HISTORIA CLÍNICA Nº 3805
(Clika sobre las imágenes para ampliarlas)
Esta historia empieza el 4 de abril de 1918 con un disparo que debió ser mortal.
La Primera Guerra Mundial estuvo dominada por potentes explosivos de tierra y artillería. El campo de batalla dejó un sin número de hombres con lesiones faciales tan graves que quedaban irreconocibles hasta para sus familiares, muchos quedaron incapacitados para ver, oír, hablar, comer o beber.
Esta historia clínica corresponde a un paciente británico. Se trataba de un soldado de 23 años a quien le dieron un nombre clave, Sea A. J.
A.J. recibió un disparo de lleno en su cara que le provocó fractura de mandíbula y mentón, con gran pérdida del hueso de su maxilar inferior.
Lo único que le quedó intacto fue la lengua y algunos dientes superiores.
Este soldado fue sometido a 17 operaciones entre los años 1919 y 1922 para reconstruir su rostro.
Imaginen que todo esto sucedió hace casi cien años, cuando los médicos no contaban con la tecnología ni los métodos de hoy en día.
Los cirujanos de principios del siglo XX tenían muchas limitaciones y falta de materiales, por eso debían recurrir a su ingenio más allá de todas las técnicas conocidas y utilizar lo poco que tenían al alcance de su mano.
Evidentemente eran auténticos artesanos, la creatividad era su herramienta más importante y conseguían logros dignos de quitarse el sombrero.
Ojo, las imágenes son terriblemente impactantes pero vale la pena que les muestre los pasos y procedimientos que llevaron a cabo los médicos porque no tienen desperdicio.
Como pueden ver en la primeras fotos, le colocaron un armazón de metal para sustituir el hueso del maxilar inferior.
Luego debieron preparar un tubo pedical con su pecho y antebrazo. El tubo pedical es un procedimiento que consiste en sacar una larga tira de piel en forma de “U” que es tomada de la zona del estómago o el pecho. Los extremos de la piel se cosen en forma tubular para evitar infecciones.
Después de varios días ese tubo de piel fue separado de su brazo y suturado al mentón, para reemplazar los tejidos de la barbilla.
Con otro gran trozo tubular que se formó en el hombro derecho corrigieron su mentón. Realmente eran injertos.
Después formaron lo que se llama el piso de la boca con otra tira que sacaron de su hombro izquierdo.
Primero se trató de una reconstrucción interna, como una especie de relleno para luego hacer la cirugía plástica y darle terminación al tratamiento.
Cortaron piel y partes de membranas mucosas de una pulgada de ancho para formar su labio inferior.
Lo maravilloso de todo eso es el resultado estético que lograron lo médicos.
No me caben dudas que la habilidad de esos médicos cambió la vida de A. J. completamente.
Lo que usaban para anestesiar era simplemente éter que se lo administraban de manera intratraqueal -ya que a él no se lo podían administrar por boca- o simplemente dejaban caer una gotitas sobre una almohadilla que se colocaba sobre el rostro del paciente para que éste lo inhalara y así se durmiera.
Lo espeluznante de todo esto es que el efecto de esta anestesia solo duraba de tres a cuatro horas y convengamos que las intervenciones tan complejas que le hacían a A.J. deberían durar mucho más que eso.
Cuántas veces este pobre soldado se habrá desmayado del dolor despertando en medio de las operaciones.
La recuperación estética es mucho más fácil que la recuperación funcional y en este punto es que me vienen un par de dudas a la cabeza…
¿Qué vida habrá llevado después de esas cirugías?
No hay datos sobre eso, pero en la historia clínica se certifica que A.J. no pudo volver a usar prótesis dentarias inferiores porque su mandíbula no soportaba mucho peso, pero si logró sostener su boca cerrada con infinidad de tratamientos y masajes aunque no pudo recuperar su capacidad de masticar.
Mi post va dedicado a los verdaderos héroes de las malditas guerras: el personal sanitario y los heridos.
Buen provecho y saludos para tod@s...