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el miedo a la muerte o a morir

Paranormal10/16/2011



todos o alguna vez en la vida hemos tenido miedo a morir espero que le guste el post es un poco tarde pero en fin

La mayoría de las personas tenemos diferentes miedos, a determinados animales, como arañas, insectos, a espacios cerrados o espacios abiertos, etc., pero son muchos los que tienen miedo a la muerte.

Las distintas religiones hablan de un tránsito hacia un mundo mejor, no es difícil imaginar algo así, un paraíso. Sin embargo personas de todas las religiones, incluso aquellos que consideran la reencarnación como la opción con la que se explican este tránsito manifiestan tener este miedo a morir.


Resulta ilógico que, si realmente estamos convencidos de la idea de lo que supone la muerte, ese paso deberíamos verlo como algo positivo y por lo tanto no asustarnos sino todo lo contrario, debería ser una liberación.

Sin embargo hasta los más creyentes, aquellos que llevan vidas realmente difíciles y duras o cuyo cuerpo está tan deteriorado que no se puede ni sostener parecen aferrarse a esta vida y a ese cuerpo hasta el último momento.

El miedo a la muerte tiene mucho que ver con el miedo al cambio, si he vivido una vida en la que no quería cambiar ni un clip de su sitio y me he mantenido en la rutina constantemente aceptando todo tipo de situaciones que me estaban perjudicando con tal de que nada cambie ¿ que puedo pensar de la muerte que es el máximo cambio que me puede pasar?

La inseguridad ante el cambio se intensifica al pensar en la muerte, si un cambio de domicilio está considerado como una de las tres situaciones que más stress generan, ¿qué puede producir el no saber exactamente donde voy a residir? Porque si ya hemos pasado por esa puerta lo cierto es que no lo recordamos y no estamos seguros de llevar la llave adecuada encima, ¡como si pudiéramos quedarnos a las puertas!

El miedo a la muerte, como todos los miedos puede llegar a condicionar nuestra vida, a impedir que la vivamos plenamente y disfrutemos de lo que queremos, ese miedo puede incluso llevarnos donde no queríamos ir.


Resistirnos a acudir al médico a revisarnos por si nos encuentran algo o a realizarnos una operación necesaria por miedo a morir en el quirófano puede suponer que la enfermedad que podría tratarse a tiempo se agrave hasta que ya no haya tratamiento posible.

No resulta fácil liberarse del miedo pero conviene recordar que lo más difícil es vivir la vida y que lo mejor que podemos hacer es realizar aquellas actividades que nos apetecen y nos dan ilusión porque así podremos llegar al final sabiendo que nuestra vida ha sido plena y no pasar de puntillas por el mundo por miedo porque eso realmente es medio vivir.

No sirve de nada dejar de hacer cosas por si la muerte nos alcanza porque realmente llega cuando tiene que llegar y de nada nos sirve huir de ella.. Sucede como en el cuento del hombre que se encontró con la muerte en una ciudad y corrió para huir de ella al desierto hasta una cueva y cuando llegó la noche se le presento La Muerte que le dijo: “Me sorprendió verte esta mañana en la ciudad sabiendo que ibas a morir en una cueva en el desierto

"EL MIEDO A LA MUERTE EXISTE PORQUE EL SER HUMANO ES CONSCIENTE DE QUE TIENE UNA FECHA DE CADUCIDAD"




Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica y profesor de la UPV, conoce bien el duelo ante la muerte. En su experiencia como profesional acumula las vivencias de sus pacientes. Historias que le han enseñado que el miedo y el dolor son habituales, pero tambien que se superan

¿Existe alguna explicación biológica para el miedo que experimentan las personas ante la muerte de uno mismo o de un ser querido?


El miedo a la muerte existe porque todo ser humano es consciente de que tiene una fecha de caducidad. La persona sabe que todo se acaba y se ve obligada a renunciar a un proyecto de vida dejando a los seres queridos. Además existe una importante incertidumbre hacia lo que puede ser el futuro y todo ello genera una ansiedad y la ha generado siempre, a lo largo de toda la historia.

¿Dónde se sitúa el límite entre el dolor habitual por la muerte de un ser querido y el dolor o sufrimiento patológico?


Hay que dejar claro que la vida no es una enfermedad y en la vida existen muchos acontecimientos diferentes. Afortunadamente muchos de ellos son alegres, pero otros son tristes, como lo es la muerte de las personas que nos acompañan. La muerte es un fenómeno que afecta, sobre todo, a los demás. En realidad que una persona se sienta triste ante la muerte de un ser querido, que se sienta transitoriamente deprimido, que altere el curso de su vida en cuanto a su capacidad de concentración entra dentro de los límites normales. Otra cosa es cuando esa tristeza dura mucho más de lo habitual y tiene una intensidad enorme, entonces nos encontramos ante un trastorno que va a depender de muchas cosas. El equilibrio emocional de la persona, por ejemplo, es uno de los factores más importantes, porque un sujeto normal es capaz de afrontar situaciones difíciles en su vida, pero un individuo con problemas de ansiedad, depresión o que sufre importantes trastornos de personalidad, está más indefenso. Cuando se dan unas circunstancias especiales, como la muerte de un hijo o el fallecimiento violento, el hecho en sí tiene unas connotaciones distintas de lo que es una muerte natural y es mucho más difícil de integrar en la biografía de una persona.

¿Qué factores evidencian la existencia del duelo patológico?


Es la misma diferencia que existe entre la tristeza y la depresión. A veces se abusa de los términos, cuando está lloviendo, tenemos que ir a trabajar y se nos han acabado las vacaciones, por ejemplo, decimos que estamos con la depre . La tristeza es un estado de ánimo, es un sentimiento que tenemos los seres humanos, como lo es la alegría, el miedo o la ira. Pero la tristeza es una reacción emocional pasajera, que dura unos minutos o unas horas y después una persona es capaz de retomar su vida. Cuando alguien está deprimido, sin embargo, esa tristeza tiene un carácter patológico y le desborda. Esa es la diferencia si hablamos en general, y en el caso del duelo y el duelo patológico ocurre lo mismo. La tristeza normal que una persona experimenta ante la muerte de un ser querido supone que ésta se sienta afligida, que interrumpa brevemente su tipo de vida, puede que su sueño se vea alterado e incluso que pierda transitoriamente el apetito, pero cuando la persona reanuda su vida cotidiana y con el apoyo de los demás, puede llegar a digerir ese dolor. La persona no va a olvidar nunca, pero puede retomar su rutina. El duelo patológico, sin embargo, se produce cuando se observan una serie de características.

¿Cuáles son esas características?


Una de las más importantes es la intensidad de los síntomas, porque es diferente encontrar dificultades para retomar la rutina, que sentirse incapaz de incorporarse. Otro aspecto muy importante es la duración. Antes se consideraba que el tiempo del luto debía durar de seis meses a un año, eso es lo normal. Normalmente, el tiempo corre a favor de una persona para superar el dolor por una pérdida, pero al tiempo hay que ayudarle, claro. Por último, está la presencia de alucinaciones o ideas delirantes, que suelen denotar una patología. A pesar de todo esto, en los centros de salud mental las consultas por la pérdida de un ser querido son mínimas, mientras que las muertes se producen a diario. Esto supone que afortunadamente la mayoría de las personas son capaces de superar este acontecimiento sin recurrir a un profesional.

En sentido opuesto, hay personas que se sienten mal por no experimentar ese dolor. ¿Qué ocurre en este caso?
Siempre se ha señalado que una persona tiene que sufrir ante una muerte, y es un gran error. Uno puede tener un recuerdo enormemente cariñoso del fallecido, pero por sus circunstancias, no sentir el dolor, ni experimentar la pérdida de apetito o de sueño. De hecho, hay personas que siente un profundo dolor, pero pasajero; otras que conviven mucho tiempo con un ligero malestar y otras que continúan con su vida normal. Son las distintas reacciones que las personas pueden experimentar ante un acontecimiento de ese estilo, pero no están obligadamente relacionadas con el cariño o el respeto hacia la persona.

Parece que los jóvenes son quienes experimentan un dolor más intenso y pasajero, mientras que los mayores sufren durante más tiempo. ¿Existe alguna relación entre la edad y la forma de afrontar el duelo?
Las personas jóvenes son más viscerales y viven con más intensidad todos los acontecimientos, las alegrías y las penas, pero son también situaciones más transitorias. Los adultos, sin embargo, tienen mayor control sobre sus emociones. Es posible que el dolor lo vivan menos, pero también es más profundo, porque en muchos casos la pérdida puede suponer el freno de sus capacidades. Las personas de más edad se encuentran ante un horizonte en el que les resulta más difícil rehacer su vida.

¿Experimentamos diferentes fases ante el fallecimiento de un ser querido?


Depende mucho de cada individuo, pero en general primero experimentamos un estado de shock en el que la persona no capta realmente la realidad. Después viene una fase de reorganización de la vida sin esa persona, que se produce entre el primer y tercer mes, y la reducción progresiva del dolor.
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