El hombre que vendió la Torre Eiffel
En Ecuador aún guarda prisión un personaje muy singular llamado Sigifredo Dante Reyes de 68 años de edad, más conocido como “El Cuentero de Muisne”. Fue detenido por última vez en 2005 acusado de robo de vehículos. Este tipo fue un maleante muy carismático dotado de una gran inteligencia pero mal encaminada.
Sus fechorías rayan en lo inverosímil y demuestran el poder de persuasión y carisma que utilizó para embaucar y engañar a muchas personas. Hace poco leí que desde la prisión estaba escribiendo un libro con sus memorias en el que detalla sus andanzas y peripecias en el bajo mundo.
Dante Reyes siendo entrevistado en 2005
De sus delitos, uno de los que más se jactó fue de aquella vez cuando se hizo pasar por el hijo del entonces presidente de Costa Rica, José Joaquín Trejos, cuando en Ecuador era presidente Otto Arosemena. Con esa falsa identidad se alojó en el prestigioso Hotel Colón, y la pasó a cuerpo de rey junto a políticos y diplomáticos.
Otra ocasión, disfrazado de sacerdote y aprovechándose de sus incipientes conocimientos de latín, escapó de la cárcel, saliendo por la puerta principal burlando a todos los guardias.
Pero su hazaña o estafa “cumbre” fue en 1980 cuando vendió la Torre del Reloj del Malecón de Guayaquil a una pareja de turistas suizos con una escritura falsa.
Torre del Reloj vendida a turistas suizos
Este último caso me hizo recordar a uno de los más famosos estafadores que registra la historia, quien llegó a tal punto de viveza que logró vender la Torre Eiffel.
Si, la gran torre francesa fue vendida y "dos veces" por Víctor Lustig.
Víctor nació en 1890 en la República Checa y era hijo del alcalde de la ciudad de Hostinné.
Realizó sus estudios en Alemania y en Francia donde fue un buen alumno y se destacó su habilidad para aprender idiomas, llegando a dominar el inglés, alemán, francés e italiano.
Pero los idiomas no eran su única habilidad, también era muy bueno para los juegos de azar como el póker y el bridge, y fue a lo que se dedicó durante algún tiempo.
Haciéndose pasar como el "Conde Von Lustig" se embarcaba en los transatlánticos entre América y Europa para timar por medio de los naipes a los nuevo ricos americanos.
Víctor Lustig
Era un hombre más sofisticado que el promedio, un verdadero profesional, cuyas estafas bien podrían servir como guiones de películas.
Una mañana mientras desayunaba en un crucero leyó en el periódico una noticia que le daría una gran idea.
En 1925, Francia luchaba por salir de la crisis causada por la Primera Guerra Mundial, y entre tantos recortes en el presupuesto a algún burócrata se le había ocurrido la idea de tumbar la Torre Eiffel.
La Torre fue construida para la Exposición Mundial de París de 1889, pero la intención no era dejarla de forma permanente. El proyecto original dejaba en claro que la torre sería desarmada en 1909, pero por la guerra y la crisis económica había sido imposible hacerlo y la misma lucía como una gran chatarra inservible en pleno centro de París.
Basándose en esta información, Lustig encontró el momento preciso para aprovecharse de la situación.
En mayo de 1925, con una falsa credencial y haciéndose pasar como el Director General del Ministerio de Información, invitó a los cinco recicladores de metal más importantes de Francia a reunirse en el lujoso Hotel Crillón de París, donde les explicó que la torre iba a ser desarmada. Les dijo que los costos de mantenimiento eran enormes y su preservación, no tenía ningún fin práctico.
Por eso -les explicó- estaban abriendo la licitación por el contrato para remover y llevarse las 7.000 toneladas de hierro, y las ofertas debían ser enviadas al día siguiente bajo el más estricto secreto.
Lustig había estudiado cuidadosamente a cada uno de los empresarios citados, y de antemano había decidido quien ganaría la licitación. El favorecido sería André Poisson, un nuevo rico empeñado en escalar dentro de la alta sociedad francesa, donde no era visto con muy buenos ojos al no tener antecedentes de alcurnia.
Analizándolo, Lustig llegó a la conclusión de que Poisson tendría la mayor ambición y agallas de quedarse con el contrato ya que esto le daría el prestigio y la proyección que anhelaba, y sin siquiera abrir los demás sobres lo llamó al día siguiente para informarle que como ganador de la licitación, tenía que presentarse inmediatamente en el hotel con el monto ofrecido.
Lustig había elegido el Hotel Crillón porque en sus salones solían llevarse a cabo reuniones gubernamentales y diplomáticas, y esto le daba un cierto toque de oficialidad a su plan. Poisson enseguida entregó el cheque, y con una sonrisa en los labios se marchó feliz a celebrar el negocio de su vida.
En menos de una hora, Lustig cobró el cheque, cuyo monto nunca fue revelado, y tomó un tren rumbo a Viena desde donde siguió de cerca las noticias en los periódicos. Pero la estafa nunca apareció en ellos. Poisson, demasiado avergonzado por haber caído en un truco tan barato, nunca tuvo el valor de reportarla a la policía.
Sorprendido por esto, Lustig dedujo que si lo había hecho una vez podía hacerlo de nuevo. Regresó a París y volvió a enviar sobres a otro grupo de recicladores de metal, a uno de los cuales le vendió la Torre Eiffel por segunda ocasión. Pero esta vez no pudo cobrar el cheque, ya que el nuevo comprador tuvo la precaución de ir enseguida a verificar el asunto en el Ayuntamiento de París, iniciándose desde ese momento una gran cacería policial sobre Lustig.
Así fue que escapó a los Estados Unidos, donde continuó practicando el arte de la estafa.
Entre sus víctimas se encuentra Al Capone a quien estafó en 5.000 dólares. Finalmente fue capturado por falsificación de billetes y enviado a la prisión de Alcatraz hasta el día de su muerte el 9 de marzo de 1947.
Sin duda son tipos que nacen con mentes privilegiadas y que dominan el don de la palabra, pero que lastimosamente se inclinan por el dinero fácil, para lo cual ponen en práctica su carismática personalidad.
No dudo que de haber tomado el camino correcto, hubiesen sido prósperos y respetados hombres de negocios.
fuenteovejuna:no tan ovejuna
En Ecuador aún guarda prisión un personaje muy singular llamado Sigifredo Dante Reyes de 68 años de edad, más conocido como “El Cuentero de Muisne”. Fue detenido por última vez en 2005 acusado de robo de vehículos. Este tipo fue un maleante muy carismático dotado de una gran inteligencia pero mal encaminada.
Sus fechorías rayan en lo inverosímil y demuestran el poder de persuasión y carisma que utilizó para embaucar y engañar a muchas personas. Hace poco leí que desde la prisión estaba escribiendo un libro con sus memorias en el que detalla sus andanzas y peripecias en el bajo mundo.
Dante Reyes siendo entrevistado en 2005
De sus delitos, uno de los que más se jactó fue de aquella vez cuando se hizo pasar por el hijo del entonces presidente de Costa Rica, José Joaquín Trejos, cuando en Ecuador era presidente Otto Arosemena. Con esa falsa identidad se alojó en el prestigioso Hotel Colón, y la pasó a cuerpo de rey junto a políticos y diplomáticos.
Otra ocasión, disfrazado de sacerdote y aprovechándose de sus incipientes conocimientos de latín, escapó de la cárcel, saliendo por la puerta principal burlando a todos los guardias.
Pero su hazaña o estafa “cumbre” fue en 1980 cuando vendió la Torre del Reloj del Malecón de Guayaquil a una pareja de turistas suizos con una escritura falsa.
Torre del Reloj vendida a turistas suizos
Este último caso me hizo recordar a uno de los más famosos estafadores que registra la historia, quien llegó a tal punto de viveza que logró vender la Torre Eiffel.
Si, la gran torre francesa fue vendida y "dos veces" por Víctor Lustig.
Víctor nació en 1890 en la República Checa y era hijo del alcalde de la ciudad de Hostinné.
Realizó sus estudios en Alemania y en Francia donde fue un buen alumno y se destacó su habilidad para aprender idiomas, llegando a dominar el inglés, alemán, francés e italiano.
Pero los idiomas no eran su única habilidad, también era muy bueno para los juegos de azar como el póker y el bridge, y fue a lo que se dedicó durante algún tiempo.
Haciéndose pasar como el "Conde Von Lustig" se embarcaba en los transatlánticos entre América y Europa para timar por medio de los naipes a los nuevo ricos americanos.
Víctor Lustig
Era un hombre más sofisticado que el promedio, un verdadero profesional, cuyas estafas bien podrían servir como guiones de películas.
Una mañana mientras desayunaba en un crucero leyó en el periódico una noticia que le daría una gran idea.
En 1925, Francia luchaba por salir de la crisis causada por la Primera Guerra Mundial, y entre tantos recortes en el presupuesto a algún burócrata se le había ocurrido la idea de tumbar la Torre Eiffel.
La Torre fue construida para la Exposición Mundial de París de 1889, pero la intención no era dejarla de forma permanente. El proyecto original dejaba en claro que la torre sería desarmada en 1909, pero por la guerra y la crisis económica había sido imposible hacerlo y la misma lucía como una gran chatarra inservible en pleno centro de París.
Basándose en esta información, Lustig encontró el momento preciso para aprovecharse de la situación.
En mayo de 1925, con una falsa credencial y haciéndose pasar como el Director General del Ministerio de Información, invitó a los cinco recicladores de metal más importantes de Francia a reunirse en el lujoso Hotel Crillón de París, donde les explicó que la torre iba a ser desarmada. Les dijo que los costos de mantenimiento eran enormes y su preservación, no tenía ningún fin práctico.
Por eso -les explicó- estaban abriendo la licitación por el contrato para remover y llevarse las 7.000 toneladas de hierro, y las ofertas debían ser enviadas al día siguiente bajo el más estricto secreto.
Lustig había estudiado cuidadosamente a cada uno de los empresarios citados, y de antemano había decidido quien ganaría la licitación. El favorecido sería André Poisson, un nuevo rico empeñado en escalar dentro de la alta sociedad francesa, donde no era visto con muy buenos ojos al no tener antecedentes de alcurnia.
Analizándolo, Lustig llegó a la conclusión de que Poisson tendría la mayor ambición y agallas de quedarse con el contrato ya que esto le daría el prestigio y la proyección que anhelaba, y sin siquiera abrir los demás sobres lo llamó al día siguiente para informarle que como ganador de la licitación, tenía que presentarse inmediatamente en el hotel con el monto ofrecido.
Lustig había elegido el Hotel Crillón porque en sus salones solían llevarse a cabo reuniones gubernamentales y diplomáticas, y esto le daba un cierto toque de oficialidad a su plan. Poisson enseguida entregó el cheque, y con una sonrisa en los labios se marchó feliz a celebrar el negocio de su vida.
En menos de una hora, Lustig cobró el cheque, cuyo monto nunca fue revelado, y tomó un tren rumbo a Viena desde donde siguió de cerca las noticias en los periódicos. Pero la estafa nunca apareció en ellos. Poisson, demasiado avergonzado por haber caído en un truco tan barato, nunca tuvo el valor de reportarla a la policía.
Sorprendido por esto, Lustig dedujo que si lo había hecho una vez podía hacerlo de nuevo. Regresó a París y volvió a enviar sobres a otro grupo de recicladores de metal, a uno de los cuales le vendió la Torre Eiffel por segunda ocasión. Pero esta vez no pudo cobrar el cheque, ya que el nuevo comprador tuvo la precaución de ir enseguida a verificar el asunto en el Ayuntamiento de París, iniciándose desde ese momento una gran cacería policial sobre Lustig.
Así fue que escapó a los Estados Unidos, donde continuó practicando el arte de la estafa.
Entre sus víctimas se encuentra Al Capone a quien estafó en 5.000 dólares. Finalmente fue capturado por falsificación de billetes y enviado a la prisión de Alcatraz hasta el día de su muerte el 9 de marzo de 1947.
Sin duda son tipos que nacen con mentes privilegiadas y que dominan el don de la palabra, pero que lastimosamente se inclinan por el dinero fácil, para lo cual ponen en práctica su carismática personalidad.
No dudo que de haber tomado el camino correcto, hubiesen sido prósperos y respetados hombres de negocios.
fuenteovejuna:no tan ovejuna