La eyaculación precoz
Es el problema más común entre los hombres que no discrimina estadísticas de edades y se da en cualquier momento de la vida: después de un trauma, una separación, a causa de una primera vez, porque la atracción era fuerte, o porque era vaga... Siempre la versión masculina es, si no me gustase tanto podría controlarme, y de esta manera salen impecablemente de la situación vergonzante sin quedar etiquetados.
“Porque me gustas tanto”, sólo es una frase que resulta conformista para la pareja sin darse cuenta que el problema real sigue vigente. Ninguno hace nada para reacomodar el problema que está empezando a suscitarse en el área sexual de la pareja y con esto, que de alguna manera resulta ser una caricia para el oído femenino, ocultan el verdadero tema en cuestión que sería fácilmente solucionado en forma terapéutica.
La vergüenza y el sentimiento de humillación del varón frente al fracaso, que remiten tener en cuanto a la demora de su eyaculación, los lleva a disfrazar el cuadro por falta de información al respecto, por falta de comprensión y por no tomar las cartas en el asunto.
Se hacen a la idea de que en realidad esto lo provoca la gran excitación que despierta esa mujer y que sin duda la responsable es ella, y así mitigan la culpa, expulsándola afuera.
Ciertamente, creen que la responsabilidad de que no puedan contenerse la tiene la mujer por provocar en ellos una excitación intensa. Algunos, expresan la gran sensibilidad posterior a la penetración, el intento desesperado de llevar a la mujer a la satisfacción los hace volverse expertos en cuanto al juego previo.
Así, utiliza ciertos mecanismos “evitativos” cuando notan que no podrán retardar. Empiezan entonces a sentir una angustia intensa, producto de la sensación y premeditación de fracaso rotundo, y con el deseo de enajenarse de la culpa expresan que tanto es el deseo que no pueden interrumpir el acto.
El varón conciente de que en cada nuevo intento se arriesga a que vuelva a suceder el fracaso, argumenta aquello que lo llevará a la salida más elegante. Sin duda el hecho de poder hacer creer a la mujer que su atracción por ella es infinita e incontrolable lo deja enmarcado en un lugar diferente al de padecer un problema sexual. Se esta manera durante cierto tiempo la excusa sirve a los efectos de mitigar la angustia.
Las mujeres, en general, creen cierta esta argumentación y, conformes, no exigen el tiempo necesario para gozar de la relación. Después de todo, el placer para ellas radica en poder hacer feliz a ese hombre. Así, levantan su autoestima y se sientes completas: han logrado su objetivo, ser deseadas.
Durante mucho tiempo esa pareja, creyendo que la relación funciona, se queda enquistada en un problema que se va sobredimensionando. Cuando oportunamente ya el hombre no puede seguir argumentando lo mismo por tiempo indefinido, en su énfasis por ser creído, logra su objetivo, pero tampoco se siente conforme.
“Porque me gustas tanto”, termina siendo en vez de un estímulo o incentivo, algo indeseable para la mujer, que quisiera no ser tan deseada para poder gozar plácidamente de su orgasmo sin interrupción. Por lo tanto, empieza a regañar respecto a la brevedad del acto.
Lo importante para tener en cuenta es que ambos deben saber que este problema tiene solución, que pueden tratarlo en pareja, que muchas veces en pareja se soluciona más rápido, y que no se pierde el deseo masculino sí el hombre trata su dificultad de retener. De ese modo, la mujer gozará más de su sexualidad y el varón aprenderá a disfrutarla.
http://www.infobae.com/weblogs_post/4427-Sandra-Lustgarten-La-eyaculación-precoz?idx=4427&cookie
Es el problema más común entre los hombres que no discrimina estadísticas de edades y se da en cualquier momento de la vida: después de un trauma, una separación, a causa de una primera vez, porque la atracción era fuerte, o porque era vaga... Siempre la versión masculina es, si no me gustase tanto podría controlarme, y de esta manera salen impecablemente de la situación vergonzante sin quedar etiquetados.
“Porque me gustas tanto”, sólo es una frase que resulta conformista para la pareja sin darse cuenta que el problema real sigue vigente. Ninguno hace nada para reacomodar el problema que está empezando a suscitarse en el área sexual de la pareja y con esto, que de alguna manera resulta ser una caricia para el oído femenino, ocultan el verdadero tema en cuestión que sería fácilmente solucionado en forma terapéutica.
La vergüenza y el sentimiento de humillación del varón frente al fracaso, que remiten tener en cuanto a la demora de su eyaculación, los lleva a disfrazar el cuadro por falta de información al respecto, por falta de comprensión y por no tomar las cartas en el asunto.
Se hacen a la idea de que en realidad esto lo provoca la gran excitación que despierta esa mujer y que sin duda la responsable es ella, y así mitigan la culpa, expulsándola afuera.
Ciertamente, creen que la responsabilidad de que no puedan contenerse la tiene la mujer por provocar en ellos una excitación intensa. Algunos, expresan la gran sensibilidad posterior a la penetración, el intento desesperado de llevar a la mujer a la satisfacción los hace volverse expertos en cuanto al juego previo.
Así, utiliza ciertos mecanismos “evitativos” cuando notan que no podrán retardar. Empiezan entonces a sentir una angustia intensa, producto de la sensación y premeditación de fracaso rotundo, y con el deseo de enajenarse de la culpa expresan que tanto es el deseo que no pueden interrumpir el acto.
El varón conciente de que en cada nuevo intento se arriesga a que vuelva a suceder el fracaso, argumenta aquello que lo llevará a la salida más elegante. Sin duda el hecho de poder hacer creer a la mujer que su atracción por ella es infinita e incontrolable lo deja enmarcado en un lugar diferente al de padecer un problema sexual. Se esta manera durante cierto tiempo la excusa sirve a los efectos de mitigar la angustia.
Las mujeres, en general, creen cierta esta argumentación y, conformes, no exigen el tiempo necesario para gozar de la relación. Después de todo, el placer para ellas radica en poder hacer feliz a ese hombre. Así, levantan su autoestima y se sientes completas: han logrado su objetivo, ser deseadas.
Durante mucho tiempo esa pareja, creyendo que la relación funciona, se queda enquistada en un problema que se va sobredimensionando. Cuando oportunamente ya el hombre no puede seguir argumentando lo mismo por tiempo indefinido, en su énfasis por ser creído, logra su objetivo, pero tampoco se siente conforme.
“Porque me gustas tanto”, termina siendo en vez de un estímulo o incentivo, algo indeseable para la mujer, que quisiera no ser tan deseada para poder gozar plácidamente de su orgasmo sin interrupción. Por lo tanto, empieza a regañar respecto a la brevedad del acto.
Lo importante para tener en cuenta es que ambos deben saber que este problema tiene solución, que pueden tratarlo en pareja, que muchas veces en pareja se soluciona más rápido, y que no se pierde el deseo masculino sí el hombre trata su dificultad de retener. De ese modo, la mujer gozará más de su sexualidad y el varón aprenderá a disfrutarla.
http://www.infobae.com/weblogs_post/4427-Sandra-Lustgarten-La-eyaculación-precoz?idx=4427&cookie