La Rose Hall Great House está a unos 12 kilómetros de Montego Bay, la segunda ciudad más grande de Jamaica , después de la capital, Kingston, y la mansión georgiana está ubicada en lo alto de una colina con vistas al mar. Su historia tiene que ver con ritos de vudú, con esclavos negros, torturas, asesinatos y con una mujer perversa y psicópata a la que le daba por matar maridos y amantes.
Su nombre procede del homenaje que hizo el hacendado inglés George Ash cuando se casó con su prometida Rose. Construyó la casa, se gastó 30.000 libras esterlinas, vivieron juntos en ella y poco le duró la alegría porque dos años después él se muere dejando a Rose viuda, aunque no por mucho tiempo. Al poco se volvió a casar y no una ni dos, sino hasta tres veces más. El último marido se llamaba John Palmer, que fue quien reformó y amplió la mansión entre 1770 y 1780. Y lo hizo de una manera singular: con 365 ventanas representado una por cada día del año, 52 puertas, por cada semana del año, y 12 habitaciones correspondiendo cada una a un mes de año.
La mansión hoy en día
Al final, y como era de esperar, Rose también murió, a los 72 años, y el que se quedó viudo fue John, que había adoptado a un sobrino nieto llamado también John Palmer, el que luego heredaría la propiedad. Y con él se puede decir que empieza la nueva etapa de Rose Hall y la truculenta historia de sangre y horror, sobre todo cuando decide casarse con una joven inglesa, muy hermosa, recién llegada de Haití, llamada Annie Mae Patterson, la que con el tiempo sería conocida por sus propios esclavos como la “White Witch of Rose Hall” –la Bruja Blanca de Rose Hall–.
Annie nació en Inglaterra, de madre inglesa y padre irlandés pero pasó la mayor parte de su vida en Haití. Siendo aun una niña queda huérfana cuando sus padres fallecen a causa de un mal que acechaba en esa época, la fiebre amarilla; sin embargo una niñera negra se encarga de su cuidado enseñándole hechicería y vudú . A la edad de 18 años se trasladó a Jamaica en busca de un marido adinerado y en 1820 conoció a John Rose Palmer, un acaudalado británico propietario de las plantaciones de caña de azúcar Rose Hall, la cual incluía una enorme casa con vista al mar decorada finamente en caoba jamaiquina, más de 2.000 esclavos y terrenos de hasta 1.000 hectáreas.
El señor Palmer comenzó un romance con Annie Mae Patterson, con la que se casó en 1820. Lo que comenzó como un matrimonio feliz, terminó desembocando en un tortuoso final de terror que protagonizó la propia Annie Mae, a la que sólo le movía apoderarse de la fortuna y tierras de su esposo. Para ello, Annie no tuvo reparos en acuchillarlo en su propia cama hasta matarlo, con el fin de convertirse en la señora absoluta de la hacienda Rose Hall.
Balcón donde Annie observaba a sus esclavos
A John Palmer le sucedieron otros dos maridos; el segundo fue envenenado con arsénico (y virtiendole aceite caliente en los oídos para asegurarse que estuviera bien muerto), el tercero, estrangulado con la ayuda de Takoo su esclavo y amante favorito. Siguiendo las órdenes de Annie, algunos esclavos sacaron los cadáveres a través de secretos pasadizos subterráneos y los enterraron bajo la arena blanca de la playa. Para no levantar sospechas, Annie contaba que la fiebre amarilla se había llevado a sus maridos por lo que ella cerraba las habitaciones y tomaba otra habitación para cada nuevo marido, cosa que no pareció extrañar a conocidos y lugareños de Bahía Montego (la ciudad más cercana). Quizás no sospecharon nada, o no quisieron preguntar para evitar inmiscuirse en terrenos escabrosos. De todas formas eran tiempos en los que ley brillaba por su ausencia, y no se realizaban investigaciones ante el fallecimiento de una persona.
Pintura que muestra la hacienda en aquella época
Usando a los niños de los esclavos en sus ritos macabros,apareció un nuevo administrador de la finca llamado Robert Rutherford. Annie vio en el un cuarto marido pero pese a su dinero y belleza, Robert no la hizo ni caso ya que el se había fijado en una de las esclavas que trabajaba en la mansión, en una jovencita llamada Millicent. Annie se puso como un demonio y no tardó en quitarse a la joven esclava del medio.
No se sabe si Annie siempre tuvo ese carácter pérfido, o lo desarrolló en Jamaica , pero sí se sabe que suspiraba añorando las luces y la algarabía de París, ya que la vida en Jamaica le parecía aburrida y penosa. También hay que pensar que en aquellos tiempos las mujeres estaban en clara desventaja social frente a los hombres, y una solitaria viuda podría ser una presa fácil para los delincuentes. Quizás por eso Annie desarrolló esa imagen de mujer fuerte y despiadada con una coraza para protegerse del peligro.
Retrato de Annie, que bajo esa apariencia angelical, ocultaba una asesina sin escrúpulos
Annie era una mujer envuelta en un halo de misterio a la que siempre había atraído el ocultismo y disfrutaba practicando magia negra y vudú. Se cuenta que realizaba sus perversos cultos en la hacienda y tenía sometidos a sus más de 3.000 esclavos a los que atemorizaba con su poder y trato despiadado. Posiblemente aprendió el arte del vudú de algunos de sus esclavos más experimentados, que para granjearse el favor de Annie y una vida más larga, la instruyeron en las técnicas de brujería. Esto le hizo ser conocida con el sobrenombre de “La Bruja Blanca de Jamaica “.
Por la mañana, Annie comenzaba su día asomándose al balcón que hay en la imagen de abajo, y dictaba las órdenes del día a los esclavos que se reunían en este patio trasero de la casa. Sus ordenanzas incluían castigos e incluso ejecuciones.
Dentro de su plantación de Rose Hall, Annie Palmer tenía poder absoluto, y lo utilizaba de forma arbitraria, cruel y sangrienta. En la mazmorra situada en los sótanos de la mansión torturaba a los esclavos indisciplinados con total impunidad. Cuando sentía la llamada de la carne, bajaba hasta los barracones en que vivían sus esclavos a escoger un compañero de alcoba. En cuanto se cansaba de él, el pobre diablo era ejecutado sin contemplaciones.
A pesar de todo, pocos intentaban escapar de Rose Hall: grandes cepos escondidos a lo largo del perímetro de la plantación disuadían a los hipotéticos prófugos; y algunas noches las propia Annie salía a caballo a perseguir a los que no cumplían el toque de queda. Las presas de la amazona eran encadenadas, marcadas a fuego y devueltas a su barracón.
Tunel que lleva a la parte inferior de la casa, el pasillo de la muerte
La hacienda de Annie ya poseía más de 24 km² y contaba con unos 3.000 esclavos, que como todas las de Jamaica , tenía extensos terrenos en los que destacaba un gran caserón edificado de forma que fuese visible desde varias millas a la redonda. El dueño del latifundio se asemejaba a un señor feudal, con dicha mansión como su castillo en el que moraba. Las clases sociales estaban muy marcadas, y una minoría apoderada explotaba a una mayoría oprimida, resultando en un sistema social conducido por el miedo, algo que Annie sabía explotar al máximo.
Annie infundía en los esclavos un temor que iba mucho más allá de lo físico; podía infligir un daño peor que la laceración del látigo y el dolor punzante del cuchillo. Annie Palmer, la refinada señorita blanca, había aprendido en Haití los secretos del vudú, convirtiéndose en una poderosa hechicera. Utilizaba su magia contra todo aquel que se interpusiera en su camino, bien fuese una rival en amores o algún vecino molesto, y cuentan que llegó a sacrificar niños para usar sus huesos en rituales. Ningún bokor, mambo u hougan igualaba en poder a Annie Palmer.
Dormitorio de Annie Palmer
Aunque el reino del terror que había establecido en Rose Hall parecía invulnerable, se avecinaban cambios importantes que iban a afectar a la base de la sociedad colonial jamaicana. El parlamento británico votó a favor de abolir la esclavitud. Los terratenientes de Jamaica retrasaron todo lo que pudieron la aplicación de las nuevas leyes, pero esto generó una gran tensión con la población negra que en 1830 estalló en violentas revueltas a lo largo de toda la isla, la esclavitud en la isla recién se aboliría en 1834.
En 1831 la rebelión llegó también a Rose Hall. Al fin la ira fue más fuerte que el miedo: una partida de insurrectos comandados por Tackoo entró en la mansión, subió las grandes escaleras e irrumpió en la habitación de Annie Palmer. Tras matar a la Bruja Blanca, desfiguraron su cadáver y lo arrojaron por la ventana. Pero el alivio poco le duró a Tackoo ya que esa noche al intentar escapar de la casa, alguien le pegó un tiro por la espalda. Un vecino enterró los restos de Annie en una tumba sin señalar, en tres de cuyos lados alguien colocó tres cruces para contener el poder de la hechicera. El cuarto lado quedaba libre, de tal forma que su espíritu podría salir a vagar por la Tierra cuando desease.
Otra versión sobre la historia de su muerte nos cuenta que Annie tenía contratado al capataz Tackoo que era un poderoso bokor (hechicero especializado en vudú, también llamado houngan si es hombre o mambo si es mujer), un hecho que él le ocultaba aun a riesgo de su propia vida. El capataz tenía una joven hija a la que había concertado un matrimonio con un atractivo joven de la plantación.
Desafortunadamente, la lujuria de Annie se fijó en este joven, y pronto se le llamó para complacer a la señora de la casa. Como el capataz sabía el destino que deparaba al joven, comenzó los preparativos para proteger al chico de los procedimientos de usar y tirar que empleaba Annie con sus amantes.
La mansión Rose Hall antes de ser reconstruida
Pero Annie no siguió su patrón habitual, y ebria de sensación de poder, mató al joven esa misma noche, en vez de jugar con él durante una semana hasta cansarse como solía hacer. Quizás el chico se opuso a sus atenciones y declaró quién era su verdadero amor. Sea cual fuese la razón, el joven fue asesinado, su novia quedó consternada y el capataz entró en cólera, decidiendo acabar con La Bruja Blanca a toda costa.
Así termina la leyenda de Annie Palmer, de quien en realidad apenas se sabe si existió. Sin embargo, el trasfondo histórico de la narración es completamente verídico, y su protagonista, la Bruja Blanca, ha pasado a ser un personaje básico del folklore jamaicano. En 1931 H. G. Lisser escribió una novela sobre la leyenda titulada The White Witch of Rose Hall, que serviría al grupo de rock ocultista Coven como inspiración para un vibrante tema del mismo nombre.
El origen de la construcción de la hacienda se remonta al año 1750, cuando el colono inglés George Hall comenzó a cimentar la mansión y le dio el nombre de Rose Hall en honor a su mujer Rose. George murió tres años más tarde y Rose se casó tres veces más, siendo John Palmer (el representante del rey Jorge III en el distrito jamaicano de St. James), su último marido, quien finalizó la casa entre los años 1770 y 1780.
Es de las escasas mansiones de plantaciones que se conservan de la época (aprox. sólo quince siguen en pie), pues la mayoría de las setecientas que existían fueron quemadas durante los motines de los esclavos pero Rose Hall se quedó como estaba ya que pese a haber pasado un poco de tiempo, tenían miedo de que eso enfureciera más al espíritu de la Bruja Blanca.. Tras la muerte de Annie, la casa ha pertenecido al gobierno británico y luego fue vendida tres veces a tres familias distintas: Jarret, Barret y Henderson. Las dos primeras familias siguieron con las plantaciones de azúcar, pero la última familia (Henderson), la adquirió en 1905 para vivir en ella.
Trampa colocada en los campos para disuadir a fugitivos
Durante su estancia en la mansión sucedió un hecho trágico. Cuando una de sus sirvientas estaba en la planta superior trabajando, sin razón aparente se tiró por el balcón, rompiéndose el cuello y muriendo en el acto. Los Henderson empezaron a sospechar que la casa estaba encantada y se llevaron todas sus cosas para mudarse a Kingston.
Tapa del libro The White Witch of Rose Hall
La mansión de Rose Hall es actualmente propiedad de una pareja estadounidense y el fallecido John Rollins de Wilmington, Delaware. Compraron la casa en 1965 y la renovaron entre los años 1966 y 1971, gastándose un total de dos millones y medio de dólares.
Manchas de sangre aparecidas durante la restauración
Se dice que mientras estaban realizando las tareas de restauración en la mansión, comenzaron a manifestarse ciertos fenómenos paranormales, apareciendo manchas de sangre en las paredes de un aposento, precisamente en el que Annie asesinó a su primer marido. Otras personas que han visitado la mansión de La Bruja Blanca, dicen que han escuchado sonidos muy extraños, como risas diabólicas o gemidos lastimeros.
Plano de la planta baja
A día de hoy la hacienda de Rose Hall permite visitas de turistas y es un legado histórico en cuyo interior se conservan objetos de gran valor y muebles de caoba jamaicana de una exquisita elegancia, con piezas genuinas de los siglos XVII, XVIII y XIX. Se conserva casi intacta y fiel a cuando Annie vivía en ella.
El espejo donde turistas han visto el rostro de Annie
En la actualidad la mansión de Rose Hall está abierta a los visitantes, y es una auténtica joya histórica, una de las pocas residencias de los propietarios de plantaciones conservada, ya que la mayor parte de las 700 que había ardieron durante las revueltas de los esclavos. Se mantiene casi como cuando la Bruja Blanca vivía en ella. Cuentan que durante los trabajos de restauración aparecieron manchas de sangre en las paredes de una habitación, precisamente aquella en la cual Annie Palmer habría acuchillado a su primer marido.