ESTA ES PARTE DE ESA CADENA DE MAIL:
ACA VEMOS LA UTILIZACION DE LOS POBRES PARA DEFRENDER EL ENGOCIO QUE CLARIN TENIA CON EL FUTBOL:
ESTA ES QUIZAS LA PEOR FOTO DE TODAS, PORQUE VEMOS QUE PARA QUIENES COMENZARON ESTA CADENA DE SPAM, NI SIQUIERA RESPETAN A LOS POBRES YA QUE PONEN A UNOS CHICOS POBRES DE UN PAIS ASIATICO, Y ESO LO VEMOS EN LA FOTO DONDE LAS BOLSAS TIENEN ESCRITURAS ASIATICAS COMO ASI TAMBIEN SON ASIATICOS LOS RASGOS DE LOS MENORES.
SERA QUE PARA ALGUNOS, LOS POBRES SOS ESO, "NEGRITOS, DESCALZOS Y TIRADOS EN LA CALLE" NO?, OSEA TODOS IGUALES...
imagen ampliada:
Ahora vamos a la verdadera nota sobre el Chacho de MELPO GIARDINELLI, LA CUAL FUE UTILIZADA PARA ESTA CADENA DE MAIL CON SPAM:
El Impenetrable o la agonía Qom
Por Mempo Giardinelli
En estos tiempos el Chaco concita la atención de todo el mundo. Prensa y televisión global vienen a mirar los estragos de la desnutrición que afecta a miles de aborígenes en los bosques que se conocen –ya impropiamente– como El Impenetrable.
Mi colega y amiga Cristina Civale, autora del blog Civilización y Barbarie, del diario Clarín, me invita a acompañarla. No es la primera invitación que recibo, pero sí la primera que acepto. Rehusé viajar antes de las recientes elecciones, porque, obviamente, cualquier impresión escrita se habría interpretado como denuncia electoral. Y yo estoy convencido, desde hace mucho, de que la espantosa situación socioeconómica en que se encuentran los pueblos originarios del Chaco, y su vaciamiento sociocultural, no son mérito de un gobierno en particular de los últimos 30 o 40 años (los hubo civiles y militares; peronistas, procesistas y radicales) sino de todos ellos.
Primero nos detenemos en Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco (90 mil habitantes), para una visita clandestina –no pedida ni autorizada– al Hospital Ramón Carrillo, el segundo más importante de esta provincia. Civale toma notas y entrevista a pacientes indígenas en las salas de Tisiología, mientras yo recorro los pasillos mojados bajo las infinitas goteras de los techos, y miro las paredes rotas, despintadas y sucias, los patios roñosos y un pozo negro abierto y rebalsando junto a la cocina.
Aunque el frente del hospital está recién pintado, detrás hay un basural a cielo abierto en medio de dos pabellones. Vidrios y muebles rotos, escombros, radiografías, cascotes y deshechos quirúrgicos enmarcan las salas donde los pacientes son sólo cuerpos chupados por enfermedades como la tuberculosis o el Chagas. Me impresiona la mucha gente que hay tirada en los pisos, no sé si son pacientes o familiares, lo mismo da.
Una hora después, en el camino hasta Juan José Castelli –población de 30 mil habitantes que se autocalifica “Portal del Impenetrable”– la desazón y la rabia se perfeccionan al observar lo que queda del otrora Chaco boscoso. Lo que fue imperio de quebrachos centenarios y fauna maravillosa, ahora son campos quemados, de suelo arenoso y desértico, con raigones por doquier esperando las topadoras que prepararán esta tierra para el festival de soja transgénica que asuela nuestro país.
Entramos –nuevamente por atrás– al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecen ex personas, apenas piel sobre huesos, cuerpos como los de los campos de concentración nazis.
Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordas parecen ser lo único saludable, no hay médicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la Muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir.
Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta. Le pregunto a una joven enfermera que limpia un aparador vidriado si siempre es así. “Siempre”, responde irguiéndose con un trapo sucio en la mano, “aunque últimamente han sacado muchos, desde que empezó a venir la tele”.
Es flaquita y tiene cara de buena gente: se le ve más resignación que resentimiento. Son 44 enfermeros en todo el hospital pero no alcanzan para los tres turnos. Trabajan ocho horas diarias cinco días por semana y cobran alrededor de mil pesos los universitarios, y menos de 600 los contratados, como ella. Los días de lluvia los techos se llueven y esto es un infierno, dice y señala los machimbres podridos y los pozos negros saturados que revientan de mierda en baños y patios. Y todo se lava con agua, nomás, porque “no tenemos lavandina”.
Camino por otro pasillo y llego a Obstetricia y Pediatría. Allí todos son tobas. Una chiquilla llora ante su hijo, un saquito de huesos morenos con dos ojos enormes que duele mirar. Otra joven dice que no sabe qué tiene su nena pero no quiere que muera, aunque es obvio que se está muriendo. Hay una veintena de camas en el sector y en todas lo mismo: desnutrición extrema, mugre en las sábanas, miles de moscas, desolación y miedo en las miradas.
Después viajamos otra hora y el cuadro se hace más y más grotesco. Paramos en Fortín Lavalle, Villa Río Bermejito, las tierras allende el Puente La Sirena, los parajes El Colchón, El Espinillo y varios más. Son decenas de ranchos de barro y paja, taperas infames donde se hacinan familias de la etnia Qom (tobas). Todas, sin excepción, en condiciones infrahumanas.
Digan lo que digan, estas tierras –más de tres millones de hectáreas– fueron vendidas con los aborígenes dentro. Son varios miles y están ahí desde siempre, pero no tienen títulos, papeles, ni saben cómo conseguirlos. Los amigos del poder sí los tienen, y los hacen valer. El resultado es la devastación del Impenetrable: cuando el bosque se tala, las especies animales desaparecen, se extinguen. Los seres humanos también.
Y aunque algunas buenas almas urbanas digan lo contrario, y se escandalicen ciertas dirigencias, en el ahora ex Impenetrable chaqueño palabras duras como exterminio o genocidio tienen vigencia.
Desfilan ante nuestros ojos enfermos de tuberculosis, Chagas, lesmaniasis, niños empiojados que sólo han comido harina mojada en agua, rodeados de perros flacos, huesudos y ojerosos como sus dueños. Se llaman Margarita, Nazario, Abraham, María y lo mismo da. Casi todos dicen ser evangelistas, de la Asamblea de Dios, de la Iglesia Universal, de “los pentecostales” o “los anglicanos”.
Involuntariamente irónico, evoco a Yupanqui: “Por aquí, Dios no pasó”.
Al caer la tarde estoy quebrado, roto, y sólo atino a borronear estos apuntes, indignado, consciente de su inutilidad. Al partir de regreso veo en un caserío un cartel deshilachado por el sol: “Con la fuerza de Rozas, vote lista 651”. Y en la pared de un rancho de barro, seguramente infestada de vinchucas, veo un corazón rojo como el de los pastores mediáticos brasileños de “Pare de sufrir”. Abajo dice: “Chaco merece más. Vote Capitanich”.
A unos 400 kilómetros de aquí el escrutinio final de las elecciones avanza lenta, nerviosamente. En alguna oficina el ministro de Salud de esta provincia seguirá negando todo esto, mientras el gobernador se prepara para ser senador y vivir en Buenos Aires, bien lejos de aquí, como casi todos los legisladores.
Nunca antes el Chaco ni este país me habían dolido tanto.
Y ahora a la descarga contra la CADENA DE MAIL CON SPAM, que hace el mismo MELPO GIARDINELLI:
Operaciones en la web (Pueblos originarios Chaco)
Por Mempo Giardinelli
Desde hace varios meses, muchos lectores –centenares, acaso miles– han estado recibiendo correos electrónicos con un artículo y/o un Power Point que supuestamente lleva mi firma y en el que se describe la horrorosa situación de los pueblos originarios del Chaco.
Con diferentes títulos o asuntos –por caso: “La terrible realidad del Impenetrable”, “Obligación moral de circularlo”; o “Los K son asesinos”– y con fotografías impactantes y sensacionalistas, la circulación de este mail es todo un sacudón para cualquier buena conciencia.
El resultado es conmocionante: tanto repugna lo que allí se narra y muestra que se desata una fuerte culpa de clase a la vez que se despierta un rechazo furioso hacia el kirchnerismo en general y, en particular, el gobierno del Chaco a cargo –desde diciembre de 2007– de Jorge Capitanich.
Pero en rigor se trata de un atentado a la buena fe de muchísima gente. Porque, en efecto, yo escribí la mayor parte de ese artículo, que se publicó en el diario Perfil, pero eso fue hace más de dos años, cuando era gobernador el hoy senador (UCR) Roy Nikisch, lo que ahora se oculta y silencia.
El que ahora se envía y reenvía sin cesar es un texto modificado, recortado, emparchado e ilustrado arteramente, que circula, hoy, con una para mí tan oscura como obvia intencionalidad política. Tampoco las fotografías son las del artículo original. Aquellas también eran duras –la realidad lo es–, pero no implicaban golpes bajos como las fotos que hoy circulan con este texto falso que, no se puede llamar de otro modo, es una clara operación política.
Porque la situación aborigen en el Chaco no empezó hace dos años, ni hace seis. Es horrorosa desde hace décadas, y la depredación y el atropello lo iniciaron los dictadores en los ’70, cuando empezaron los negociados con las tierras de lo que entonces eran montes impenetrables, al amparo de un eslogan canalla que decía “Chaco puede” y sin controles de ninguna índole. Después, es cierto, el proceso de marginación de miles de seres humanos embrutecidos y abusados por el hambre y la politiquería fue tolerado, por lo menos, por todos los gobiernos de la democracia. Cada uno tiene su cuota de culpa. Ninguno está exento de responsabilidades. Ninguno.
Y no es que las cosas hayan mejorado mucho con el actual gobierno, pero hoy desde el poder se intentan algunas respuestas que hasta hace un par de años no existían. Esa es la verdad y sería mezquino ocultarla, y más aún distorsionarla como lo hace este brulote cuya circulación –sin reconocer la fecha de publicación, con fotos de dudoso origen, y habiendo retocado aviesamente y sin autorización el texto original– es por lo menos maliciosa y responde sin dudas a aumentar la cosecha de antikirchnerismo barato que está de moda y que tanta confusión aporta a todos los debates de la democracia.
Todo indica que quienes lanzaron este texto son de la misma calaña que quienes llevaron a nuestros aborígenes a la miseria.
Por eso desaconsejo la difusión de ese texto apócrifo. Alguien está usándolo para conmover a gente honesta como seguramente es la mayoría de los receptores de ese correo, pero el abuso no es contra mí sino contra la buena fe de esas personas. De igual modo, más que ataque a tal o cual gobernante esto es, más bien, una burla a la inteligencia de los lectores.
Así es como funcionan las llamadas “operaciones de prensa”. Distorsionando, mintiendo, cambiando sentidos y manipulando conciencias. Conviene estar alertas y denunciarlas, cuando son tan groseras como ésta.
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-91958-2007-09-25.html
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-133420-2009-10-14.html