De pronto una voz grita dentro del follaje ¡General Sucre!; vuelve éste el rostro, suena un disparo, inmediatamente tres más. El grito de Sucre, histórico grito de hombre de guerra, fue: “¡Balazo!” y cayó de la mula. Morillo con su fusil dio en la tetilla derecha de la víctima y la mató instantáneamente. Los otros disparos hirieron superficialmente la cabeza y el cuello del Mariscal, y el cuello de la mula. Todos huyeron, excepto el fiel asistente, Caicedo, quien al ver muerto a su amo regresó velozmente a La Venta, a pedir auxilio. Toda la maraña del hórrido crimen fue descubierta trece años más tarde. El Coronel Morillo, antes de subir al patíbulo en la plaza mayor de Bogotá, hizo confesión pública detallada; también confesaron otros; dos o tres habían muerto ya. Los autores intelectuales llegaron al poder, como cosecha maldita de su espantosa infamia”. Fuente: Antonio José de Sucre, Documentos Selectos. Colección Claves de América. Fundación Biblioteca Ayacucho. Una carta para conocer el genio del Mariscal de Ayacucho El siguiente documento es una trascripción fiel de una carta enviada por el Mariscal Sucre, el 21 de septiembre de 1822, al Cabildo de Otavalo. En ella se refleja claramente el espíritu del Sucre vivo, el hombre de alta sensibilidad social y de proceder riguroso. A los señores del cabildo de Otavalo. La contestación de Vds. del 17 de setiembre no es correspondiente a los objetos sobre que yo he preguntado en mi comunicación relativa a que Vds. Me informen sobre las escuelas del cantón. En uno de sus párrafos se dice “En todas las demás parroquias hay escuelas privadas pagadas por los discípulos”. No es esto lo que yo quiero saber, sino que me digan materialmente cuántas escuelas hay, en dónde están, quiénes son los maestros, qué enseñan, qué es lo que ganan, de dónde se les paga, qué método de enseñanza observan, etc., pues me ha sido muy doloroso conocer el poco interés del cabildo por el bien público como se demuestra de la insulsa, insignificante, y mal explicada razón que se me ha remitido, cuando el pueblo a quien representa esa corporación exige mejor método, y más cuidado y aplicación en promover todo lo que conduzca a su prosperidad y adelantamiento. Examinen Vds. mi oficio sobre el particular y me prometo satisfarán extensa y ordenadamente a cuanto en él se pregunte. Dios guarde a Vds. muchos años. A. J. de Sucre Últimas cartas entre Sucre y Bolivar El 8 de mayo de 1830, El Mariscal Antonio José de Sucre le escribe esta carta de despedida a El Libertador Simón Bolívar: No son palabras las que pueden fácilmente explicar los sentimientos de mi alma respecto a Vd. Vd. los conoce, pues me conoce mucho tiempo y sabe que no es su poder, sino su amistad la que me ha inspirado el más tierno afecto a su persona. Lo conservaré, cualquiera que sea la suerte que nos quepa, y me lisonjeo que Vd. me conservará siempre el aprecio que me ha dispensado. Sabré en todas circunstancias merecerlo. Adiós, mi general, reciba Vd. por gaje de mi amistad las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de Vd. Sea Vd. feliz en todas partes y en todas partes cuente con los servicios y con la gratitud de su más fiel y apasionado amigo”. A. J. de Sucre Sin embargo, esta no fue la última carta de Sucre a El Libertador. En el Servicio de Manuscritos y Archivos Documentales de la Biblioteca Nacional de Venezuela, reposa otra carta de fecha 25 de mayo de 1830, en la que Sucre le escribe desde Bogotá, Colombia, a Bolívar en los siguientes términos: Mi querido Bolívar: De pronto partir para Quito donde está el reposo tan deseado y al alejarme de todas las luchas políticas, quiero antes enviarle mi adiós y mi eterno cariño. Dios bien sabe cuanto hemos luchado por la libertad de todas estas tierras y cuan mal nos han pagado. Sé que al alejarme no me guía ningún síntoma de cobardía y de traición, sólo el gran amor y cariño a mi esposa e hija, las cuales hace mucho tiempo no abrazo, me obligan a ello y también para dejar el puesto a todos nuestros enemigos, que con sus apetitos y sus falacias llevan la República al caos y a la ruina. A. J. de Sucre El 26 de mayo, Bolívar responde desde Turbaco, Colombia, al Mariscal Sucre: A S. E. el general Sucre Mi querido general y buen amigo: La apreciable carta de Vd. sin fecha, en que Vd. se despide de mí, me ha llenado de ternura, y si a Vd. le costaba pena escribírmela, ¿qué diré yo?, yo que no tan sólo me separo de mi amigo sino de mi patria! Dice Vd. bien, las palabras explican mal los sentimientos del corazón en circunstancias como éstas. Perdone Vd., pues, las faltas de ellas y admita Vd. mis más sinceros votos por su prosperidad y por su dicha. Yo me olvidaré de Vd. cuando los amantes de la gloria se olviden de Pichincha y de Ayacucho. Vd. se complacerá al saber que desde Bogotá hasta aquí he recibido mil testimonios de parte de los pueblos. Este departamento se ha distinguido muy particularmente. El general Montilla se ha portado como un caballero completo. Saludo cariñosamente a la señora de Vd. y protesto a Vd. que nada es más sincero que el afecto con que me repito de Vd., mi querido amigo. Su Bolívar FUENTE FUENTE
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