Algunos comercios y fabricantes aprovechan esta idea general para hacernos creer que el animal ha sido criado de forma más ecológica
uando compramos un pollo en el mercado, solemos fijarnos en su color. Si su carne es más rosada y su grasa más blanquecina, pensamos que el animal ha sido criado en una de esas granjas en las que todos los ejemplares viven hacinados, ha sido alimentados con un mal pienso y ni siquiera ven la luz del sol.
Por el contrario cuando el color en la carne del producto tiende más hacia el naranja y su grasa es más amarilla, creemos que el animal ha tenido una vida más "plena y feliz", en la que ha podido disfrutar del campo, buena comida y libertad, lo que popularmente llamamos "de corral" (aunque esta denominación incluye en realidad a todas las aves criadas o no en libertad). En definitiva, que ha sido criado de una forma más ecológica, sostenible y, por lo tanto, saludable (y eso, a pesar de que lo ecológico no es necesariamente más saludable). Lamentamos informarle de que el color no es un indicativo de que el animal haya vivido más feliz.
"Tradicionalmente asociamos el color anaranjado con la libertad del pollo, puesto que pica todo lo que se le pone a tiro, incluyendo flores silvestres, que son ricas en pigmentos que se acumulan en la grasa y la piel del pollo dándole ese color característico", explica el científico y divulgador José Miguel Mulet en su último libro ¿Qué es comer sano? (Editorial Destino) y añade que, al cuando inició la cría comercial, se comenzó a usar el pienso como alimento para las aves, por lo que dejaron de adquirir estos pigmentos. Sin embargo, "esto ya no es necesariamente así", continúa Mulet.
Cuando compramos un pollo en el mercado, solemos fijarnos en su color. Si su carne es más rosada y su grasa más blanquecina, pensamos que el animal ha sido criado en una de esas granjas en las que todos los ejemplares viven hacinados, ha sido alimentados con un mal pienso y ni siquiera ven la luz del sol.
Por el contrario cuando el color en la carne del producto tiende más hacia el naranja y su grasa es más amarilla, creemos que el animal ha tenido una vida más "plena y feliz", en la que ha podido disfrutar del campo, buena comida y libertad, lo que popularmente llamamos "de corral" (aunque esta denominación incluye en realidad a todas las aves criadas o no en libertad). En definitiva, que ha sido criado de una forma más ecológica, sostenible y, por lo tanto, saludable (y eso, a pesar de que lo ecológico no es necesariamente más saludable). Lamentamos informarle de que el color no es un indicativo de que el animal haya vivido más feliz.
"Tradicionalmente asociamos el color anaranjado con la libertad del pollo, puesto que pica todo lo que se le pone a tiro, incluyendo flores silvestres, que son ricas en pigmentos que se acumulan en la grasa y la piel del pollo dándole ese color característico", explica el científico y divulgador José Miguel Mulet en su último libro ¿Qué es comer sano? (Editorial Destino) y añade que, al cuando inició la cría comercial, se comenzó a usar el pienso como alimento para las aves, por lo que dejaron de adquirir estos pigmentos. Sin embargo, "esto ya no es necesariamente así", continúa Mulet.
Las zanahorias o el maíz en la dieta hacen que el pollo sea más amarillo o anaranjado
"El color más amarillo o anaranjado del pollo significa simplemente que ha tenido una dieta con más carotenos", aclara J.M. Mulet a BuenaVida. Aunque depende también de la genética del ave, según aclara Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos. La zanahoria, las hojas de caléndula o el maíz, entre otros, sirven como colorantes que se pueden añadir a los piensos que comen y, dependiendo de su genética, "se fijarán mejor o peor en la carne del animal", indica Robles. Es decir, la carne "se puede maquillar de forma natural", añade Mulet.
uando compramos un pollo en el mercado, solemos fijarnos en su color. Si su carne es más rosada y su grasa más blanquecina, pensamos que el animal ha sido criado en una de esas granjas en las que todos los ejemplares viven hacinados, ha sido alimentados con un mal pienso y ni siquiera ven la luz del sol.
Por el contrario cuando el color en la carne del producto tiende más hacia el naranja y su grasa es más amarilla, creemos que el animal ha tenido una vida más "plena y feliz", en la que ha podido disfrutar del campo, buena comida y libertad, lo que popularmente llamamos "de corral" (aunque esta denominación incluye en realidad a todas las aves criadas o no en libertad). En definitiva, que ha sido criado de una forma más ecológica, sostenible y, por lo tanto, saludable (y eso, a pesar de que lo ecológico no es necesariamente más saludable). Lamentamos informarle de que el color no es un indicativo de que el animal haya vivido más feliz.
"Tradicionalmente asociamos el color anaranjado con la libertad del pollo, puesto que pica todo lo que se le pone a tiro, incluyendo flores silvestres, que son ricas en pigmentos que se acumulan en la grasa y la piel del pollo dándole ese color característico", explica el científico y divulgador José Miguel Mulet en su último libro ¿Qué es comer sano? (Editorial Destino) y añade que, al cuando inició la cría comercial, se comenzó a usar el pienso como alimento para las aves, por lo que dejaron de adquirir estos pigmentos. Sin embargo, "esto ya no es necesariamente así", continúa Mulet.
Cuando compramos un pollo en el mercado, solemos fijarnos en su color. Si su carne es más rosada y su grasa más blanquecina, pensamos que el animal ha sido criado en una de esas granjas en las que todos los ejemplares viven hacinados, ha sido alimentados con un mal pienso y ni siquiera ven la luz del sol.
Por el contrario cuando el color en la carne del producto tiende más hacia el naranja y su grasa es más amarilla, creemos que el animal ha tenido una vida más "plena y feliz", en la que ha podido disfrutar del campo, buena comida y libertad, lo que popularmente llamamos "de corral" (aunque esta denominación incluye en realidad a todas las aves criadas o no en libertad). En definitiva, que ha sido criado de una forma más ecológica, sostenible y, por lo tanto, saludable (y eso, a pesar de que lo ecológico no es necesariamente más saludable). Lamentamos informarle de que el color no es un indicativo de que el animal haya vivido más feliz.
"Tradicionalmente asociamos el color anaranjado con la libertad del pollo, puesto que pica todo lo que se le pone a tiro, incluyendo flores silvestres, que son ricas en pigmentos que se acumulan en la grasa y la piel del pollo dándole ese color característico", explica el científico y divulgador José Miguel Mulet en su último libro ¿Qué es comer sano? (Editorial Destino) y añade que, al cuando inició la cría comercial, se comenzó a usar el pienso como alimento para las aves, por lo que dejaron de adquirir estos pigmentos. Sin embargo, "esto ya no es necesariamente así", continúa Mulet.
Las zanahorias o el maíz en la dieta hacen que el pollo sea más amarillo o anaranjado
"El color más amarillo o anaranjado del pollo significa simplemente que ha tenido una dieta con más carotenos", aclara J.M. Mulet a BuenaVida. Aunque depende también de la genética del ave, según aclara Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos. La zanahoria, las hojas de caléndula o el maíz, entre otros, sirven como colorantes que se pueden añadir a los piensos que comen y, dependiendo de su genética, "se fijarán mejor o peor en la carne del animal", indica Robles. Es decir, la carne "se puede maquillar de forma natural", añade Mulet.