Nosotros, los antidisturbios, sabemos que ellos causarán desmadres, porque sino nuestro trabajo no tiene sentido, nosotros, los antidisturbios, protegemos a toda la sociedad de las palabras de los que se manifiestan, de sus piedras, de sus consignas, de sus desórdenes, nosotros, los antidisturbios, defendemos el statu quo mejor que ninguna otra fuerza policial o armada, nosotros, los antidisturbios, somos como los legionarios romanos ante los bárbaros, la primera y última fuerza contra la barbarie.
Nosotros nos ponemos, armados hasta los dientes y con todo tipo de protección, ante esas turbas de altermundistas, como dicen llamarse, de despojos sociales, como dice nuestro capitán, ellos no son como nosotros, ellos quieren destruir todo lo que nosotros protegemos. ¿Acaso no entienden que cuando les pegamos con las porras, les disparamos con las escopetas de pelotas y les tiramos granadas de gas es para protegerles de todo lo malo que la sociedad les lanza? ¿No se dan cuenta que lo hacemos por su bien? Nosotros defendemos el orden y la sociedad Bien, a los ciudadanos decentes, mientras ellos son el desorden, son lo que no nos deja progresar. Eso dice el capitán. Y yo solo sé obedecer.
Nosotros vamos a las manifestaciones cuando sabemos que habrá problemas, y lo sabemos porque el capitán lo dice. Así que estamos listos a responder cualquier agresión, aunque sea solo verbal, con la mayor severidad posible. Nosotros, los antidisturbios, usamos la violencia solo cuando es necesaria, solo cuando ellos se manifiestan, y solo para evitar que su supuesto pacifismo rompa nuestra pacífica sociedad.
Ellos esperan con piedras, nos provocan. Es cierto que muchos de los problemas iniciados en las grandes manifestaciones parten de infiltrados nuestros, pero es para ir adelantando trabajo, sabemos que ellos lo harán tarde o temprano, y no podemos esperar a que se acerquen al edificio de la gobernación, la alcaldía, o lo que corresponda en cada momento, y lo mejor para cortar el mal mayor es provocar el mal menor. Para que no incendien la sociedad entera nosotros hacemos que alguien prenda fuego a un mero árbol para poder intervenir. Lo hacemos por su bien, incluso por el de los manifestantes, que no entienden que si la batalla es más adelante, donde ellos lo han planeado en secreto, según el Capitán, todo sería peor, habría más heridos. De los nuestros, claro, porque de los suyos siempre hay más heridos.
Llevamos, nosotros, los antidisturbios, muchas armas no letales. Causan muertes, claro, pero no por sí, sino por el uso que les damos, nosotros, los antidisturbios, lo sabemos bien, una pelota de goma no mata salvo que se dispare para que mate, una granada de gas no mata salvo que se tire contra un manifestante, un taser no mata salvo que se use con saña, nosotros solo cometemos pequeños errores, menores, pueden costar una o dos vidas de manifestación a manifestación, o daños irreparables, pero no es culpa de las armas que usamos, nosotros, los antidisturbios, es culpa de los manifestantes que nos obligan a usarlas.
No son ciudadanos manifestándose, son el enemigo que nos quiere destruir, nos recuerda el capitán cada vez que salimos, detrás de los escudos y las tanquetas, a las calles para proteger a los que sí son ciudadanos de bien de todos ellos, los que no quieren respetar nada ni a nadie, que, como dice el capitán, nos oprimen con sus manifestaciones y subversiones, son como los terroristas, pero más cobardes, se ocultan tras el número. Pero nosotros, los antidisturbios, somos valientes, somos casi tantos como ellos, a veces más, y vamos armados. Podemos con ellos porque tenemos la Democracia a nuestro lado, la Verdad y la Razón, todo en mayúscula, como dice el capitán.
Nosotros, los antidisturbios, entendemos que somos la unidad de la policía más importante, porque somos los que mantenemos realmente el orden, el orden de las cosas tal como están, evitamos que gente de bien, decente, tenga que escuchar los reclamos de unos pocos, evitamos el desorden de verdad, evitamos que los verdaderos delincuentes, todo manifestante, retome las calles, somo el último bastión de la civilización.
Nosotros, los antidisturbios, estamos nerviosos, lo admitimos, durante las manifestaciones, el capitán nos ha contado tantas cosas de esos manifestantes que no conocemos que ya sabemos todo lo que tenemos que saber, y es que ellos son muy peligrosos. Por eso a veces golpeamos a ciudadanos que pasan cerca de los hechos, porque nos ponen nerviosos, parece que nos quieren atacar por todos lados, y nosotros, los antidisturbios, sabemos que toda persona es peligrosa, puede causar daños, así que prevenimos el daño inflingiéndolo primero.
Nosotros, los antidisturbios, protegemos la democracia reprimiendo a quienes hacen uso de ella.