InicioInfoFantasmas en Buenos Aires
Buenos Aires fantasmal Todas las ciudades centenarias, tienen muchas características relevantes, como una gran arquitectura, hermosos museos y muchas historias para contar En esta oportunidad, hablaremos de Buenos Aires, donde sus habitantes vivieron grandes pasiones, amores no correspondidos, celos enfermizos y otras situaciones dramáticas que desencadenaron en finales trágicos. Los invitamos a repasar algunas de estas historias de fantasmas, que sucedieron en los lugares que visitamos habitualmente. Miren bien a su alrededor: quizás puedan encontrar a algún alma pérdida en los rincones de esta mítica ciudad. Rufina Cambaceres, la dama de blanco: El día en que cumplía 19 años, Rufina Cambaceres se vistió de fiesta y se llenó de joyas para asistir a una gala en el Teatro de la Ópera. Cuando estaba lista se desplomó al piso, muerta. Así lo creyeron todos y procedieron a velarla y preparar su entierro. A los pocos días, el cajón cayó y los empleados del cementerio llamaron a la familia; dentro se encontró a la joven, arañada y magullada. Rufina había sido víctima de un ataque de catalepsia que motivó su “aparente muerte” y la desesperación posterior al verse enterrada viva, motivó su verdadero final. Ahora dicen que pasea por los alrededores del cementerio de la Chacarita y seduce a algún caballero que no se da cuenta de su espectral aspecto hasta seguirla y perderla tras las puertas del camposanto. La Casa de la Palmera: Esta casa que aún existe en Riobamba al 100 guarda una historia que inspiró a Julio Cortázar para su relato "Casa tomada". La propiedad que fue de los Galcerán se ubica muy cerca del Congreso Nacional y debe su nombre, a la palmera del jardín frontal. En este sitio vivió Doña Catalina Espinosa de Galcerán, con sus cinco hijos varones y su única hija, Elisa. La leyenda dice que los varones eran profesionales, deportistas y mujeriegos, lo cual trastornaba mucho a su hermana. A medida que sus hermanos iban falleciendo de manera misteriosa, Elisa clausuraba una a una, sus habitaciones. Así lo realizó con las nueve habitaciones hasta que solo quedó el sótano donde la encontraron muerta; había tomado el mismo veneno que utilizó para con sus hermanos. Los vecinos hablan de puertas que se cierran solas y de un malestar que ataca a los hombres que visitan el lugar. En 1992 Elisa murió y la casa quedó abandonada hasta que en 1997 abrió una escuela primaria. Paradójicamente, la escuela se llama “Puertas Abiertas”. El Castillo de los Bichos: A comienzos del siglo XX el ingeniero Muñoz González diseña, a pedido de la familia italiana Giordano, esta mansión de cinco pisos en Villa del Parque, entre las calles Campana y Tinogasta. El castillo terminaba en un torreón y cúpula, y era muy llamativo por las figuras de animales grotescos que decoraban sus paredes. Cuenta la historia que Lucía, la única hija del matrimonio, conoció a un violinista, Angel Lemos y el amor surgió al instante. Se casaron el 1° de abril de 1911 y cientos de invitados disfrutaron de la fiesta. Partiendo hacia la luna de miel, el carruaje que transportaba a los felices novios, fue embestido por el tren, en las vías. Los jóvenes murieron instantáneamente, frente a amigos y familiares. El castillo fue clausurado por mucho tiempo durante el cual las habitaciones se iluminaban solas, se oía música y espectrales invitados bailando al compás; también aseguraban que los novios, solían frecuentar el lugar de su fatídico final. Sin habitantes durante años, el Palacio reabrió en la década de 1990 y hoy es una tranquila casa de té y salón de fiestas. La mansión de los Leones: Esta casona de estilo francés, cuenta con pasadizos secretos y misterios; su antiguo dueño, Don Eustaquio Díaz Vélez estaba obsesionado con los leones a quienes criaba en jaulas y utilizaba como “perros guardianes”. Quiso la fatalidad que uno de los leones matara al prometido de su hija, quién se suicidó luego del triste episodio. Aseguran los vecinos, que aún hoy en día pueden verla vagar por las noches entre los leones de piedra y los vestigios de sus oxidadas leoneras. Felicitas, la iglesia y su fantasma: Joven y bella, Felicitas Guerrero se casó en 1862 con Martín de Alzaga, un hombre mayor y acaudalado. Al año siguiente, y después de perder a su único hijo, Felicitas quedó viuda. Tenía apenas 26 años, una de las fortunas más grandes de la Ciudad y muchos pretendientes. Samuel Sáenz Valiente, era el verdadero amor de la dama y uno de sus pretendientes era Enrique Ocampo. Enfermo de celos, Ocampo le disparó a Felicitas un tiro por la espalda y al instante se suicidó. Los Guerrero mandaron construir una capilla en homenaje a su hija que se ubica en Isabel La Católica, entre Pinzón y Brandsen. Cuentan los vecinos que cada 30 de enero, fecha de su muerte, aparece el fantasma de Felicitas, que vaga ensangrentado. Muchas mujeres cuelgan cintitas de la reja, porque dicen que si uno se agarra fuerte conseguirá el amor de su vida, y si ya lo tiene, lo conservará. Bajo los cimientos de la ciudad de Buenos Aires y especialmente en Hispanoamérica hay miles de leyendas urbanas, mitos y cuentos de fantasmas que revelan nuestros más profundos miedos.
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