InicioInfocuento gauchesco "por el catre"
este cuento no se encuentra en ningún lado. estuve horas copiandolo de un librito. espero que les guste. es de Yamandú Rodríguez. esta buenísimo!
-¿está alunao, mi pión?-
El indio, con el gacho a pique sobre las cejas, interrumpe un instante su labor. yo tengo nombre.Me llamo Eduviges. Sere aconchabao; pero no perro¿ que es eso de: mi pion? Domingo Gauna sabe que Eduviges lo considera incapaz de cualquier guapeza. Hace varios meses que el indio se empacay el patron le da rienda. Uno grita y otro calla. Domingo sabe que es el calor que lo acobarda. –si alguna vez se ha de ser frio-dice siempre- es en verano-
Pero su peón crece demasiado ante la tolerancia patronal.Se sube en cada siesta como un termómetro.Por eso hoy,Gauna no consigue dormir.Las patas del catre le hacen la cruz al sol.Si estuviese tranquilo sestearía. Hace mucho rato que da vueltas y más vueltas ofreciéndole el anca a una preocupación.
-Este Eduviges se está hinchando demasiao- piensa-, cualesquier día no cabe en el ranchito y yo peligro tener que dejárselo pa él solo… eso no es justo. Voy a tener que arrollarlo..Quizás precise un tiro. Quizá, si hoy mesmo me resolviese a darle una güena paliza, se arreglarían las cosas…
Una muerte siempre da trabajo. Domingo no se decide. Abre un ojo, lo saca puerta afuera hacia el campo; Las gallinas con sus picos abiertos le avisan que no se mueva.
-Tendré que levantarme del catre y agarrar el arriador y sacudir el brazo…
Es mucho trabajo. Tal vez de noche, con la fresca, se resuelva.
Aunque nos duela confesarlo, Domingo es un poco haragán. No tiene culpa. Nació séptimo hijo de don Apolinario Gauna.”Agarró cansao”a su progenitor. Es mozo y es delgado y alto. No hizo nada para crecer; subió solo. Sigue rubio a pesar del sol. Le crecieron barbas y no las escardó. Tenía una chacra grande y tampoco la escardó. Como los suyos le afeasen esa desidia, él, una vez, apartó un potrerito con su rancho y su “oscuro”, elegido de tal pelo porque se ensuciaba poco, y el resto de las tierras se las jugó en un “resto”. Lo perdió. Ya estaba libre de preocupaciones y rastrillos; podía comenzar a vivir. Para vivir necesitaba cocinar. Salió al camino y sentado en los alambres esperó que cruzase alguno. Quien cruzó fue Eduviges. Domingo lo conocía por insolente y sucio. No había más que mirarlo, con el gacho sobre los ojos chúcaros, para dejarle seguir el rumbo. Pero Gauna no era criollo de meterse en intenciones ajenas; pensó que aquel sujeto clavaría el asador, tendería las ropas del catre, llenaría el barril y a mucho exigir, tal vez hasta le picase la carne, y no lo dejó marchar.
-Güeno- le dijo- ya sabe: el oscuro es mío solo. El trabajo es suyo solo. Lo demás es a medias. Yo como lo que me dean. Pito si me “arman” y duermo hasta que me despiertan…Le puedo dar todo, menos una mano…
El peón empezó por ponerse la mejor ropa del dueño de la casa.
-Pero como me la devüelve limpia- murmuraba éste- ¡pa que le voy a decir nada!
Después Eduviges comenzó a dejarla sucia.
-Con no ponérmela- pensó Domingo-¡ pa qué lo voy a reprender!
Y cuando el peón ya no le devolvió la ropa, Gauna aprovechó el pretexto para no levantarse del catre.
-Este diablo de Eduviges me ha dado una gran idea…- se decía.
Más tarde, el socio, dio en devorarse casi todo el costillar. Domingo prefería el hambre a la masticación.
-Me libra de andar mordiendo al ñudo – pensó – lo dejo…El trabaja mucho,!pobre! precisa pastiar…
En el correr de los meses, el peón se ha pasado de sus dominios a los del medianero. Exepto del “oscuro”, Eduviges se ha adueñado de todo. Cuando Gauna protesta, el indio insulta. Hoy, su soberbia amenaza la comodidad del patrón. A la hora de la siesta, sagrada de silencio, Eduviges decidió cantar. No está alegre, ni en voz; pero canta. Es el suyo un reto, el clarín del gallo aleteando sobre el pulmón del vencido. Desprecia a su patrón. Se le ha impuesto. Está decidido a dominarlo por hombría. Quiere el catre, con su parque de bostezos y el ejército de sueños…Está dispuesto a desalojar al intruso Domingo. Espera hacerlo trabajar de una vez.
- ¡Don Eduviges!...
- Gauna, desde el codiciado campo de batalla donde sigue tendido, quiere parlamentar. Aquél “don” es indudablemente blanco. Pero Eduviges no acepta condiciones. El rendido con colchones y sábanas, debe perder el “oscuro”, ganar la olla, el asador, la escoba de carqueja y el barril. Para esto se hace necesario la batalla. Eduviges ataca, mandando un “tuteo” a la descubierta.
- -¿Qué querés?- pregunta
- Usted tutée nomás y crezca; pero no se olvide de dejarme un hueco ande yo pueda estar echao a lo ancho…Porque si no, hemos de andar muy enriedados…Yo, cierta vez que el tiempo estaba fresco, me enojé con uno…
-¿Y que jué del dijunto?
-Tal vez si se queda lo mato; pero disparó. Yo no tenía ganas de correr y lo dejé dirse…
-Mirá, Domingo Gauna- dijo despectivo el indio- yo creo que vos no asujetás la chancha en un cuesta arriba ¿Pensás que es de haragán? No, es de flojo…
Como los dos opinan en contrario, les será preciso convencerse. Domingo es el menos entusiasta. Está en peligro de perder su peón. Si Eduvijes apaleado, se va ¿quién cocina? Gauna sabe que él, caso de resolverse, es paisano capaz de tener al indio maneado en la cola, como un cachorro. Pero resultaría más cómodo no comer que convertirse en cangalla.
-Yo le pediría, Eduviges, que dejáramos las cosas como están. Pa desengañarnos habría mucho que andar. Tendría que levantarme del catre…A menos que usté se allegase pa que yo pueda castigarlo de acostao…
-Mirá, Domingo, buscás pretextos pa no asustarte…Pero yo estoy cansao tamién. Ya me transijé. Vos no ayudás nada…
-Ansí jué lo tratao…
-Yo que soy, aunque pobre, criatura e’ Dios, tengo que salir de a pie hasta la tranquera lo menos una vez cada tres días, mientras tu caballo oscuro se pudre de ocioso..
Domingo reconoció esa razón.
-Si, son unas cinco cuadras, es mucho andar; tiene motivo e’ quejarse,Eduviges; lo convenido era eso…pero no importa. Dende aura pa adelante, cada vez que usté lo necesite, le voy a empriestar mi oscuro…Y eso es pa que usté vea que no soy ningún desalmao¡ es tan trabajoso andar de pelea, alzando a cada rato la voz!
¡ Con razón le habían puesto Domingo, como el día de descanso!
Eduviges no esperaba ese ofrecimiento. Había reservado la carta del oscuro como causa infalible para motivar la atracada. Quería, a la vista del dueño montar con espuela al matungo y sacarlo charqueándole las verijas, campo afuera; castigarlo por la cabeza; merecer el corcovo del dueño. Y cuando éste se le fuese encima, arrocinarlo a rebenque y bajo una lluvia de golpes llevarle hasta la escoba y atarlo a ella.
-No te aceto esa limosna, Domingo. Ya estoy cansao. Aquí, dende hoy, voy a mudar las cosas… Vos te vas a levantar del catre y yo comenzaré a acostarme en él.
-Usté está loco, Eduviges…¿por qué no espera que lleguen días mas templaos?
-¡Verás si te levanto!
E l peón salió, con un freno en la mano. Domingo no se movió. Afuera empezó a oirse la voz de Eduviges llamando al oscuro.
-Vas a sentir lo que es rodaja y talero, escurito- decía el peón, mientras lo enfrenaba. Luego, lo acercó al rancho y entró a él por las bajeras.
- Don Eduviges¿ que anda por hacer?
- Yo te alvertí, Domingo, que hoy este rancho cambea de dueño… Tenía uno flojo y lo muda por otro guapo.
-¿Y que espera demostrarle a mi caballo?
-El largo e´mis piguelos…
-Usté no hará esa herejía con el pobre animal…
-¿Qué no?
Domingo comprendió que era preciso levantarse. El indio era capaz de aporrear al oscuro. Se ha empeñado en que su patrón lo castigue. Cuando pone el pie en el estribo, Gauna está junto a él.
-Indio atrevido- le dice con su eterna cachaza- Aura vas a soltar ese caballo, luego te voy a dar unas patadas y dispués aprenderás a diferenciar pereza con cobardía.
Junto con el primer empujón, Eduviges, cuchillo en mano, atropelló al socio. Se le había hecho palenque. No era herir de punta su intención, sino dar de plancha espaldarazos de cobarde, nada más.
Domingo, despierto y ágil, cuerpeaba las puñaladas y paraba los hachazos con el poncho.
-Mire, Eduviges, que me está haciendo sudar…
El indio embravecido, continúa atacando. Ha llegado el momento de imponerse y aunque tenga que pinchar un poco para arrear hacia las ollas al patrón, pinchará si es preciso, en el primer descuido. Domingo, elástico y calmoso de palabra, quita y previene:
-¡Vea, Eduvijes, que yo una vez me enojé!
-Vas a dar guelta, Gauna, y a doblar el lomo- contesta Eduviges mientras huyen cacareando las gallinas.
- Ya me estoy comenzando a fastidiar, indio…Guarde ese cuchillo y le prometo no darle más que tres lazasos en los costillares…
Pero Eduviges no cree en Domingo. Lo tiene a mano y se aprovecha. En un descuido, el poncho no llega a tiempo y la hoja del acero alcanza la frente y se llena de sangre.
-Basta, indio!- grita Domingo Gauna.
-¿ Te rendís, mi pión?- pregunta Eduviges.
En respuesta, Gauna, cansado ya, saca un revólver, apunta a la cabeza del atacante y hace fuego. Eduviges cae.
Domingo tira el poncho pesado, enfunda el revólver y se aproxima al caído.
-¡Dijunto… pucha!- exclama-.¡Ahí tiene, amigo, lo que es no hacer caso!
Se desespera pensando en la comida de la tarde. El no es hombre de parar la olla.
- Este Eduviges abombao, aura que me hace tanta falta, no puedo contar con él… Si me hubiese agarrao a tajos en la cama, yo habría aguantao más rato… pero ansí, de parao, al sol, me cansé…¿Y aura?
- Primero se deja caer en el suelo, rendido por el esfuerzo. Le cansa el trabajo que se le echa encima con aquel muerto. Cuando repone sus fuerzas, observa al indio. Hasta después de “finao” Eduviges conserva el gacho sobre las cejas.
- -Y yo me´olvidao de la comisaría…De cualquier manera este es un difunto. Habrá que dar cuenta de él o de lo contrario, como no nos vido nadie y aquí ninguno se allega, si yo agarro una pala, cavo un hoyo y lo entierro… en diciendo que murió de enfermedá ya estaría arreglao…
- Pero la idea de tener que trabajar tanto, que campear otro peón y hacer una cruz para Eduviges, lo detiene.
- Mejor es la comisaría…Allí, de comer le dan a uno y pasar tirao, se pasa.
- Domingo emplea una hora en elegir el camino máscómodo.
- Esto, desgraciadamente, no puede quedar ansina. El difunto va comenzar a jeder…Dispués vienen las moscas y será cosa de andarlas espantando…¡Vea el trabajo que me ha dao, Eduviges; tanto cismaste que has salido con la tuya!
- La idea del entierro le horroriza. Domingo sabe que la fosa le llevará lo menos una semana; y que un millón de moscas no lo van a dejar dormir. Siente envidia del difunto.
-Ahí está Eduviges, descansando. Ya no tiene ni siquiera que comer…Si caigo en la cosa me dejo apuñaliar, sería más cómodo…
Por fin se resuelve. Paso tras paso sale a la portera. Siéntase en los alambres y aguarda al primer comedido. ¿Quién se puede negar a llevar la noticia de una muerte? Si se tratase de un nacimiento, tal vez hubiera que pagar el chasque. Domingo está decidido a darse preso. Vaciló mucho; pero el echo de encontrar el oscuro ya ensillado, ahorrándole esa tarea, lo convenció.
Allá, a las cansadas, cruzó un vecino.
-Don Zoilo,¿ usté es hombre de hacer un favor?
-Asigún…
-¿Va a pasar cerca de la comisaría?
-Por la misma puerta, Domingo…
-Güeno, entonces hace el favor: asujetá allí y le dice al milico, que Domingo Gauna acaba de matar de un tiro en la cabeza a su pión Eduviges, por causa e´que pretendía el difunto hacer trabajar al matador. Párese, don Zoilo; dígales que si les viene mejor, traigan un carrito p´alzar al finao, con eso yo voy más cómodo tamién…Y, no se apure; le dice que si resuelven a venir con el juez y las preguntas, que se traigan algún hombre p´hacer la comida,¿oyó?
-Está bien…
Don Zoilo “chupó” al matungo. Domingo se tendió en el suelo a esperar. Tenía un pucho en la mano, se olvidó los fósforos en el rancho y miraba encenderse la primera estrella.
-Si juese güena a bajar y darme fuego- pensaba…
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