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¿Sobredosis de belleza?

Info10/15/2009
Caravaggio pintó este cuadro que se exhibe en la galeria Uffizi en Florencia. Representa a la Medusa, un personaje mítico que tenia serpientes en lugar de cabellos y que se conoce con ser una de las primeras personificaciones de la belleza atroz, de lo que los franceses llaman ” la femme fatalle” y más castizamente conocemos como la “perdición de los hombres”. Es verdad que algunos hombres se sienten seducidos por este tipo de belleza femenina que tiende a devorarles. Pero que no se asusten las feministas porque aunque no existe un mito similar lo cierto es que algunas mujeres también parecen mostrarse seducidas por los hombres malos, de manera que hay un equilibrio en esa tendencia a dejarse seducir por aquello inconveniente. El caso es que la Medusa era un híbrido entre una mujer y un monstruo y cuya habilidad principal consistía en petrificar a los hombres que la miraban. Y así fue hasta que Teseo la mata -cortándole la cabeza- precisamente eludiendo su poder: un poder que al parecer radicaba en su mirada. Para enfrentarse a la Medusa es pues necesario no mirarla a los ojos. Hace poco un amigo mio veterinario que vive en el campo dedicado a la cría de perros me invitó a comer en su casa y me presentó a la jauría. Al llegar a Tom me dijo, “ese perro está loco, no le mires nunca a los ojos”. Yo le pregunté el por qué y me dijo que habia sido maltratado en su infancia y aunque lo había recogido de la calle y lo había críado me indicó que nunca debía mirarlo a los ojos, había que evitarlo con la mirada y sobre todo no acercarse nunca a él de frente. Para acercarse a él había que ir en diagonal: de lo contrario lo entendía como un desafío, como una provocación y entonces podía atacar. Dado su raza (era un mastín), su tamaño y su querencia me mantuve lejos de él en todo momento. Tom era un perro paranoico debido a sus antecedentes. Los perros pueden volverse locos por dos razones: por haber sido maltratados en su infancia o por tener dificultades en saber quien manda. Ambas situaciones desembocan en un dilema: los perros no saben reconocer al macho alfa de su manada (que proyectan en su amo) y tienden a confundirse. A esta confusión le llamamos los humanos locura, una locura que puede objetivarse porque en los perros ocurren conductas difícilmente explicables, se ponen a morder a los niños, atacan a sus amos o comienzan a hacer rituales incomprensibles como morderse la cola o ladrar continuamente. Lo que importa retener ahora es que en la mirada hay algo más que lo que se ve. Desde el punto de vista semántico “mirarse” evoca otras agencias psíquicas como sucede en el perro del ejemplo: para él mirarse mutuamente evoca programas de rivalidad y de lucha. Algo así sucede en la mirada entre los humanos: si volvemos ahora al mito de la Medusa podremos entrever que su mirada capturaba al que la miraba, algo parecido a la fagocitosis del otro , algo que a escala humana conocemos con el nombre de seducción que es la parte admisible de la destrucción. La seducción es una conducta que consiste en atraer al otro, bien para poseerlo o bien para devorarlo. Lo interesante es recordar que los humanos podemos funcionar bien como sujetos o bien como objetos. El sujeto es el activo, aquel que mira, mientras que el objeto es el pasivo, aquel que es mirado. Lo curioso de esta función de teatro en los humanos es que no sólo seduce el que mira sino que el que es mirado está también seduciendo de forma oculta (inversa o especular) al que mira. Se trata del conocido teatro de la predación donde un depredador persigue a su presa que a su vez huye delatando asi su condición de presa comestible, el encuentro entre ambos finaliza con la muerte de la presa si es alcanzada. El acto finaliza con la presa entre las fauces del predador, entre ambos se ha establecido un juego de seducción-destrucción, donde cada cual ha sido impulsado por su instinto para hacer precisamente aquello que se espera de él. Es por eso que una forma de despistar al predador es hacerse el muerto o quedarse inmóvil, algunos animales recurren a este truco cuando pretenden (y no ven más salida) marear a su perseguidor, a veces da resultado hacerse el muerto, es decir la congelación de la victima es una estrategia común entre los animales. La congelación (freezing) es también una estrategia conocida en los humanos, el estupor, el desvanecimiento y la convulsión critica son los representantes humanos de esta estrategia de congelación secundaria a un horror extremo donde la huida es imposible. Naturalmente la congelación y la petríficación de la que nos habla el mito de la Medusa son el mismo fenómeno. A veces sucede que ese juego de predación que hemos llamado seducción no sucede entre dos personas sino entre una persona y una imagen o entre una persona y una cosa, pensamiento, idea o recuerdo. A este fenómeno se le conoce como captura icónica, es decir se trata del mismo fenómeno de fascinación entre objeto (que es mirado) y sujeto que mira y de cuya dialéctica se alimenta toda seducción entre humanos. El sindrome de Stendhal es un cuadro psicosomático descrito por la doctora, Graziela Magherini una psiquiatra florentina que lo encontró en pacientes que llegaban a Florencia de visita cultural y a los que sobrevenía una especie de ataque durante la contemplación de determinadas obras. En un principio se atribuyó a la insoportable cantidad de belleza que existe en esa ciudad concentrada en pocos metros y esta es la versión que ha pasado a formar parte de la jerga popular. Se le llamó síndrome de Stendhal en honor a Henry Beyle, escrito francés que describió en si mismo el síndrome que hoy lleva su nombre. “Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme“. Destaca la descripción que hace el propio Stendhal de su experiencia para compararla con los fenómenos que la doctora Magherini ha descrito en su libro. Clínicamente el cuadro se caracteriza por: • Taquicardias. • Mareos y desvanecimientos. • Sensación de falta de aire. • Fenómenos disociativos como “sensación de levitar”. Más raramente se han descrito: • Impulsos destructivos dirigidos a las obras contempladas. Miedo a perder el control y dañarlas. • Desorganizaciones psicóticas y alucinaciones. • Estados de disociación duraderos y persistentes como “perderse en un jardín y no recordar qué se está haciendo allí; amnesias psicógenas relacionadas. Como puede observarse el síndrome de Stendhal es una experiencia desagradable que parece estar emparentada con el trastorno de pánico o con ciertos fenómenos disociativos en sus versiones más mitigadas, el parecido con la experiencia de Stendhal es lejano, en el sentido de que parece que lo que cuenta el poeta es más bien un arrebato artístico o una licencia literaria bastante normal en una persona de su formación: hay que recordar que Stendhal era un ilustrado y un gran experto en arte además de escritor. Sin embargo, los síntomas que presentan los pacientes de la doctora Maguerini son experiencias psicosomáticas desagradables, egodistónicas más cercanas al ataque de pánico o a la conversión-disociación histérica que a un fenómeno espiritual. Incluso demográficamente son estas personas distintas a la circunstancias de Stendhal. • Se trata de una mayoría de mujeres viajando solas. • Que desconocen el idioma. • Que no son especialistas en arte pero que saben que se encuentran frente a obras maestras de la conciencia humana en materia artística, es decir son sabedoras de su valor. • Las personas afectadas tienen noticia de estas obras de una manera u otra. • El cuadro clínico no parece afectar a italianos ni mucho menos a florentinos. Más arriba mencioné el fenómeno descrito por Rocco Mangieri y que denominó captura icónica que él identifica con el concepto de trauma psíquico aunque le reconoce menor identidad clínica, en realidad puede ser considerado de este modo pues se trata de un encuentro con algo que no puede simbolizarse, un cara a cara con el significante que para mi está mas cerca de la depredación que del éxtasis ante la belleza . Me referí a él para dar a entender al lector de que la mirada mutua entre dos personas estaba relacionada con fenómenos de fascinación muy parecidos a la hipnosis aunque a veces estos fenómenos son espontáneos. Lo curioso es que este mismo fenómeno puede darse entre una persona y una imagen, en este caso un cuadro. ¿Quien mira a quien en un cuadro que nos mira? Un cuadro como este es a la vez objeto (es mirado) y sujeto, depredador y presa, parece que nos observa y parece querer capturarnos hacia el interior. Y nos divide entre sujetos y objetos, nos seduce a la vez que somos incapaces de apartar la mirada de él. No es de extrañar puesto que un cuadro tiene que mirarse necesariamente, ha de contemplarse, no puede oírse u olerse. Mirar un cuadro nos introduce en el campo del significante ver-ser visto, es decir nos hace descender al terreno de lo pulsional de una forma mas cercana que la música por ejemplo demasiado abstracta en cualquier caso para rozar ni de cerca la pulsión escópica. La música mas descriptiva es incapaz de llevarnos a ese teatro de la depredación que se juega en el terreno de la mirada. Dicen los expertos que hasta Velazquez los pintores no descubrieron la forma de meter al espectador dentro del cuadro. Mi opinión es que con independencia de la técnica de Velazquez en las Meninas donde quizá el pintor es capaz de atrapar el instante previo a la pintura propiamente dicha, lo cierto es que este fenómeno de captura icónica de traslación del observador al espacio interior del cuadro que parece deglutir todo aquello que le observa es un fenómeno bastante antiguo si bien no en la intención del artista si en la sensación del observador. Como ejemplos de esta sensación de atrapamiento pongo estos ejemplos citados por el propio Mangieri ( y cuyo articulo reseño al final). Este Narciso de Caravaggio no nos mira pero probablemente representa la mirada recursiva en si misma, una autocontemplación que termina con el espectador ahogado. Algo parecido sucede en este cuadro -también expuesto de la Galleria Uffizi y que se atribuye a Brueghel. “La caida de Icaro” parece arrastrar al espectador en la misma caída que acontece en el caso del Icaro mitológico al que solo podemos ver las piernas mientras se ahoga en el mar. Otra escena de mar y de caída, en este caso emergencia de las aguas de uno de los cuadros mas famosos de la galeria Uffizi, “El nacimiento de Venus” de Boticelli. Es necesario señalar ahora que estas obras que termino de citar han provocado sindromes de Stendhal en la muestra de la doctora Maguerini. Ahora que ya sabemos qué es el el síndrome de Stendhal y también conocemos algunos elementos del teatro de la predación, estamos en condiciones de responder a la pregunta que preside este post acerca de si el síndrome que presentan determinados viajeros es a causa de una sobredosis indigerible de belleza tal y como sostienen algunos o si es un fenómeno comprensible desde el punto de vista de la neurociencia. Las conclusiones serán en el proximo post. Pero le adelantaré algo: si a usted le incomoda que le miren tiene muchas probabilidades de sufrir un síndrome de Stendhal cuando se encuentre con la experiencia de no poder dejar de mirar algo. Fuente
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