
Este pasado verano, científicos de la Universidad Griffith en Queensland (Australia) acompañados del anciano aborigen Ronald Lamilami, llegaron al lugar en el que todas esas crónicas “rupestres” dejaron constancia intemporal de lo que otros habían visto. El dibujo que ilustra este post, representa probablemente un vapor con misioneros europeos del siglo XIX (los aborígenes asocian el gesto de apoyar las manos en la cadera con los nativos del viejo continente). En otros, los artistas simplemente dan rienda suelta a la fascinación que los artilugios voladores y navegadores despertaron en el observador. Sea como sea, este hallazgo obligará a replantearse la idea de aislamiento voluntario típico de estos poblados del norte. Al parecer interactuaron con el hombre blanco mucho más de lo que se pensaba.
