Que tal, de a poco voy poniendo posts sobre la teoria de la evolucion, que tengo y me gustaria compartir, de investigaciones recopiladas.
El arqueoptérix, el eslabón perdido que nunca lo fue
Poco después de la aparición del Origen de las especies en 1859, se descubrió un espectacular fósil que a primera vista parecía ser una de las especies en transición, o un eslabón perdido, entre los reptiles y las aves. Fue encontrado en Alemania en 1861 y fue llamado arqueoptérix, que significa “ala antigua”. Esta criatura tenía alas y plumas, pero al contrario de las aves modernas, tenía además dientes, una cola similar a la de un lagarto y garras en sus alas. Durante el siglo pasado se hallaron otros especímenes del arqueoptérix.
En una edición posterior de su libro Darwin agregó este hallazgo a su lista de “pruebas” de la evolución. Este fue su comentario: “El naturalista [Thomas Huxley] ha mostrado que hasta la amplia brecha entre las aves y los reptiles es parcialmente salvada de la manera más inesperada: por un lado, por el avestruz y el extinto arqueoptérix, y por otro lado, por el compsognato, uno de los dinosaurios” (edición de 1872, p. 325).
Ernst Mayr, renombrado evolucionista de la Universidad de Harvard, llamó al arqueoptérix “el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves” (The Growth of Biological Thought [“El desarrollo del pensamiento biológico”], 1982, p. 430).
Sin embargo, en los últimos 25 años esta supuesta prueba de la evolución ha sido silenciosamente degradada. Después de análisis más profundos, los científicos ahora clasifican a esta criatura como un ave extinta, no una especie en transición. El ornitólogo Alan Feduccia, un experto en el estudio del arqueoptérix, ha afirmado: “Los paleontólogos han intentado clasificar al arqueoptérix como un dinosaurio emplumado y terrestre. Pero esto no es cierto. Es un pájaro, un ave trepadora. Y ni toda la jerigonza paleontológica del mundo podrá cambiar esa realidad” (citado por Virginia Morell en “Archaeopteryx: Early Bird Catches a Can of Worms” [“El arqueoptérix: Ave prehistórica se mete en un embrollo”], de la revista Science, 5 de febrero de 1993, pp. 764-765).
A continuación el profesor Feduccia vaticinó que la teoría del dinosaurio-ave llegaría a ser “la mayor vergüenza de la paleontología en el siglo xx” (citado por Pat Shipman en “Birds Do It . . . Did Dinosaurs?” [“Los pájaros lo hacen . . . ¿también lo hicieron los dinosaurios?”], revista New Scientist, 1º de febrero de 1997, p. 28).
¿A qué se debió tan drástico cambio de perspectiva? Simplemente a los hechos que ahora indican que el arqueoptérix se parece a las aves antiguas y actuales y no a los reptiles.
Se ha descubierto que algunas aves prehistóricas tenían dientes como el arqueoptérix y que eran muy distintas de los reptiles. Ciertas aves modernas tienen garras en sus alas, tales como el hoactzin o chenchena de Sudamérica, y el turaco y el avestruz africanos. Los embriones de algunos pájaros modernos tienen más vértebras en sus colas que el mismo arqueoptérix, y la estructura de la cola del cisne es asombrosamente similar a la de éste. Además, ahora se ha demostrado claramente que el arqueoptérix estaba completamente emplumado, carecía de escamas de reptil, podía volar y tenía huesos huecos, como los de las aves.
Jonathan Wells hace esta afirmación: “El fósil más hermoso del mundo, aquel que Ernst Mayr llamó ‘el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves’, ha sido calladamente archivado, y la búsqueda de eslabones perdidos continúa como si el arqueoptérix nunca hubiese sido hallado” (p. 135).
El arqueoptérix, el eslabón perdido que nunca lo fue
Poco después de la aparición del Origen de las especies en 1859, se descubrió un espectacular fósil que a primera vista parecía ser una de las especies en transición, o un eslabón perdido, entre los reptiles y las aves. Fue encontrado en Alemania en 1861 y fue llamado arqueoptérix, que significa “ala antigua”. Esta criatura tenía alas y plumas, pero al contrario de las aves modernas, tenía además dientes, una cola similar a la de un lagarto y garras en sus alas. Durante el siglo pasado se hallaron otros especímenes del arqueoptérix.
En una edición posterior de su libro Darwin agregó este hallazgo a su lista de “pruebas” de la evolución. Este fue su comentario: “El naturalista [Thomas Huxley] ha mostrado que hasta la amplia brecha entre las aves y los reptiles es parcialmente salvada de la manera más inesperada: por un lado, por el avestruz y el extinto arqueoptérix, y por otro lado, por el compsognato, uno de los dinosaurios” (edición de 1872, p. 325).
Ernst Mayr, renombrado evolucionista de la Universidad de Harvard, llamó al arqueoptérix “el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves” (The Growth of Biological Thought [“El desarrollo del pensamiento biológico”], 1982, p. 430).
Sin embargo, en los últimos 25 años esta supuesta prueba de la evolución ha sido silenciosamente degradada. Después de análisis más profundos, los científicos ahora clasifican a esta criatura como un ave extinta, no una especie en transición. El ornitólogo Alan Feduccia, un experto en el estudio del arqueoptérix, ha afirmado: “Los paleontólogos han intentado clasificar al arqueoptérix como un dinosaurio emplumado y terrestre. Pero esto no es cierto. Es un pájaro, un ave trepadora. Y ni toda la jerigonza paleontológica del mundo podrá cambiar esa realidad” (citado por Virginia Morell en “Archaeopteryx: Early Bird Catches a Can of Worms” [“El arqueoptérix: Ave prehistórica se mete en un embrollo”], de la revista Science, 5 de febrero de 1993, pp. 764-765).
A continuación el profesor Feduccia vaticinó que la teoría del dinosaurio-ave llegaría a ser “la mayor vergüenza de la paleontología en el siglo xx” (citado por Pat Shipman en “Birds Do It . . . Did Dinosaurs?” [“Los pájaros lo hacen . . . ¿también lo hicieron los dinosaurios?”], revista New Scientist, 1º de febrero de 1997, p. 28).
¿A qué se debió tan drástico cambio de perspectiva? Simplemente a los hechos que ahora indican que el arqueoptérix se parece a las aves antiguas y actuales y no a los reptiles.
Se ha descubierto que algunas aves prehistóricas tenían dientes como el arqueoptérix y que eran muy distintas de los reptiles. Ciertas aves modernas tienen garras en sus alas, tales como el hoactzin o chenchena de Sudamérica, y el turaco y el avestruz africanos. Los embriones de algunos pájaros modernos tienen más vértebras en sus colas que el mismo arqueoptérix, y la estructura de la cola del cisne es asombrosamente similar a la de éste. Además, ahora se ha demostrado claramente que el arqueoptérix estaba completamente emplumado, carecía de escamas de reptil, podía volar y tenía huesos huecos, como los de las aves.
Jonathan Wells hace esta afirmación: “El fósil más hermoso del mundo, aquel que Ernst Mayr llamó ‘el eslabón casi perfecto entre los reptiles y las aves’, ha sido calladamente archivado, y la búsqueda de eslabones perdidos continúa como si el arqueoptérix nunca hubiese sido hallado” (p. 135).