Rodolfo Tailhade fue concejal y jefe de la IGJ antes de ser espía. Ahora es un diputado denunciante.

El kirchnerismo alimentó un monstruo hasta hacerlo gigante: Jaime Stiuso. Espió por una década a políticos, jueces, empresarios y periodistas. Y a cualquiera que molestase al Gobierno. Sirvió siempre a Néstor, y a Cristina casi hasta el final, cuando se opuso al pacto con Irán y de pronto se convirtió en una carga para ella.
Cristina creó o intentó crear otro monstruo para deshacerse del antiguo: el general César Milani, que había ejercido el oficio en la represión ilegal. Pero en la AFI y ya en manos de Oscar Parrilli y Juan Carlos Mena, sentó en la silla de Director de Contrainteligencia de Stiuso a un militante de La Cámpora: Rodolfo Tailhade.
Fue a comienzos del 2015. La Dirección de Contrainteligencia es el corazón de la AFI. Maneja nada menos que el espionaje y la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Las áreas más sensibles. Tailhade fue escalando hasta allí desde el muy modesto puesto de concejal en Malvinas Argentinas.
Nació en Choele Choel, Río Negro, y se radicó en el Conurbano. Estudió Derecho y se metió en La Cámpora que en 2013 lo premió como cabeza de la lista del Frente para la Victoria. El experimento no funcionó: Tailhade sacó menos de la mitad de los votos que Jesús Cariglino, en esos días enrolado con Sergio Massa.
Aún así, el resultado le aseguró una banca en el Concejo Deliberante. Tailhade le debe todo a Wado de Pedro, mano derecha de Máximo Kirchner. Llegó a él a través de Santiago Carreras, el hombre de La Cámpora en Fútbol para Todos.
Sin dejar la concejalía ni el sueldo de concejal, Tailhade fue transferido por Máximo y por De Pedro a la Inspección General de Justicia, que es como decir el organismo que regula la vida de las empresas.
Cuando se hallaba al frente de la IGJ, fue denunciado penalmente por la diputada Margarita Stolbizer debido a la falta de controles con que ese organismo beneficiaba descaradamente a empresas vinculadas a Lázaro Báez y a Cristina Kirchner .
Durante su gestión, expedientes muy sensibles para el gobierno -y especialmente para Amado Boudou- se extraviaban con regularidad. Convirtió así esa prestigiosa institución centenaria en un antro de corrupción y un verdadero desastre burocrático.


Tailhade después quiso ser intendente de Malvinas. Otro fracaso: perdió la interna kirchnerista con el actual intendente Leonardo Nardini, bendecido por Alicia Kirchner. Pidió licencia como concejal para ir con De Pedro en la boleta de diputados nacionales. Esta vez finalmente coló.
Ya diputado, Máximo y De Pedro lo ubicaron en otro lugar estratégico: el Consejo de la Magistratura. Y le dieron otra misión: Proteger a los jueces Kirchneristas y bombardear denuncias contra el macrismo, incluyendo al propio Macri. Hasta ahora acumula muchos esfuerzos y ningún resultado.
Hizo denuncias para todos los gustos. No le importa si lo que dice se corresponde con la realidad: la normalidad es no tener pruebas. Denunció a Macri y Prat Gay por las Lebac. A Gomez Centurión por apología del crimen. A Lombardi por defraudación. A Luis Caputo por el dólar futuro y al fiscal Marijuan por abuso de autoridad. La lista sigue, entre otros, con Marcos Peña, Stolbitzer, Massot, Rodríguez Simón y Garavano. Marcha invicto: no ganó ninguna.
Tailhade también ha elegido los tribunales federales como campo de batalla política, ocasionando un daño a la propia Justicia, por el dispendio de tiempo y recursos materiales y humanos que termina en el rechazo de sus falsas denuncias.
Ningún juez le dio derecha. Tampoco Bonadio, ante quien había denunciado a funcionarios de la AFIP por dar información secreta a Stolbizer y a Carrió. Esta vez a Tailhade le fue peor todavía: Bonadio encontró que sus pruebas y las del abogado Sánchez Kalbermatten fueron falseadas. De denunciante pasó a denunciado. Quizás ha llegado la hora de que Tailhade cambie de rubro.

El kirchnerismo alimentó un monstruo hasta hacerlo gigante: Jaime Stiuso. Espió por una década a políticos, jueces, empresarios y periodistas. Y a cualquiera que molestase al Gobierno. Sirvió siempre a Néstor, y a Cristina casi hasta el final, cuando se opuso al pacto con Irán y de pronto se convirtió en una carga para ella.
Cristina creó o intentó crear otro monstruo para deshacerse del antiguo: el general César Milani, que había ejercido el oficio en la represión ilegal. Pero en la AFI y ya en manos de Oscar Parrilli y Juan Carlos Mena, sentó en la silla de Director de Contrainteligencia de Stiuso a un militante de La Cámpora: Rodolfo Tailhade.
Fue a comienzos del 2015. La Dirección de Contrainteligencia es el corazón de la AFI. Maneja nada menos que el espionaje y la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Las áreas más sensibles. Tailhade fue escalando hasta allí desde el muy modesto puesto de concejal en Malvinas Argentinas.
Nació en Choele Choel, Río Negro, y se radicó en el Conurbano. Estudió Derecho y se metió en La Cámpora que en 2013 lo premió como cabeza de la lista del Frente para la Victoria. El experimento no funcionó: Tailhade sacó menos de la mitad de los votos que Jesús Cariglino, en esos días enrolado con Sergio Massa.
Aún así, el resultado le aseguró una banca en el Concejo Deliberante. Tailhade le debe todo a Wado de Pedro, mano derecha de Máximo Kirchner. Llegó a él a través de Santiago Carreras, el hombre de La Cámpora en Fútbol para Todos.
Sin dejar la concejalía ni el sueldo de concejal, Tailhade fue transferido por Máximo y por De Pedro a la Inspección General de Justicia, que es como decir el organismo que regula la vida de las empresas.
Cuando se hallaba al frente de la IGJ, fue denunciado penalmente por la diputada Margarita Stolbizer debido a la falta de controles con que ese organismo beneficiaba descaradamente a empresas vinculadas a Lázaro Báez y a Cristina Kirchner .
Durante su gestión, expedientes muy sensibles para el gobierno -y especialmente para Amado Boudou- se extraviaban con regularidad. Convirtió así esa prestigiosa institución centenaria en un antro de corrupción y un verdadero desastre burocrático.


Tailhade después quiso ser intendente de Malvinas. Otro fracaso: perdió la interna kirchnerista con el actual intendente Leonardo Nardini, bendecido por Alicia Kirchner. Pidió licencia como concejal para ir con De Pedro en la boleta de diputados nacionales. Esta vez finalmente coló.
Ya diputado, Máximo y De Pedro lo ubicaron en otro lugar estratégico: el Consejo de la Magistratura. Y le dieron otra misión: Proteger a los jueces Kirchneristas y bombardear denuncias contra el macrismo, incluyendo al propio Macri. Hasta ahora acumula muchos esfuerzos y ningún resultado.
Hizo denuncias para todos los gustos. No le importa si lo que dice se corresponde con la realidad: la normalidad es no tener pruebas. Denunció a Macri y Prat Gay por las Lebac. A Gomez Centurión por apología del crimen. A Lombardi por defraudación. A Luis Caputo por el dólar futuro y al fiscal Marijuan por abuso de autoridad. La lista sigue, entre otros, con Marcos Peña, Stolbitzer, Massot, Rodríguez Simón y Garavano. Marcha invicto: no ganó ninguna.
Tailhade también ha elegido los tribunales federales como campo de batalla política, ocasionando un daño a la propia Justicia, por el dispendio de tiempo y recursos materiales y humanos que termina en el rechazo de sus falsas denuncias.
Ningún juez le dio derecha. Tampoco Bonadio, ante quien había denunciado a funcionarios de la AFIP por dar información secreta a Stolbizer y a Carrió. Esta vez a Tailhade le fue peor todavía: Bonadio encontró que sus pruebas y las del abogado Sánchez Kalbermatten fueron falseadas. De denunciante pasó a denunciado. Quizás ha llegado la hora de que Tailhade cambie de rubro.
















