El Simbolo Perdido de Dan Brown en Español
Traducción de Claudia Conde, M..ª José Díez y Aleix Montoto, 2009
«El símbolo perdido», un libro que, al igual que sus predecesores, llega lleno de misterio y con el que el exitoso autor regresa tras seis años de silencio.
La esperada continuación de «Ángeles y Demonios» y «El Código Da Vinci» se encuentra por fin en español, con lo que los millones de seguidores hispano parlantes ya pueden saciar ya su sed por conocer al detalle las nuevas aventuras del conocido personaje literario Robert Langdon.
La masonería, en el centro de la acción
Por primera vez, Brown reconoció que en su nueva obra se acercaba a los secretos de la masonería, un grupo que calificó como «fascinante, ya que se trata de una organización mundial que es espiritual pero que une en su seno a musulmanes, judíos, cristianos y a personas que están confusas sobre su religión».
«En este mundo en que tantas culturas se matan por discutir qué versión de Dios es la adecuada, la masonería los une y los invita a rezar juntos, porque no hace falta ponerle una etiqueta a ese dios que saben que existe ahí fuera», explicó el autor de 45 años.
Brown aseguró en esa entrevista que el misterio de la masonería que vertebra «El símbolo perdido» reside en «los orígenes» de una organización que se ha mantenido «bastante secreta» hasta el momento y que cuenta con «rituales arcaicos».
«El tema de este libro tiene mucho que ver con el poder de nuestros pensamientos», explicó Brown, quien dijo tener «grandes esperanzas para el futuro» y que, con este libro, intenta «arrojar luz sobre el futuro en varias direcciones».
Entrevista con Dan Brown
Dan Brown: 'Por cada crítico, tengo mil lectores felices'
Desde su refugio en Exeter, su pueblo natal, Dan Brown ha digerido el éxito de 'El Código Da Vinci' con un saludable alejamiento. Seis años ha tardado en concebir su nueva novela, 'El símbolo perdido' (Planeta), y seis segundos le bastan para romper el hielo en español, contar lo mucho que le gustó la Semana Santa en Sevilla y entrar al trapo del Opus Dei. Caen las hojas en los bosques de Nueva Inglaterra y tiemblan las librerías con el regreso de Robert Langdon, el descifrador de símbolos de Harvard, atrapado esta vez en el laberinto de la masonería en Washington.
P.- Le acusan de distorsionar los hechos y de falsificar la Historia...
R.- Es sencillo e intencional: mezclo ficción e Historia en un estilo moderno y limpio. O eso creo. Hay quien disfruta con ello; y quien odia el resultado, pero siempre se puede leer otra cosa. Hay muchos autores que elegir. Y es imposible contentar a todo mundo.
P.- ¿Sufre por las malas críticas?
R.- Ya estoy habituado a las críticas, en cierto sentido, las espero. Cuando haces algo creativo, seas un músico, un pintor o un cocinero, esperas que la gente comparta tu gusto. Yo escribo los libros que quiero leer. Mi intención es escribir libros interesantes, que me hagan aprender en el proceso y que hagan sentir lo mismo al lector.
P.- ¿Qué se siente siendo el autor de mayor éxito del momento? ¿Las críticas de Roma? 'El peor enemigo de la religión es la apatía'
R.- Intento no pensar muy a menudo en ello
P.- ¿Y el autor más imitado?
R.- Dicen que la imitación es el mejor de los halagos. Así que gracias.
P.- ¿Cómo encajó el mazazo de la denuncia por plagio?.
R.- J.K. Rowling pasó por lo mismo y dijo que se sentía como si alguien llamara a su puerta y quisiera apropiarse de su hijo. Es doloroso. Sé que no hice nada inapropiado y que el denunciante buscaba dinero. Pude extenderle un cheque y decirle "piérdete". Pero no va conmigo. Soy un luchador y he ganado todas las denuncias. Lo que hago, lo hago con honestidad.
P.-¿Le alegró la sentencia a su favor?
R.- Cuando un tribunal te da la razón y obliga al demandante a pagar todas las costas legales, uno se siente muy bien, ¿por qué negarlo?
(...)
P.- ¿Es cierto que a veces se disfraza de turista en sus pesquisas?
R.- Sí. Me calo un gorra de béisbol y me pongo unas gafas oscuras. Si alguien me reconoce, respondo balbuceando unas palabras en ruso y me dicen: "Usted perdone".
P.- ¿Lo de colgarse boca abajo para combatir el bloqueo del escritor también es parte de la mitología Brown?
R.- Es rigurosamente cierto. Lo hago todos los días. Es maravilloso para la columna vertebral y para el riego saguíneo. Y además da una perspectiva distinta del mundo. Ayuda a pensar desde otro ángulo. ¿Literatura comercial? A Brown eso le importa poco. Encerrado en su cueva de Nueva Inglaterra, prefiere hablar de sus días de estudiante en Sevilla
P.- ¿Y levantarse de madrugada para escribir no es acaso una variante de la mortificación corporal cristiana?
R.- ¡En absoluto! [se ríe]. No es un sacrificio ni una penitencia. Lo hago desde hace muchos años de un modo natural, sin necesidad de despertador. A veces, pienso que debería dormir más, pero al cabo de unos minutos tengo tantas ideas que no me queda más remedio que levantarme. El despertar es el momento ideal para crear. El mundo de los sueños es lo más próximo a la ficción.
P.- ¿Sabría decir dónde está la frontera entre la literatura comercial y la de calidad?
R.- Yo no pienso en mi trabajo como comercial o no comercial. Insisto: escribo el libro que me gustaría leer y punto. Sé que hay críticos que dicen que no soy Faulkner o Borges... Yo no intento hacer una creación litetaria de altura, sino contar una historia en un estilo actual y transparente. Por cada crítico que dice que no soy Cervantes, hay miles de lectores que están felices por haberles devuelto el placer de leer.
P.- ¿Si tuviera que elegir entre su paisano John Irving o Sidney Sheldon?
R.- Son dos autores muy distintos: John Irving es un escritor literario con mucho talento y Shirley es una autora de ficcción pop. Son muy distintos y los aprecio mucho, a cada uno en su terreno.
P.- ¿Es cierto que experimentó algo así como una epifanía cuando leyó 'La conspiración del juicio final'?
R.- No fue tanto como una epifanía, pero sí que resultó todo un descubrimiento. Disfruté mucho y me dije: yo también puedo hacer esto.
P.- Y entonces decidió abandonar su carrera como compositor y cantante.
R.- La música y la escritura libraron siempre un pulso dentro de mí. Me incliné por la música porque me parecía lo más cool, pero descubrí que no era lo mío, que me obligaba a estar demasiado expuesto a los demás. Soy muy celoso de mi vida privada.
P.- ¿Sigue componiendo?
R.- Toco el piano casi todos los días, me relaja. Y también compongo de vez en cuando. El proceso es similar al de escribir una novela: tienes tres o cuatro líneas melódicas o tramas que interactúan. En la escritura, como en la música, hay tensión, templanza, armonía.
P.- ¿Transpiración o inspiración?
R.- Se suda por igual escribiendo o componiendo. Hay mucho esfuerzo detrás de todo lo que se lee sin esfuerzo aparente. En un buen día de trabajo puedo llegar a hacer 10 páginas que, al final, se quedan en tres.
P.- ¿Qué le parecen las películas que han hecho de sus libros? Corre la especie de que no ha quedado muy contento...
R.- Creo que Ron Howard ha hecho un buen trabajo con un material duro. Mis libros son difíciles de adaptar, están llenos de datos que no resultan relevantes en el cine. 'El símbolo perdido' va a ser más difícil, me temo. Esta vez, les llevará más de dos años producirla.
P.- Díganos, ¿qué descubrió durante su documentación sobre la masonería que no sospechaba?
R.- Soy un tipo difícil de sorprender, pero he de reconocer que algunos rituales me dejaron estupefacto. El libro empieza precisamente en un ritual secreto, para intentar causar al lector el mismo efecto.
P.- ¿Y los masones? ¿Cómo han reaccionado?
R.- Las reacciones han sido bastante positivas, aunque no todo el mundo esté contento. En cierto modo, ha pasado como con la historia del Opus Dei: revelé algunos secretos y hay gente a la que no le ha gustado nada. Pero creo que en el fondo los masones salen muy bien parados de esta novela.