Esto que ves es el satélite más espeluznante de la historia. 2006, un astronauta de la Estación Espacial Internacional despide a su compañero, el Señor Smith, empujándolo a la deriva hacia la fría oscuridad del espacio exterior. ¿Por qué habría de hacer tal cosa? La que viene a continuación es una curiosa historia que tuvo lugar hace 12 años encima de nuestras cabezas. Muy encima. Tanto que ni siquiera ocurrió en la Tierra, sino en el espacio, en la Estación Espacial Internacional (ISS). Corría el día 3 de febrero del año 2006, cuando los televisores de medio mundo emitieron unas imágenes sobrecogedoras en las que un astronauta despedía a su compañero, el Señor Smith, empujándolo a la deriva hacia la fría oscuridad del espacio exterior. ¿Estoy viendo lo que creo que estoy viendo?, pensaron millones de telespectadores, creyendo que el cadáver del astronauta Smith planearía hasta el final de los tiempos ahí arriba, en una más que tétrica vigilancia perpetua. Pues bien, 12 años después parece que la NASA ha decidido echar algo de luz sobre este asunto que intranquilizó a muchas personas por aquel entonces. Lo cierto es que nunca hubo “Sr. Smith”, como decidieron apodar al experimento desde el lado americano. Ni siquiera hubo un “Ivan Ivanov”, como se empeñaban en que fuera llamado por parte de los rusos. La explicación era más bien técnica. link: https://www.youtube.com/watch?v=fEZZ2u_XjOE&feature=youtu.be Como os podéis imaginar, los trajes espaciales tienen una vida bastante más corta que la que nuestras madres le daban al chándal de ir al colegio. Si agujereábamos el chándal, nosotros íbamos hechos un cuadro, pero un traje de astronauta perforado... mal asunto si a uno le toca lidiar con temperaturas y presiones incompatibles con la vida. Por eso una de las primeras decisiones de las agencias espaciales de todo el mundo fue la de jubilar los trajes cada poco tiempo. Unas 3 o 4 veces al año para ser exactos. La segunda medida que se tomó fue la de dejar de traerlos a Tierra una vez cayeran en desuso, ya que jamás iban a colgar de unas perchas de ningún outlet de Cayo Vizcaino. Ahorremos espacio, se dijo algún ingeniero en su día mensual de lucidez. Desde ese día, los trajes jubilados en la ISS son lanzados a la deriva, llenos, eso sí, de la basura que se iba acumulando en la estación espacial. En 2004, el ingeniero Sergei Samburov planteó que era un desperdicio lanzar los trajes al espacio llenos de basura, sin darles alargar su vida útil, por ejemplo, aportando algunos datos a la ciencia. Entonces se pensó que, llenando los trajes de sondas, sensores, radios y otros aparatos que utilizan estas gentes de por ahí arriba, podrían dejarlo a la deriva y obtener información valiosa sobre cambios de temperatura, de posición, etc. La idea, de tan peregrina, gustó a propios y extraños. Y así amigos fue como aquel astronauta sacó de la estación espacial internacional un traje con lo que parecía el cuerpo del bueno de Smith, supuestamente fallecido mientras estaba en el baño, siendo en realidad el traje usado y jubilado de algún otro, lleno de cables y aparatos, convertido en satélite, que sería lanzado a orbitar encima de nosotros por el bien de la ciencia, y que, desgraciadamente, al poco tiempo se apagó para siempre.
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