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Una revelacion divina del infierno! (parte 5)

Info10/18/2009
Capítulo 18: Visiones abiertas del infierno El Señor dijo, “Esta visión es para el futuro, y se va a cumplir. Pero yo regresaré para redimir a mi esposa, mi iglesia y ellos no verán esas cosas. Despertad, oh pueblo mio! Tocad la alarma hasta todas las esquinas de la tierra, pues yo regresaré como dice mi Palabra.” Ví la serpiente de fuego que estaba en la pierna izquierda del infierno. Jesús dijo, “Ven y ye, lo que el Espíritu le está diciendo al mundo.” Yo ví los cuernos de la serpiente de fuego entrar en los cuerpos de la gente en la tierra. Muchos estaban completamente poseídos por la serpiente. Mientras observaba, ví una bestia grandísima levantarse en un lugar grande y convertirse en un hombre. Los habitantes de la tierra corrieron de él, algunos a los desiertos, otros dentro de cuevas, y otros dentro de estaciones de trenes subterráneos y refugios de las bombas —buscaron cualquier refugio que los escondiera de la vista de la bestia. Nadie alababa a Dios, o hablaba de Jesús. Una voz me dijo, “ Donde está mi pueblo?” Yo miré de cerca y ví gente caminando como muertos. Había una tristeza desesperante en el aire, y nadie miraba a la izquierda o a La derecha. Pude ver que la gente estaba siendo llevada por una fuerza invisible. De vez en cuando, una voz les habó desde el aire y ellos obedecieron la voz. No se hablaban los unos a los otros. También ví, que el número 666 estaba escrito sobre sus frentes y sobre las manos. Ví soldados a caballo pastoreando la gente como si fueran ganados de vacas. La bandera americana, sucia y desgarrada, estaba tirada abierta sobre la tierra. No había gozo, risas o felicidad. Ví muerte y maldad por doquier. La gente caminaba en fila hacia el departamento de una tienda grande. Se mantenían al paso como soldados desanimados y estaban vestidos idénticamente con una ropa parecida a la de las prisiones. Una cerca grande rodeaba la tienda donde habían guardias estacionados en diferentes lugares. En todos los lugares donde miré ví soldados vestidos con uniformes de guerra. Yo ví gente que parecían muertos vivos, empujados dentro de la tienda, donde solamente podían comprar las necesidades más mínimas. Cuando cada persona terminaba de comprar, era montado en un camión grande y verde del ejército. El camión que era bien vigilado y era conducido hacia otra área. Aquí, en un tipo de clínica, eran examinados para averiguar si tenían enfermedades infecciosas o desabilidades físicas. Un pequeño número de ellos fueron puestos a un lado como siendo rechazados. De pronto, aquellos que no pasaban el exámen médico, eran llevados a otro cuarto. En ese cuarto, había una impresionante exibición de palancas, botones, y agujas de medir que cubrían toda una pared. Una puerta se abrió y varios técnicos entraron. Uno de ellos comenzó a llamar los nombres de la gente en el cuarto. Cuando su nombre era llamado se levantaron sin ofrecer resistencia y marcharon adentro de una caja grande. Cuando estaban adentro, otro técnico cerró la puerta y jaló una palanca de un panel en la pared. Unos minutos después el abrió la puerta, tomó una escoba y una palita y barrió del suelo lo que sobró de ellos. De lo que había sido un cuarto lleno de gente quedó solamente un poco de polvo! Ví a las personas que habían pasado el examen médico ser regresados al mismo camión, y transportadas a un tren. Nadie habló o se volvió para mirar a los demás. En otro edificio, a cada persona se le asignó un trabajo. Todos se pusieron a trabajar sin quejarse. Yo observaba mientras ellos trabajaban muy fuerte en sus tareas asignadas, y después, at final del día, fueron llevados a una casa de apartamentos con una cerca alta a su alrededor. Cada uno se quitó la ropa y se acostó en su cama. Mañana trabajarían duro otra vez. Escuché una voz fuerte que llenó el aire de la noche. Ví una gran bestia que estaba sentada en un trono grande. Toda la gente obedecía la bestia. Yo ví cuernos espírituales que crecian de su cabeza que alcanzaron adentro y afuera de todos los lugares de la tierra. La bestia tomó sobre sí muchas posiciones de autoridad y llego a ser grande en poder. La bestia se colocó en muchos lugares y engañó a mucha gente. Los ricos y los famosos fueron engañados, como lo fueron los pobres y los desamparados. Grandes y pequeños le dieron homenaje a la bestia. Una máquina grande fue traída a una oficina. La bestia puso su marca sobre ésta, y su voz salió de ella. Había, también, una máquina de “Tu hermano mayor,” que podía ver adentro de los hogares y los negocios. Solamente existía una de estas máquinas y pertenecia a la bestia. La parte de la maquina que estaba localizada en los hogares era invisible a la vista, pero podía ver y reportaba a la bestia todos los movimientos que la gente hacia. Yo observe cuando la bestia le dio vuelta a su trono y se enfrentaba hacia mi. Sobre su frente estaba el número 666. Mientras miraba, ví a otro hombre en otro cuarto enojarse mucho con la bestia. El demandó habíar con él. Estaba gritando en voz alta. La bestia apareció y parecía muy cortés cuando le decia, “Ven, yo te ayudaré a arreglar todos tus problemas.” La bestia llevo al hombre airado a un cuarto grande y le señaló que se acostara sobre una mesa. El cuarto y la mesa me recordaban una sala de emergencia de un hospital. Al hombre le pusieron anestesia y lo guiaron debajo de una maquina grande. La bestia conectó los cordones sobre La cabeza del hombre y prendió la máquina. Sobre La maquina estaban las palabras “Este borrador de mente pertenece a la bestia 666.” Cuando el hombre fue removido de la mesa sus ojos tenían una mirada vacia, y sus movimientos eran parecidos a los de un Zombie de una película. Ví una mancha blanca grande encima de su cabeza y yo sabía que su mente había sido alterada con cirugía para que él pudiera ser controlado por la bestia. La bestia dijo, “Ahora, Señor, no te sientes mejor? No dije que yo podía resolver todos tus problemas. Yo te he dado una mente nueva. No tendrás más preocupaciones o inquietudes.” El hombre no habló. “Tienes que obedecer todas mis órdenes,” dijo la bestia, mientras recogía un objeto pequeño y lo prendía sobre la camisa del hombre. Le habló al hombre otra vez, y él le respondio sin mover los labios. Se movía como un muerto vivo (Zombie). “Trabajarás sin enojarte, frustrarte y tampoco llorarás o estarás triste. Trabajarás para mi hasta que mueras. Yo controlo a muchos como tu. Algunos de ellos mienten, otros matan, otros roban, otros hacen guerra, otros tienen hijos, otros trabajan en máquinas y otros hacen otras cosas. “Si, yo lo controlo todo.” Una carcajada maligna salió de él. Al hombre le dieron unos papeles para que los firmara. El gustosamente le dio todas sus posesiones a la bestia. En mi visión ví al hombre salir de la oficina de la bestia, entrar en un auto y luego manejar hasta su casa. Cuando se acercó a su esposa, ella trató de besarlo, pero él no hizo ningún movimiento para responder. El no tenía sentimientos para su esposa o cualquiera otra persona. La bestia lo había hecho incapaz de tener emociones. La esposa se llenó de ira y le gritó a su esposo, pero sin ningún fin. Al fin ella le dijo, muy bien, voy a llamar a la bestia, él sabrá lo que hay que hacer.” Después de una ligera llamada telefónica, dejó el hogar, y manejó hasta el mismo lugar que su esposo acababa de dejar. La bestia le dio la bienvenida y le dijo, “Cuéntame todos tus problemas. Yo estoy seguro que te puedo ayudar.” Un hombre bien parecido la tomó por el brazo y la llevo a la misma mesa en que su esposo se había acostado. Después de la misma operación, ella también era una esclava despersonalizada de la bestia. Escuché a la bestia preguntarle, “cómo te sientes?” Ella no le respondió hasta que él no le prendió un pequeño objeto sobre su blusa. Entonces ella admitió que él era el señor y maestro y comenzó a adorarlo. “Tu serás una ‘criadora’, él le dijo, “Vas a tener hijos perfectos y ellos me adorarán y me servirán.” La mujer respondio con una voz de robot, “Si señor, yo te obedeceré.” Ví a la mujer otra vez. Esta vez estaba en otro edificio. Habían muchas mujeres embarazadas allí. Las mujeres estaban acostadas sobre las camas inmóviles y resumbaban en un sonido monótono alabanzas a la bestia. Todas tenían el número 666 sobre sus cabezas. Cuando sus hijos nacían, eran llevadas a otro edificio donde enfermeras con sus mentes alteradas por la bestia, tenían la tarea de criarlos. Las enfermeras también tenían escrito el número 666 sobre sus frentes. La bestia creció en poder hasta que su imperio se extendía sobre toda la tierra. Los bebés también crecieron y durante cierto tiempo, también fueron llevados a la maquina de destruir mentes. Pero la máquina no tenía poder sobre los hijos de Dios. Escuché la voz del Señor que dijo, “Los que adoran la bestia y su imágen perecerán. Muchos serán engañados y caerán, pero yo salvaré a mis hijos de la bestia. Estas cosas sucederán durante los últimos días. No se pongan la marca de la bestia. Arrepiéntansen hoy, antes que sea muy tarde. La bestia se presentará como un hombre de paz. Y él traerá paz a muchas naciones durante un tiempo bien caótico. El podrá suplir al mundo con mucha mercancia barata y se asegurará que la paga de cada persona es suficiente. El hará alianzas con muchas naciones y los hombres grandes de la tierra lo seguirán con un sentido de seguridad falso. Antes de ese tiempo yo levantaré un ejército de creyentes que estarán firmes en la verdad y en la justicia. El poderoso ejército del cual habló Joel escuchará mi voz desde que el sol amanezca hasta que se ponga. En la media noche, también, escucharán mi voz y me responderán. Ellos trabajarán para mi y correrán como hombres poderosos de guerra. Ellos harán grandes obras para mi, pues yo estaré con ellos.” Todas estas cosas me fueron reveladas en una visión abierta por el Señor Jesucristo. Estas son las palabras de su boca y tratan con el tiempo del fin. Jesús y yo regresamos al hogar y yo meditaba sobre todas las cosas que él me había enseñado y me había contado. Me quede dormida orando por la salvación de toda la humanidad. Capítulo 19: La Quijada del Infierno La proxima noche Jesús y yo entramos a la quijada del infierno. Jesús dijo, “Mi hija, ya estamos casi terminando el infierno. Yo no te voy a enseñar todo el infierno. Pero lo que te he enseñado quiero que se lo cuentes a todo el mundo. Diles que el infierno es real. Diles que este reporte es real.” Según caminábamos, nos paramos sobre una colina que miraba hacia un valle pequeño. Hasta donde podía ver, habían filas de almas humanas llenando los lados de la colina. Yo podía escuchar sus gritos. Grandes gritos llenaban el lugar. Jesús dijo: “Mi hija, esta es la quijada del infierno. Cada vez que se abra la boca del infierno, vas a escuchar ese gran grito.” Las almas estaban tratando de salir, pero no podían, pues estaban enterradas en los lados de la montaña. Según Jesús hablaba, ví muchas figuras oscuras cayéndose y pasando delante de nosotros y aterrizando con un fuerte golpe en el fondo de la colina. Almas eran arrastradas y llevadas por demonios con cadenas grandes. Jesús dijo, “Estas son almas que acaban de morir en la tierra y están llegando al infierno. Esta actividad ocurre día y noche.” De momento, un gran silencio llenó el lugar. Jesús dijo, “Yo te amo, mi Hija, y yo quiero que le digas a la gente de la tierra acerca del infierno.” Miré bien abajo dentro de la quijada del infierno por unas ventanillas como de barco a los lados de la quijada. Se sentía como gritos de dolor y tormento subían de ese lugar. Cuándo terminaría esto? yo me preguntaba. Me sentiré tan contenta cuando descanse de todo esto. De pronto me sentí perdida. Yo no se como lo sabía, pero sabía con todo mi corazón que Jesús se había ido. Me sentí muy triste. Di la vuelta hacia donde El había estado y así fue, Jesús ya no estaba allí! Exclamé, “Oh no, no otra vez.” “Oh Jesús, dónde estás?” Lo que está a punto de leer te va a asustar. Y oro que te asuste lo suficiente como para volverte creyente. Oro que te arrepientas de tus pecados para que no vayas a ese lugar tan terrible. Oro que me pueda creer, pues yo no quiero que esto le suceda a nadie. Yo te amo, y espero que despiertes antes de que sea muy tarde. Si tu eres cristiano y estás leyendo ésto, asegúrate de tu salvación. Estate listo para encontrarte con el Señor en cualquier momento, pues hay veces que no hay tiempo para arrepentirse. Mantenga su luz ardiendo y su lámpara llena de aceite. Estad listos, pues no sabemos cuando El regresará. Si no has nacido de nuevo, lee Juan 3:16-19, y clama al Señor. El te salvará de este lugar de tormento. Según le clamaba a Jesús, comencé a correr hacia abajo de la colina buscándole. Un demonio grande me paró con una cadena. El se rió y dijo, “No tienes a donde correr, mujer. Jesús no está aquí para salvarte. Estás en el infierno para siempre.” Yo exclamé, “Oh no, déjame ir.” Peleé con él con todas mis fuerzas, pero fuí amarrada con una cadena y lanzada al suelo. Mientras estaba en el suelo, una tela extraña y pegajosa comenzó a cubrir mi cuerpo con una peste tan horrible que me sentí enferma. Yo no sabía lo que iba a acontecer. Entonces comencé a sentir que mi carne y mi pellejo se caían de mis huesos! Grité y grite con un horror terrible. Yo exclamé, “Oh Jesús, Dónde estás?” Me miré y ví que agujeros que estaban apareciendo por toda la carne que me quedaba. Me comencé a cambiar en un color gris sucio, y una carne gris caía de mi cuerpo. Habían agujeros en mis lados, mis piernas, mis manos y brazos. Yo dije, “ no, estoy en et infierno para siempre! Oh no!” Comencé a sentir los gusanos dentro de mí y cuando miré encontré que mis huesos estaban llenos de ellos. Aún cuando no podía ver los gusanos, yo sabía que estaban allí. Yo traté de quitármelos de encima, pero en su su lugar venían más. Yo podía sentir la putrefacción en mi cuerpo. Si, lo recordaba todo y podía acordarme exactamente de lo que había sucedido en la tierra. Yo podía sentir, ver, oler, escuchar y probar los tormentos del infierno. Yo me podía ver por dentro. Yo era una forma sucia de esqueleto, y sin embargo, podía sentir todo lo que me estaba sucediendo. Yo ví a otros como yo, habían almas hasta donde alcanzaba mi vista. Yo grité con gran dolor, “ Jesús! Por favor, Jesús, ayúdame.” Yo quería morir, pero no podía. Yo sentí el fuego ardiendo otra vez en mis pies. Yo grité, “Dónde estás, Jesús?” Rodé por el suelo y grité con los demás. Estábamos tirados en la quijada del infierno amontonados, como basura tirada. Un dolor insoportable rasgaba nuestras almas. Seguí gritando muchas veces, “dónde estás, Jesús? Dónde estás, Jesús?” Yo pensaba si solo estaría soñando. Me despertaré? me pregunté. Estaba yo realmente en el infierno? He cometido algún pecado contra Dios y perdido mi salvación? Que ha sucedido? He pecado contra el Espíritu Santo? Me acordé de todas las enseñanzas de la Biblia que había escuchado. Yo sabía que mi familia estaba en algún lugar sobre mi. Con horror me di cuenta que estaba en el infierno como todas las otras almas que había visto y le había hablado. Se sentía muy extraño el poder ver completamente por dentro de mi cuerpo. Los gusanos comenzaron a arrastrarse sobre mi otra vez. Yo los sentía arrastrarse. Yo grité con temor y dolor. En ese momento un demonio me,dijo, “Tu Jesús te abandonó, No es asi? Si, tú eres propiedad de satanás ahora.” Carcajadas malignas salieron de él, mientras el recogía mi figura y me colocaba sobre algo. Pronto me dí cuenta que estaba sobre la espalda de una forma de muerte viviente de algún tipo de animal. El animal, como yo, era de un color gris sucio, lleno de inmundicia y carne podrida. Un olor terrible llenaba la atmósfera de aire sucio. El animal me llevo alto sobre un borde. Yo pensé, “Oh Señor, dónde estás?” Pasamos delante de muchas almas que pedían salvación. Escuché el fuerte sonido de la quijada del infierno abriéndose al mismo tiempo que muchas almas me pasaban. Mis manos estaban atadas atrás. El dolor no era constante —venía y se iba de pronto. Yo gritaba cada vez que el dolor venía y esperaba con temor cuando se aliviaban. Yo pensé, “ saldré de aqui? Qué está por pasar? Es este el fin? Que he hecho para merecer el infierno? “Oh Señor, dónde estás?” Grité con dolor. Lloré, pero no me salían lágrimas —solamente sollozos secos estremecieron mi cuerpo. El animal se paró delante de algo. Miré y ví un salón hermoso que estaba lleno de riquezas extravagantes y joyas brillantes. En el centro del salón había una mujer hermosa vestida con ropas de una reina. Yo en mi estado desesperante pensaba en que era esto. Yo dije, “Mujer, por favor, ayúdame.” Ella se me acercó y escupió en mi figura de cara. Ella me maldijo y me dijo muchas cosas malas. “Oh Señor, Que es lo próximo? exclamé y de ella salió una carcajada. Delante de mis ojos de pronto la mujer se convirtió en un hombre, un gato, un caballo, una serpiente, una rata, y en un jovencito. Lo que ella deseaba ser, eso era. Ella tenía grandes poderes malignos. Sobre el techo de su salon estaba escrito, “Reina de Satanás.” El animal siguió hacia adelante, lo que me pareció haber sido por horas y entonces de pronto se paró y fuí lanzada al suelo. Miré hacia arriba y ví un ejercito a caballo corriendo hacia mi y fui obligada a saltar a un costado mientras pasaban. Ellos también, cran esqueletos con el sucio color gris de la muerte. Después que ellos pasaron, fui recogida del suelo y puesta en una celda. Cuando alguien cerró la puerta, miré alrededor de la celda con horror y me puse a llorar. Ore, pero sin esperanza. Lloré y me arrepentí muchas veces de mis pecados. Si, pensé en las muchas cosas que pude haber hecho para traer a otros a Cristo y para ayudar a los que me necesitaban. Me arrepentí de las cosas que había hecho y de las que no había hecho. “Oh Señor, sálvame,” exclamé. Una y otra vez, le pedí a Dios que me ayudara. Yo no podía verlo ni sentirlo. Yo estaba en el infierno como todos los otros que había visto. Me caí al suelo de dolor y lloré. Me sentí perdida para siempre. Las horas pasaron, y de vez en cuando, se escuchaban los fuertes sonidos otra vez y otras almas caían al infierno. Yo seguía clamando, “Jesús, dónde estás?” pero ninguna respuesta llegó. Los gusanos comenzaron a arrastrarse otra vez dentro de mi figura de alma. Yo podía sentirlos a todos por dentro. La muerte estaba en todos los lugares. Ya no tenía carne, Organos, sangre, cuerpo o esperanza y continuaba sacando gusanos de mi forma de esqueleto. Yo estaba consciente de todo lo que me estaba sucediendo y me quería morir, pero no podía. Mi alma estaría viva para siempre. Comencé a cantar de la vida y el poder en la sangre de Cristo que nos puede salvar de nuestros pecados. Cuando lo hice, vinieron demonios grandes con lanzas y gritaron, “cállate.” Me hirieron con las lanzas y sentí llamas calientes de fuego cuando las puntas de las lanzas entraban en mi forma una y otra vez hiriéndome. Ellos cantaron, “Satanás es dios aqui. Odimos a Jesús y todo lo que El representa.” Como no dejé de cantar, me sacaron de la celda y me arrastraron a una gran salida. Ellos dijeron, “Si no te callas, tus tormentos serán peores”. Cesé de cantar, y al fin me pusieron otra vez en la celda. Me acordé de un versículo sobre los angeles caídos que estaban encadenados hasta el juicio final. Yo pensé si ese sería mi juicio. “Señor salva a la gente de la tierra,” exclamé. “Despiértalos antes que sea muy tarde.” Muchas escrituras me vinieron a la mente, pero como le temía a los demonios no los pronuncié. Ayes y gritos Llenaban el aire sucio. Una rata se me acercó y la patié. Pensé en mi esposo y mis hijos. Yo exclamé, “Oh Dios, no los de venir aquí,” pues estaba segura que estaba en el infierno. Dios no me podía escuchar. Los oídos del Todopoderoso están cerrados a los gritos del infierno, yo pensé, si por los menos alguien escuchara. Una rata grande corrió por mis piernas y me mordió, yo grité y la arranqué. Tuve un dolor agudo. Un fuego, que no sé de donde salió, comenzó a quemarse Segundos, minutos y horas pasaron. Yo era un pecador que se fue al infierno. “Oh muerte, ven, por favor,” grite. Mis gritos parecían llenar toda la quijada del infierno. Otros se unieron a mis gritos —perdidos para siempre— no hay salida. Quería morir, pero no podía. Me caí al suelo sintiendo todos estos tormentos. Escuché la quijada abrirse otra vez y más almas entraron. Las llamas me quemaron ahora y sentí un nuevo dolor. Yo sabía todo lo que estaba sucediendo. Yo tenía una mente clara y conciente. Yo conocía todas estas cosas, y sabía que cuando las almas morían en la tierra, y no eran salvas de sus pecados eran traídas aquí. Grité, “Oh mi Dios, sálvame. Por favor, sálvanos a todos.” Me acordé de toda mi vida y de todos los que me habían hablado de Jesús. Me acordé haber orado por los enfermos y como Jesús los había sanado. Me acordé de las palabras de amor, consuelo y fidelidad de Jesús. Si solamente fuera, o hubiera sido, como Jesús, yo no estaría aquí, pensé. Me acordé también de todas las cosas buenas que Dios me había dado —como me había dado el aire que respiro, comida, hogar, hijos y cosas buenas para gozar. Pero, si El es un Dios bueno, qué es lo que hago aquí? Ya no tenía fuerzas para levantarme, pero mi alma seguía gritando, “Déjenme salir de aquí.” Yo sabía que sobre mí la vida continuaba y en algún lugar mis amigos y mi familia estaban viviendo su vida normal. Yo sabía que en algun lugar allá arriba habían sonrisas, amor y bondad. Pero aún todo eso comenzó a desaparecer debido a mi tremendo dolor. Esta parte del infierno estaba llena de media oscuridad, y una neblina opaca y sucia. En todas partes había una luz amarilla opaca y el olor a carne podrida y corrupción era casi imposible de soportar. Los minutos parecían horas y las horas se hacian eternas. Oh, cuándo terminará esto? No dormía ni tenía descanso, comida o agua, tenía mucha hambre y sed como jamás la había experimentado antes. Estaba tan cansada y soñolienta, pero el dolor seguía y seguía. Cada vez que se abría la quijada, tiraban otra carga de almas en el infierno y yo pensaba si algún conocido se encontraba entre ellas. Traerían a mi esposo aqui? Muchas horas habían pasado desde que llegué a la quijada del infierno. Entonces observé que una luz comenzaba a alumbrar el cuarto. De pronto el fuego cesó, la rata se fue corriendo y el dolor de mi cuerpo desapareció. Busqué un lugar de salida, pero no encontré ninguno. Me pregunté sobre lo que estaría pasando. Miré por las ventanillas del infierno, sabiendo que esto era algo terrible. Entonces el infierno comenzó a estremecerse y el fuego ardiente regresó. Otra vez, las serpientes, las ratas y los gusanos! Un dolor insoportable llenó mi alma, cuando los tormentos comenzaron otra vez. Grité, “Oh Dios déjame morir,” y comencé a golpear el suelo de tierra de mi celda con mis manos delgadas. Grité y lloré, pero a nadie le importaba. De pronto, fui levantada de mi celda, por una fuerza invisible. Cuando recobré el conocimiento, Jesús y yo estábamos parados delante de mi casa. Yo exclamé, “Porqué Señor, por qué?” y me caí a sus pies en desesperación. Jesús dijo, “Sea la paz.” Enseguida estaba en paz. El me levantó con ternura y me quedé dormida en sus brazos. El próximo día, cuando desperté, estaba muy enferma. Por muchos días reviví los horrores del infierno y sus tormentos. De noche me despertaba gritando y diciendo que gusanos estaban arrastrándose sobre mi. Le tenía mucho miedo al infierno. Capítulo 20: El cielo Estuve enferma por muchos días después de haber sido dejada en la quijada del infierno y dejaba la luz prendida cuando me iba a dormir. Necesitaba tener la Biblia conmigo todo el tiempo y la leía constantemente. Mi alma se encontraba en un choque profundo. Yo sabía ahora lo que padecerían los perdidos cuando iban a quedarse al infierno. Jesús decía “Paz estad quieta” y la paz fluiría por mi alma. Pero unos minutos después me despertaría con miedo gritando en forma histérica. Durante este tiempo, yo sabía que nunca estaba sola, Jesús siempre estaba conmigo. Pero aún así, algunas veces no podía sentir su presencia. Yo estaba tan asustada de tener que regresar al infierno y hasta algunas veces me entraba miedo cuando Jesús estaba cerca mío. Traté de contarles a otros acerca de mi experiencia en el infierno, pero no me escuchaban. Yo les rogaba “Por favor arrepiéntanse de sus pecados antes que sea demasiado tarde”. Era difícil para cualquiera el creer lo que les decía así como todo por lo que había pasado y como Jesús me había dicho que escribiera sobre el infierno. El Señor me aseguró que El fué el Señor que me había curado y aunque yo pensaba que nunca me iba a recuperar, sí me curé. Y entonces sucedió de nuevo. Nuevamente estuve en el espíritu con Jesús y salímos hacia lo alto en el cielo. Jesús dijo: “Quiero enseñarte el amor y bondad de Dios así como algunas partes del cielo. Quiero que veas los trabajos milagrosos de Dios que son tan maravillosos. Delante mío ví dos planetas gigantes, bellos y gloriosos en todo su esplendor. Dios mismo era la luz allí. De pronto un ángel, se acercó y me dijo: “Mirad el poder, y la omnipotencia y la majestád del Señor tu Dios. Su misericordia es perpetua. El habló con un intenso amor y ternura que ya casi me iba a poner a llorar, cuando dijo: “Mira la fuerza y gloria y majestad de Dios, déjame enseñarte el lugar que El ha creado para los niños.” De pronto se acercó a nosotros un planeta grande y voluminoso, un planeta tan grande como la tierra y escuché la voz del Padre que decía: “ El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son todos uno. Yo envié a mi Hijo a morir en una cruz para que nadie tenga necesidad de perderse.” “Pero,” dijo Dios con una sonrisa, “yo estoy por enseñarte el lugar que hice para mis niños. A mí me importan mucho todos los niños y siento cuando una madre pierde un niño —aún cuando el fruto de tu vientre, mi hija, fue abortado antes de su tiempo. Tu ves, yo conozco todas las cosas y me importa. “Desde el momento que existe vida en la matriz, yo lo sé. Yo se de los bebés que son asesinados mientras están todavía en el cuerpo de su madre —las vidas abortadas que son cortadas e indeseadas-. Yo se de los que nacen muertos y de los niños que nacen con defectos que los dejan aislados. Desde el momento de concepción ya existe el alma. Mis angeles bajan y traen a los niños a mi cuando mueren. Yo tengo un lugar donde pueden crecer, aprender y ser amados. Yo les doy cuerpos completos y restauro cualquier parte del cuerpo que les falte. Yo les doy cuerpos glorificados.” En todo el planeta había un sensación de ser amado, una sensación de que todo es perfección. Todo era perfecto. En todas partes la yerba verde y los estanques de aguas cristalinas. Habían parques de niños con asientos de marmol y bancos de madera bien pulidos para sentarse. Allí habían niños por todas partes. Dondequiera que miraba habían niños haciendo toda clase de actividades. Cada niño vestía con una bata blanca sin mancha y sandalias. Las túnicas blancas eran tan brillantes que se veían luminosas ante la luz magnificente del planeta. Una diversidad de colores por doquiera acentuaba lo blanco de las túnicas de los niños. Angeles cuidaban las rejas y los nombres de los niños estaban escritos en un libro. Ví niños aprendiendo la Palabra de Dios y se les enseñaban música de un libro dorado. Me sorprendí al ver toda clase de animales acercarse a los niños o sentarse a su lado mientras estaban en esta escuela angelical. No habían lágrimas ni llantos. Todo era supremamente hermoso, y había gozo y felicidad en todos los lugares. Entonces el angel me enseñó otro planeta que brillaba como una gran luz delante de mi. La luz brillaba con el fulgor de un millón de estrellas, y todo en el planeta era hermoso y viviente. A la distancia ví dos montañas hechas de oro puro. Mientras que cerca de mí habían dos puertas de oro, adornada con diamantes y otras piedras preciosas. Yo sabía que ésta era la nueva tierra y que la ciudad que estaba esplendorosa delante mio era la nueva Jerusalén - La ciudad de Dios que bajará a la tierra. Y después estaba de regreso en la vieja tierra - la tierra como estaba antes del fuego final que la purificará y la limpiará para el propósito glorioso de Dios. Y aquí también, estaba una nueva Jerusalén —la ciudad. capital del Milenio. Y ví gente saliendo de cuevas y de las montañas y caminando hacia esta ciudad. Aquí Jesús era Rey y todas las naciones de la tierra le trajeron regalos y le ofrecieron homenaje. Jesús me dió la interpretación de La visión. El dijo, “Pronto regresaré y me llevaré al cielo, primero, los muertos justos y después de ellos los que están vivos y perceberan serán arrebatados para estar conmigo en el aire. Después de eso, el Anticristo reinará en la tierra por un tiempo designado y habrán tribulaciones como jamás han habido antes o volveran haber otra vez.” “Entonces regresaré con mis santos y satanás será lanzado en el abismo sin fondo, donde permanecerá por mil años. Durante esos mil años yo reinaré sobre la tierra de Jerusalén. Cuando pase el milenio, satanás sera soltado por un tiempo y yo lo derrotaré con el esplendor de mi venida. La vieja tierra terminará.” “He aqui, habrá una nueva tierra y una nueva Jerusalén vendrá sobre ella —y yo reinaré para siempre y por siempre.” Capítulo 21: La Religion falsa Dios dijo: “Si la gente de la tierra me escucha,” “y se arrepienten de sus pecados, yo detendré las obras del anticristo y la bestia hasta que llegue un tiempo renovador. No se arrepintió la gente de Nínive cuando Jonas les predicó? Yo soy el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Arrepiéntanse y yo enviaré un tiempo de bendición.” Entonces escuché a Jesús que dijo, “Mi pueblo se debe de amar los unos a los otros y ayudarse los unos a los otros. Debe de odiar el pecado y amar al pecador. Así todos sabrán que ustedes son mis discípulos.” Según Jesús hablaba, la tierra se abrió y estábamos de regreso en el infierno. Ví una colina llena de troncos de árboles muertos y en todo su alrededor había una tierra gris. Yo también ví pequeñas fosas en los lados de la colina, y las figuras grises de gente caminando y hablando. Yo seguí a Jesús por cada camino y vereda sucia que llevaban al lado de la colina gris. Cuando nos acercamos, ví que la gente estaba completa, pero muerta. Estaban compuesta de carne gris muerta, y estaban amarradas juntas con una soga de esclavitud, un tipo de cuerda de materia gris que se amarraba alrededor de toda la gente en La colina. Aunque no se veía fuego, yo sabía que esto era parte del infierno, pues carne muerta caía de los huesos de la gente allí y después volvía a crecer rápidamente. La muerte estaba por doquier, pero parecía que la gente no se daba cuenta , estaba ofuscada profundamente en su conversación. Jesús dijo, “Escuchemos lo que ellos están diciendo.” Un hombre le dijo al otro, “ Has escuchado del hombre llamado Jesús, que vino a quitar los pecados del mundo? Otro respondió, “Yo conozco a Jesús. El lavó mis pecados. Es más, yo no sé lo que estoy haciendo aquí.” “Ni yo,” dijo el primer hombre. Otro dijo, “Yo traté de testificarle a mi vecino de Jesús, pero él no me quiso escuchar. Cuando su esposa murió, él vino donde mi a pedirme dinero prestado para su entierro, pero me acordé que Jesús dijo que seamos sabios como serpientes y mansos como palomas. Así fue que no se lo presté. Yo sabía que él iba a gastar el dinero en otra cosa. Sabes, tenemos que ser buenos mayordormos de nuestro dinero.” El hombre que había hablado primeramente, volvió a hablar. El dijo, “Si, hermano, un muchacho en nuestra iglesia necesitaba ropa y zapatos, pero su padre se emborracha, así es, que rehusé comprar algo para su hijo —verdaderamente que le enseñamos a ese hombre una lección.” “Bueno,” dijo otro hombre, mientras aguantaba la soga de esclavitud en sus manos y la torcia sobre sí muy nervioso, “siempre tenemos que enseñar a otros a vivir como Jesús. Ese hombre no tenía derecho a beber. Déjenlo que sufra.” Jesús dijo, “Oh gente necia y de corazón lento, despierten a la verdad, y ámense los unos a los otros con amor ferviente. Ayúden a los indefensos. Denle a los necesitados sin pensar que van a recibir algo en retorno. Si ustedes se arrepienten, Oh tierra, yo los bendeciré y no los maldeeciré. Despertad de vuestro sueño y venid hacia mí. Humillensen e inclinen sus corazónes hacia mi y yo vendré y moraré con ustedes. Ustedes serán mi pueblo y yo seré vuestro Dios.” Capítulo 22: La marca de la bestia Escuché al Señor que dijo, “Mi Espíritu no siempre contenderá con el hombre. Ven a ver a la bestia. Durante los últimos días una bestia maligna se levantará y engañará a muchos de todas las naciones de la tierra. El demandará que cada persona reciba su marca, el número 666, puesto en sus manos o sobre su frente. Todo el que reciba la marca pertenecerá a la bestia y serán lanzados con él en el lago de fuego que arde con fuego y azufre. La bestia se levantará bajo la aclamación del mundo, pues él traerá paz y prosperidad como nadie podría acordarse que hubo antes. Cuando halla alcanzado dominar el mundo, aquéllos sin su marca sobre sus frentes o manos, no podrán comprar ni alimentos, ropa, autos, casas o cualquier cosa que se tenga que comprar. Tampoco podrán vender lo que es de ellos a otra persona a menos que tengan la marca. El Señor expresamente declara que los que reciban la marca han afirmado su lealtad a la bestia y serán cortados para siempre del Señor Dios. Ellos tendrán su lugar con los incrédulos y obradores de iniquidad. La marca simplemente declara que aquellos que la poseen han rechazado a Dios y se han volteado hacia la bestia para su sostén. La bestia y sus seguidores perseguirán a los que rehusan ponerse la marca y matarán a muchos de ellos. Cualquier presión que ellos puedan traer será usada para obligar a los creyentes del Dios verdadero a ser marcados. Niños e infantes serán asesinados delante de los ojos de los padres que rehusen tomar la marca. Habrá un tiempo de grande luto. Los que poseen la marca serán obligados a entregar sus poseciones a la bestia a cambio de las promesa que la bestia suplirá todas las necesidades de sus seguidores. Algunos de ustedes se debilitarán y se rendirán a la bestia y recibirán su marca en vuestras manos o frentes. Ustedes dirán, ‘Dios me perdonará. Dios comprenderá.’ Pero yo no me arrepentiré de mi Palabra. Yo os he amonestado repetidamente por la boca de mis profetas y ministros del evangelio. Arrepiéntansen hoy, mientras es de día, pues la noche viene cuando el juicio será establecido para siempre. Si ustedes no obedecen a la bestia y rehusan recibir su marca, yo cuidaré de ustedes. Yo no digo que muchos tendrán que morir por su fé en esos tiempos, porque muchos serán degollados por confiar en Dios el Señor. Pero benditos son aquellos que mueren en el Señor, porque grande será su recompensa. Es verdad, que habrá un tiempo de paz y prosperidad cuando la bestia ganará popularidad y grande estima. El hará aparecer los problemas del mundo como si no fuesen nada —pero la paz terminará con derramamiento de sangre y la prosperidad en una hambruna por toda la tierra. No teman lo que el hombre les pueda hacer, pero teman a aquel que puede lanzar vuestra alma y cuerpo en el infierno. Pues viene una gran persecución y aunque las tribulaciones sean multiplicadas, yo los libraré de todas ellas. Pero antes de ese día maligno yo levantaré un ejército poderoso que me adorará en Espíritu y en verdad. Los ejércitos del Señor harán grandes proezas y cosas maravillosas para mí. Por lo tanto, vengan unidos y adórenme en Espíritu y en verdad. Traed el fruto de la justicia, y demen lo que justamente me pertenece y yo os guardare de la hora mala. Arrepiéntanse hoy y sean salvos de las cosas terribles que le caerá a los rebeldes y a los que no son salvos. La paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna. Clama a mi mientras puedas y yo te aceptare y te perdonaré. Yo te amo y no deseo que te pierdas. Cree en este reporte y vivirás. Escogeos hoy a quien servir.” Capítulo 23: El Retorno de Cristo Yo ví la venida del Señor. Yo escuché su llamado como el sonido de una trompeta y la voz de un arcángel. Y toda la tierra se estremeció y de los sepulcros salieron los muertos justos para encontrarse con el Señor en el aire. Durante horas, parecía escucharse las cornetas tocando y la tierra y el mar dieron sus muertos. El Señor Jesucristo se paró sobre las nubes con vestiduras de fuego y contempló la gloriosa escena. Escuché el sonido de trompetas otra vez y mientras miraba, los que estaban vivos y permanecian en la tierra ascendieron para encontrarse con ellos. Yo ví a los redimidos como millones de puntos de luz encontrándose en un lugar de reunión en el cielo. Allí los ángeles les dieron batas del blanco más puro. Había un gran regocijo. A los ángeles se les dió el mantener orden y parecían estar en todo lugar dándole atención especial a los resucitados. A los redimidos les fué dado un cuerpo nuevo, y fueron transformados según pasaban por los aires. Gran gozo y felicidad llenaban los cielos y los angeles cantaron, “Gloria al Rey de los Reyes.” Muy alto en los cielos contemplé un cuerpo Espíritual grande —este era el cuerpo de Cristo. Y el cuerpo estaba acostado de espalda sobre una cama y sangre goteaba hacia la tierra. Yo sabía que este era el cuerpo inmolado de nuestro Señor. Y entonces el cuerpo creció mas y más grande hasta que llenó los cielos. Entrando y saliendo del cuerpo estaban millones de los redimidos. Yo miré pasmada cuando millones subieron por las escaleras al cuerpo y lo llenaron, comenzando por los pies y continuando por las piernas, los brazos, el estómago, el corazón y la cabeza. Y cuando estaba lleno, observé que estaba lleno de hombres y mujeres de muchas naciones, gente y lenguas de la tierra. Millones fueron sentados delante de un trono y ví angeles que traían los libros de los cuales el juicio fue leído. Estaba el asiento de la misericordia y a muchos les fueron dadas recompensas. Entonces, mientras miraba, una oscuridad cubrió la faz de la tierra, y fuerzas de demonios estaban por doquier. Incontables números de espíritus malos habían sido soltados de sus prisiones y lanzados sobre la tierra. Escuché al Señor decir, “Hay de los habitantes de la tierra, porque satanás ha venido a morar entre ellos.” Yo ví una bestia airada que derramó su veneno sobre toda la tierra. El infierno se estremeció en su furia y desde un abismo sin fondo salieron ejércitos en multitudes de espíritus malos para ennegrecer la tierra con su gran número. Hombres y mujeres corrieron llorando hacia las montañas, las cuevas y las colinas. Y hubieron guerras sobre la tierra, hambre y muerte. Al fín ví caballos de fuegos y carrozas en los cielos. La tierra tembló y el sol se volvió rojo como la sangre. Y el ángel dijo, “Jesús escucha, Oh tierra, el Rey ya viene!” Y apareció en los cielos el Rey de Reyes y Señor de Señores, y con El estaban los santos de todas las edades, vestidos en el blanco más puro. Y me acordé que todo ojo lo vera y que cada rodilla se doblará delante de El. Entonces los ángeles metieron su hoz y cosecharon el grano maduro —que es el fin del mundo. Jesús dijo, “Arrepentíos y sed salvos, porque el Reino de Dios está cerca. Mi voluntad y mi Palabra se cumplirán. Preparad el camino del Señor.” Y yo pensé, “Nos tenemos que amar los unos a los otros. Tenemos que estar firmes en la verdad y corregir a nuestros hijos a la luz de la pronta venida de Cristo. Pues es seguro que, El Rey ya viene!” Capítulo 24: La llamada final de Dios Jesús dijo, “Encarga a los que están en el mundo que no sean altaneros, ni confíen en falsas riquezas, sino que pongan su confianza en el Dios vivo, quien nos da realmente todas las cosas para nuestro placer. Caminen en el Espíritu y no caerán en la codicia de la carne. No os engañéis, Dios no puede ser burlado. Porque todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Siembra para la carne y cosecharás corrupción. Siembra para el Espíritu y cosecharás vida eterna. Las obras de la carne son adulterio, fornicación, impiedad, idolatría, hechicería, íra, envidia, borracheras, orgías y tales cosas. Los que hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios. Estos son los frutos del Espíritu, amor, gozo, paz, paciencia, gentileza, bondad, fidelidad, mansedumbre y auto control. Los que son de Cristo han crucificado la carne con sus deseos. Cuando se cumpla la Palabra de Dios, entonces vendrá el fin. Nadie sabe el día, ni la hora, cuando el Hijo de Dios regresará a la tierra. Ni aún el Hijo, pues eso lo sabe solamente el Padre. La Palabra se está cumpliendo rápidamente. Vengan como un niño pequeno y déjenme limpiarles de las obras de la carne. Diganme, ‘Señor Jesús, ven a mi corazón y perdóname mis pecados. Yo se que soy pecador y me arrepiento de mis pecados. Lávame en tu sangre y hazme limpio. He pecado contra el cielo y contra ti y no soy digno de ser llamado tu hijo. Yo te recibo por la fe como mi Salvador.’ Yo os dare pastores según mi corazón y yo seré vuestro Pastor. Ustedes serán mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. Lean la Palabra y no dejen vuestras congregaciones. Denme toda vuestra vida y yo os guardaré. Yo no los dejaré ni los desampararé.” Pueblo, por el mismo Espíritu, tenemos acceso al Padre. Es mi oración que todos ustedes vengan y entreguen sus corazónes al Señor. Capítulo 25: Visiónes del Cielo Algunas de las siguientes visiónes me fueron dadas antes de que Jesús me llevara al infierno. Algunas me llegaron cerca del fin de mi jornada por el infierno. Semejanza de Dios Yo recibí esta visión celestial mientras estaba en profunda oración, meditación y adoración. La gloria del Señor descendió sobre el lugar donde estaba orando. Grandes olas de fuego, luces brillantes, y un poder majestuoso vinieron delante de mis ojos. En el centro del fuego y las luces, estaba el trono de Dios. En el trono había una semejanza de Dios y del Dios todo poderoso fluía gozo, paz y amor. El espacio alrededor del trono estaba lleno de querubines, bebés, cantando y besando al Señor sobre su rostro, sus manos y sus pies. El cántico que entonaban era, “Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios Todopoderoso.” Los querubines tenían lenguas como de fuego sobre sus cabezas y fuego en las puntas de cada una de las alas pequeñitas. El movimiento de sus alas parecía estar sincronizado con el movimiento del poder y la gloria del Señor. Un querubín voló hacia mi y tocó mis ojos. Montañas de oro En una visión miré muy lejos sobre la tierra. Yo podía ver que por muchas millas la tierra estaba sedienta de lluvia. La tierra estaba agrietada, seca, y vacía. No se veían árboles, o vegetación de ninguna clase. Entonces se me permitió ver más allá de la tierra seca, hasta el cielo. Allí, lado a lado, y tocando en sus bases, habían dos montañas gigantes. Yo no conozco su altura, pero eran muy altas. Me acerqué a las montañas y descubrí que estaban hechas de oro sólido —oro tan puro que era transparente. Por dentro y más allá de las montañas ví una luz blanca brillante y la luz se extendía para llenar el universo. Yo sentí en mi corazón que esta era la base sobre la cual se sienta el cielo. Los hombres pelean por una pequeña sortija de oro, pero Dios es dueño de todo el oro. La edificación de una Mansión Mientras oraba recibí esta visión. Ví ángeles leyendo los registros de las obras que hacemos en la tierra. Algunos de los ángeles tenían alas, mientras que otros no. Algunos eran grandes y otros eran pequeños, pero todos sus rostros eran diferentes. Como la gente de la tierra, los ángeles podían ser identificados por sus rostros. Yo ví a los ángeles ocupados cortando diamantes extremamente grandes y poniéndolos en los fundamentos de hermosas mansiones. Los diamantes eran de un pie de ancho, y dos pies de largo y muy hermosos, cada vez que se ganaba un alma para Dios, un diamante era añadido a la mansión del ganador de almas. Ningún trabajo es en vano, cuando éste se hace para el Señor. Las Puertas del cielo En otra ocasión cuando oraba ví esta visión celestial. Yo estaba en el Espíritu y un ángel vino donde mi y me llevó a los cielos. Otra vez, habían magníficas escenas de ondas de luz y esplendorosa gloria, tales como las que había visto detrás de las montañas de oro sólido. Era una inspiración asombrosa ver el poder de Dios demostrado. Cuando el ángel y yo nos acercamos a dos puertas gigantes, sobre una pared grandísirna, vimos a dos ángeles excepcionalmente grandes con espadas. Eran como de 50 pies de altura y sus cabellos color oro. Las puertas eran tan altas que yo no podía ver su parte alta. Eran la obra de arte más hermosa que jamás yo había visto. Eran talladas a mano con enrollados, drapeados, cortinas, con moldes, llenas de perlas, diamantes, rubíes, zafiros y otras gemas. Todo lo que estaba sobre las puertas, estaba en un balance perfecto y las puertas se abrían hacia afuera. Un ángel con un libro en las manos, salió de atrás de las puertas. Después de buscar en el libro, el ángel afirmó con su cabeza, confirmando que yo podía entrar. Lectores, no podrán entrar al cielo si sus nombres no están escritos en el Libro de la Vida del Cordero. El cuarto de los registros En una visión, un ángel me llevó al cielo y me enseñó un cuarto muy grande con paredes de oro sólido. Letras del alfabeto estaban imprimidas en diferentes lugares de la pared. La escena era como la de una biblioteca grande, pero los libros estaban incrustados en la pared en vez de puestos en estantes. Angeles con batas largas estaban sacando libros de las paredes y estudiándolos muy de cerca. Parecía haber un orden rígido en la manera como leían los libros. Pude notar que los libros tenían gruesos forros de oro y algunas de la páginas eran rojas. Los libros eran muy bellos. El ángel que estaba conmigo me dijo que estos libros contenían el registro de la vida de cada persona que había nacido en la tierra. Se me dijo que habían más cuartos en otros lugares con más registros. De vez en cuando los arcángeles le llevaban los registros a Dios para su aprobación o desaprobación. Los libros contenían peticiones, profecías, actitudes, crecimiento en el Señor, almas ganadas para Cristo, el fruto del Espíritu y muchas cosas más. Todo lo que nosotros hacemos en la tierra es registrado en uno de los libros por los ángeles. De vez en cuando, un ángel cogía un libro y lavaba las páginas con un paño de tela suave. La página después de lavada se volvía roja. Una Escalera Celestial El espíritu del Señor me trajo la siguiente visión. Yo vi una escalera grande Espíritual que descendía del cielo hasta la tierra. Por un lado de la escalera bajaban ángeles a la tierra, mientras que por el otro lado subían. Los ángeles en la escalera no tenían alas, pero cada ángel tenía un libro con un nombre escrito en el forro del frente. Algunos de los ángeles parecían que estaban dando instrucciones y contestando preguntas que le presentaban los otros ángeles. Luego de que las instrucciones eran recibidas y sus preguntas contestadas, los ángeles desaparecían. Yo también ví otras escaleras en otras partes de la tierra. Angeles estaban en una moción constante, ascendiendo y descendiendo. Los ángeles se movían con audacia y autoridad, ya que eran mensajeros con órdenes dadas por Dios. Una Profecia de Jesús Cuando Jesús se me apareció por primera vez, el dijo, “Kathryn, tu has sido escogida por Mi Padre para acompañarme por las profundidades del infierno. Yo te voy a enseñar muchas cosas que yo deseo que el mundo conozca acerca del infierno y del cielo. Yo te diré lo que tienes que escribir para que este libro sea un registro verdadero de como son en realidad estos lugares desconocidos. Mi Espíritu revelará secretos de la eternidad, el jucio, el amor, la muerte y la vida después de la muerte.” El mensaje del Señor a un mundo perdido: “Yo no deseo que vayas al infierno. Yo te hice para mi propio placer y para comunión eterna. Tu eres mi creación y te amo. Clama a mi mientras estoy cerca y yo te escucharé y te responderé. Yo deseo perdonarte y bendecirte.” A aquellos que han nacido de nuevo, el Señor les dice, “Reúnanse y oren y estudien mi Palabra. Adórenme en el Espíritu de santidad.” El Señor le dice a las iglesias y a las naciones, “Mis ángeles pelean siempre por los herederos de la salvación y por aquellos que llegaran a ser herederos. Yo no cambio. Yo soy el mismo ayer, hoy, y por los siglos. Buscadme y derramaré mi espíritu sobre vosotros. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán. Yo haré grandes cosas entre vosotros.” Si no estás salvo, por favor toma el tiempo ahora mismo para arrodillarte delante del Señor y para pedirle que te perdone de tus pecados y te haga su hijo. Cualquiera que fuese el costo, debes de determinar que vas a hacer el cielo tu hogar eterno. El infierno es horrible, y el infierno es real. Fuente
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