Posiblemente alguna vez te preguntaste qué sucedía con las balas cuando se hacen disparos al aire. Es hora de descubrir a dónde van a parar.
Hacer disparos al aire es una práctica y tradición bastante común. En ocasiones, la acción sirve como una alerta, ya sea para hacer una advertencia o para comunicar que se está celebrando algo. ¿Pero, qué sucede con las balas después que son disparadas al aire?
En muchas casos, una tragedia. Y esto porqué cuando una bala es detonada hacia el aire, irremediablemente retorna al suelo y puede alcanzar a una persona. Estas “balas pérdidas” representan un riesgo enorme.
Explicación
Supongamos que salimos pistola en mano al patio un día en el que no hay la más mínima brisa de aire. Supondremos, también, que tenemos un pulso imperturbable, que somos capaces de disparar balas perfectamente perpendiculares al suelo y que nadie llama a la policía.

Teniendo en cuenta las características del calibre .22 para rifles largos, sabemos que la pólvora que contiene el casquillo es capaz de propulsar la bala a 330 m/s al salir del cañón. Disparada hacia arriba, la bala irá perdiendo velocidad a medida que asciende, ya que la atracción gravitatoria de la Tierra la ralentizará a un ritmo de 9.8 m/s cada segundo. Usando las ecuaciones de tiro parabólico, podemos calcular que la bala va a perder toda su velocidad al alcanzar los 5.550 metros de altura. Llegada a ese punto, volverá a caer hacia el suelo.
¿Qué velocidad alcanzará la bala, cayendo desde 5.550 metros?
Cuando un objeto cae de una altura cualquiera, el aire empieza a chocar contra él. Cuanto más rápido se mueva el objeto, más rozamiento se producirá, hasta llegar al punto en que la fuerza de rozamiento contra el aire sea igual a la fuerza con la que el objeto cae. Es entonces cuando el sistema objeto-gravedad-aire llega al equilibrio: pese a que la gravedad terrestre intenta acelerar aún más el objeto, el rozamiento contra el aire es tan grande que no lo permite.
Calcularemos la velocidad terminal de la bala. Con un peso de 3 gramos, teniendo un área de unos 290 milímetros cuadrados (he asumido que la bala tiene forma cilíndrica para calcularla), un coeficiente de rozamiento de 0.295 y tomando la densidad del aire en condiciones normales, 1.4 kilogramos por metro cúbico, obtenemos una velocidad terminal de 22.17 m/s, unos 80 kilómetros por hora.
La velocidad mínima estimada para que una bala ocasione una fractura craneal es de 67 m/s, muy lejos de nuestros 22.17 m/s.
Entonces como es que se producen estas muertes/accidentes?
Bueno, no pasa nada si la bala es disparada con una trayectoria perfectamente perpendicular al suelo. A la mínima que el cañón está un poco desviado respecto a la vertical, la bala adquiere velocidad horizontal.

Dependiendo del ángulo del disparo, la bala describirá una parábola más o menos cerrada. Hemos tratado un disparo vertical, donde toda la energía de la bala se disipa hacia arriba. Pero, en la realidad, los disparos completamente verticales son un fenómeno impensable.
Cualquier bala disparada por un ser humano tendrá cierto ángulo con respecto al suelo. Cuanto más cerrado sea ese ángulo, más se parecerá la trayectoria de la bala a una línea recta horizontal. Con ángulos muy abiertos, la trayectoria tenderá a parecerse cada vez más a un disparo vertical.
La diferencia entre los dos casos, es la cantidad de energía que se transfiere en cada dirección. Mientras traza una parábola, un proyectil va agotando su velocidad vertical a medida que asciende, hasta que la pierde por completo al llegar al punto de máxima altura. En ese momento empieza a caer, pero quien la acelera hacia abajo es la fuerza de gravedad de terrestre, hasta alcanzar la velocidad terminal.
La velocidad horizontal es otra historia. Restando los efectos del rozamiento contra el aire, que a esta escala son despreciables, la velocidad horizontal se mantiene más o menos constante durante toda la trayectoria, así que, en teoría, una bala al caer sí que podría matar a una persona si es disparada en el ángulo correcto.
Es decir, que pese a que la velocidad terminal sea relativamente baja, una bala puede desplazarse horizontalmente mucho más rápido mientras cae.
Una bala desplazándose a 67 m/s es capaz de ocasionar una fractura de cráneo e incluso penetrar en el cerebro, pero el daño será mínimo si impacta contra cualquier otra parte del cuerpo, debido al efecto amortiguador del tejido muscular. Para velocidades de 200 m/s, una bala puede ocasionar graves lesiones, independientemente de dónde impacte.

El factor que determina la velocidad horizontal es el ángulo con el que disparamos. Para ángulos muy abiertos respecto al suelo, la parábola será muy cerrada y casi toda la energía terminará disipándose en el eje vertical, por lo que la bala tendrá una velocidad horizontal muy baja y será prácticamente inofensiva.
Conociendo la velocidad inicial de 330 m/s, definiendo 67 m/s como la velocidad mínima para resultar herido y 200 m/s para recibir un daño considerable o morir, podemos deducir finalmente la letalidad de una bala en función del ángulo de disparo.
Entre los países de América Latina, México figura entre los primeros sitios de muertes por balas pérdidas, junto a Brasil y Colombia. Según un informe publicado en 2015 por el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe (UNLIREC) el año pasado, documentó un total de 550 casos de violencia por balas pérdidas entre el 2009 y 2013 – resultando en un total de 617 víctimas, donde el 45% de las víctimas fueron menores de edad. – reportados en los medios de comunicación en 27 países de la región.
Antecedentes
- Tres personas murieron en Filipinas debido a balas perdidas disparadas para recibir el Año Nuevo, 2011.
- En 2010, un novio turco mató a tres parientes cuando disparó su AK-47 en su propia boda. El mismo año, el rey de Jordania, Abdulá II, les ordenó a las autoridades de su país erradicar la práctica, luego de que dos personas resultaran muertas y 13 heridas en un solo accidente.
- Cuando la selección de fútbol iraquí derrotó al cuadro de Vietnam, en la Copa de Asia de 2007, tres personas perdieron la vida, en Bagdad, en medio de la alegría que fue celebrada a tiros por los hinchas.
- Las balas en celebración del fin de la guerra del Golfo, disparadas en Kuwait, en 1991, tuvieron la culpa de 20 muertes.
- La práctica no se restringe a Asia y Medio Oriente. Un estudio llevado a cabo en Estados Unidos halló que 118 personas fueron tratadas, por heridas de "balas que caían" al azar, en uno de los centros médicos de Los Ángeles, entre 1985 y 1992, lo que produjo la muerte de 38 de ellas.
