En otras épocas, las principales víctimas de la guerra eran los soldados. Sin embargo,en la última década, se estima en 1’5 millones el número de niños y niñas muertos en conflictos armados. Otros 4 millones han quedado discapacitados, tullidos, ciegos o han sufrido lesiones cerebrales. Al menos 5 millones se han convertido en refugiados y 12 millones más se han visto desarraigados de sus comunidades. Un número mucho más grande ha sufrido un deterioro de su salud, nutrición y educación como resultado de la destrucción de las cosechas, infraestructuras, centros de salud y escuelas a causa de los conflictos.
La Convención de los "Derechos del Niño" que reconoce los derechos civiles, económicos, politicos, sociales y culturales, en su artículo 38 establece que ningún niños que no haya cumplido los 15 años de edad deberá participar directamente en hostilidades o ser reclutado por las fuerzas armadas. Todos los niños afectados por conflictos armados tienen derecho a recibir protección y cuidados especiales.
Esto,por ejemplo,son unas de las "tantas consecuencias" que dejo la guerra en Afganistan!
Los niños y la guerra
Los niños son las verdaderas víctimas inocentes de la guerra. En tiempos de conflicto, también ellos tienen que demostrar fortaleza y coraje, aunque no entiendan muy bien lo que ocurre a su alrededor.
Sus rostros expresan mucho más que los discursos de sus mayores.
Las duras condiciones en los campos de refugiados se reflejan en el rostro de esta niña afgana, con la piel quemada por el sol del desierto.
Muchas niñas afganas están recibiendo educación en escuelas de campaña en los campos de Quetta, en Pakistán. En la foto, la escuela Rabia Beulkhi, a la que acuden 800 refugiadas con edades entre los 6 y los 18 años.
Un pequeño carga con dificultad en su hombro una ración de agua para su familia en el campo de Makaki, mantenido por la Cruz Roja iraní y que da refugio a 6.000 afganos.
Algunas refugiadas trabajan para la organización Shuhada en Quetta, que da trabajo a mujeres tejiendo mantas por las que les pagan 45 rupias, poco más de 20 centavos de dólar.
Ahmed Ahmedzai, de tres años, ayuda a su padre a mantener la tumba y los jardines del emperador mogul Babur, al sur de Kabul. Los bombardeos y la guerra permanente durante 20 años no han dejado mucho arte en pie.
La escuela de Shamsshatoo, cercana a la ciudad paquistaní de Peshawar, en la que estudian algunos de los más de 10.000 afganos que abandonaron su país tras el 11 de septiembre.
En el desierto, hay poco con lo que jugar, pero los niños siempre encuentran algo con lo que entretenerse.
UN PADRE EJEMPLAR!
"La historia de "Ibrahim y Raad" es la historia de un vínculo vital de afecto y solidaridad que no tuvo final feliz...
Ibrahim Raad Nuri nació en la castigada ciudad de Bagdag, un año tras el final de la Guerra del Golfo de 1991, con una grave enfermedad coronaria que habría de mortificar su breve existencia y marcar para siempre la de su padre, Raad. Extremadamente frágil y necesitado de cuidados y atenciones permanentes, Ibrahim desarrolló una total dependencia hacia Raad, que asumió con entereza el papel de guardián y enfermero.
Desde entonces, y en espera de que su desarrollo físico permitiera una intervención quirúrgica, Ibrahim vivió -literalmente- en los brazos de su padre, única persona que toleraba a su lado.
Raad, ciudadano iraquí de 42 años, ingeniero industrial, casado y con dos hijos más, se vio trabajando, comiendo, rezando y durmiendo con su pequeño entre los brazos. La imagen de este hombre, alto y fuerte, fundido con una criatura tan frágil, expresaba una relación simbiótica conmovedora.
Pero en un país sumido en una catástrofe sanitaria, los desvelos de Raad no pudieron impedir el deterioro de la salud de Ibrahim, precisado de intervención urgente. Su última esperanza fue la iniciativa de la Campaña por el Levantamiento de las Sanciones a Iraq, que organizó el progresivo traslado a Madrid de chavales iraquíes con dolencias semejantes para que recibieran el tratamiento adecuado.
El corazón de Ibrahim no pudo soportar la espera y murió en los brazos de su padre, antes de cumplir cuatro años de edad. Murió, como millares de iraquíes, víctima de las terribles consecuencias del embargo.
Las fotografías fueron realizadas en "Bagdag" durante la primavera de 1996, pocos meses antes del fallecimiento de Ibrahim. Quieren ser homenaje a la nobleza y dignidad de un hombre,en el empeño por salvar la vida de su hijo.
Y también quieren ser una denuncia de la dramática insuficiencia de un buen corazón para sanar corazones enfermos".
Empieza el día y Raad asea cuidadosamente a Ibrahim!
Ibrahim toma con avidez su desayuno y ración de medicinas matinales...
Raad conduce hacia su trabajo durante casi una hora, con su hijo en brazos...
Raad es el director de una estación de mantenimiento de ambulancias del Ministerio de Sanidad, que más parece un cementerio de chatarra. La falta de repuestos y maquinaria han reducido la capacidad del parque al 5%.
Raad dirige el reciclaje de piezas. Nadie se extraña por la presencia de Ibrahim en los talleres.
Raad despacha con Ibrahim como testigo permanente.
En un pequeño descanso tras la comida Raad aprovecha para despachar con el personal de la estación.
De regreso a casa, la familia completa rodea al pequeño.Todo en la casa gira alrededor de las necesidades de Ibrahim.
La hermana de Ibrahim hace frecuentes demostraciones de afecto hacia su hermano, que jamás sonríe por nada.
Raad, musulmán practicante, realiza las abluciones previas a los rezos en presencia de Ibrahim, que vigila cada movimiento de su padre en una de las pocas ocasiones en que se aleja de sus brazos.
Raad reza con Ibrahim sobre sus hombros.
Un minúsculo vaso de leche completa la cena de Ibrahim, que sólo puede ingerir alimentos en pequeñas cantidades.
Raad guarda el sueño de Ibrahim mientras escucha la radio, lee o charla con su mujer, en el único instante del día que puede evadirse del contacto físico con el pequeño. Poco después irán a dormir juntos en la misma cama.
Contra la muerte y el silencio
Por el levantamiento del embargo y el fin de las agresiones contra Iraq!
UNA SIMPLE REFLEXION!
“El hombre primitivo vive en el hombre del Siglo XXI, que no se diferencia del hombre de las cavernas, sino en que sabe cubrir la desnudez de su cuerpo, arropando con la mentira, la desnudez de su alma"
Paz y amor,
Solimán!
FUENTE
SALUDOS!