RICHARD FRANCIS BURTON: EL AUTÉNTICO INDIANA JONES

Si has que elegir un personaje histórico a quien admirar y envidiar, un candidato de honor será sin duda Sir Richard Francis Burton.
Era capaz de hablar con fluidez veintinueve idiomas y entender unos cuarenta. Tuvo fascinación por la exploración desde el momento en que nació.
Fue el primer occidental en visitar La Meca, para lo que debió aprender árabe a la perfección y camuflarse entre los paisanos, ya que de haberse descubierto que no era un musulmán lo hubiera pasado mal, muy mal.

En su currículo consta como escritor, hipnotista y maestro espadachín. También sirvió como espía para la Corona Inglesa en la India –típico James Bond-, escribió un diccionario para entender a los simios, fue extremadamente libertino y sería nombrado Caballero por la Reina por haber sido el primer hombre en traducir Las Mil y Una noches y el Kama Sutra a una lengua occidental.
Descubrió los lagos de África central, encontró un tesoro perdido y tras quedar completamente extraviado sin agua y sin equipo en el desierto, terminaría rescatando a una doncella francesa secuestrada por un sultán local.

Este buen señor nace en Inglaterra el 19 de Marzo de 1821, y desde muy temprano demuestra ser poseedor de un intelecto privilegiado. Antes de cumplir los 10 años ya hablaba tres lenguas, y se destacaría en la escuela por su talento en la escritura, la poesía y sobretodo los idiomas. Sin embargo, más allá de convertirse en un ratón de biblioteca o en un nerd, Burton se enrola enseguida en el ejército, y su arrojo y valentía hace que a los pocos años de haberse enlistado sea ascendido a Capitán de la Colonia inglesa en la India.
Sirviendo en la India para Inglaterra, y habiendo peleado en la Guerra de Crimea, Burton decide que era tiempo de vivir más aventuras y se une a la Royal Geographical Society, para la cual exploró las costas de África y descubrió para la humanidad el Lago Tanganica al dejar la primera mención escrita del mismo, siendo además el primer europeo en penetrar en el Reino de Zanzíbar – ahora Tanzania- donde se maravilló conviviendo con los pigmeos de piel negra.

Si prestan atención a las imágenes verán una cicatríz muy notable en su cara. Esta fue producida por una jabalina que le atravesó la mejilla de lado a lado mientras escapaba de una tribu de cazadores en Somalia. Esto ocurrió poco después de que abandonara el reino de Zanzíbar.

Tras explorar grandes territorios Burton se convirtió en Cónsul del Imperio Británico, oficiando como diplomático. Sus años finales serían dedicados a la Academia de ciencias, donde escribió decenas de tratados sobre antropología, culturas y etnias orientales y se convierte en el autor del más importante libro de Esgrima del siglo XIX.

Pero les cuento como este inglés pudo infiltrarse en el mundo árabe.
Hasta hace apenas 200 años, para Europa y el mundo, la Meca musulmana era prácticamente un lugar de leyenda, inaccesible, ya que ningún europeo había podido visitarla debido al fuerte recelo musulmán de la época.
Burton, decidió ser el primero en lograr tal hazaña, para lo cual estudió ampliamente las culturas y comportamientos musulmanes de ese entonces. Sobretodo estudió a la etnia de los hajj pashtún, que eran peregrinos árabes cuyos viajes los llevaban rumbo a la ciudad de Medina, y entre los cuales después de disfrazarse se coló como uno de ellos.
Su convicción fue tal, que incluso hizo que se le practicase una circuncisión, para así evitar ser descubierto al orinar.

Ya preparado y circuncidado, Burton adoptó varios camuflajes, e incluso utilizó distintos dialectos y acentos árabes.
Primero se hizo pasar por un pashtún -musulmanes del este de Irán- cuyo contacto con el lenguaje persa hace que al hablar el árabe lo hagan con modismos muy particulares. De esta manera, Burton podría ocultar cualquier error lingüístico que cometiese al hablar aduciendo una diferencia cultural. Era todo un Indiana Jones.
Versado en las costumbres y manerismos de los pashtún, nuestro héroe explorador sólo cometería un error que casi lo pone al descubierto. Una noche, luego de que la caravana de peregrinos en la que viajaba luchara fieramente contra bandidos del camino, Burton se alejaría del grupo. Pensando que nadie lo veía, levantó su túnica y orinó de pie, algo culturalmente inaceptable para los peregrinos de ese entonces. Sólo fue visto por un joven, a quien tras correr y alcanzar debió convencer para que mantuviese la boca cerrada.
Dos años después de comenzada su odisea, y tras monumentales contratiempos, peligros y necesidades, Burton por fin llegaría a La Meca.
Allí aprendió de memoria, todo lo que pudo observar, creando así el primer documento histórico europeo de este tan particular lugar del mundo.

Su disfraz y convincente actuación, le otorgaron el honor de poder vestir un valioso turbante verde –reservado solo para los guías árabes-, y poco tiempo después sería nombrado por los mismos árabes con el título honorífico de Hajji peregrino, equivalente a maestro y guía espiritual de la peregrinación.

Al volver de su travesía Burton escribiría un monumental documento que aún es estudiado en las universidades inglesas, “Mi peregrinación de Medina a La Meca”.
Curiosamente, al volver, Burton se presenta para ser traductor de lenguas árabes para el ejército y falla en el examen. No por estar él equivocado, sino porque los traductores del ejército tenían una noción totalmente irreal del árabe de aquella época, algo que Burton sabía mejor que nadie en Europa.

Cuando decidió quedarse quieto y establecerse por fin en Inglaterra, era mal visto en el círculo social londinense, ya que el hecho de haber traducido el Kama Sutra y la fama de mujeriego que pesaba sobre sus hombros, hacía que los caballeros de la época lo consideraran un peligro para sus hijas y esposas que dicho sea de paso, lo admiraban. Además de que provocaba cierta envidia al ser un protegido de la reina.

¿Un buen ejemplo a seguir, no creen?
Buen provecho y saludos para tod@s...