A cada tanto escribo algo y si les gusta de a poco lo voy posteando.
Este relato es lo primero que experimente hace unos años.
El Lago
De pequeño recuerdo visitar las sierras en época veraniega donde mis padres descansaban de la ciudad de cemento.
Todo era paz allí… un silencio bullicioso se apoderaba del lugar. El canto de los pájaros destellaba como un rayo en la oscuridad y la quietud del lago como espejo del cielo que transformaba el verde pasto en celestes praderas.
Soñaba refrescar mis pies pero no podía ya que mi padre me tenía terminantemente prohibido acercarme y solo observaba de lejos. Extrañamente ellos tampoco lo hacían, parecían temerle como si fuera algo malo pero seguíamos visitando el lugar año tras año como si aquello que no disfrutábamos no existiera.
En mi inocencia un buen día pregunte a mi madre por que no podía refrescarme en sus aguas y solo me dijo: “si te acercas veras algo que no te gustará”. Sentí un miedo encrudecedor, corría riesgo mi vida de solo pensarlo y el resto de los días no quería salir de la cabaña. Mis padres no contradecían mi decisión y se la pasaban durmiendo bajo los frondosos árboles mientras los observaba desde una ventana; temia a que me abandonen, temia al lugar, ahora al lago.
Un año después cambiamos de destino y las áridas playas fueron asentamiento de nuestro descanso. Al fin pude gozar de la frescura de las aguas para combatir el agobio del cruel verano.
Paso la niñez, la adolescencia, adultez y en plena vejez volví a las sierras y me acorde del lago, del consejo de mi madre. Me acerque sigiloso y mire el agua.
En efecto, no me gusto nada lo que vi y como pre anuncio de mis padres, como aconsejándome a futuro me refleje a mi mismo en sus aguas y me di cuenta del paso de los años, que ellos ya no estaban para enseñarme, aconsejarme que no me acercara al lago. Me resbale y caí, no me gusto lo que vi… Un viejo loco ahogándose en un lago.
Gracias y hasta la proxima!