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como hacer una bomba nuclear casera

Info11/1/2009
Los terroristas también necesitarían disponer de su propio mini Los Álamos , un área extensa y aislada donde llevar a cabo las pruebas. La principal preocupación sería el ruido provocado por los disparos del cañón. Elegimos un rancho de 60 hectáreas en una zona remota (una extensión pequeña en comparación con el rancho de 200 hectáreas que la secta apocalíptica japonesa Aum Shinrikyo, o secta de la Verdad Suprema, compró en Australia). Calculamos que una propiedad de estas características en zonas remotas de Estados Unidos como Texas o Wyoming costaría unos 150.000 dólares, a los que habría que añadir otros 50.000 para construir el horno de fundición, el taller mecánico, el laboratorio de electrónica y otros equipamientos. Una vez montado, el artefacto nuclear en sí mismo no superaría los tres metros de longitud. Aunque difícilmente cabría en un coche, podrían transportarlo en una furgoneta tripulada, pongamos, por un par de conductores y otras dos personas adicionales para mantener en todo momento vigilada la bomba. Los conspiradores podrían elegir como blanco cualquier gran área urbana, dependiendo sólo de su voluntad para viajar por gran parte de Estados Unidos de forma discreta y sin ser detectados. Es cierto que la fase de transporte de la operación plantearía riesgos importantes: por primera vez habría que desplazar el aparato, muy probablemente a través de la red pública de carreteras, con poca seguridad. Los terroristas preferirían viajar por rutas frecuentadas para mezclarse con el tráfico. Pero en caso de que el Gobierno se enterase de la trama, trataría de instalar controles selectivos en las carreteras, lo que les obligaría a desplazarse por caminos secundarios, donde es probable que atrajesen la atención de la policía local. El viaje no duraría más de cuarenta horas al volante, por lo que podría completarse en cuatro o cinco jornadas conduciendo de día. Transportar la bomba desde ese supuesto rancho en Wyoming hasta, por ejemplo, Nueva York o Washington en una camioneta de alquiler normal costaría menos de 3.000 dólares. Hasta aquí, el proyecto habría requerido la participación con dedicación exclusiva de unas diecisiete personas durante alrededor de un año. La compra de todos los elementos necesarios (desde los terrenos hasta los suministros, el cañón de artillería o el horno de fundición en vacío) es un tema para especialistas, sobre todo porque, según lo establecido por ley, se podría seguir el rastro de las compras. Los terroristas no querrían implicarse personalmente en las compras, así que se necesitarían uno o dos agentes especializados que se ocupasen de las adquisiciones clandestinas. Incluso contado con esto, el equipo implicado activamente en el proyecto no excedería de 19 personas. URANIO: EL SANTO GRIAL En resumen, es posible que una organización terrorista como Al Qaeda pueda construir y colocar una bomba atómica por menos de dos millones de dólares, lo cual deja aún bastante margen en nuestro presupuesto inicial de 10 millones para la compra del uranio altamente enriquecido. Resulta bastante complicado calcular el precio del material fisible. Lo más probable es que los terroristas comprasen uranio en el mercado negro o que intentasen robarlo de alguna instalación poco vigilada. El de material fisible es un mercado peculiar. A grandes rasgos, está formado por una mezcla de delincuentes y estafadores, por un lado, y policías y confidentes por otro. Sólo se tiene noticia de un caso, especialmente preocupante, en el que unos traficantes hayan obtenido cantidades significativas de uranio altamente enriquecido. Ocurrió en 1994, cuando la policía checa desarticuló en Praga una red de contrabando integrada por ciudadanos checos, eslovacos y rusos. Este grupo había obtenido 10 kilos de uranio, y sus miembros dijeron a los agentes policiales infiltrados que podían conseguir rápidamente otros 30 kilos más. Este caso pone de manifiesto lo difícil que es calcular con precisión un precio de mercado. Aunque los suministradores rusos pedían 800 dólares por gramo, los intermediarios checos y eslovacos duplicaron el precio. A 1.600 dólares el gramo, los terroristas tendrían que gastarse varias decenas de millones de dólares para conseguir una cantidad de material fisible suficiente para hacer una bomba. Pero si los terroristas subcontratasen la operación de contrabando a alguien que negociase y regatease más de lo que lo hizo la policía checa, probablemente podrían pedir un precio bastante más bajo. El año pasado la Agencia Internacional para la Energía Atómica dio parte de 18 casos documentados de robo de plutonio o uranio altamente enriquecido. Parece claro que hay grupos tratando de obtener material para fabricar una bomba. Por cada intento de robo que se descubre, ¿cuántos pasan inadvertidos? El intento de Al Qaeda de comprar uranio altamente enriquecido a los sudaneses por un millón y medio de dólares quizá representa una estimación más realista del precio del material fisible, a pesar de que aquel cilindro resultase falso. Desconocemos cuánto pesaba el cilindro ni si Bin Laden consideraba que harían falta más compras, pero podemos suponer que un grupo terrorista necesitaría efectuar dos o tres compras de este tipo por un precio total de entre tres y cinco millones de dólares, supongamos cuatro millones como media. Puesto que el resto de las compras no superarían los dos millones de dólares, dos cosas empiezan a estar claras. En primer lugar, que lo más costoso (y, por extensión, lo más difícil de la operación) sería adquirir el uranio altamente enriquecido. En comparación, el coste de diseñar una bomba más fiable resulta despreciable. Pensaríamos que, ya que hacemos un trabajo, mejor hacerlo bien. En segundo lugar, dado que partimos de un presupuesto de 10 millones de dólares, una organización terrorista bien financiada no tiene por qué preocuparse más de la cuenta de que la engañen o le vendan material explosivo falso. Ser víctima de un timo, como le ocurrió a Al Qaeda con el uranio en Sudán, no pondría en peligro la rentabilidad de la operación en términos de coste-efectividad. Puede que el riesgo de comprar uranio falso o de poca calidad simplemente sea el coste de hacer negocios. Del caso hipotético que acabamos de plantear no se deduce que para los terroristas construir una bomba atómica sería una tarea sencilla o barata. Obtener una cantidad de material explosivo nuclear suficiente para su fabricación sigue siendo el principal obstáculo. Además, no hay muchos grupos terroristas que encajen en nuestro perfil: interesados en causar una matanza, bien financiados y que posean una organización compleja. Nosotros sólo hemos identificado en la historia reciente dos grupos que cumplan las tres características: Al Qaeda y la secta Aum Shinrikyo. Por el momento, Al Qaeda no cuenta con la pericia y los conocimientos técnicos suficientes para obtener el material adecuado. Quizá Bin Laden aún no ha encontrado a su Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica.
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