente las injusticias sufridas por su pueblo, y nos expone una realidad vivida en carne propia.
La lucha por recuperar su territorio, expresada enérgicamente por Painecura, refleja la voz de su pueblo, un pueblo guerrero, que hasta el final no quiere dejarse pisotear, por el poder político y económico de su país, reclamando lo que es justo, buscando paralizar las explotaciones y obras que se realizan en su territorio por parte de los carabineros e ilegales guardias armados llamados "Brigadistas Forestales", que agreden a los mapuches a cada momento, atacando a los pobladores, explotando plantaciones que sus propios antepasados levantaron.
Por su parte la Empresa Privada Nacional de Electricidad ENDESA, pretende construir un complejo de 6 represas que inundaría una región de 22 mil hectáreas, poniendo en peligro al menos a 3 especies de peces, cinco especies de mamíferos, 4 especies de pájaros y doce especies de árboles nativos, muchas de las cuales están en peligro de extinción, haciendo caso omiso a las leyes establecidas por los gobiernos chilenos.
En el sur de Chile, además hay disputas en territorio Huilliche y Pehuenche. El origen de la disputa de éstas tierras proviene de litigios con empresas forestales en su mayor porcentaje, empresas Hidroeléctricas y complejos turísticos, que les prometen beneficios inexistentes.
La población mapuche pide que ser escuchada, pero sus peticiones son letra muerta, frente a los grandes intereses creados por parte del estado y la empresa privada. Una nativa de la zona afectada, nos hace reflexionar sobre la actitud prepotente y dominante que han asumido las autoridades.
"Nos hablan de riqueza, de entregarnos plata… pero si tenemos aire puro que respirar, tenemos agua pura, transparente del río, los árboles que nos dan sombra, tenemos el pehuén que nos alimenta, el sol que nos da la luz del día, y estamos cerca de las estrellas y de la luna que nos alumbra por la noche, vivimos en armonía con los animales y aves, tenemos la madre tierra que nos da todo lo que pedimos… ¿de qué riqueza nos hablan?."
Palabras que encierran un aire nostálgico por la pérdida de su tierra, el clamor de un pueblo oprimido que quiere vivir libre de políticas, acuerdos o leyes dictaminadas, que quiere saborear una libertad vista por sus propios ojos, en contacto con "su naturaleza", con su propia vida.
LOS HUILLICHE
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Ubicación: Chile Población: desconocida Lengua: araucana
Los huilliches, junto con los picunches, cuncos y mapuches conforman el grupo cultural araucano. Todos ellos comparten lengua y tradiciones religiosas.
Los huilliche, también llamados veliches se localizaron al sur de los mapuche, entre el río Toltén y el canal del Chacao en el centro de Chile; y según estimaciones, el número de habitantes podría calcularse en 180.000 indígenas en 1535. De los Huilliche actuales, existen pequeñas agrupaciones no mayores de 30.000 individuos, distribuidos en reducciones indígenas, aunque la mayoría se ha mestizado con los chilenos, y vive en las ciudades de la región de Los Lagos.
Los huilliches o ‘gente del Sur’ compartían con todos los grupos culturales araucanos el idioma mapuche o ‘mapudungun’. Asimismo, la actividad económica se basaba principalmente en la agricultura de la papa, el maíz y la quinoa, y en la ganadería de llama, alpaca, vicuña y guanaco, los cuales les proporcionaba carne y lana. La alfarería, cestería y la labranza de la madera les facilitó la elaboración de utensilios.
La estructura social y política se basaba en el levo o tribu, que se caracterizaba por tener una estructura patrilineal. Las tribus más cercanas a los lagos del sur de Chile utilizaron la dalca, embarcación de tablas cosidas con lianas, que emplearon para su desplazamiento en dicha región. Se supone también que debieron tener algún conocimiento de la extracción minera y de la metalurgia en pequeña escala, para elaborar algunos adornos de metal "zarcillos de cobre". . A la llegada de los españoles adoptaron la idea de collares y otros adornos de plata, a modo de pequeñas piezas entrelazadas; que después se convierten en "típicos" del mundo mapuche.
Su religión, al igual que todos los mapuches, esta basada en dioses tutelares, es decir en buscar la ayuda en los espíritus de los antepasados. La música era una manera de conectarse con ese mundo extraterrenal. Su ceremonia religiosa más importante era el nguillatún, especialmente el celebrado durante el solsticio de invierno (21 al 24 de junio).
LOS PICUNCHE
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Ubicación: Chile y Argentina Población: Extinto
Junto con los mapuches, cunco y huilliches conforman el grupo araucano. Cultivadores y recolectores, estuvieron sometidos a los incas durante el siglo XVI.
Los Picunche o "gente del norte" en mapuche, ocuparon el área comprendida entre los ríos Aconcagua e Itata (Chile). Su población hacia 1535 se ha estimado en un número de 220 000 habitantes. Pertenecen al grupo denominado araucanos, junto con los mapuche, huilliche y cuncos.
Según antecedentes históricos, los picunche podrían clasificarse en septentrionales y meridionales. Ambas zonas, tuvieron la misma cultura, vestimenta, costumbres y fiestas, no obstante que, la presencia incaica en el Mapocho y área circundante produjo una elevación cultural general en el área. Esta se tradujo en un desarrollo tecnológico tanto para la agricultura, recolección y caza terrestre como para las actividades mineras y textiles.
Cultivaban el choclo, porotos, papas y otras especies, irrigando los campos mediante canales alimentados por los ríos. Sus instrumentos de labranza eran la "coa", palo endurecido al fuego que cumplía las funciones de chuzo; una piedra con mango de madera servía para destrozar los terrones. En cerros vecinos tuvieron pequeños rebaños de llamas, de donde obtenían la lana con la cual tejían sus vestidos, ponchos y frazadas.
Este pueblo, sometido por los incas produjo, además de cerámica, numerosas piedras perforadas en el centro, y otras en las cuales se han encontrado pequeñas cavidades, denominándoseles por ello Piedras Tacita. En realidad es poco lo que sabemos sobre este pueblo, porque desde el comienzo de la Conquista se fueron mezclando paulatinamente con los españoles.
LOS CHONO
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Ubicación: Archipiélago de Chonos (Chile) Población: Desconocida
Los chono constituyeron uno de los pueblos dedicados a la pesca de Chile, al que deben su nombre ya que habitaban en el Archipiélago de Chonos.
Los chono fueron grupos pescadores y recolectores marinos, que ocuparon islas y caletas entre el sector del archipiélago del Golfo de Corcovado y Golfo de Penas, en Chile desde aproximadamente el 6000 a.C.
No existen datos ciertos acerca de su población pero se calcula que a mediados del s. XVI habrían alcanzado unos 2500 a 3000 individuos, con un idioma propio y característico.
Se dedicaban fundamentalmente a la pesca, la caza de lobos marinos (de cuyo aceite elaboraban una bebida), la recolección de algas marinas (usadas como vestido) y, fundamentalmente, a la recolección de mariscos. Vivían en unas estrechas chozas de cortezas de árboles, desarmables. Las mujeres obtenían el alimento y los hombres se quedaban en la choza, manteniendo el fuego. La técnica para recolectar ciertos peces y mariscos era el buceo, realizado por las mujeres, quienes llevaban en sus cuellos canastos donde los acumulaban antes de emerger.
Navegaban en dalcas o embarcaciones formadas por tres tablas curvadas a fuego y agua, y cocidas con fibras vegetales. Algunos elementos marítimos empleados podrían ser polinesios, como la pagaya o remo de ancha paleta y el sácho o ancla de madera y piedra. Además, utilizaban anzuelos hechos de palo y redes de hilo, extraídos de la corteza de unos árboles que también usaron para confeccionar mantas.
Se vestían con lana de ciertos perros lanudos de pequeño tamaño que criaban. Eran además valientes guerreros y eran temidos por sus vecinos. Utilizaban como arma las lanzas, macanas (palo corto y grueso), puñales de hueso y piedras.
Su hábitat marino, propició la audacia y habilidad como grupos pescadores, cuyos productos eran comercializados con grupos poyas que venían de la pampa argentina. Entre fiordos, canales y esteros migraban en forma estacional, transportando sus embarcaciones de madera.
Su organización, en pequeñas bandas constituidas por cuatro familias máximo, era propia de todas las etnias que debían su dependencia al ecosistema marino; el cual no permite explotación indefinida.
Los chonos fueron evangelizados durante los siglos XVII y XVIII por los jesuitas de Chiloé, y para ello se los trasladó a la isla Chanlinec, donde se presume se origina su acelerada desaparición, probablemente producido por el choque cultural. A pesar de ello, Tomas Bridges asegura haberlos visto en 1885. Se presume que en tiempos históricos, fueron atacados por los chilotes y tal vez esclavizados en gran número por navegantes europeos.
LOS CUNCO
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Ubicación: Chile Población: Extinto
Los cunco unieron sus costumbres con las de los chonos, produciendo la cultura chilote actual. Básicamente vivían de la pesca, e incluso pasaban largas temporadas en sus embarcaciones con todas sus pertenencias.
El pueblo cunco vivió en sus orígenes en las costas entre el río Bueno y el canal de Chacao, se estimaban en aproximadamente 100.000 en 1535 y hablaban mapuche. En el siglo XV abandonaron el continente, obligados a emigrar por la invasión del pueblo Mapuche, y se asentaron en la mitad septentrional de la Isla Grande de Chiloé. Desarrollaron una agricultura basada en el cultivo y producción de la papa, el maíz y la quinoa como medio de autoabastecimiento. Aprovechaban la piel de las llamas para hilar y tejer su vestimenta.
También navegaban entre las islas en pequeñas embarcaciones de tres tablas cosidas entre sí y pescaban atrapando a los peces ocultos entre la vegetación aprovechando la bajamar. Su vivienda fue muy rudimentaria, caracterizada por casas de madera o de grandes ramajes.
Su establecimiento y modo de vida se ha definido como semi-nómada, por cuanto pasaban largas temporadas en sus embarcaciones, denominadas dalcas (dalcahue), dedicados a la pesca y caza, alcanzando islas muy lejanas donde también cultivaron la papa. No tuvieron pueblos organizados y su población estuvo repartida por todas las islas.
Eran vecinos de los chonos, con los cuales se mezclaron y unieron sus costumbres y culturas, constituyendo la cultura chilote actual. La recolección terrestre queda limitada a plantas y frutos silvestres y algunos hongos que crecen en los árboles. La caza del pudú y zorro pequeño, constituyeron los mamíferos de fácil captura.
Según referencias históricas, una importante fuente de alimentación la constituyó el "curanto", herencia que se mantiene hasta hoy en día en el acervo cultural chilote. Este consistía en cocer una gran cantidad de mariscos, carnes, verduras y papas, en un hoyo al que agregaban piedras muy calientes. Para su cocimiento lo tapaban con ramas hojas y tierra. Indiscutiblemente la recolección de mariscos era una tarea diaria aún para mujeres y niños.
LOS PUELCHES
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Ubicación: Pampa (Argentina) Población: Desconocida Lengua: Puelche
Los puelches ocuparon la pampa argentina hasta que una epidemia de viruela diezmó su población. Achataban la cabeza de los bebés, al igual que algunas tribus norteamericanas.
Con la llegada del caballo, los puelches variaron su forma de vida en las pampas.
Los puelches, cuyo nombre significa “hombres del este”, formaron junto a los tehuelches, huarpes y querandi la cultura de las pampas de Argentina y Uruguay.
Ocuparon, originariamente, una gran zona en el centro de Argentina, hasta el siglo XVIII, en que una una epidemia de viruela dejó muy pocos supervivientes. Eran individuos de constitución alta y cabeza deformada, por su costumbre de achatar el cráneo ya en los bebés, al igual que algunas tribus norteamericanas.
Su alimento básico era el guanaco y ñandú, y más tarde la carne de caballo e incluso los piojos. Tenían perros como animales domésticos, pero no conocían la agricultura. Con la piel de los caballos fabricaban sus chilangos (mantas con dibujos geométricos), así como las cubriciones de sus chozas de madera. Antes de la llegada del caballo todo ello se hacía con piel de guanaco. Utilizaban herramientas de pedernal y se dedicaban muy poco a la artesanía. Según la ocasión, al igual que los onas, utilizaban las pinturas corporales.
En general, no practicaban la poligamia, a excepción de algunos hombres notables o jefes. Éstos eran elegidos en base a sus cualidades de mando y oratoria, así como de su experiencia como guerreros.
Vivían en pequeños grupos, lo que les facilitaba el desplazamiento, y utilizaban para cazar el arco, lanza, boleadoras y lazo. Eran frecuentes las disputas entre los campamentos, en cuyo caso usaban las lanzas y unas armaduras de piel de caballo. Los entierros se realizaban depositando, junto al difunto, sus posesiones personales al interior de pequeñas cuevas construidas para ese fin.
Los supervivientes de este pueblo, actualmente trabajan en haciendas como peones o cultivan zonas de terreno muy pobres.
LOS ALACALUFE (KAWESQAR)
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Ubicación: Tierra de Fuego (Chile) Población: 20 aprox., incluyendo a 10 en Puerto Edén
El pueblo Alacalufe o Kawashkar habitaba la zona costera chilena comprendida entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes. Denominados a sí mismos kaweskar, fueron sus propios vecinos quienes en forma despectiva los llamaron alacalufes (‘come mejillones’) por su costumbre de alimentarse de mariscos.
Los kawesqar han vivido tradicionalmente de la pesca. Es una de las muchas culturas mermada por las epidemias. Sólo quedan unos pocos.
Dedicados principalmente a la pesca, sus viviendas cónicas eran sencillas estructuras de palos curvados que sostenían ramas de follaje tupido, construidas para ser ocupadas durante los periodos de pesca y recolección de mariscos, donde sus mujeres eran diestras buceadoras. Una vez cumplida la tarea, las viviendas eran abandonadas para ser construidas de nuevo el año siguiente.
Fueron grupos canoeros que recorrían la zona austral en busca de alimentos y un lugar para vivir en forma temporal. Se movilizaban con sus botes internándose por los canales, senos, bahías, estrechos y fiordos; ecosistema que constituyó su medio ambiente. La construcción de sus botes es muy eficiente. Los hacían de madera, uniendo tres piezas, que sellaban con grasa. Para evitar el frío ponían en su embarcación arcilla, sobre la cual hacían una fogata.
Producto de esta gran movilidad sus viviendas fueron sencillas estructuras de palos amarrados con ramas de follaje tupido, las cuales eran rehechas en cada traslado. Sólo las ocupaban en sus ceremonias de unión matrimonial, o si el mal tiempo impedía la navegación. El hombre no sabía nadar, y era su deber cuidar a los niños cuando la mujer iba a mariscar.
Su vestuario era de piel de guanaco o huemul, la cual usaban superpuesta. La piel de animales era indispensable para protegerse del frío. Como adorno a veces se pintaban la piel, aunque esto estaba más bien reservado a ocasiones especiales de carácter religioso. Su creencia religiosa era monoteísta. Sólo creían en Dios, palabra la cual en su idioma se dice Cholaas. Tenían un estricto código de comportamiento, con el cual podían llegar a otra vida, que estaría más allá de la línea del horizonte.
Durante el siglo XVI, hacia 1535, su población podía calcularse en unos 2.500 a 3.000 habitantes, pero entre los años 1880 y 1930 el asiduo contacto con otras culturas y las enfermedades infecto-contagiosas, las epidemias, el abuso del alcohol suministrado como salario por los blancos, el cambio de su abrigo tradicional (sus pieles de lobo por las ropas del blanco), la tuberculosis, la promiscuidad, hacinamiento y los cambios radicales en su forma de vida, fueron mermando la población de forma significativa.
Actualmente quedan unos cien descendientes de esta antigua cultura. Viven en casas de madera. Algunas mujeres se dedican a la artesanía de canastos confeccionados con junquillo y botes de piel de lobo marino o corteza de ciprés. Pero la mayoría sobrevive en medio de la pobreza y cesantía.
Uno de estos grupos de supervivientes se encuentra en Puerto Edén (Isla de Wellington), en el que subsisten doce personas.
LOS TEHUELCHES
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Ubicación: Patagonia (Argentina) Población: 350 (1993) Lengua: Chon
Distribuidos en pequeños grupos familiares, los tehuelches convivieron con otros grupos como los ona en la Patagonia Argentina. Su altura y fuerte complexión provocó que fuesen considerados como gigantes.
Los tehuelches viven al sur de Argentina y en el pasado subsistían casi exclusivamente de guanacos, armadillos y carne de otros animales. No cultivaban ningún producto, recogían plantas silvestres, raíces, semillas y frutos. Al igual que los onas, tenían perros domesticados que empleaban para la caza. El caballo comenzó a formar parte de su alimentación tras su introducción en 1725.
No construían viviendas permanentes, aunque solían utilizar una especie de tienda de piel a la que llamaban toldo. A veces se resguardaban en cuevas y cobertizos de cuero. En cada campamento vivían unas veinte personas. En el interior de los toldos dormían sobre pieles de caballo, y cuando se levantaba el campamento, las viviendas se desmantelaban y los postes y pieles se transportaban a lomos de los caballos.
Su medio de transporte hasta la llegada del caballo consistía en un pequeños botes. También con la llegada del caballo se impulsó su artesanía, y los tradicionales arcos y flechas fueron reemplazados por las bolas y el lazo. Estas boleadoras son un arma de dos o tres correas y 2,5 mt. de longitud, con una piedra en sus extremos. Se hacen girar por encima de la cabeza hasta que las piedras salen disparadas e impactan en el objetivo. El animal queda inmovilizado y después es rematado. Los tehuelche llegaron a ser grandes expertos con este arma, incluso a lomos de un caballo. Con la caza de guanaco y ñandu aseguraban su subsistencia. Los actuales gauchos aprendieron su forma de montar de los tehuelches y otras tribus ecuestres de la Patagonia y la Pampa.
Su aspecto físico era imponente, altos y de musculosos hombros. De hecho durante dos siglos se alimentó la idea de que eran gigantes de entre 3 y 3,5 mt. Vestían grandes mantos de piel de guanaco cosidas, con el pelo por dentro (al contrario que los onas) y se ceñían la cintura con una correa.
Su organización social giraba en torno al jefe o cacique. En tiempos de paz, éste se encargaba de elegir los lugares de acampada, el camino a seguir, y a veces las cacerías comunitarias. Si una familia no estaba contenta con el mandatario podía libremente abandonar el grupo e incorporarse a otro. Cuando aparecían hostilidades entre los grupos, el jefe asumía el papel de caudillo guerrero. Los tehuelches usaban una larga lanza en sus ataques, y también una boleadora perdida, de una única bola usada con intención de herir, en vez de enredar. Los prisioneros se convertían en una especie de esclavos que recogía leña y acarreaba el agua, pero por lo demás vivían igual que el grupo.
La riqueza se medía en cantidad de caballos, moneda de pago para los casamientos (precio de la novia). En cuanto a su mitología existían diversos espíritus malignos (gualichos) que se intentaban ahuyentar a base de gritos y gesticulaciones. Los chamanes tenían gran influencia a la hora de curar las enfermedades producidas por los gualichos, exhortando al enfermo a expulsar al espíritu. Si alguien moría se colocaba el cuerpo en la parte alta de una colina y se construía un túmulo de piedras, cuyo tamaño oscilaba en función de la riqueza del difunto.
LOS ONA
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Ubicación: Tierra de Fuego (Argentina y Chile) Población: 3 hablantes de la lengua en 1991 Lengua: Chon
Los onas constituyen uno de los pueblos recientemente extinguidos. Las enfermedades importadas por los europeos minaron a la población. Su cultura murió con ellos.
Los indios onas habitaron al norte de los yaganes, quienes le dieron este nombre, que significa “hombres del norte”. Ellos mismos se llamaban Sel`knam.
El grupo de los indios onas se relaciona frecuentemente con los tehuelches de la patagonia, con los que compartían rasgos lingüísticos y físicos. Se trata de una tribu de individuos altos y de fuerte constitución. Su vida transcurría de forma sencilla, con escasa ropa, excepto una manta de piel de guanaco, a pesar de las bajísimas temperaturas de la zona. Llevaban el cabello largo, se depilaban las cejas y apenas tenían vello corporal.
Su alimentación básica eran los frutos silvestres, ya que no se dedicaban al cultivo ni a la cría de animales, a excepción del perro. También comían anguilas, gansos, mariscos, focas, ballenas, cangrejos, patos, y, a veces, zorros, hongos, bayas y semillas. Los perros eran utilizados únicamente para la caza, que practicaban con arcos y trampas de diversos tipos. Se cree que no eran navegantes, y su artesanía consistía en la fabricación de cuerdas, cestas utensilios de piedra y recipientes de cuero.
Siempre iban armados, y aunque denotaban un gran sentido del humor, no mostraban señal alguna de emoción en reuniones o actos sociales. Saludaban con el silencio respetuoso, lo que a veces fue considerado por los blancos como señal de hostilidad. De hecho cuando un cazador volvía a casa era ignorado por la familia, hasta que se sentaban a comer y todos mostraban su alegría. Los onas manifestaban su estado de ánimo mediante pinturas corporales, que en el caso del rostro, acentuaban la expresión elegida.
Sus viviendas estaban construidas con piel de guanaco cosido alrededor de un armazón cónico de madera, y para las ceremonias religiosas utilizaban grandes chozas hechas con hierba. Los niños tenían que ser fuertes para sobrevivir a las bajas temperaturas, con tan poca protección.
Los niños eran mantenidos fuera de la comunidad, y cuando crecían podían elegir libremente a su pareja, excepto algunas excepciones por cosaguinidad. Así se formaba una nueva familia, que constituía una unidad política y económica independiente, aunque los parientes compartían sus territorios de caza. Se llegaron a estimar unos cuarenta territorios de caza, que mantenían a unas 40 – 120 personas cada uno. Un factor que contribuyó a su desaparición fueron las peleas entre estos grupos por los territorios de caza, las cuales solo terminaban con el combate o sus ritos de paz (jelj), que detenía las disputas por algún tiempo.
En sus costumbres rituales participaban exclusivamente los hombres, aunque las mujeres podían asistir a algunas danzas. Estas ceremonias, generalmente se caracterizaban por su carácter jocoso y distendido. Ante la muerte, se unían en duelo y los familiares se infligían heridas en sus propios cuerpos. Todas las posesiones del difunto eran quemadas instantáneamente. La ceremonia más importante era el klóketen, que servía para la iniciación a la pubertad, que duraba entre tres y seis meses. En ella se representaba a los espíritus con distintas pinturas corporales, plumas y cortezas. Su dios supremo era el omnipotente Temaukel, y, al igual que sus vecinos es importante la figura del chamán.
De este grupo, seguramente el primero en ocupar estas tierras quedaban en 1925 unos 70 individuos. Su número descendió alarmantemente por las epidemias de sarampión llevadas por los blancos. En 1966 se conocían unos tres o cuatro individuos. Hoy, se consideran extinguidos.
LOS YAGAN
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Ubicación: Tierra de Fuego (Argentina y Chile) Población: 70 descendientes aprox. en Puerto Williams Lengua: Yagán
El pueblo yagán sufrió enormemente con las enfermedades introducidas por los europeos, especialmente el sarampión. Su población se redujo drásticamente y fue sometida a numerosos prejuicios debido su pobre forma de vida.
Los yagán, al contrario que los onas, eran de baja estatura, aunque de anchos hombros y una gran fortaleza. Cuando Darwin les conoció en 1828, dudó que perteneciesen a la raza humana dada la miseria y suciedad en que vivían, ya que alrededor de sus chozas acumulaban los desperdicios, carne en descomposición y basura, que curiosamente, han servido para que los arqueólogos fecharan la llegada de los yagán al continente (hace más o menos 2000 años).
Eran expertos canoeros, y construían sus chozas medio enterradas en el suelo y muy dispersas entre sí. Su cultura estaba en armonía con su medio ambiente, por otro lado, de durísimas condiciones climáticas. Sus cuerpos estaban cubiertos de capas de grasa, lo que les permitía conservar el calor. Iban prácticamente desnudos, con un pequeño delantal, y, a veces, una capa de piel de zorro o nutria.
Cazaban focas, y con su piel fabricaban cuerdas de las que se colgaban sobre los acantilados para cazar pájaros. Las mujeres yagan nadaban en las heladas aguas, y buceaban para coger mariscos y también capturaban peces con una cuerda provista de un cebo o con una lanza. Estos alimentos, junto con las bayas, suponían la base de su dieta. A veces aparecía alguna ballena varada, que les suministraba un excedente de comida que compartían varios grupos.
Sus canoas, muy ligeras, estaban fabricadas con cortezas de árboles, aunque más tarde las fabricaron de troncos tallados. Este medio era fundamental en sus vidas, para el sustento y el transporte, ya que cuando la comida escaseaba se desplazaban con sus pertenencias a otro lugar.
Este pueblo, habitante de la costa, tenía un gran miedo a los onas y todo lo que se relacionase con las zonas interiores, por la existencia de seres sobrenaturales y malignos. Probablemente esta sea una de las causas por la que los yagan continuaran viviendo en la zona más inhóspita y meridional de la tierra.
Para encender fuego usaban pedernal o pirita de hierro, que extraían de una mina cercana de la que explotaron estos recursos durante siglos. Solían mantener el fuego siempre encendido, y lo llevaban consigo al salir al mar, en sus canoas, sobre un montículo de arena o tierra. Por esta razón Magallanes, al ver las hogueras a todo lo largo de la costa, le llamó a esta tierra “Tierra de Fuego”. Pero con las hogueras también hacían señales de humo, sobre todo para anunciar peligros.
Todos sus utensilios eran primitivos, pero su técnica de recolección de comida estaba bastante desarrollada y utilizaban con precisión la honda, el arco y las flechas. También confeccionaban las lanzas que utilizaban para pescar y hacían uso de las redes en los estuarios.
La organización social de los yagán estaba poco definida, por lo que eran dados a peleas y venganzas. Aún así, un hombre influyente conocido por su buen juicio, era quien ayudaba a tomar decisiones. Recientemente los yagán habían elegido a un jefe (que ya no era yagán puro) de entre los últimos descendientes de esta tribu.
En cuanto a su mitología, tenían muchas leyendas y un folklore muy rico. También el código ético era bien definido, aunque no practicaban ninguna religión, ni conocían dioses. A su vez no hacían una clara diferencia entre el bien y el mal, pero temían a los “hombres del bosque”, fantasmas que en muchos casos pertenecían a sus congéneres muertos. A veces encendían hogueras en honor de estos lakooma para que se calentasen con el fuego.
Observaban dos ceremonias importantes, que se celebraban cuando se reunían los grupos para compartir la carne de una ballena varada. La ciexaus era un rito de iniciación a la pubertad, por el que los muchachos y muchachos debían pasar dos veces antes de casarse y contenía una gran dosis de instrucción moral. El kina reforzaba la sumisión de las mujeres por medio de un relato mítico en el que se narraba cómo en una época las mujeres habían dominado a los hombres, pero éstos habían descubierto que se hacían pasar por espíritus y las habían derrocado arrebatándoles el poder.
Este pueblo, capaz de adaptarse a las condiciones más adversas, no pudo defenderse de los peligros que supuso la llegada de los europeos atraídos por la cría de ganado, el oro y el petróleo. Las enfermedades, sobre todo el sarampión, minaron a su población de tal forma que en 1908 solo quedaban 170 individuos (de los 3000 que vivían cuando llegó Darwin), y, en 1930 se habían reducido a 43 supervivientes, algunos de ellos de sangre mixta. Actualmente unos 70 descendientes viven en Puerto Williams.
Hay que hacer notar la enorme injusticia que se cometió con este pueblo, como con otros tantos, incluso provocando y alimentando los prejuicios hacia los indígenas, que quizás todavía hoy arrastra el hombre occidental:
SHALOM