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Este es mi primer post, elegí como tema el bicentenario, espero que a los que estén estudiando, les sirva en ello, y a los apasionados de la historia, les sirva para ver que las cosas no siempre son lo que parecen.

La historia ha mitificado a los "héroes que nos dieron patria" como personajes de un carácter ideal que raya en la perfección, sin embargo, ellos también eran hombres y mujeres de carne y hueso; una corriente de historiadores investiga y reescribe la vida de estos personajes.

desmitificacion historica

Si se rompe el nicho de su mito, el cura Miguel Hidalgo y Costilla se asoma con dos rostros; algunos afirman que procreó hijos, otras fuentes sostienen que fue un mujeriego y apasionado de las mujeres que cuidó de no engendrar, es probable que durante el porfirismo, con el objetivo de humanizar mas al héroe y deslindar su figura de la iglesia, el gobierno haya inventado la paternidad.
Una de sus mujeres, según el biógrafo José María de la Fuente, fue Josefa Quintana, una mujer hermosa, que lo sedujo con el movimiento de sus ojos. Con ella tuvo dos hijas que quedaron en el mundo sin apellido paterno y fueron fugitivas constantes de lo espías de la inquisición: Micaela y María.
La investigación de José María Villalpando, catedrático de la escuela libre de derecho y autor de biografías históricas, expone lo contrario: "Hidalgo jamás procreó y ello consta en el acta de su confesión."
Sin embargo, era mujeriego. Alejandro Rosas, coordinador de investigación histórica de la editorial clío hasta el 2000, cuenta esta anécdota: "en 1808, durante una fiesta, ya entrado en copas, observaba con detenimiento a la esposa de un alcalde:
-Señor cura, ¿le gusta mi crucifijo?
-No, me gustan mas los campanarios, contestó el.
Este cura no fue especialmente un descarriado. Era un hombre con buenas intenciones, tumultuoso, leal a su propio ímpetu y orador con virtudes. Descendía en forma directa de españoles: de joven era rubio, de ojos verdes penetrantes y labios delgados. La madrugada del 16 de Septiembre, Hidalgo es un anciano que inicia la acción mas determinante de su existencia. Sabía que estaba perdido porque otro conspirador, el capitán Joaquín Arias, lo había denunciado. Es la noche en que el cura empieza a fabricar su heroicidad: en Dolores toma como reo al subdelegado Nicolás Fernández del Rincón y a 17 españoles, se apodera de los fondos públicos y en la parroquia llama a misa. A tal episodio, Villalpando le atribuye una motivación extraña que jamás fue incluida en los libros de texto: “Hidalgo, como él mismo lo confesó, inició la guerra por algo llamado frenesí, un ataque temporal de locura. No se trataba de un loco de atar; pero sí era un hombre desaforado, que no midió sus actos y cometió atrocidades.”
De Hidalgo existe una abundante documentación histórica, y pocas veces se le caracteriza como un tipo sanguinario. Acerca de sus acciones en la guerra, fuentes contemporáneas difieren de aquel Hidalgo patriótico y al mismo tiempo apacible y pacífico. Le adjudican al cura un espíritu bélico que lo llevo a cometer matazones a cuchillo limpio.
En Guanajuato tenía un amigo carnicero y le pidió que destazara a los 17 españoles capturados en la madrugada del 16 de Septiembre. Después, repicó frenético en la campana de Dolores.
Esta es una historia de impulsos. El cura Hidalgo fue trágicamente consciente de vivir con furia y, según consta en su causa inquisitorial, se arrepintió de sus acciones desbocadas. En ese documento también reconoció que el motor del movimiento de la independencia no fue él, sino Ignacio Allende.
El escritor José Luis Mazoy, autor del libro el caudillo pillo, una novela sobre la vida excesiva del cura, expresa su evaluación: “Fue un buen hombre, bien intencionado, consciente de todas sus limitaciones y del problema que lo rodeaba; pero él mismo supo de sus impulsos. Hidalgo solo fue un hombre que se salió del huacal.”
La desmitificación, la humanización de los personajes históricos, molesta e indigna a los políticos del régimen priista. Griselda Álvarez, primera gobernadora en la historia de México, investigadora y poetisa, exclama: “es un gravísimo error tratar de cambiar el aspecto de los héroes para hacerlos más humanos, es hacerlos mas pequeños. México atraviesa una época difícil, ¿vamos a aumentarle dificultades?”.

allende


El primer gran dato inesperado del sucesor de Hidalgo: Morelos si tenía hijos. Este hombre que quedó en la historia como el caudillo con mayor visión social de la causa de la insurgencia, rompió su juramento de celibato. Se convirtió en traidor cuando denunció a sus compañeros, a todos y cada uno de los conspiradores.
El acta de su confesión en poder de historiadores es la fuente de estos hechos terribles en la biografía de Morelos. Una vez que es aprehendido, la Inquisición le ofrece la confesión a cambio de la delación de los orquestadores de la insurgencia. “Confesar es un hecho natural y lógico para cualquier católico”, expone el especialista José Luis Mazoy.
Morelos cuenta ante los inquisidores: aquí está escondido este, allá está aquél, las armas las tiene aquí.
Este también es el momento tortuoso en el que reconoce que procreó a Juan Nepomuceno Almonte, con Brígida Almonte. En su confesión, el cura Morelos diría mas sobre sí mismo: mantuvo un romance con “la rosa del sur”, una soldadera que lo acompañó por ciudades y montes, una insurgente.
Los libros de texto establecen que fue Morelos quien, con la intención de establecer un gobierno que representara a la nación, instaló en Chilpancingo el primer Congreso, en 1813, donde se formuló de un modo preciso la idea de Independencia.
Porque en realidad Morelos era un hombre de ideas. Un tipo que nació entre el pueblo y se ordenó sacerdote. Desde fuera, desde la remota distancia de los documentos en torno a la independencia, Morelos es un señor carismático. Hoy, admite José María Villalpando, Morelos es un personaje que “le gusta a priistas, panistas y perredista. Los presidentes modernos lo han honrado con la afirmación de que ejercen sus preceptos”. La leyenda oficial lo ha dibujado como el personaje menos controvertido, un hombre emotivo y conmovedor.

independencia


Entre los héroes patrios, quien más odiaba a España era Ignacio Allende. Desde los 40, los libros de texto han fomentado esta caracterización del conspirador: era un criollo rico a quien la corona española le había impuesto altos cobros por sus propiedades. En 1810 tiene 40 años y es mesurado y formal. Quiere una batalla pequeña sin grandes alborotos. Esta es una de las razones por las que discute con acaloramiento con Hidalgo.
En realidad, Allende e Hidalgo eran enemigos, plantea la corriente desmitificadora de investigadores. Siempre discutieron mucho y se odiaron. Resultado de este encono fue la intención firme de Allende de envenenar al cura. Deseaba eliminarlo de la contienda para obtener la liberación de la corona y para ello obtuvo la anuencia del vicario de la catedral.
Pero el cura Hidalgo no podía ser envenenado, al menos estratégicamente; Allende quedó imposibilitado para matarlo.
El cura era tumultuoso, capaz de reunir a decenas de fanáticos. Algunos indígenas se habían convertido en sus fieles protectores y probaban cada uno de sus alimentos.
El abismo por el que puede desplomarse Allende, la puerta hacia su humanización es un amor. Antes del prendimiento, Allende visitaba la casa de los corregidores de Querétaro porque pretendía a la hija mayor de éstos, que en ese entonces tenía 16 años. El era un viudo atildado. Sus recurrentes visitas a Querétaro no eran moralmente condenadas.
Aunque otra historia se desencadenaba en aquella mansión: la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez se convirtió en su amante. La historia del romance entre Ignacio Allende y Josefa Ortiz es al mismo tiempo de traición y lealtad. En 1810, ella es una ama de casa de un esplendor mestizo: está entrada en carnes, luce sensual, sexual y elegante. Si bien su participación influyente en la lucha por la independencia no es reconocida por algunas fuentes, no existe duda de su presencia en la casa donde se elaboró el plan del pronunciamiento. Tampoco se niega su apego por Ignacio Allende.
Él era un hombre sagaz, de convicciones, pero se equivocó en el planteamiento de la revolución. Quería una batalla rápida y sin los tumultos a los que convocaba Hidalgo. En una narración hecha a los editores del periódico liberal la Revolución, que en 1855 se editaba en Guadalajara y cuya copia difundió el diario Novedades en 1962, Epigmenio González, un insurgente ignorado le adjudica a Allende desconocimiento de su propia circunstancia: “…Más de la mitad de los Mexicanos hicieron causa con España, unos movidos por el fanatismo religioso…”
A pesar de su displicencia, Allende estaba inquieto por dos consideraciones: los altos impuestos de España para los criollos y el estado de guerra en que se encontraba la península en 1810. Sabía que tal oportunidad podría no volver a presentarse.
La noche del 15 de septiembre, cuando los conspiradores son delatados, Josefa está encerrada en sus habitaciones. El mismo corregidor la encerró. El historiador José María Villalpando deduce que Miguel Domínguez sabía de la traición amorosa. Ella le envía una carta a Allende y lo entera de que todo está perdido.
Su amorío constituye uno de los episodios mas turbulentos en la historia desmitificada de la independencia. Según Villalpando, la noche del grito ella lleva en el vientre a una hija de Allende, de tres meses de gestación.

guerrero


Esa niña jamás vivirá con sus padres. Quedará recluida toda su vida en un convento. Convertida en monja, reclamará al gobierno una pensión porque es hija de Allende y la corregidora. Villalpando considera este hecho como probatorio del romance entre Allende y Josefa. Según el, la petición de la pensión consta en documentos. En la novela los pasos de López, Jorge Ibargüengoitia hace una recreación de la posibilidad de este amor que surgió de una conspiración.

De hecho, mucho en la vida de la corregidora estuvo envuelto en secretos. Cuando Miguel Domínguez, el marido traicionado, conoce a Josefa, era un hombre casado.
Domínguez gozaba de reputación: era abogado, y tenía a cargo la administración del colegio de las Vizcaínas, un albergue para niñas huérfanas. En ese ambiente había crecido Josefa Ortiz. Cuando él la ve por primera vez, es una adolescente de piel oscura y cuerpo voluptuoso.
El romance se inició dentro del colegio. El adúltero Miguel Domínguez no podía adivinar que años después le esperaría un futuro de engaño y deslealtad. Con Josefa, casi niña, procrea dos hijos fuera del matrimonio. Tiempo después ella es llevada a vivir a otro lado.
En ese entonces, la población total de la Nueva España se calculaba en unos 6 millones de individuos repartidos en un valle extenso y muy rico. Era un virreinato frecuentemente arrasado por los escándalos de la aristocracia. Josefa Ortiz y Miguel Domínguez vivieron uno.
Quiso el destino que la esposa legítima de Domínguez muriera. Casi de inmediato, Miguel y Josefa contrajeron nupcias en absoluto sigilo, según consta en la partida de matrimonio encontrada por el investigador Villalpando en los llamados secretos de Mitla. para evitar la propagación de su historia truculenta, se convirtieron en corregidores de Querétaro y abandonaron la ciudad de México.
Las puertas del mundo se abrieron para doña Josefa. Fue a vivir a una casa que no desmerecía el brillo de la época, entre una colección de libros y arte, donde además se acogían destacados hombres ilustrados para hablar y discutir; después para conspirar en contra de la realeza. Con este primor se construyó el personaje de la corregidora y en tal ambiente se supone que amó con locura a Ignacio Allende.

En 1971, el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez ordenó por decreto que el consumador de la independencia era Vicente Guerrero. Los historiadores José María Villalpando y Alejandro Rosas consideran este hecho como algo “gracioso” que se apunta en la fabricación de mitos. Según ellos el desenlace ocurrió de otra manera.
Guerrero es el caudillo mas arraigado a la tierra Mexicana, un hombre iletrado, muy terco, alejado del criollismo, crecido entre los montes.
Su gran oportunidad histórica estriba en que fue el sucesor de Morelos y su característica principal es su resistencia: se mantuvo muchos años en las montañas del sur, como un problema para el gobierno.
El criollo que es Iturbide lo convenció para que se uniera a la consumación de la independencia. Guerrero aceptó.

Ortiz


Los años pasaron y Vicente Guerrero se convirtió en presidente de México. En ese entonces no sabía leer ni escribir. El congreso lo declaró incapaz por su incultura. “Para entonces, guerrero había caído bajo la influencia de personajes masones y especialmente bajo del embajador de Estados Unidos. Esa es la historia de México a partir de Guerrero”, expresa Villalpando.
En la red de mitos y cuentos, el personaje con menor reconocimiento de valentía y heroicidad es Iturbide. Este criollo rico que se atrevió a encarar a Guerrero para acabar con la guerra no recibe ni un viva la noche del 15 de septiembre. Desde 1921 quedó excluido del himno nacional y el congreso mandó quitar su nombre de la lista de celebridades.
En 1947, la SEP autorizó una edición en la que IV y VII estrofas quedarían borradas del himno. Las razones: la IV glorificaba a Santa Anna, y la VII invocaba el nombre de Iturbide como primer gobernante de México independiente.
Como Allende, Iturbide fue un criollo rico. Estuvo con los conspiradores en Querétaro; pero el derramamiento de sangre y la destrucción atribuidos a Hidalgo lo asustaron. De hecho, era primo tercero del cura.



Embriagado de pasión por la guerra le manifestó su lealtad al rey y empezó a combatir a los insurgentes. Es la época en que mantiene uno de los más celebres amoríos que esta guerra dejó en la historia de México: tiene abiertamente una relación con la güera Rodríguez, quien, a su vez, era amante del vicario de la catedral. Esta versión le costó al historiador Artemio del Valle Arizpe una demanda por parte de los sobrevivientes de la llamada güera Rodríguez; pero Rosas y Villalpando defienden que el romance ocurrió.
A Iturbide le supo mal su adhesión al rey. No le permitieron ascender de grado ni tener puestos públicos. Eso lo enfureció. Apareció aquí un Iturbide político que volvió a conspirar. Escribió truculentas y seductoras cartas. Se fue del lado de los insurgentes y consumó la independencia en los montes del sur. Villalpando dice de él: Este es un hombre que se equivocó. No era la ambición su motor; pero cuando descubrió que podía ser emperador su pasión se tornó por el poder.” Desde el principio de la guerra, Iturbide cayó en un nido de intrigas e intereses que probablemente estaban mucho más allá de sus aspiraciones”.

Era el destino que se construía para México. Cada personaje luchaba para que ninguno de los otros se volviera demasiado poderoso.
Este artículo, yo lo posteo con el objetivo de demostrar que la historia no es blanca o negra, y que, los gobiernos usan los personajes históricos como un modo de obtener logros políticos y mantener manso (pero orgullosos de su pasado histórico) al pueblo…
revista QUO (comité para la desmitificación histórica en México)
Escrito por Linaloe R Flores, Febrero de 2003 pp. 74-79
Datos archivados del Taringa! original
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