“Soldado rojo de las noticias” es la traducción de los cuatro caracteres chinos impresos en el brazalete que le fue impuesto a Li Zhensheng a finales de 1966, ocho meses después del estallido de la Gran Revolución Cultural Proletaria.
Li Zhensheng trabajaba, hacia 1960, en el “Diario de Heilongjiang”. Testigo privilegiado, en su calidad de fotógrafo propagandista al servicio de los movimientos que impulsaron la épica Revolución Cultural china, también será una víctima más; en un proceso por supuesto desviacionismo ideológico. Por ello, durante dos años trabajó en el campo desempeñando los trabajos manuales más duros.
Li Zhensheng plasmó la vida ordinaria: cómo trabajaban, se vestían y desfilaban los campesinos, el culto a Mao, la propaganda, la teatralidad de los mítines y también las degradaciones de altos cargos, castigos, y fusilamientos de disidentes. Y en los tiempos malos "empezó a fotografiar todo lo que podía ver y acumuló y ocultó como un hamster en su guarida para más tarde todo lo que podía ser considerado incorrecto".
Treinta mil sobres de papel marrón escondidos bajo el suelo de un piso a lo largo de 35 años, atados con gomas elásticas y ordenados según la época, el lugar y el tipo de película. Cada uno de ellos ocultaba un negativo dentro de una bolsita de papel. En Cada sobre, con delicada caligrafía china, aparecía una explicación detallada con nombres de personas, títulos oficiales, comunas, comarcas y acontecimientos específicos. Ésta es la historia que subyace tras Li Zhensheng, un fotógrafo chino en la Revolución Cultural
Formado en la línea de Sergei Eisenstein, Li Zhensheng observaba la realidad como un cineasta: Por secuencias, con campo y contracampo, se acerca, se aleja, gira y está en todas partes, como una cámara omnipresente que se desplaza para mostrar su sentido de la narración y del movimiento. Pero, consciente de ser un fotógrafo, Li recorta el espacio con precisión, se basa en los bordes de la imagen para reafirmar y dinamizar la composición, para establecer tensiones entre diferentes zonas, juega con los planos y sitúa en perspectiva para poner en diálogo al sujeto y su contexto, indican los expertos.
Los periódicos chinos de la época contaban con grandes equipos fotográficos, conscientes de su rol en la vanguardia de comunicación con el pueblo. La radio y esas imágenes eran el vehículo estatal de transmisión de propaganda en un país analfabeto y sin televisión. Li Zhensheng plasma la épica de los grandes espacios y las grandes masas, bajo celajes revueltos, al estilo de Eisenstein. Crea panorámicas a base de montar juntas varias instantáneas realizadas haciendo pivotar la cámara.
Li tenía una gran sensibilidad respecto al carácter esencialmente teatral de aquella revolución, (la quema de libros budistas, las denigraciones públicas de terratenientes o la niña recitando versos de Mao ante los delegados) y aplicaba por otro lado la mirada de Henri Cartier Bresson para plasmar lo cotidiano (la primavera emergiendo de la nieve en el campo de castigo, un fusilamiento de siete hombres y una mujer o los tres relojes incautados a un gobernador). Sólo una vez fotografió directamente a Mao.
Sobre su experiencia personal de la Revolución Cultural Li Zhensheng ha hecho pocos comentarios y sintetizó su opinión diciendo: «Fue un desastre humano como otros desastres que azotaron la humanidad a lo largo de la historia. Pero como dice un proverbio chino 'todo lo malo puede convertirse en bueno'».