Agua,
harina
y anarquía
Todo lo que nos rodea, por más mínimo y cercano que sea, tiene una historia. Aquí desempolvaremos la de los peculiares nombres de algunas facturas que habitualmente comemos en Argentina. Porque como dijo la filósofa Agnes Heller, “no conocemos lo que vemos, vemos lo que conocemos”. Vengan, prueben.
Martín Rodríguez Kedikian - [email protected]
Viena. 1529. La ciudad había sido sitiada por el ejército turco. Los ánimos estaban por el piso. La bandera roja con la media luna blanca amenazaba los territorios locales. Los reposteros vieneses, a fin de fortalecer el alicaído ánimo de la población local, se apropiaron del emblema de los sitiadores, la media luna musulmana, y la moldearon en sus hornos. Luego, los locales se asomaban a las murallas de la ciudad y masticaban ante los irritados soldados turcos su símbolo sagrado. Así nacía la medialuna.
Carlos, encargado y dueño de una histórica panadería familiar de Almagro, comparte su historia como parte de cuatro generaciones de panaderos: “Los nombres vienen casi todos de los primeros panaderos, que eran anarquistas. Y para demostrar su posición frente a la iglesia, la policía y los militares les pusieron esos nombres a las facturas. Todos irónicos.”
Allá por 1887, por iniciativa del anarquista italiano Ettore Mattei, se creó en Buenos Aires la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos. Junto a su compatriota y también anarquista Errico Malatesta organizaron la primera huelga del combativo Sindicato de Panaderos de la Argentina , en 1888. La lucha duró 10 días y terminó en triunfo, con redacción de estatutos incluida.
Fue en aquel momento que las facturas, algunas de origen europeo -como las ya mencionadas medialunas-, adquirieron apodos peculiares. En “homenaje” a la iglesia aparecieron entonces los sacramentos y las bolas de fraile -también llamados suspiro de monja-. Además, burlándose de los militares dieron luz a cañoncitos y bombas -y para mayor ironía, ambas son rellenas- y para mofarse de la policía moldearon facturas que bautizaron vigilantes, parecidas a los palos de los agentes.
El Sindicato de Panaderos, dirigido durante muchos años por anarquistas, se convirtió en uno muy fuerte, con capacidad de paralizar la actividad, pero además fue capaz de llegar con sus huelgas a las últimas condiciones, teniendo enfrentamientos armados con los patrones.
A medida que habla, a Carlos se le nota un dejo nostálgico que quizá tenga que ver tanto con la reminiscencia de la historia del oficio como la de su propia familia. “Claro, el sindicato de panaderos era muy fuerte. Era un sindicato con todas las letras, antes de que el peronismo los arruinara, los burocratizara. Si queríamos, dejábamos la ciudad sin pan. Hoy esto ya no pasa. Perdimos fuerza. Ahora hace pan cualquiera. Y con esto de la moda de comer light, al pan le ponen cualquier cosa. El pan es pan.”
Malatesta, uno de los dirigentes del Sindicato de Panaderos en la huelga de 1888.
Así como el sindicato era fuerte, la profesión de panadero (con la historia que llevaba detrás) se heredaba. Pero en la actualidad, en la era de la profesionalización de los oficios, cualquiera puede hacer una carrera de maestro pastelero y aprender los secretos de la cocción del pan, de las facturas y las tortas. Pero, ¿y los orígenes?
Al respecto, Carlos tiene una postura definida: “Ser panadero venía de familia. Si tu padre era panadero, vos seguías su negocio. Aprendías el oficio y pasabas tu vida en el rubro. Ahora cualquiera es panadero, y no sabe nada”.
- Pero se le puede enseñar. Me imagino que usted en algún momento tampoco supo...
- ¿Sabés lo que pasa? Ahora no sienten el negocio como propio, en parte porque no lo es. De hecho, yo conozco de la historia del oficio porque vengo de familia. Esta panadería está acá hace 20 años, e incluso me vi obligado, por suerte, a tomar gente. Pero estos chicos que me ayudan, entraron al rubro a los veintipico de años. Yo prácticamente nací lleno de harina , ¿entendés?
Así concluye esta breve reseña acerca de sucesos que derivaron en algunos nombres de facturas que todavía hoy, 122 años después, son moneda corriente en todas las panaderías de barrio, y que pocos conocen.
Todo lo que nos rodea, por más mínimo y cercano que sea, tiene una historia. Aquí desempolvaremos la de los peculiares nombres de algunas facturas que habitualmente comemos en Argentina. Porque como dijo la filósofa Agnes Heller, “no conocemos lo que vemos, vemos lo que conocemos”. Vengan, prueben.
Martín Rodríguez Kedikian - [email protected]
Viena. 1529. La ciudad había sido sitiada por el ejército turco. Los ánimos estaban por el piso. La bandera roja con la media luna blanca amenazaba los territorios locales. Los reposteros vieneses, a fin de fortalecer el alicaído ánimo de la población local, se apropiaron del emblema de los sitiadores, la media luna musulmana, y la moldearon en sus hornos. Luego, los locales se asomaban a las murallas de la ciudad y masticaban ante los irritados soldados turcos su símbolo sagrado. Así nacía la medialuna.
Carlos, encargado y dueño de una histórica panadería familiar de Almagro, comparte su historia como parte de cuatro generaciones de panaderos: “Los nombres vienen casi todos de los primeros panaderos, que eran anarquistas. Y para demostrar su posición frente a la iglesia, la policía y los militares les pusieron esos nombres a las facturas. Todos irónicos.”
Allá por 1887, por iniciativa del anarquista italiano Ettore Mattei, se creó en Buenos Aires la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos. Junto a su compatriota y también anarquista Errico Malatesta organizaron la primera huelga del combativo Sindicato de Panaderos de la Argentina , en 1888. La lucha duró 10 días y terminó en triunfo, con redacción de estatutos incluida.
Fue en aquel momento que las facturas, algunas de origen europeo -como las ya mencionadas medialunas-, adquirieron apodos peculiares. En “homenaje” a la iglesia aparecieron entonces los sacramentos y las bolas de fraile -también llamados suspiro de monja-. Además, burlándose de los militares dieron luz a cañoncitos y bombas -y para mayor ironía, ambas son rellenas- y para mofarse de la policía moldearon facturas que bautizaron vigilantes, parecidas a los palos de los agentes.
El Sindicato de Panaderos, dirigido durante muchos años por anarquistas, se convirtió en uno muy fuerte, con capacidad de paralizar la actividad, pero además fue capaz de llegar con sus huelgas a las últimas condiciones, teniendo enfrentamientos armados con los patrones.
A medida que habla, a Carlos se le nota un dejo nostálgico que quizá tenga que ver tanto con la reminiscencia de la historia del oficio como la de su propia familia. “Claro, el sindicato de panaderos era muy fuerte. Era un sindicato con todas las letras, antes de que el peronismo los arruinara, los burocratizara. Si queríamos, dejábamos la ciudad sin pan. Hoy esto ya no pasa. Perdimos fuerza. Ahora hace pan cualquiera. Y con esto de la moda de comer light, al pan le ponen cualquier cosa. El pan es pan.”
Malatesta, uno de los dirigentes del Sindicato de Panaderos en la huelga de 1888.
Así como el sindicato era fuerte, la profesión de panadero (con la historia que llevaba detrás) se heredaba. Pero en la actualidad, en la era de la profesionalización de los oficios, cualquiera puede hacer una carrera de maestro pastelero y aprender los secretos de la cocción del pan, de las facturas y las tortas. Pero, ¿y los orígenes?
Al respecto, Carlos tiene una postura definida: “Ser panadero venía de familia. Si tu padre era panadero, vos seguías su negocio. Aprendías el oficio y pasabas tu vida en el rubro. Ahora cualquiera es panadero, y no sabe nada”.
- Pero se le puede enseñar. Me imagino que usted en algún momento tampoco supo...
- ¿Sabés lo que pasa? Ahora no sienten el negocio como propio, en parte porque no lo es. De hecho, yo conozco de la historia del oficio porque vengo de familia. Esta panadería está acá hace 20 años, e incluso me vi obligado, por suerte, a tomar gente. Pero estos chicos que me ayudan, entraron al rubro a los veintipico de años. Yo prácticamente nací lleno de harina , ¿entendés?
Así concluye esta breve reseña acerca de sucesos que derivaron en algunos nombres de facturas que todavía hoy, 122 años después, son moneda corriente en todas las panaderías de barrio, y que pocos conocen.
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