¿Porqué Dios permite las tentaciones? ¿Qué finalidad tienen? ¿No es mejor retirarse del mundo para evitarlas? ¿Acaso no es el pecado lo que nos aleja de Dios? Si evitamos las tentaciones, ¿no evitaremos el pecado y así algún día Dios se nos acercará? En este capítulo veremos que la vida retirada del mundo libre de tentaciones no es el camino hacia la vida eterna y además comprenderemos porqué el hombre que resiste voluntariamente a las tentaciones del mundo fortalece su alma.
2 Quién quiera vencer a un enemigo tiene que enfrentársele a campo abierto y no esconderse detrás de ninguna trinchera. Porque si bien es cierto el enemigo que ve la trinchera detiene su ataque abierto por un tiempo porque reconoce que no tiene la fuerza suficiente para hacer frente a la trinchera; pero él sitia al atrincherado y lleva refuerzos a todos los lados de la trinchera. Cuando el enemigo ya se siente fuerte entonces ataca al contrincante que aun sigue atrincherado y lo vence con poco esfuerzo.
3 Supongamos el caso que el enemigo no tenga la fuerza suficiente para vencer al contrincante que está muy bien atrincherado, mientras este último permanezca dentro de su trinchera. Pero el contrincante no podrá permanecer eternamente en su trinchera por miedo ante el fuerte enemigo y al final tendrá que salir y enfrentársele a campo abierto. ¿Qué pasará con él si el enemigo lo toma por sorpresa? ¡Esta segunda lucha le costará mucho más que si se hubiera enfrentado al enemigo ya desde la primera vez!
4 El hombre puede retirarse del mundo como un ermitaño y no mirar a ninguna mujer, alimentarse pobremente de raíces, miel silvestre, etc., mutilarse para no caer en tentación de violar ninguna ley de Moisés, no tener propiedades, ni padres, ni hijos ni esposa o incluso renunciar a su virilidad o no hablar con nadie para no provocar ningún enojo. Pero esta es una manera extremadamente necia. Si bien es cierto impide la posibilidad de violar alguna ley mosaica, pero ¿para qué serviría y a quién santificaría esto?
5 Jesús dice claramente: Esto no sirve para nada ni al ermitaño ni al prójimo. Porque Dios ha dado las diferentes fuerzas, talentos y capacidades para que sean usadas de acuerdo a la voluntad de Dios, que ha sido revelada, con el fin de que ellos sean de utilidad para el hombre mismo que posee aquellas capacidades y también para su prójimo. Estas no han sido dadas para que sean puestas a dormir como un oso que invierna.
6 Dios nunca dijo: ¡Mutílate y cástrate para que la carne de la mujer no te excite y para que te abstengas de la lujuria y del adulterio! Sino Dios le dijo a Adán ¡Id, multiplicaos y poblad la tierra!." ¡Además se dijo a Moisés no cometerás lascivia ni prostitución, no desearás la mujer de tu prójimo y no adulterarás!
7 El hombre debe actuar en el mundo y resistir voluntariamente a las malas atracciones del mundo. Con esto su alma se fortalecerá y la fuerza del Espíritu de Dios entrará dentro de toda el alma. Con la vida ociosa del perezoso ningún hombre alcanzará la verdadera vida eterna, que es la que realmente condiciona a la actividad más alta y perfecta en todos las esferas y niveles de acción de la vida misma.
8 Esos hombres podrán pecar tan poco como lo hace una piedra, pero ¿qué mérito tiene la piedra? El alma tendrá que abandonar su cuerpo mutilado, pero ¿qué hará en el más allá con su completa debilidad y total inactividad?
9 Allí le vendrán pruebas de todo tipo para motivarlo a una actividad de vida plena y verdadera, y estas pruebas serán, para el alma que recibió capacidades para la vida terrenal, correspondientemente las mismas que las del más acá, pero que por supuesto tendrán que ser mucho más fuertes. ¿Por qué? Porque en el más allá sucede que lo que el alma piensa y quiere lo obtiene ya en su delante como en la realidad.
10 Aquí el alma se enfrenta con pensamientos e ideas invisibles las que puede combatir más fácil y así también liberarse de ellos; pero allí en donde los pensamientos e ideas se convierten en una realidad visible -pregunta- ¿cómo combatirá un alma débil un mundo creado por sí mismo? Ejemplo: Si aquí a alguien la sola idea de la mujer bella de su vecino, le llena de pasiones más ardientes, ¿cómo le irá si la idea misma de la mujer del vecino se le presentará en plena realidad (aunque sea solo aparentemente, es decir ante los ojos del alma en el más allá)?
11 Por eso las tentaciones en el más allá son mucho peores que las de aquí. Y ¿qué podrá dar el alma en el más allá para poder liberarse del encarcelamiento fuerte de sus propias y malas pasiones? Y más aún, el alma en el más allá tendrá que tener mucho mayor iniciativa propia para liberarse del laberinto de sus propias pensamientos, ideas e imágenes, porque mientras él mismo no ponga sus manos en acción, no recibirá ninguna ayuda ni directamente a través de la compasión de Dios, ni indirectamente a través de cualquier otro espíritu, así como ya sucede por lo general en la tierra.
12 Porque quién no busca seriamente a Dios, sino que persigue con gusto los placeres del mundo, aquel pierde a Dios y Él no le dará ninguna señal con la que pueda reconocer cuán profundo ha caído y cuanto se ha alejado de Dios. Recién cuando motivado por sí mismo y con necesidad propia empiece a buscar a Dios, allí recién Dios empezará a acercársele y permitirá dejarse encontrar en la misma medida de la seriedad verdadera que el buscador tenga en encontrar y reconocer a Dios. ¡Por eso la pereza piadosa mencionada no tiene ninguna utilidad y por lo tanto no tiene ante Dios ningún valor que sirva para la vida!
"El Gran Evangelio de Juan"
Tomo 07, Capítulo 157, Ver. 2-12

