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Cleopatra,la última reina de Egipto. Parte 3

Info8/29/2010
Cleopatra,la última reina de Egipto. Parte 3



Conforme ocurrían los sucesos en Roma, Cleopatra se colocó estratégicamente entre las dos fasciones en guerra. Cuando Octavio se dio cuenta que no podía retar la gran base de poder de Antonio, hizo un pacto con él y con el segundo comandante de César. Juntos formaron otro triunvirato para gobernar Roma. Su primer objetivo: castigar a los asesinos de César.

Cleopatra prometió ayudar tanto al triunvirato como a aquellos que apoyaran a la República pero debido a una serie de intencionales retrasos logró evitar el compromiso de las tropas egipcias hasta que se decidiera definitivamente la guerra. La decisión vino en el año 42 a.C. cuando fueron vencidos los ejércitos conspiradores en Grecia. Octavio estaba enfermo y no podía luchar, y así, la mayor parte de la gloria se la adjudicó Antonio. Gozaba ahora de gran popularidad y se consideró líder del Imperio Romano.

Cleopatra recibió las noticias del éxito de Antonio con un gran alivio. Ella se había encontrado con el carismático oficial en Roma varias veces, no había ningún registro sobre sus planes, pero siempre demostró su gran ingenio. Tenía que encontrar alguna forma de vencer al general romano.

Cuando Antonio convocó a Cleopatra a su centro de operaciones para justificar el haber apoyado los planes de asesinato de César, ella lo ignoró. Fue un gran riesgo desafiar a Antonio, pues todos los soldados de roma lo apoyaban. Su arma era la osadía.

Finalmente, a la tercera convocatoria, apareció Cleopatra. Sabía lo que estaba en juego, Antonio tenía el mismo poder de decidir el destino de Cleopatra y de su reino que el que tuvo César hacía diez años. Al invitar a Antonio a una magnífica fiesta en su barcaza real Cleopatra aseguró el futuro del país. En Antonio encontró un líder atractivo y dominante de 40 años y de presencia temeraria. Observó en él las mismas cualidades que César había descubierto en Antonio: inteligencia, generosidad y lealtad.



A pesar que las monedas de la época muestran una mujer sencilla Cleopatra llevó a sus encuentros toda la seguridad de una mujer que, habiendo ya ganado el amor de los más grandes líderes del mundo, no tenía necesidad de probar sus encantos.


Tenía en ese momento 29 años y era toda una reina. Cleopatra practicaba las técnicas de belleza de Egipto, famosas en todo el mundo. Se decía que se bañaba en leche para evitar las arrugas, rizaba su cabello al estilo griego y bordeaba sus ojos almendrados con polvo negro plomo para lograr una mirada penetrante. Pintaba sus labios y mejillas con ocre rojo. Sus métodos de belleza personal eran tan famosos que se decía había escrito un libro sobre ellos. Al igual que César, Marco Antonio se enamoró locamente de la exótica reina egipcia.



Al lograr su meta inicial de preservar la seguridad de Egipto, Cleopatra convenció a Marco Antonio que la acompañara a Alejandría. Según dice Plutarco: “En todo momento ella le acompañaba y no lo dejaba escapar ni de día ni de noche, jugaba a los dados con él, bebía con él, cazaba con él”.

La pareja comenzó a consolidar sus ambiciosos planes. La meta de Antonio, al igual que la de César, era alcanzar la fama con la conquista. Cleopatra sabía que para ello Antonio necesitaría las riquezas de Egipto. Por su parte, los deseos de Cleopatra de restaurar las fronteras originales del reino Tolomeo se habían intensificado desde la muerte de César hacía cuatro años. A cambio de su apoyo Antonio prometió ayudar a Cleopatra. Él la reconoció públicamente como la gobernante de Egipto y Chipre, y accedió a ejecutar a su hermana menor.

Cleopatra ahora era la reina de Egipto pero, antes que continuaran sus planes, Octavio obligó a Antonio a volver a Roma para arreglarse una controversia política. Parte del arreglo era el casamiento de Antonio con la hermana de Octavio, la joven y bella Octavia.



En Alejandría Cleopatra sufría por la noticia del matrimonio de Antonio. Acababa de dar a luz al hijo de su amado. No obstante, regresó pronto a Egipto y prosiguió su vida con Cleopatra, decisión que Octavio utilizó para provocar la indignación del pueblo romano contra Marco Antonio.

Cuando en el año 36 a.C., Marco Antonio fue derrotado en una expedición militar contra los partos, la desaprobación popular de su conducta se intensificó en Roma. Cleopatra apoyó a Antonio con dinero y provisiones, también tuvo otro hijo. Pero el evidente regreso de Antonio a Alejandría fue un retroceso penoso para los planes de ambos. Se rumoreaba en Roma que Antonio estaba deprimido y que bebía mucho.

Cleopatra necesitaba crear una nueva campaña ya que Octavia se dirigía a Grecia con nuevas tropas para su esposo Antonio. Cleopatra hizo lo posible para evitar que Antonio se encontrara con Octavia.

Marco Antonio sabía que Octavio había enviado a su hermana esperando que fuera rechazada, ello lo motivaría a declarar la guerra a Antonio. No obstante, los deseos de Cleopatra prevalecieron. Viajó a Grecia y aceptó las tropas y las provisiones. Pero al darse cuenta que la guerra con Octavio era inevitable se negó a ver a su esposa.

Sin embargo, decidió esperar antes de realizar su jugada contra Antonio.

Utilizando sus nuevas tropas para ganar una pequeña victoria en Armenia, Antonio regresó a Alejandría y nombró a Cleopatra co-gobernante de Egipto, Chipre, Libia y Siria, el reino Tolomeo original. Para desafiar a Octavio éste reconoció a Cesarión como el verdadero hijo de César, el resto del Imperio se dividió entre sus otros tres hijos. Al hijo de su primera esposa Antonio le dio las regiones occidentales del Imperio. Así, Cleopatra y Antonio gobernarían un territorio más grande que el Imperio de Alejandro el Grande. Éste se extendería desde el norte de Europa hasta el desierto del Sahara, desde el Canal de la Mancha hasta la India.

Antonio y Cleopatra con su inteligencia concibieron un plan de acción para el nuevo mundo del Imperio Grecorromano. Proponían una verdadera asociación de los poderes conflictivos, Grecia y Roma. Sin las tensiones provocadas por las constantes invasiones los reinos unidos podrían beneficiarse de todas las ventajas del libre comercio y de la paz.



El pueblo romano, inducido por las propagandas de Octavio, pensó que Antonio estaba entregando la supremacía de Roma a la misma mujer calculadora que había arruinado la vida de César. Octavio alentó el escándalo con historias sobre la sumisión de Antonio a la reina egipcia, diciendo que quien fuera una vez un gran general ahora le daba masajes a los pies de Cleopatra. Decía que planificaba hacer de Alejandría la nueva capital del Imperio. Enfurecidos por la aparente traición de Antonio muchos romanos decidieron apoyar a Octavio.








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