Un taiwanés fabrica cuchillos con bombas
Kinmen (Taiwan).- Cerca de un millón de obuses se lanzaron desde 1958 a 1995 sobre la pequeña isla taiwanesa de Kinmen, escenario de enfrentamientos con la China comunista. Pero hoy se convierten en cuchillos, haciendo la fortuna de Wu Tseng-dong.
El 23 de agosto de 1958 China lanzó una operación, que debía ser la victoria final, contra los nacionalistas del Kuomintang, refugiados en la isla de Formosa, actual Taiwan. La isla de Kinmen, a menos de dos kilómetros de la costa china, nunca fue conquistada pero durante los veinte años siguientes siguió siendo bombardeada. En total, casi un millón de obuses, explosivos o no, llegaron al suelo de Kinmen.
La casa del padre de Wu Tseng-dong fue atacada, y si bien nadie resultó herido, el incidente le inspiró la idea de recuperar en la forja familiar el metal ruso de buena calidad utilizado en los proyectiles. Cada obús permitía fabricar unos sesenta cuchillos, que no sólo compraban los indígenas, sino también algunos turistas de la cercana China.
A los 47 años Wu Tseng-dong, que continuó con la idea de su padre, puede fabricar un cuchillo de cocina en un cuarto de hora. "Si todo el mundo utilizara los obuses para fabricar cuchillos, no habría más guerras en el mundo", declaró el artesano. "Los proyectiles son un producto de la guerra y yo los quiero utilizar para la paz".
En 1995 después de gastar las reservas de obuses que sirvieron para transportar la propaganda comunista, Wu pasó a los modelos explosivos. Hay suficientes para diez años de producción, asegura.
Wu paga 500 dólares taiwaneses (15 dólares americanos) por cada obús que se le entrega. "Puedes encontrar un obús casi en cada centímetro cuadrado de terreno", afirma, estimando que entre su padre y él, fallecido hace cinco años, han recuperado unos cientos.
El maestro Wu Tseng-dong
Un peligroso comienzo
Todo empezó a las cinco y media de la tarde del 23 de agosto de 1958, cuando la China comunista intentó conquistar Taiwán. Para ello, lanzó una gran ofensiva sobre las cercanas islas Kinmen y, en sólo 85 minutos, cayeron sobre sus playas más de 30.000 bombas. Hasta el 5 de octubre de ese año, la Artillería del “Gran Timonel” disparó 479.554 proyectiles, muchos de los cuales aún continúan enterrados en la arena en este pequeño archipiélago de 150 kilómetros cuadrados y 80.000 habitantes.
Debido a su proximidad con China, que la convertían en un objetivo fácil, en las islas Kinmen aún se conservan los bunkers y tanques de las tropas taiwanesas y las empalizadas y minas en la costa con las que se pretendía impedir una invasión del Ejército de Liberación Popular.
Uno de los bunkers que pueblan las islas
Además, las bombas no dejaron de caer al acabar la batalla, ya que en los años 60 los comunistas lanzaban numerosos proyectiles cargados con propaganda y, de vez en cuando, alguno que otro con munición real para no perder la costumbre de la guerra. Aunque jamás fueron tomadas, las islas Kinmen recibieron hasta 1978 cinco millones de bombas que causaron gran muerte y destrucción, pero que, paradójicamente, sirvieron también para que la marca Chin Ho Li creciera y se enriqueciera.
Y es que, en lo que supone un lucrativo ejemplo de reciclaje, esta empresa fabrica sus cuchillos con el acero de las carcasas de las bombas lanzadas sobre Kinmen. “Utilizamos los numerosos fragmentos que aún siguen enterrados en las playas como materia prima”, explica a ABC el presidente de la compañía, Wu Tseng-dong, quien ha recogido el testigo de sus antepasados en este negocio familiar.
No en vano, su abuelo, Wu Tsong-shan, fundó la fábrica en la vecina provincia de Xiamen, en el continente, durante los últimos años de la dinastía Qing. Después, el hijo de éste, Wu Chao-hsi, trasladó la forja a la isla de Kinmen y, en un momento en que había gran escasez de acero debido a la Segunda Guerra Mundial, empezó a recoger las bombas arrojadas por el Ejército de Estados Unidos y las tropas aliadas contra los japoneses, que habían ocupado buena parte de Asia.
Con la posterior división de China tras la Guerra Civil, la tensión bélica continuó en el Estrecho de Formosa, aportándole más materia prima a Wu Chao-hsi con cada nuevo bombardeo procedente del continente, cuyos restos aún permanecen visibles en las costas de Kinmen.
“Cada mes recibimos unos 100 proyectiles a un precio de unos 1.000 dólares de Taiwán por pieza (21,27 euros)”, desgrana su hijo y actual presidente, Wu Tseng-dong. El “maestro”, como le gusta denominarse en castellano, extrae del hierro de cada carcasa una media de 80 cuchillos que suelen costar 2.600 dólares de Taiwán (55,31 euros), pero que pueden llegar a valer hasta 28.000 dólares de Taiwán (595,70 euros) si se forjan en ediciones especiales para coleccionistas.
Un auténtico negocio redondo porque la factoría Chin Ho Li, que cuenta con sólo cinco empleados, produce al mes entre 2.000 y 3.000 cuchillos y se ha ganado una merecida fama que ya ha traspasado las fronteras de Taiwán.
“El secreto es la buena calidad del acero de los proyectiles que tiraban las tropas comunistas”, confiesa el “maestro” Wu fabrica un cuchillo en pocos minutos, y con una destreza innata, convierte un trozo casi oxidado de acero en una afilada hoja a la que después incorporará un bello mango de madera. Manejando el hierro incandescente con unas largas tenazas, Wu le da forma aporreándolo ruidosamente con un martillo mientras las chispas del metal saltan por toda la habitación, inundada de viejas bombas desguazadas
"Si todo el mundo utilizara los obuses para fabricar cuchillos, no habría más guerras en el mundo"
Hoy en día los cañones de Taiwan apuntan a su enemigo declarado china..

