Perdidos en la física
Viajes en el tiempo, experimentos sociológicos, magnetismo, mutaciones genéticas. Cada vez está más claro que para entender por qué pasa lo que pasa en la isla de Lost hay que saber algo de ciencias. Qué dicen los físicos de la serie. Hacia dónde va la historia.
En algún momento de 1981, entre dosis y dosis de anfetaminas y LSD, Philip K. Dick, el Quijote del ciberpunk, aquel escritor canónico de la ciencia ficción y la literatura contemporánea, pensó primero y escribió después: “Los que leemos ciencia ficción lo hacemos porque amamos la experiencia que supone la reacción en cadena de las ideas que tienen lugar en nuestras mentes; así, el propósito final de la mejor ciencia ficción es la colaboración entre el autor y el lector, una colaboración en la que ambos son creadores y disfrutan de ello: el disfrute es el ingrediente esencial y definitivo de la ciencia ficción, el disfrute del descubrimiento de las cosas nuevas”.
La definición quedó fosilizada en el tiempo como etiqueta de presentación del mundo sci fi y tranquilamente puede aplicarse a cualquiera de las grandes space operas (Star Wars, Star Trek, Firefly, Babylon 5, Battlestar Galactica) y aquellas otras propuestas que van y vienen dentro de las fronteras del género y lo reinventan. Precisamente como lo hace desde hace cinco años Lost, la serie que hace tiempo abandonó la categoría limitada de “producto televisivo” para inyectarse en el imaginario de esta época (las tensiones temporales, las idas y vueltas de su gran protagonista –la isla– no hacen más que expresar en la ficción los síntomas de estos momentos de crisis financiera).
Como cualquiera habrá comprobado al meterse en internet para rellenar huecos de la historia y buscar aquellas explicaciones que no se dan en los 43 minutos de cada uno de los casi cien capítulos por ahora emitidos, Lost existe en tanto experiencia: una narración construida a partir de hipervínculos –temas que se conectan con otros temas– y que se abre para dos tipos distintos de espectadores: aquellos que sólo se quedan con lo que sucede en la versión televisiva de la serie de J.J. Abrams –el público tradicional– y los ansiosos e inconformes que siempre quieren más y complementan ese disfrute del que hablaba Dick buscando en miles de sitios web aquella pieza que hace que el rompecabezas tenga finalmente sentido (lostpedia.com, loststudies.com, lost-tv.com, lostzilla.net, thetailsection.com, darkufo.blogspot.com).
EL DESTINO LLAMA. Pero no importa desde qué ángulo o qué campo se elija como catapulta para zambullirse en esta serie que atrapa, desorienta, confunde y vuelve a atrapar (los guiños y referencias literarias, las teorías platónicas, la mirada eternamente conspirativa, el atractivo de lo extraño). Para entender verdaderamente Lost hay que saber –al menos básicamente– algo de física. De ahí que los estudiantes de esta ciencia sean quienes la disfrutan de una manera más completa.
Nada en Lost ocurre por casualidad. Y no sorprendió mucho, por ejemplo, que el libro del astrofísico Stephen Hawking, Breve historia del tiempo, apareciera dos veces en la tercera temporada: en las manos de un “Otro” y en el living del más malo de la serie, Ben Linus.
Mientras que en la mayoría de las series de ciencia ficción las ciencias actúan como maquillaje, un envoltorio de términos para volver verosímil el argumento fantasioso (la genética en Héroes, la antropología forense en Bones), en Lost constituyen el marco dentro del cual todo ocurre y que le da a uno la esperanza de que los misterios alguna vez se resolverán en lugar de multiplicarse (¿quién es Jacob?, ¿qué es la estatua de cuatro dedos?, ¿cómo pudo Ben mover la isla?, ¿qué hacen en la isla el padre de Jack y Locke?, ¿qué es el monstruo de humo negro llamado Cerberus?, ¿nanotecnología?, ¿por qué es importante Locke?, ¿qué son los murmullos que se escuchan?, ¿por qué Richard Alpert no envejece?, ¿los Otros son descendientes de una civilización con cuatro dedos?).
La mirada científica está en el manifiesto de la serie que desdibuja los lugares comunes y clásicos (el bien versus el mal, la supervivencia humana y el mito del self-made man de Robinson Crusoe, civilización versus barbarie). Si hubiera que condensar en dos –sólo dos– palabras los 4.128 minutos de la serie, ésas serían: razón versus fe. Como lo dice el guionista Damon Lindelof y cerebro detrás de la adicción: “El show se bambolea entre lo sobrenatural y la ciencia actual, ficción y realidad, y se mezclan las explicaciones científicas con la magia y el mito”.
Hasta la 5a temporada, Lost era una serie bipolar: John Locke era el creyente (el que hablaba del destino, de lo que “la isla quiere”) y Jack Shephard representaba al hombre de ciencia (hasta que gritó “tenemos que volver” y los roles se alteraron). Al igual que los Otros y la Iniciativa Dharma (experimento sociológico, psicológico y más “ógicos”) con sus estaciones científicas (The Staff, The Arrow, The Swan, The Flame, The Pearl, The Orchid, The Hydra, The Looking Glass, The Tempest, The Lamp Post, donde se ve un péndulo de Foucault debajo de una iglesia). Y llegó la 5º –y los náufragos del Oceanic 815 salieron de la isla para luego volver– y todo volvió a cambiar. Otra vez.
> 4 8 15 16 23 42. Los guiños científicos están –como cualquier espectador con algún conocimiento lejano de historia de la ciencia habrá advertido– hasta en los nombres de personajes clave: Daniel Faraday (el joven físico que aparententemente sabe lo que pasa y no lo dice; bautizado en honor a Michael Faraday, 1791-1867, uno de los investigadores históricos en electromagnetismo, una de las cuatro fuerzas de la naturaleza), George Minkowski (oficial de comunicaciones del carguero que llega a la isla y se vuelve loco por los viajes en el tiempo; comparte el apellido con el matemático Hermann Minkowski, especialista en teoría de números y la teoría de la relatividad), Eloise Hawking (madre de Faraday, definida por Damon Lindelof como una “policía temporal”; su apellido hace clara referencia a Stephen Hawking).
Y eso sin contar a personajes como Juliet (especialista en fertilidad), Danielle Rousseau (miembro de una expedición científica francesa), Charlotte (antropóloga cultural). Los famosos números con los que empezó la serie (y después parecen haber sido olvidados) también serían explicados científicamente: 4, 8, 15, 16, 23 y 42 corresponderían –sólo dentro del universo de la serie– a una ecuación matemática (la “ecuación Valenzetti”) capaz de predecir la extinción de la especie humana (4 años, 8 meses, 15 días, 16 horas, 23 minutos, 42 segundos).
Lo cierto es que la historia de la isla se explica y gira alrededor de la anomalía electromagnética ubicada en las profundidades de la isla y que la Iniciativa Dharma habría logrado controlar (ver recuadro). O sea la “materia exótica” (“el combustible básico para los viajes en el tiempo”, en palabras del físico teórico Michio Kaku).
Como cualquier fanático, los investigadores también arrojan teorías. “La isla no se encuentra en la Tierra –apuesta el también físico estadounidense Richard Muller, que cita a Lost en sus clases–. Existe dentro de una grieta en el espacio-tiempo continuo. La isla está conectada con el Pacífico Sur por un agujero de gusano, y por la manipulación de esa comba se desplaza. Una vez que te percatás de la física de Lost, muchos de los giros en su trama se ubican en su lugar”.
Sólo habrá que esperar, ver y disfrutar.
“Los guionistas están muy bien asesorados”
“Hola. Soy el doctor Edgar Halliwax y éste es el video de orientación para la estación seis de la Iniciativa Dharma, La Orquídea –dice este extraño personaje en una cinta que Ben le muestra a Locke–. Las propiedades únicas de esta isla han creado una especie de ‘efecto Casimir’, permitiendo a la Iniciativa Dharma realizar experimentos únicos en el espacio y en el tiempo. Ésta es la cámara construida con un foco de lo que creemos que es materia exótica. Se debe tener mucho cuidado y evitar dejar material inorgánico dentro de ella. La energía electromagnética contenida en la isla puede ser altamente volátil e impredecible”.
Aunque se detuvo abruptamente, esta cinta es la clave del gran misterio de Lost. Y justamente de ella se sirven los físicos, como Fernando Lombardo (FCEyN, UBA), para buscar entenderla un poco más.
–En Lost, no todo es fantasía, ¿verdad?
–No. En la cuarta temporada se dispara la explicación científica. Los guionistas están muy bien asesorados. Viendo Lost, el espectador roza conceptos de mecánica cuántica y relatividad.
–Y sin saberlo.
–El meollo de la serie se encuentra en el “efecto Casimir”, predicho hace 60 años. Es un efecto de la mecánica cuántica que tiene que ver con fuerzas atractivas entre placas en escalas muy pequeñas, ya demostrado experimentalmente. Imaginate que tenés en vacío dos placas metálicas sin carga eléctrica. Y de repente empiezan a sentir una fuerza atractiva. Todos los físicos sabemos que existe. En la serie, alguna civilización habría acumulado la materia exótica que menciona Halliwax. Por su parte, la relatividad general, la teoría que describe la estructura del espacio-tiempo, admite agujeros de gusanos. Imaginate que el universo es como una hoja de papel. En un punto tenés a la Tierra y en un extremo una galaxia a diez mil millones de años luz. Ahora suponete que por alguna razón la hoja –el Universo– se curva y los dos puntos se acercan y se conectan a través de un agujero cuya distancia puede ser de kilómetros.
–Eso ocurre en Contacto y Event Horizon.
--Los agujeros de gusano son conocidos desde 1917 como soluciones a las ecuaciones de Einstein. Y no serían estables; colapsarían al intentar introducir en ellos materia común. Pero si tuvieras materia exótica, o sea que en vez de ser atraída por otra masa fuese repelida, el agujero de gusano quedaría estable. Esto permitiría que se abran en la isla ventanas temporales, que explicarían los viajes en el espacio y tiempo que, teóricamente, son admisibles. La gran pregunta que abre esto es qué pasa si viajás en el tiempo y matás a tu abuela.
–O si Sayid viaja y mata a Ben de chico.
–Los agujeros de gusano son como entradas de fibra óptica. Es como hacer una endoscopia y moverse por los intestinos del universo. La existencia de materia exótica explicaría por qué no se detecta desde afuera la isla. En la serie hay muy buena conjunción de ciencia y ficción; conceptos científicos ficcionados a través de un relato atractivo. Los miembros de la Iniciativa Dharma, al parecer, habrían logrado manejar la materia exótica y producir agujeros de gusano estables, como si se apretara un botón o se girase una rueda congelada.
Crítica Digital