Supongo que no revelamos ningún gran secreto si decimos que los genitales masculinos son una zona especialmente sensible. Esto se debe a que, al estar situados en una zona tan expuesta a agresiones exteriores, están "protegidos" por una red células encargadas de recibir las señales de dolor. Y decimos protegidas porque, realmente, el dolor aunque resulte tremendamente fastidioso y molesto, tiene la función de protegernos, avisando a nuestro organismo de que algo va mal en la zona dañada (en este caso en "nuestras pelotas"
y obligando al cerebro a realizar alguna acción que ponga fin a dicho dolor. Por ejemplo, huir o protegernos de quien nos ha dado una patada en dichas partes.

Evidentemente, al estar los testículos rodeados por una cantidad de esa células (que reciben el nombre de nociceptores) superior a la de otras partes del cuerpo, eso hace que un golpe en dicha zona resulte más doloroso de lo normal. La ecuación es sencilla: cuantos más nociceptores, más dolor.
Resulta que las terminaciones nerviosas de los testículos convergen en el abdomen, donde se encuentra el llamado nervio vago, cuyas ramificaciones se extienden por casi todo el organismo, llegando a zonas cómo el estómago, el hígado o el páncreas. Eso provoca que la sensación de dolor al recibir una patada en los genitales se sienta casi con mayor fuerza en la zona del estómago y que, en ocasiones, su eco alcance también a otros órganos, provocando, mareos, náuseas y hasta desmayos.