Su voz tan particular, ese acento cordobés con tintes de malevo, dejó una huella imposible de obviar en los futboleros cordobeses. Por Víctor Cuello
Confieso que no he sido un oyente fiel de don Víctor. Mis gustos radiofónicos han mutado varias veces, siguiendo más que todo el estilo de los relatores. Pero a lo largo de tantos años de escuchar transmisiones de fútbol, si hiciera un ranking de la voz más presente no tengo dudas que es la de don Víctor. Es más, sería una irreverencia hacer tal ranking por la distancia abismal entre él y el resto. Si lo escuchaba a él, el dial no se movía. Si escuchaba a otro, inevitablemente hacía una pasadita para cotejar, comparar, saber qué decía él, don Víctor.
Su voz tan particular, ese acento cordobés con tintes de malevo, dejó una huella imposible de obviar en los futboleros cordobeses. Nadie como él para encender la ilusión de los hinchas con una de sus frases más logradas: “Se ve venir el gol”. Que alguien me desmienta: imposible no alimentar la esperanza cuando pronunciaba esas cinco palabras.
Para la gente fue Brizuela. “A ver qué dice Brizuela”, decíamos. Y lo escuchábamos decir: “El peor resultado del fútbol”, “Este equipo juega con 10 o sin 10”; frases que lanzaba cada vez que el trámite del partido se lo permitía. Para los periodistas, para los colegas, fue una suerte de figura intocable pero con flancos para criticar. De hecho, pocos nos privamos de hacerlo alguna vez.
Pero su grandeza y la impronta que dejó en la sociedad cordobesa son tan fuertes que unió a los hinchas de cualquier club cordobés en un canto único, inédito, que no debe tener parangón en ningún lugar del mundo: “¡Che Brizuela, hacenos la gauchada, decilo por la radio, que esta es una hinchada!”.
Ante semejante muestra de reconocimiento, de penetración en el paladar del soberano, sólo cabe sacarse el sombrero. Chapó, don Víctor. Y descanse en paz.
Su voz tan particular, ese acento cordobés con tintes de malevo, dejó una huella imposible de obviar en los futboleros cordobeses. Nadie como él para encender la ilusión de los hinchas con una de sus frases más logradas: “Se ve venir el gol”. Que alguien me desmienta: imposible no alimentar la esperanza cuando pronunciaba esas cinco palabras.
Para la gente fue Brizuela. “A ver qué dice Brizuela”, decíamos. Y lo escuchábamos decir: “El peor resultado del fútbol”, “Este equipo juega con 10 o sin 10”; frases que lanzaba cada vez que el trámite del partido se lo permitía. Para los periodistas, para los colegas, fue una suerte de figura intocable pero con flancos para criticar. De hecho, pocos nos privamos de hacerlo alguna vez.
Pero su grandeza y la impronta que dejó en la sociedad cordobesa son tan fuertes que unió a los hinchas de cualquier club cordobés en un canto único, inédito, que no debe tener parangón en ningún lugar del mundo: “¡Che Brizuela, hacenos la gauchada, decilo por la radio, que esta es una hinchada!”.
Ante semejante muestra de reconocimiento, de penetración en el paladar del soberano, sólo cabe sacarse el sombrero. Chapó, don Víctor. Y descanse en paz.
Víctor Brizuela era un hijo de los tiempos mágicos en el que el fútbol era un cuento que se contaba por radio. Por Alejandro Mareco.
La radio y el fútbol fue una combinación fascinante durante décadas y acaso también lo sigue siendo aun en tiempos de televisión. Cientos de multitudes se dejan presentir detrás de los micrófonos y estallan en primera persona junto al relator cuando se produce un gol. Toda la intensidad de una profunda pasión popular cabe, entonces, en un pequeño parlante que no necesita más fidelidad que la elemental que hace falta para descifrar las palabras. Es la radio, en su versión más potente y sencilla.
Él es fútbol, tan exaltador de emociones que es posible vivirlo a puro latido sin necesidad de verlo, sólo con imaginar lo que nos cuentan.
El relator le da fantasía y dramatismo a la verdad de las canchas; el comentarista es la palabra medida, reflexiva, la que dice la verdad profunda de lo que pasa. Se necesita equilibrio, o al menos mostrarse equilibrado, para que esa palabra cumpla con toda su intención sentenciosa; también se necesita credibilidad, y ser creíble depende de cosas tan sutiles e imprecisas, tan particulares como lo es cada vida.
Víctor Brizuela era un hijo de los tiempos mágicos en el que el fútbol era un cuento que se contaba por radio. Estaba empapado de fútbol y de radio; lo había visto casi todo en las canchas de Córdoba y del mundo, y sabía cómo hacer con esos gestos invisibles (pausas, modulaciones, reafirmaciones) para que sus palabras transmitieran el sentido que quería darles.
Víctor Brizuela era un hijo del pueblo: venía de lo profundo del barrio, de allí de donde vienen las multitudes que cantan en las canchas. Y supo contarles a los cordobeses el cuento que más les gusta durante décadas. No es poco privilegio para un muchacho nacido en Bella Vista: haber sido el elegido de las mayorías oyentes. No es poca pérdida para un pueblo que, durante décadas, entendió que nadie sabía contarles el cuento que más les gustaba como lo hacía Víctor Brizuela.
Fútbol Infantil, que inició Víctor Brizuela. Por Canal 12 pasaron figuras como Ardiles, Amuchástegui, Gasparini y Burdisso.
Cuando el domingo se enfrenten en las finales el Instituto Peña con el Corazón de María y Alta Gracia ante General Deheza, culminará una nueva edición del más antiguo de los programas de la televisión de Córdoba: Fútbol Infantil.
El histórico ciclo nació con el nombre de Baby Fútbol en la década del ’60 y ya es un clásico en la pantalla de Canal Doce.
El periodista Víctor Brizuela fue su mentor y lo condujo hasta mediados del ’70, cuando quisieron imponerle el nombre de Eva Perón al torneo y se negó a seguir produciéndolo.
“No quise mezclar el tema político con los chicos y mucho menos lucrar con eso”, señaló Brizuela a Mundo D.
Brizuela recuerda que durante las décadas del ’60 y ’70 mucha gente se acercaba a ver los partidos: “Nunca suspendimos un encuentro. Era como una tradición que tenían todos de ir a ver los partidos antes del almuerzo”. En sus inicios el campeonato se disputaba en una canchita ubicada en la planta transmisora del canal, en la subida del Cerro de Las Rosas.
Por allí pasaron grandes futbolistas de la talla de Osvaldo Ardiles, “la Araña” Amuchástegui, Emilio Nicolás Commisso, Eduardo “la Mamadera” Anelli y Roberto Gasparini, entre otros.
Segundo capítulo
En 1985 nació el Club de Empleados de Canal Doce de la mano de Mario Pratti como presidente y acompañado por un grupo de empleados del canal que, al año siguiente, volvió a poner en marcha el programa, esta vez denominado Fútbol Infantil.
Desde entonces el certamen se emitió en forma prácticamente ininterrumpida y se convirtió en un clásico de la pantalla cordobesa los domingos a la mañana.
Por el torneo han pasado varios jugadores que brillan o brillaron en los planteles profesionales del fútbol argentino y mundial. Entre los más destacados están Nicolás Burdisso (Roma-Altos de Chipión), Juan Menseguez (San Lorenzo-Corazón de María), Matías Oyola (Barcelona de Guayaquil-Río Cuarto), Martín Cardetti (ex River y París Saint Germain-Alcira Gigena), Valentín Brasca (Villarreal de España-Santo Tomás), Sebastián Brusco (ex Belgrano e Instituto-Taborin), Joel Barbosa (ex Boca y Talleres- Pérez Bulnes de Las Violetas), Cristian Rami (Boca Unidos-Inmaculada), Juan Cobo (Thrasivoulos de Grecia-Instituto Peña) y Leonardo Torres (Maipú de Mendoza-Santo Tomás).
Un caso curioso fue el paso de Gabriel Pozzo, quien se terminó consagrando como piloto de rally a nivel mundial y también lució sus gambetas en Canal Doce jugando para el Instituto Peña. No menos llamativo fue lo de Martín Bustos Moyano, que de chiquito raspaba de lo lindo jugando al fútbol para el colegio Inmaculada y ahora fue convocado al plantel mayor de Los Pumas.
En los equipos cordobeses hay varios jugadores que pisaron la canchita de barrio Los Bulevares: Silvio Romero (Instituto-Robles), Ignacio Griva (Instituto-Peña) Federico Silvestre (Instituto-Carrilobo), Facundo Agustinoy (Instituto-Hogar Inmaculada), Claudio Riaño (Racing-Santo Tomás) y Franco Soletti (Juniors-Santo Tomás), entre otros.
Apasionados del fútbol
Hay personajes que se repitieron y se repiten año a año en el programa: el padre Dionisio Pérez dirigiendo a los chicos del Santo Tomás, “la Wanora” Romero en La Inmaculada, Homero Báez en el Robles y José Moyano junto a los pibes del Hogar Inmaculada.
Tampoco faltan nunca los cientos de padres y madres que disfrutan y sufren a la par de sus hijos.
Otra cara infaltable cada domingo es la de José Henog, el “hincha de todos los equipos”, que jamás se pierde un partido pese a sus 80 y pico de años. “Hace más de 20 años que vengo a ver todos los partidos. He visto jugadores increíbles por esta cancha, aunque no todos llegaron a triunfar”, asegura el más imparcial de los simpatizantes.
En las finales del domingo, que enfrentarán a los mejores de Córdoba capital (Instituto Peña y Corazón de María) y a los más destacados de la zona interior (Alta Gracia y General Deheza), probablemente aparecerán en pantalla varios cracks del futuro. Será una buena oportunidad para empezar a conocerlos.
Luis López, el gran relator
Luis Alberto López fue durante 24 años el relator de los partidos en Fútbol Infantil. Antes y después de él pasaron muchos periodistas, entre los cuales se destacan José Luis Marchini, José Velazco, Jorge Bertolino, Mariano Marchini y Jorge Roca, entre otros. Actualmente los relatos y comentarios están a cargo de Damián Piazzi y Roberto Prato.
“Tengo un recuerdo muy lindo del programa. Formó parte de un momento muy lindo de mi vida”, asevera López.
“Lo que me daba mucha pena era ver llorar a los chicos cuando perdían. Pero me apasionaba relatar los partidos. Cuando Atenas jugó las finales en el Luna Park me volví volando desde allá porque no quería perderme el programa”, aseguró “el Rengo”.
El relator recuerda que durante unos años se jugaron finales ida y vuelta, entre el campeón de Córdoba capital y el del interior: “Nunca me voy a olvidar que en Laspiur, un pueblo de 2.200 personas, fueron más de mil a ver jugar a los chicos”.
El histórico ciclo nació con el nombre de Baby Fútbol en la década del ’60 y ya es un clásico en la pantalla de Canal Doce.
El periodista Víctor Brizuela fue su mentor y lo condujo hasta mediados del ’70, cuando quisieron imponerle el nombre de Eva Perón al torneo y se negó a seguir produciéndolo.
“No quise mezclar el tema político con los chicos y mucho menos lucrar con eso”, señaló Brizuela a Mundo D.
Brizuela recuerda que durante las décadas del ’60 y ’70 mucha gente se acercaba a ver los partidos: “Nunca suspendimos un encuentro. Era como una tradición que tenían todos de ir a ver los partidos antes del almuerzo”. En sus inicios el campeonato se disputaba en una canchita ubicada en la planta transmisora del canal, en la subida del Cerro de Las Rosas.
Por allí pasaron grandes futbolistas de la talla de Osvaldo Ardiles, “la Araña” Amuchástegui, Emilio Nicolás Commisso, Eduardo “la Mamadera” Anelli y Roberto Gasparini, entre otros.
Segundo capítulo
En 1985 nació el Club de Empleados de Canal Doce de la mano de Mario Pratti como presidente y acompañado por un grupo de empleados del canal que, al año siguiente, volvió a poner en marcha el programa, esta vez denominado Fútbol Infantil.
Desde entonces el certamen se emitió en forma prácticamente ininterrumpida y se convirtió en un clásico de la pantalla cordobesa los domingos a la mañana.
Por el torneo han pasado varios jugadores que brillan o brillaron en los planteles profesionales del fútbol argentino y mundial. Entre los más destacados están Nicolás Burdisso (Roma-Altos de Chipión), Juan Menseguez (San Lorenzo-Corazón de María), Matías Oyola (Barcelona de Guayaquil-Río Cuarto), Martín Cardetti (ex River y París Saint Germain-Alcira Gigena), Valentín Brasca (Villarreal de España-Santo Tomás), Sebastián Brusco (ex Belgrano e Instituto-Taborin), Joel Barbosa (ex Boca y Talleres- Pérez Bulnes de Las Violetas), Cristian Rami (Boca Unidos-Inmaculada), Juan Cobo (Thrasivoulos de Grecia-Instituto Peña) y Leonardo Torres (Maipú de Mendoza-Santo Tomás).
Un caso curioso fue el paso de Gabriel Pozzo, quien se terminó consagrando como piloto de rally a nivel mundial y también lució sus gambetas en Canal Doce jugando para el Instituto Peña. No menos llamativo fue lo de Martín Bustos Moyano, que de chiquito raspaba de lo lindo jugando al fútbol para el colegio Inmaculada y ahora fue convocado al plantel mayor de Los Pumas.
En los equipos cordobeses hay varios jugadores que pisaron la canchita de barrio Los Bulevares: Silvio Romero (Instituto-Robles), Ignacio Griva (Instituto-Peña) Federico Silvestre (Instituto-Carrilobo), Facundo Agustinoy (Instituto-Hogar Inmaculada), Claudio Riaño (Racing-Santo Tomás) y Franco Soletti (Juniors-Santo Tomás), entre otros.
Apasionados del fútbol
Hay personajes que se repitieron y se repiten año a año en el programa: el padre Dionisio Pérez dirigiendo a los chicos del Santo Tomás, “la Wanora” Romero en La Inmaculada, Homero Báez en el Robles y José Moyano junto a los pibes del Hogar Inmaculada.
Tampoco faltan nunca los cientos de padres y madres que disfrutan y sufren a la par de sus hijos.
Otra cara infaltable cada domingo es la de José Henog, el “hincha de todos los equipos”, que jamás se pierde un partido pese a sus 80 y pico de años. “Hace más de 20 años que vengo a ver todos los partidos. He visto jugadores increíbles por esta cancha, aunque no todos llegaron a triunfar”, asegura el más imparcial de los simpatizantes.
En las finales del domingo, que enfrentarán a los mejores de Córdoba capital (Instituto Peña y Corazón de María) y a los más destacados de la zona interior (Alta Gracia y General Deheza), probablemente aparecerán en pantalla varios cracks del futuro. Será una buena oportunidad para empezar a conocerlos.
Luis López, el gran relator
Luis Alberto López fue durante 24 años el relator de los partidos en Fútbol Infantil. Antes y después de él pasaron muchos periodistas, entre los cuales se destacan José Luis Marchini, José Velazco, Jorge Bertolino, Mariano Marchini y Jorge Roca, entre otros. Actualmente los relatos y comentarios están a cargo de Damián Piazzi y Roberto Prato.
“Tengo un recuerdo muy lindo del programa. Formó parte de un momento muy lindo de mi vida”, asevera López.
“Lo que me daba mucha pena era ver llorar a los chicos cuando perdían. Pero me apasionaba relatar los partidos. Cuando Atenas jugó las finales en el Luna Park me volví volando desde allá porque no quería perderme el programa”, aseguró “el Rengo”.
El relator recuerda que durante unos años se jugaron finales ida y vuelta, entre el campeón de Córdoba capital y el del interior: “Nunca me voy a olvidar que en Laspiur, un pueblo de 2.200 personas, fueron más de mil a ver jugar a los chicos”.
¡Che, Brizuela, decilo por la radio...!
“El Negro” fue un embajador autodesignado de las virtudes y defectos de los cordobeses en todas las canchas del mundo. Por Ángel Stival.
“Hola, amigo”, saludaba Víctor, buscando la cercanía de una tonada cordobesa en las calles de la lejana Sydney o en los pasillos del imponente hotel Nikko Darling Harbour, adonde había ido a parar la selección argentina de fútbol en 1993, luego de la catástrofe del 0-5 de Colombia en el Monumental.
La misma actitud se le reconocía en Japón 2002 –casi personalizada, ya que, por la crisis de 2001, fuimos allí muy pocos–, el Mundial de la gran frustración. “Ya viene el gol, amigo”, nos decía palmeándonos la rodilla con el corazón de hincha en la mano, olvidado de su condición de periodista.
Precisamente, esa capacidad para leer los partidos y predecir lo que ocurriría, incluso el bello capricho del gol, era una de sus marcas distintivas.
Pero aquella vez se equivocó, el gol no llegó y el regreso a casa del equipo de Marcelo Bielsa en la primera ronda resultó uno de sus tragos más amargos.
También se recuerda su hazaña notable de 1998, cuando estuvo en persona, casi al mismo tiempo, aviones de por medio, en un partido de la selección en el Mundial de Francia y en una apasionante final de campeonato que definían en el Chateau Talleres y Belgrano.
Víctor Brizuela fue un extraordinario comentarista de fútbol y un virtuoso de la entrevista a deportistas, dirigentes y técnicos que a él siempre le decían algo más. Como tal, marcó un hito en el periodismo deportivo cordobés, donde habrá un antes y un después de Víctor.
Pero también fue un embajador autodesignado de las virtudes y defectos de los cordobeses en todas las canchas del mundo. La cancha era su recinto sagrado, su iglesia, y nunca pudo entender cómo había gente que prefería quedarse sentada en el living de su casa frente al televisor para ver un partido, sin sentir el ruido, el olor, el color y la pasión del estadio.
Esa pasión lo embargaba al punto de cruzar muchas veces la barrera que separa al periodista de los hechos, de no resistir la tentación de influir de manera decisiva en los acontecimientos que había sido llamado a contar. Fue uno de los últimos exponentes del poder de la radio. Su opinión pesaba, producía efectos y cambios en la realidad y, por eso, no se puede soslayar su figura a la hora de escribir la historia del fútbol cordobés de los últimos 40 años.
En su transcurso, encabezó combates memorables, mientras recordaba su pasión por Bella Vista, para que nadie pudiera enrostrarle banderías por alguno de los clubes “grandes”.
La cancha era su vida. Murió viviendo allí. Miles de estadios lo velan y extrañan aquel latiguillo popular: “Che, Brizuela, decilo por la radio”.
La misma actitud se le reconocía en Japón 2002 –casi personalizada, ya que, por la crisis de 2001, fuimos allí muy pocos–, el Mundial de la gran frustración. “Ya viene el gol, amigo”, nos decía palmeándonos la rodilla con el corazón de hincha en la mano, olvidado de su condición de periodista.
Precisamente, esa capacidad para leer los partidos y predecir lo que ocurriría, incluso el bello capricho del gol, era una de sus marcas distintivas.
Pero aquella vez se equivocó, el gol no llegó y el regreso a casa del equipo de Marcelo Bielsa en la primera ronda resultó uno de sus tragos más amargos.
También se recuerda su hazaña notable de 1998, cuando estuvo en persona, casi al mismo tiempo, aviones de por medio, en un partido de la selección en el Mundial de Francia y en una apasionante final de campeonato que definían en el Chateau Talleres y Belgrano.
Víctor Brizuela fue un extraordinario comentarista de fútbol y un virtuoso de la entrevista a deportistas, dirigentes y técnicos que a él siempre le decían algo más. Como tal, marcó un hito en el periodismo deportivo cordobés, donde habrá un antes y un después de Víctor.
Pero también fue un embajador autodesignado de las virtudes y defectos de los cordobeses en todas las canchas del mundo. La cancha era su recinto sagrado, su iglesia, y nunca pudo entender cómo había gente que prefería quedarse sentada en el living de su casa frente al televisor para ver un partido, sin sentir el ruido, el olor, el color y la pasión del estadio.
Esa pasión lo embargaba al punto de cruzar muchas veces la barrera que separa al periodista de los hechos, de no resistir la tentación de influir de manera decisiva en los acontecimientos que había sido llamado a contar. Fue uno de los últimos exponentes del poder de la radio. Su opinión pesaba, producía efectos y cambios en la realidad y, por eso, no se puede soslayar su figura a la hora de escribir la historia del fútbol cordobés de los últimos 40 años.
En su transcurso, encabezó combates memorables, mientras recordaba su pasión por Bella Vista, para que nadie pudiera enrostrarle banderías por alguno de los clubes “grandes”.
La cancha era su vida. Murió viviendo allí. Miles de estadios lo velan y extrañan aquel latiguillo popular: “Che, Brizuela, decilo por la radio”.
Y el multitudinario y sentido adiós a Víctor Brizuela, "la voz del fútbol"
En medio de aplausos y vítores, una multitud despidió al creador y conductor de "Sucesos Deportivos", quien falleció a los 77 años en Córdoba. Sus restos descansan en el cementerio San Jerónimo.
En medio de cánticos futboleros y aplausos, una multitud despidió los restos del periodista deportivo Víctor Brizuela, creador y conductor del programa “Sucesos Deportivos”, que se emite de forma ininterrumpida por Cadena 3 desde 1993.
Banderas de todos los clubes de Córdoba, decenas de coronas florales acompañan el cortejo fúnebre hasta el cementerio San Jerónimo, donde su cuerpo fue sepultado en el panteón "Corazón de María".
Al velatorio, realizado en una sala de bulevar San Juan al 537 en la ciudad de Córdoba, llegaron numerosas personalidades del deporte, el periodismo, la cultura y la política.
Hijo de un secretario gremial del calzado y de una portera de escuela y legendaria militante radical, Víctor Brizuela se transformó a fuerza de trabajo y sapiencia en el referente del periodismo deportivo no sólo de Córdoba sino del país.
Comenzó su carrera como cronista en la radio LV2 en 1952, siendo parte del programa "Rincón Deportivo", que conducía José Noa. Y a partir de 1960 impulsó su propio espacio: Sucesos Deportivos.
Brizuela, oriundo del barrio cordobés de Bella Vista, también trabajó en televisión y en la prensa escrita, pero lo suyo era la radio y en 1999 inauguró su propia emisora, "Radio Sucesos".
Meses atrás recibió un trasplante de riñón, que finalmente, no funcionó según los previsiones de los médicos.
Pero a poco de haber sido intervenido quirúrgicamente, Brizuela cruzó el charco y fue a comentar el partido entre Argentina y Uruguay, que le dio el pasaporte al seleccionado nacional para Sudáfrica 2010.
Fue premiado con el Martín Fierro, el Broadcasting de Platino y el premio Santa Clara de Asís.
Las voces de quienes lo admiraron
Rubén Torri: "Nunca dejó Córdoba como testimonio de su vocación cordobesa, su forma de ser localista, fue un periodista que amó profundamente el fútbol de Córdoba”.
Miguel Clariá: "Sabía que había tenido menos oportunidades académicas que otros. Pero, además del fútbol, el tango y la noche, le gustaba extraordinariamente aprender. Y aprendió a manejar el castellano, la lengua, como no la manejan los profesores de las universidades más importantes del mundo. Lo hizo prestando atención, con intuición, leyendo y viajando", agregó.
Osvaldo Wehbe: “Víctor ya debe estar acreditado para el primer mundial del cielo. No habrá nadie que pueda reemplazarlo".
Héctor "Chocolate" Baley: "Sabía mucho de vestuarios. Éramos amigos pero si me tenía que pegar al aire, lo hacía. Así fuimos ganando una relación muy importante. ¡Cómo se lo va a extrañar”.
Eduardo Angeloz: “Me pareció importante, cuando estuvimos en el gobierno, convocarlo para que estuviera a cargo de la Subsecretaría de Deportes. Era costumbre nuestra, cuando salíamos de gira, ir con los ministros y entre ellos iba Víctor. Era más conocido que los propios ministros cuando viajábamos hacia el interior. La gente se acercaba para conocer sus juicios. Fue muy buen amigo y siento mucho su desaparición”.
Cacho Fontana: "Víctor tenía la voz de la pelota, su voz era el tercer momento del partido".
Banderas de todos los clubes de Córdoba, decenas de coronas florales acompañan el cortejo fúnebre hasta el cementerio San Jerónimo, donde su cuerpo fue sepultado en el panteón "Corazón de María".
Al velatorio, realizado en una sala de bulevar San Juan al 537 en la ciudad de Córdoba, llegaron numerosas personalidades del deporte, el periodismo, la cultura y la política.
Hijo de un secretario gremial del calzado y de una portera de escuela y legendaria militante radical, Víctor Brizuela se transformó a fuerza de trabajo y sapiencia en el referente del periodismo deportivo no sólo de Córdoba sino del país.
Comenzó su carrera como cronista en la radio LV2 en 1952, siendo parte del programa "Rincón Deportivo", que conducía José Noa. Y a partir de 1960 impulsó su propio espacio: Sucesos Deportivos.
Brizuela, oriundo del barrio cordobés de Bella Vista, también trabajó en televisión y en la prensa escrita, pero lo suyo era la radio y en 1999 inauguró su propia emisora, "Radio Sucesos".
Meses atrás recibió un trasplante de riñón, que finalmente, no funcionó según los previsiones de los médicos.
Pero a poco de haber sido intervenido quirúrgicamente, Brizuela cruzó el charco y fue a comentar el partido entre Argentina y Uruguay, que le dio el pasaporte al seleccionado nacional para Sudáfrica 2010.
Fue premiado con el Martín Fierro, el Broadcasting de Platino y el premio Santa Clara de Asís.
Las voces de quienes lo admiraron
Rubén Torri: "Nunca dejó Córdoba como testimonio de su vocación cordobesa, su forma de ser localista, fue un periodista que amó profundamente el fútbol de Córdoba”.
Miguel Clariá: "Sabía que había tenido menos oportunidades académicas que otros. Pero, además del fútbol, el tango y la noche, le gustaba extraordinariamente aprender. Y aprendió a manejar el castellano, la lengua, como no la manejan los profesores de las universidades más importantes del mundo. Lo hizo prestando atención, con intuición, leyendo y viajando", agregó.
Osvaldo Wehbe: “Víctor ya debe estar acreditado para el primer mundial del cielo. No habrá nadie que pueda reemplazarlo".
Héctor "Chocolate" Baley: "Sabía mucho de vestuarios. Éramos amigos pero si me tenía que pegar al aire, lo hacía. Así fuimos ganando una relación muy importante. ¡Cómo se lo va a extrañar”.
Eduardo Angeloz: “Me pareció importante, cuando estuvimos en el gobierno, convocarlo para que estuviera a cargo de la Subsecretaría de Deportes. Era costumbre nuestra, cuando salíamos de gira, ir con los ministros y entre ellos iba Víctor. Era más conocido que los propios ministros cuando viajábamos hacia el interior. La gente se acercaba para conocer sus juicios. Fue muy buen amigo y siento mucho su desaparición”.
Cacho Fontana: "Víctor tenía la voz de la pelota, su voz era el tercer momento del partido".
Se te va a extrañar mucho maestro!
nos vemos negroo!!!

nos vemos negroo!!!el negro se fue de gira, te vamos a extrañar y gracias por todo
como se va extrañar el "Se ve venir el Gol!!!!!!!"
Che brizuela, decilo desde el cieloo que esta es tu hinchada!!!!!