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les transcribo una nota sobre Sendic realizada por Carlos María Gutiérrez para la Revista Brecha del día 27-IV-90

La propuesta de Sendic

La evocación, un año después de su muerte, de la figura del líder histórico de los Tupamaros por el Negro Gutiérrez tiene, leída hoy, una actualidad particular, en momentos en que algunos de los que reivindican su herencia llegan al gobierno al frente de la principal fuerza política de la izquierda.

Carlos María Gutiérrez
El año pasado, a la altura de igual abril, todos andábamos conmovidos y aturdidos ante la muerte de Sendic; era la hora del dolor y no del razonamiento, los días de haberlo perdido y no, todavía, los de apreciar, con los ojos secos y las manos firmes, la lección que heredábamos. Escribo en el plural pero no estoy refiriéndome esta vez sólo a quienes lo querían o a quienes lo seguían. Estoy hablando de todos; de la sociedad entera de este país pobre y atormentado donde hasta los políticos más conservadores o los dueños de todas las cosas materiales sintieron de pronto, siquiera por un instante y aunque no lo dijeran nunca, lo que todos sentíamos como una idea aún confusa: que había muerto un hombre necesario y que, de un modo inexpresable, la falta de ese ser humano empobrecía nuestro futuro.
Un año después aquella idea borrosa entre las lágrimas del pueblo que caminaba junto al ataúd, atravesando la ciudad consternada, se ha hecho nítida y es posible, además del dolor, la reflexión política sobre Raúl Sendic.

No le hubiera gustado que se lo evocara como a un político (aunque al principio había elegido “la política por otros medios”) y tenía razón, si se intentara compararlo con los políticos tradicionales de la izquierda. (Salvo con dos que, después de haberse abierto a las causas populares, empezaban a vislumbrar los motivos últimos del luchador social y quizás por ello fueron asesinados.) Sin embargo, ahora que la izquierda tiene responsabilidades de gobierno y ha convertido en realidad parcial la vieja utopía de ser el instrumento que empiece a modificar el sistema, en ese cambio cualitativo están, de muchos modos, las huellas de Sendic.

Sería aún polémico indicar los puntos de esa influencia: el proceso de las dos décadas anteriores todavía no admite el examen desapasionado de la historia. Nadie podría señalar en forma irrefutable, por ahora, los puntos concretos donde actuó esa influencia; nadie, tampoco, podría negarla. No estoy hablando de la lucha armada, ni siquiera de ideologías o concepciones sociales, sino de ese factor que el sistema político había resuelto despreciar pero que la sociedad guardaba en lo íntimo de su escala de valores y reencontraba en Sendic: el ser humano consagrado a liberar la vida de los otros hombres a través de la verdad de su propia vida.

Sendic no quería ser un político, pero ¿qué es la verdadera política sino la consagración de los mejores a la felicidad de los más? El hombre político, como instrumento individual, debía contener en sí mismo las cualidades que pedía al ser colectivo cuya conciencia transformará la sociedad. Sendic se ajustó a esa norma. De manera más alta que en el ajedrez rutinario de los partidos vino ejerciendo esa política nueva, tal vez sin advertir totalmente la situación, ya que, aparte de su maduración ideológica y de haber escogido sus caminos, su conducta de vida era la de siempre.

En 1985, cuando recién liberado se reintegró a la militancia en proyectos que correspondían a la época de paz, traía consigo ese estilo. La capacidad de convocatoria reapareció, aunque en el MLN una dirección colectiva, sin tomar los atajos que antes permitía la guerra, estaba aprendiendo a manejar la nueva pauta: insertar en la política corriente la vieja pureza, el viejo desinterés, el viejo sacrificio, la vieja solidaridad. Y también la nueva unidad que parte de la izquierda había descubierto en la cárcel.

En las mateadas que el MLN inventó como método de acercarse en la legalidad a la gente para oírla y ser oído, en el lenguaje coloquial que abandonó para siempre la retórica de los doctores (y mezclaba aun algunos lunfardos carcelarios que agregaban verdad a la comunicación) el país estaba asistiendo ya a una experiencia política distinta. El estilo era colectivo, pero nadie lo encarnó mejor, sin duda, que Sendic, proyectándolo casi míticamente en el ambiente nacional.

El Movimiento por la Tierra (su proyecto personal, que dejó en marcha) es típico de la concepción que Sendic tenía de la política, explicándola mejor con los hechos que con la teoría excesiva: una organización agraria, de tipo formativo, que fuera a cubrir las carencias humanas del agro y, en retorno, las necesidades de la gente, pero también, de varios modos, ámbito natural para que la gente fuese descubriendo su identidad común en los problemas básicos del país, por encima de los lemas partidarios; el Frente Grande, proyecto político paralelo, no podía entenderse como alianza de los estratos sociales afines si antes no entraba, como hecho de la realidad cotidiana, en la conciencia.

Creo sin embargo que la reflexión que permite este aniversario trasciende, incluso, los casos del Movimiento por la Tierra o la propuesta coyuntural del Frente Grande, para referirse a la condición misma de la sociedad necesaria. Hace unos días estuve en uno de los actos con que el Movimiento conmemora a Sendic, en un local donde los jóvenes se apiñaban y eran más que los veteranos. Muchos de esos jóvenes no habían nacido aún o eran niños escolares cuando la caída de Sendic en 1972 pareció liquidar su concepción de la vía de cambio. ¿Qué los había llevado a integrar una tarea relativamente oscura, que no prometía la realización individual o la aventura generosa de la lucha armada? ¿Qué movió a la gente de todos los partidos, a blancos y colorados también, a seguir con emoción pública las alternativas de la terrible enfermedad de Raúl en París y a ser sacudida por su muerte? ¿Por qué esa gente, blancos y colorados, caminó con decenas de miles en el cortejo fúnebre hasta La Teja? Esa adhesión generacional, esas manifestaciones plurales &endash;verdadero muestreo de las nuevas condiciones que van emergiendo en el país&endash; son por ahora la intuición de la gente, pero irán consolidando una exigencia: que la dirigencia política vaya aproximándose al ejemplo de Sendic si la política asume finalmente su verdadero carácter transformador y no se adultera como mera guardiana de un pasado muerto. Ya las mayorías están seguras de que esta sociedad no sirve y debe ser transformada de raíz. Resta completar el proyecto de la sociedad necesaria con la aparición del nuevo hombre social, producto de una emulación colectiva a partir del hombre nuevo en que se transforme el dirigente. Raúl Sendic continúa planteando hoy, a la izquierda y a todos los partidos, con las mismas modestia y obstinación que cuando estaba vivo, el cambio que debe empezar por cada uno de nosotros.



Video sencillo dedicado a Sendic

https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v/O6x9hoEg5ik&feature=player_embedded

Cielito de los tupamaros, versión Numa Moraes

https://ugc.kn3.net/s/http://www.youtube.com/v/5V7Aq5mxR4Y&feature=related
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