Hola Gente De T!, Este es mi primer post como NFU y ayer, se me dio por hacer un post sobre nefasto Mundial 78' que como muchos sabran, mientras la junta militar celebraba los goles, gente era tirada desde aviones al Rio De La Plata.Bueno, Comienza el Post.
El Mundial del 78
En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del sida, una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.
Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. EL Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.
"Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina", celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:
-Este país tiene un gran futuro a todo nivel.
Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada inicial, declaró unos días después:
-Argentina es un país donde reina el orden. Yo no he visto a ningún preso político.
Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final contra Holanda, debían ahogar a Perú bajo una lluvia de goles. Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar a Lima.
La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue. Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.
A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.
Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador, con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el holandés Rensenbrink, con cinco goles cada un
Botas y botines
Los primeros comunicados de la Junta de aquel miércoles 24 de marzo hablaban de suspensión de derechos, intervenciones y prohibiciones. Pero el número 23 informaba que se interrumpía la transmisión de la cadena nacional para permitir la difusión en directo del partido Argentina- Polonia. El fútbol volvió a ocupar a la Junta en la primera reunión celebrada por sus integrantes el día 24. El almirante Emilio Massera comunicó al general Jorge Rafael Videla que Argentina debía confirmar su decisión de organizar la Copa Mundial ‘78. "Costará sólo 70 millones de dólares", le dijo Massera a Videla. Alguien intentó explicar luego que las obras demandarían una inversión mayor, pero Videla no se preocupó. "Aunque cueste cien millones no hay problemas", señaló.
"Veinticinco millones de argentinos", como decía el jingle militar, terminaron pagando más de 700 millones de dólares.
El 25 de marzo la Junta recibió de manos del deporte una de las primeras adhesiones. La dio el presidente de la Confederación Brasileña de Deportes (CBD), almirante Heleno Nunes. "Tal vez sea la mejor garantía de la Copa del Mundo en Argentina", dijo Nunes. Al día siguiente arribó a Buenos Aires una comisión de la FIFA, para inspeccionar las obras del Mundial, encabezada por el alemán Hermann Neuberg, SS en los tiempos de Hitler. "El cambio de Gobierno no tiene nada que ver con el Mundial. Somos gente de fútbol y no políticos", dijo Neuberger. Más claro aún fue el propio mandamás de la FIFA, Joao Havelange. El 28 de marzo decía desde el exterior que "la Argentina está ahora más apta que nunca para organizar el mundial". Recibiendo a la FIFA en Ezeiza aquel 25 de marzo estaba ya el almirante Carlos Lacoste, la bota que Massera puso dentro del deporte, para manejar el poder y los negocios.
Lacoste convocó a sus oficinas en el Ministerio de Acción Social al presidente de Boca Juniors, Alberto J. Armando, y le sugirió que pidiera la renuncia a toda la cúpula de la AFA. Su presidente, el médico de la UOM David Bracutto, rechazó el convite. Pero el 30 de marzo la dictadura bloqueó las cuentas de la AFA en el Banco Central y Bracutto debió abandonar su cargo. La Marina y el Ejército libraron una batalla para ver quién se quedaba con la pelota. Ganó Massera y el 1 de mayo de 1976 el voto obediente y mayoritario de los presidentes de los clubes de fútbol permitió al abogado Alfredo Cantilo convertirse en el nuevo presidente de la AFA.
Si la dictadura precisó a la AFA de una fachada democrática, distinta fue la situación en la Confederación Argentina de Deportes (CAD). Allí fue designado interventor Miguel Angel Bruno, allegado al general Reynaldo Bignone. En el Comité Olímpico Argentino ( COA) el régimen urdió una trampa derrocando al tirador Pablo Cagnasso. Rodríguez sigue aún hoy en el COA y Bruno es su vicepresidente. La palabra "desaparecido" golpeó al fútbol al mes de producido el golpe. El 23 de abril de 1976 las capuchas se llevaron a Norberto Julio Morresi, de 17 años, hermano de Claudio, el jugador que luego actuó en Huracán y River, una de las pocas voces del fútbol que jamás se escondió para repudiar activamente la represión. Casi al mes siguiente, el 17 de mayo de 1976, la dictadura tuvo su primera muerte en las canchas. Estudiantes y Huracán jugaban en La Plata y en la tribuna visitante apareció un cartel de Montoneros. En medio de la batahola cayó muerto de un balazo Gregorio Noya, que estaba en la platea acompañado de su hijo pequeño. En 1976, según recuerda el periodista Amílcar Romero, en su libro Deporte, Violencia y política la AFA hizo disputar una cifra récord 752 periodistas y fue bajo la dictadura cuando las barra bravas, como dijo Roberto Perfumo, "ganaron su lugar al sol". Aquel mes de mayo, el día 23, el triunfo de Víctor Galíndez en Sudáfrica y ante Richie Kates y el asesinato de Ringo Bonavena en un burdel de Nevada ocultaron otra pequeña noticia publicada por los diarios: el hallazgo de los cuerpos acribillados de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
Util para la dictadura, al deporte también le llegó la censura. El interventor de las radios Splendid y Excelsior, vicecomodoro Jorge Pedrerol, transmitió órdenes superiores y prohibió en esas emisoras cualquier "comentario adverso" a la selección y a su técnico, César Menotti. Videla, en tanto, elegía deportistas para almorzar con "jóvenes sobresalientes", el 21 de setiembre de 1979: entre los elegidos estaba Alberto Tarantini y Claudia Casabianca, años más tarde involucrados en causas por drogas. El 26 de noviembre desaparecía Claudio Tamburrini, arquero del club de Almagro. Fue torturado y privado de su libertad hasta el 24 de marzo de 1978. Pasó 120 días en el centro de tormentos clandestino instalado en el oeste del Gran Buenos Aires bajo el nombre de Mansión Seré.
Irónicamente uno de los hombres que tuvo bajo su cargo la Mansión Seré fue el comodoro Julio César Santuccione, famoso profesor en Mendoza y uno de los tantos militares dirigentes de la AFA, en aquellos años, como secretario del Tribunal de Disciplina y de la Comisión Especial de Reformas al Reglamento.
Siguiendo los consejos de la agencia Burson Masteller, contratada para mejorar su imagen en el extranjero, la Junta siguió montada al deporte y el 9 de setiembre de 1977 Videla esquivó protestas en su visita a Nueva York fotografiándose con Guillermo Vilas, que unos días después ganaría por primera y única vez el Abierto de Estados Unidos.
Aquel mismo 9 de setiembre, más pequeño, se informaba sobre el secuestro del profesor Alfredo Bravo. El ‘77, cuando ya Suárez Mason viajaba en los aviones de YPF para seguir los partidos de Diego Maradona en su club, Argentino Juniors, se cerró con el recordado secuestro de las monjas francesas. Al día siguiente, las portadas en los diarios, sin embargo, se ocuparon en la fecha del fútbol, la final del polo entre el coronel Suárez y Santa Ana y una exhibición de Carlos Monzón en la Rural. Los archivos de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos(APDH) cuentan a 56 desaparecidos en enero de 1978. Uno de ellos es el único deportista federado argentino chupado por los militares. El atleta Miguel Sánchez un tucumano de 25 años que había participado tres veces en la famosa maratón brasileña de San Silvestre, fue arrancado de su casa de San Martín 176, de Villa España, en Berazategui, a las 3.30 de la madrugada del 9 de enero de 1978. Su entrenador, Osvaldo Suárez, una de las máximas figuras del atletismo argentino, siempre creyó que se trató de "uno de los tantos errores de procedimiento".
En Rosario, a un periodista cuyas crónicas "deformaban la realidad", le mandaron una señorita. Y cuando se quedó dormido la dama se llevó su credencial, sin la cual no pudo seguir trabajando y debió volver a su país. El día que empezó el Mundial, la dictadura cerró el Hospital Rawson. Y un día antes de la final ante Holanda, Adolfo Peréz Esquivel salió de prisión. Argentina ganó el Mundial el 25 de junio de 1978 y los torturados de la ESMA no escucharon los gritos del estadio de River pese a la cercanía. Ellos se enteraron, porque su represor, el "Tigre" Acosta, irrumpió en el tercer piso al grito de "¡Ganamos, ganamos!". Obtenida la Copa, El Gráfico, abrió su edición del 4 de junio con una entrevista exclusiva a quien creyó figura de la Copa, el general Videla. Fueron años en que la política abusó del fútbol. Años de Kempes, el Matador. Años de Videla, el asesino.
¿La Fiesta De Quienes?
La vuelta olímpica del Mundial 78 –la Copa más polémica de la FIFA- marcó sin dudas un hito consagratorio en la historia del fútbol argentino. Pero en pleno Mundial, a diez cuadras de la cancha de River, epicentro de la fiesta, funcionaba la ESMA, el mayor centro de torturas de la dictadura. Aquella siniestra combinación de goles y desaparecidos llevó a que el Mundial 78 fuera siempre comparado con los Juegos Olímpicos de 1936. Estos últimos transcurrieron en la Alemania nazi de Hitler. El Mundial 78, en cambio, se jugó en la Argentina de Videla. Y su marchita de tono militar no admitía indiferentes. "Veinticinco millones de argentinos –decía la canción oficial- jugaremos el Mundial"
"A distancia –señala hoy Ardiles- está claro que fuimos utilizados como propaganda por parte de los militares. Pero también hay que aclarar que nosotros, los jugadores y el cuerpo técnico que integremos aquella Selección, fuimos víctimas de esa manipulación de nuestro trabajo, o de los frutos del mismo. Hoy duele ver eso, pero también –sigue Ardiles- puede decirse que quizá servimos como bálsamo para mucha gente oprimida que pudo volver a salir a la calle envuelta en banderas argentinas. Sabíamos que lo nuestro no tenía nada que ver con lo que estaban haciendo los militares, algo que prácticamente desconocíamos. Pero de alguna manera, a los que medianamente teníamos cierta conciencia de quiénes se trataba, nos hacía sentir mal."
César Menotti sí sabía de qué se trataba. "Yo tengo una buena formación política. No soy un boludo al que se lo puede engañar fácilmente. Conozco muy bien que históricamente las Fuerzas Armadas argentinas son el grupo armado de la oligarquía desde cuando mataban a los indios. Siempre fueron el grupo armado del poder económico." El técnico de aquella selección, si embargo, señala hoy que no tiene ninguna autocrítica que hacerse por su rol en el 78.
"¿Pero viejo, ahora resulta que el Mundial lo jugaron sólo Menotti y los jugadores? ¿Y la gente que llenó las canchas, que salió a las calles? ¿Y los medios?", dicen que, más en la intimidad, se pregunta Menotti cuando alguien le reprocha un rol que, a la medida de sus críticos más feroces, llegó a valerle un libro de título perverso (El director técnico del Proceso), pero del que jamás le resultó fácil despegarse. En la concentración de Jose C. Paz se comunicaba con sus colaboradores con walkie talkie, una foto de El Gráfico lo mostraba con una pistola en su mesita de luz, su trabajo recibía el apelativo de "proceso", sus jugadores no podían ser transferidos al exterior y, cerca del Mundial, los medios oficiales recibieron una prohibición de criticarlo, aunque hasta pocos meses antes un sector de la prensa había hecho campaña para imponer a Juan Carlos Toto Lorenzo. Mimetizado con los tiempos, Menotti, quien por entonces tenía 39 años, se sintió tal vez el comandante de un momento histórico para el fútbol argentino. "Yo le decía: ‘Cesar, los militares te están usando’. Pero él me respondía que no había problemas, que los tenía controlados", contó antes de morir João Saldanha, miembro histórico del Partido Comunista Brasileño y que se alejó de la conducción técnica de la selección de su país poco antes de la gloria del Mundial de México 70, cuando allí mandaba la dictadura del general Emilio Garrastazu Médici.
Cuando La Pelota Se Mancho De Sangre
Los gritos de gol ahogaron los gritos de dolor de los torturados. Los cantos en las gradas silenciaron los alaridos de los desaparecidos. El fútbol fue un instrumento del que se aferró la dictadura que tomó el poder en marzo de 1976 para apartar a la población de la angustiosa verdad. Fue una cortina inmóvil que por momentos empañó la visión del país. En los mismos instantes en que River y la Selección ganaban sus partidos y la Argentina era confirmada como organizadora del Mundial ‘78, el terrorismo de Estado llevaba a cabo el golpe militar más sangriento de la historia argentina. El desafío más importante de una Nación, el de asegurar la libertad de sus habitantes, se despedazaba por completo ante el brutal accionar de las Fuerzas Armadas.
La noche anterior Menos de mil metros separaban el Estadio Monumental del mayor centro de torturas de la dictadura militar, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). El martes 23 de marzo River enfrentó en su cancha a Deportivo Portuguesa de Venezuela por la Copa Libertadores, con transmisión de Canal 7. La alegría de la parcialidad millonaria por los goles de José Omar Reinaldi y el triunfo por 2-1 se mezcló con las sensaciones de un pueblo entero que intuía que algo estaba a punto de suceder. Las maniobras de los jefes militares así lo indicaban. La hediondez que se percibía en el ambiente así lo denotaba.
No fue necesario llegar a la medianoche para corroborar los presagios.
Cerca de las 23.30, Edgardo Mesa, periodista de Canal 13, comunicó que el gobierno de María Estela Martínez de Perón sería derrocado de un momento a otro. Una hora después, la Presidenta de la Nación abordó un helicóptero con supuesto destino a Olivos, pero fue engañada y finalmente trasladada y detenida en la estancia El Messidor, en Neuquén.
Era el principio del fin.
El Golpe lo dio River, fue el título con el que un medio gráfico encabezó al día siguiente la crónica del partido. Una asociación que provoca rechazo, un juego de palabras que causa repugnancia, mucho más cerca del cinismo que de la ironía. Además de la manipulación del gobierno ejercida sobre los medios de comunicación y la complicidad de éstos, había que soportar la burla y la humillación. A continuación, el diario escribió en la bajada: "Anoche, en el estadio Monumental, River Plate dio su propio ‘golpe’ en el grupo 1 de la Copa Libertadores de América al vencer 2-1 a Deportivo Portuguesa".
Cuando la noche del deplorable día asomaba, la Junta realizó su primera reunión. El almirante Emilio Eduardo Massera les hizo ver al teniente general y jefe de Estado, Jorge Rafael Videla, y al jefe de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, la necesidad de confirmar la organización del Campeonato Mundial de Fútbol. La decisión de la cúpula mayor terminó siendo unánime. El Mundial se hacía a toda costa. El papel que cumplió Carlos Alberto Lacoste, ministro de Acción Social y hombre fuerte del deporte durante la dictadura, fue clave para que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) recibiera la aprobación del brasileño Joao Havelange, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), quien por esos días aconsejó con fría inescrupulosidad: "No se preocupen por la política de Argentina, preocúpense por su fútbol".
El domingo 28 arribó al país una comitiva de la FIFA comandada por el ex SS nazi Hermann Neuberger. Las operaciones avanzaban y las maniobras militares se multiplicaban. Entre los principales procedimientos, se decidió a las pocas horas que las cuentas de la AFA en el Banco Central fueran bloqueadas. El Mundial tuvo finalmente un presupuesto de 700 millones de dólares, cuando los cálculos financieros realizados tiempo atrás preveían un costo de 100 millones.
El primero de los objetivos de la dictadura se había cumplido. La obra más espantosa de la política argentina había conseguido la puesta en escena que deseaba. Eligió los actores, montó la escenografía y escribió el guión. La trama era conocida por pocos; el final, sólo por los creadores. Lo que se escondía detrás del telón era difícil de ocultar, imposible de callar: 30 mil voces reclamando libertad.
Un osado escribiría un año después: "El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y los que omiten son calamidades (...) Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos0’, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio (...) Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles".
Ese audaz fue el periodista y escritor Rodolfo Walsh, asesinado el 25 de marzo de 1977, un día después de la difusión de su carta dirigida a la Junta Militar. Llegó demasiado lejos. Había traspasado el telón
Pondria Mas, Pero se haria muy denso,muy buena la pagina de donde saque toda la informacion,bueno Taringueros, esto fue todo,espero que les guste
Fuente: http://www.elortiba.org/mundial78.html
El Mundial del 78
En Alemania moría el popular escarabajo de la Volkswagen, el Inglaterra nacía el primer bebé de probeta, en Italia se legalizaba el aborto. Sucumbían las primeras víctimas del sida, una maldición que todavía no se llamaba así. Las Brigadas Rojas asesinaban a Aldo Moro, los Estados Unidos se comprometían a devolver a Panamá el canal usurpado a principios de siglo. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban la inminente caída de Fidel Castro, que iba a desplomarse en cuestión de horas. En Nicaragua tambaleaba la dinastía de Somoza, en Irán tambaleaba la dinastía del Sha, los militares de Guatemala ametrallaban una multitud de campesinos en el pueblo de Panzós. Domitila Barrios y otras cuatro mujeres de las minas de estaño iniciaban una huelga de hambre contra la dictadura militar de Bolivia, al rato toda Bolivia estaba en huelga de hambre, la dictadura caía. La dictadura militar argentina, en cambio, gozaba de buena salud, y para probarlo organizaba el undécimo Campeonato Mundial de Fútbol.
Participaron diez países europeos, cuatro americanos, Irán y Túnez. EL Papa de Roma envió su bendición. Al son de una marcha militar, el general Videla condecoró a Havelange en la ceremonia de la inauguración, en el estadio Monumental de Buenos Aires. A unos pasos de allí, estaba en pleno funcionamiento el Auschwitz argentino, el centro de tormento y exterminio de la Escuela de Mecánica de la Armada. Y algunos kilómetros más allá, los aviones arrojaban a los prisioneros vivos al fondo de la mar.
"Por fin el mundo puede ver la verdadera imagen de la Argentina", celebró el presidente de la FIFA ante las cámaras de la televisión. Henry Kissinger, invitado especial, anunció:
-Este país tiene un gran futuro a todo nivel.
Y el capitán del equipo alemán, Berti Vogts, que dio la patada inicial, declaró unos días después:
-Argentina es un país donde reina el orden. Yo no he visto a ningún preso político.
Los dueños de casa vencieron algunos partidos, pero perdieron ante Italia y empataron con Brasil. Para llegar a la final contra Holanda, debían ahogar a Perú bajo una lluvia de goles. Argentina obtuvo con creces el resultado que necesitaba, pero la goleada, 6 a 0, llenó de dudas a lo malpensados, y a los bienpensados también. Los peruanos fueron apedreados al regresar a Lima.
La final entre Argentina y Holanda se definió por alargue. Ganaron los argentinos 3 a 1, y en cierta medida la victoria fue posible gracias al patriotismo del palo que salvó al arco argentino en el último minuto del tiempo reglamentario. Ese palo, que detuvo un pelotazo de Rensenbrink, nunca fue objeto de honores militares, por esas cosas de la ingratitud humana. De todos modos, más decisivos que el palo resultaron los goles de Mario Kempes, un potro imparable que se lució galopando, con la pelambre al viento, sobre el césped nevado de papelitos.
A la hora de recibir los trofeos, los jugadores holandeses se negaron a saludar a los jefes de la dictadura argentina. El tercer puesto fue para Brasil. El cuarto, para Italia.
Kempes fue el mejor jugador de la Copa y también el goleador, con seis tantos. Detrás figuraron el peruano Cubillas y el holandés Rensenbrink, con cinco goles cada un
Botas y botines
Los primeros comunicados de la Junta de aquel miércoles 24 de marzo hablaban de suspensión de derechos, intervenciones y prohibiciones. Pero el número 23 informaba que se interrumpía la transmisión de la cadena nacional para permitir la difusión en directo del partido Argentina- Polonia. El fútbol volvió a ocupar a la Junta en la primera reunión celebrada por sus integrantes el día 24. El almirante Emilio Massera comunicó al general Jorge Rafael Videla que Argentina debía confirmar su decisión de organizar la Copa Mundial ‘78. "Costará sólo 70 millones de dólares", le dijo Massera a Videla. Alguien intentó explicar luego que las obras demandarían una inversión mayor, pero Videla no se preocupó. "Aunque cueste cien millones no hay problemas", señaló.
"Veinticinco millones de argentinos", como decía el jingle militar, terminaron pagando más de 700 millones de dólares.
El 25 de marzo la Junta recibió de manos del deporte una de las primeras adhesiones. La dio el presidente de la Confederación Brasileña de Deportes (CBD), almirante Heleno Nunes. "Tal vez sea la mejor garantía de la Copa del Mundo en Argentina", dijo Nunes. Al día siguiente arribó a Buenos Aires una comisión de la FIFA, para inspeccionar las obras del Mundial, encabezada por el alemán Hermann Neuberg, SS en los tiempos de Hitler. "El cambio de Gobierno no tiene nada que ver con el Mundial. Somos gente de fútbol y no políticos", dijo Neuberger. Más claro aún fue el propio mandamás de la FIFA, Joao Havelange. El 28 de marzo decía desde el exterior que "la Argentina está ahora más apta que nunca para organizar el mundial". Recibiendo a la FIFA en Ezeiza aquel 25 de marzo estaba ya el almirante Carlos Lacoste, la bota que Massera puso dentro del deporte, para manejar el poder y los negocios.
Lacoste convocó a sus oficinas en el Ministerio de Acción Social al presidente de Boca Juniors, Alberto J. Armando, y le sugirió que pidiera la renuncia a toda la cúpula de la AFA. Su presidente, el médico de la UOM David Bracutto, rechazó el convite. Pero el 30 de marzo la dictadura bloqueó las cuentas de la AFA en el Banco Central y Bracutto debió abandonar su cargo. La Marina y el Ejército libraron una batalla para ver quién se quedaba con la pelota. Ganó Massera y el 1 de mayo de 1976 el voto obediente y mayoritario de los presidentes de los clubes de fútbol permitió al abogado Alfredo Cantilo convertirse en el nuevo presidente de la AFA.
Si la dictadura precisó a la AFA de una fachada democrática, distinta fue la situación en la Confederación Argentina de Deportes (CAD). Allí fue designado interventor Miguel Angel Bruno, allegado al general Reynaldo Bignone. En el Comité Olímpico Argentino ( COA) el régimen urdió una trampa derrocando al tirador Pablo Cagnasso. Rodríguez sigue aún hoy en el COA y Bruno es su vicepresidente. La palabra "desaparecido" golpeó al fútbol al mes de producido el golpe. El 23 de abril de 1976 las capuchas se llevaron a Norberto Julio Morresi, de 17 años, hermano de Claudio, el jugador que luego actuó en Huracán y River, una de las pocas voces del fútbol que jamás se escondió para repudiar activamente la represión. Casi al mes siguiente, el 17 de mayo de 1976, la dictadura tuvo su primera muerte en las canchas. Estudiantes y Huracán jugaban en La Plata y en la tribuna visitante apareció un cartel de Montoneros. En medio de la batahola cayó muerto de un balazo Gregorio Noya, que estaba en la platea acompañado de su hijo pequeño. En 1976, según recuerda el periodista Amílcar Romero, en su libro Deporte, Violencia y política la AFA hizo disputar una cifra récord 752 periodistas y fue bajo la dictadura cuando las barra bravas, como dijo Roberto Perfumo, "ganaron su lugar al sol". Aquel mes de mayo, el día 23, el triunfo de Víctor Galíndez en Sudáfrica y ante Richie Kates y el asesinato de Ringo Bonavena en un burdel de Nevada ocultaron otra pequeña noticia publicada por los diarios: el hallazgo de los cuerpos acribillados de los legisladores uruguayos Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.
Util para la dictadura, al deporte también le llegó la censura. El interventor de las radios Splendid y Excelsior, vicecomodoro Jorge Pedrerol, transmitió órdenes superiores y prohibió en esas emisoras cualquier "comentario adverso" a la selección y a su técnico, César Menotti. Videla, en tanto, elegía deportistas para almorzar con "jóvenes sobresalientes", el 21 de setiembre de 1979: entre los elegidos estaba Alberto Tarantini y Claudia Casabianca, años más tarde involucrados en causas por drogas. El 26 de noviembre desaparecía Claudio Tamburrini, arquero del club de Almagro. Fue torturado y privado de su libertad hasta el 24 de marzo de 1978. Pasó 120 días en el centro de tormentos clandestino instalado en el oeste del Gran Buenos Aires bajo el nombre de Mansión Seré.
Irónicamente uno de los hombres que tuvo bajo su cargo la Mansión Seré fue el comodoro Julio César Santuccione, famoso profesor en Mendoza y uno de los tantos militares dirigentes de la AFA, en aquellos años, como secretario del Tribunal de Disciplina y de la Comisión Especial de Reformas al Reglamento.
Siguiendo los consejos de la agencia Burson Masteller, contratada para mejorar su imagen en el extranjero, la Junta siguió montada al deporte y el 9 de setiembre de 1977 Videla esquivó protestas en su visita a Nueva York fotografiándose con Guillermo Vilas, que unos días después ganaría por primera y única vez el Abierto de Estados Unidos.
Aquel mismo 9 de setiembre, más pequeño, se informaba sobre el secuestro del profesor Alfredo Bravo. El ‘77, cuando ya Suárez Mason viajaba en los aviones de YPF para seguir los partidos de Diego Maradona en su club, Argentino Juniors, se cerró con el recordado secuestro de las monjas francesas. Al día siguiente, las portadas en los diarios, sin embargo, se ocuparon en la fecha del fútbol, la final del polo entre el coronel Suárez y Santa Ana y una exhibición de Carlos Monzón en la Rural. Los archivos de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos(APDH) cuentan a 56 desaparecidos en enero de 1978. Uno de ellos es el único deportista federado argentino chupado por los militares. El atleta Miguel Sánchez un tucumano de 25 años que había participado tres veces en la famosa maratón brasileña de San Silvestre, fue arrancado de su casa de San Martín 176, de Villa España, en Berazategui, a las 3.30 de la madrugada del 9 de enero de 1978. Su entrenador, Osvaldo Suárez, una de las máximas figuras del atletismo argentino, siempre creyó que se trató de "uno de los tantos errores de procedimiento".
En Rosario, a un periodista cuyas crónicas "deformaban la realidad", le mandaron una señorita. Y cuando se quedó dormido la dama se llevó su credencial, sin la cual no pudo seguir trabajando y debió volver a su país. El día que empezó el Mundial, la dictadura cerró el Hospital Rawson. Y un día antes de la final ante Holanda, Adolfo Peréz Esquivel salió de prisión. Argentina ganó el Mundial el 25 de junio de 1978 y los torturados de la ESMA no escucharon los gritos del estadio de River pese a la cercanía. Ellos se enteraron, porque su represor, el "Tigre" Acosta, irrumpió en el tercer piso al grito de "¡Ganamos, ganamos!". Obtenida la Copa, El Gráfico, abrió su edición del 4 de junio con una entrevista exclusiva a quien creyó figura de la Copa, el general Videla. Fueron años en que la política abusó del fútbol. Años de Kempes, el Matador. Años de Videla, el asesino.
¿La Fiesta De Quienes?
La vuelta olímpica del Mundial 78 –la Copa más polémica de la FIFA- marcó sin dudas un hito consagratorio en la historia del fútbol argentino. Pero en pleno Mundial, a diez cuadras de la cancha de River, epicentro de la fiesta, funcionaba la ESMA, el mayor centro de torturas de la dictadura. Aquella siniestra combinación de goles y desaparecidos llevó a que el Mundial 78 fuera siempre comparado con los Juegos Olímpicos de 1936. Estos últimos transcurrieron en la Alemania nazi de Hitler. El Mundial 78, en cambio, se jugó en la Argentina de Videla. Y su marchita de tono militar no admitía indiferentes. "Veinticinco millones de argentinos –decía la canción oficial- jugaremos el Mundial"
"A distancia –señala hoy Ardiles- está claro que fuimos utilizados como propaganda por parte de los militares. Pero también hay que aclarar que nosotros, los jugadores y el cuerpo técnico que integremos aquella Selección, fuimos víctimas de esa manipulación de nuestro trabajo, o de los frutos del mismo. Hoy duele ver eso, pero también –sigue Ardiles- puede decirse que quizá servimos como bálsamo para mucha gente oprimida que pudo volver a salir a la calle envuelta en banderas argentinas. Sabíamos que lo nuestro no tenía nada que ver con lo que estaban haciendo los militares, algo que prácticamente desconocíamos. Pero de alguna manera, a los que medianamente teníamos cierta conciencia de quiénes se trataba, nos hacía sentir mal."
César Menotti sí sabía de qué se trataba. "Yo tengo una buena formación política. No soy un boludo al que se lo puede engañar fácilmente. Conozco muy bien que históricamente las Fuerzas Armadas argentinas son el grupo armado de la oligarquía desde cuando mataban a los indios. Siempre fueron el grupo armado del poder económico." El técnico de aquella selección, si embargo, señala hoy que no tiene ninguna autocrítica que hacerse por su rol en el 78.
"¿Pero viejo, ahora resulta que el Mundial lo jugaron sólo Menotti y los jugadores? ¿Y la gente que llenó las canchas, que salió a las calles? ¿Y los medios?", dicen que, más en la intimidad, se pregunta Menotti cuando alguien le reprocha un rol que, a la medida de sus críticos más feroces, llegó a valerle un libro de título perverso (El director técnico del Proceso), pero del que jamás le resultó fácil despegarse. En la concentración de Jose C. Paz se comunicaba con sus colaboradores con walkie talkie, una foto de El Gráfico lo mostraba con una pistola en su mesita de luz, su trabajo recibía el apelativo de "proceso", sus jugadores no podían ser transferidos al exterior y, cerca del Mundial, los medios oficiales recibieron una prohibición de criticarlo, aunque hasta pocos meses antes un sector de la prensa había hecho campaña para imponer a Juan Carlos Toto Lorenzo. Mimetizado con los tiempos, Menotti, quien por entonces tenía 39 años, se sintió tal vez el comandante de un momento histórico para el fútbol argentino. "Yo le decía: ‘Cesar, los militares te están usando’. Pero él me respondía que no había problemas, que los tenía controlados", contó antes de morir João Saldanha, miembro histórico del Partido Comunista Brasileño y que se alejó de la conducción técnica de la selección de su país poco antes de la gloria del Mundial de México 70, cuando allí mandaba la dictadura del general Emilio Garrastazu Médici.
Cuando La Pelota Se Mancho De Sangre
Los gritos de gol ahogaron los gritos de dolor de los torturados. Los cantos en las gradas silenciaron los alaridos de los desaparecidos. El fútbol fue un instrumento del que se aferró la dictadura que tomó el poder en marzo de 1976 para apartar a la población de la angustiosa verdad. Fue una cortina inmóvil que por momentos empañó la visión del país. En los mismos instantes en que River y la Selección ganaban sus partidos y la Argentina era confirmada como organizadora del Mundial ‘78, el terrorismo de Estado llevaba a cabo el golpe militar más sangriento de la historia argentina. El desafío más importante de una Nación, el de asegurar la libertad de sus habitantes, se despedazaba por completo ante el brutal accionar de las Fuerzas Armadas.
La noche anterior Menos de mil metros separaban el Estadio Monumental del mayor centro de torturas de la dictadura militar, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). El martes 23 de marzo River enfrentó en su cancha a Deportivo Portuguesa de Venezuela por la Copa Libertadores, con transmisión de Canal 7. La alegría de la parcialidad millonaria por los goles de José Omar Reinaldi y el triunfo por 2-1 se mezcló con las sensaciones de un pueblo entero que intuía que algo estaba a punto de suceder. Las maniobras de los jefes militares así lo indicaban. La hediondez que se percibía en el ambiente así lo denotaba.
No fue necesario llegar a la medianoche para corroborar los presagios.
Cerca de las 23.30, Edgardo Mesa, periodista de Canal 13, comunicó que el gobierno de María Estela Martínez de Perón sería derrocado de un momento a otro. Una hora después, la Presidenta de la Nación abordó un helicóptero con supuesto destino a Olivos, pero fue engañada y finalmente trasladada y detenida en la estancia El Messidor, en Neuquén.
Era el principio del fin.
El Golpe lo dio River, fue el título con el que un medio gráfico encabezó al día siguiente la crónica del partido. Una asociación que provoca rechazo, un juego de palabras que causa repugnancia, mucho más cerca del cinismo que de la ironía. Además de la manipulación del gobierno ejercida sobre los medios de comunicación y la complicidad de éstos, había que soportar la burla y la humillación. A continuación, el diario escribió en la bajada: "Anoche, en el estadio Monumental, River Plate dio su propio ‘golpe’ en el grupo 1 de la Copa Libertadores de América al vencer 2-1 a Deportivo Portuguesa".
Cuando la noche del deplorable día asomaba, la Junta realizó su primera reunión. El almirante Emilio Eduardo Massera les hizo ver al teniente general y jefe de Estado, Jorge Rafael Videla, y al jefe de la Fuerza Aérea, Orlando Ramón Agosti, la necesidad de confirmar la organización del Campeonato Mundial de Fútbol. La decisión de la cúpula mayor terminó siendo unánime. El Mundial se hacía a toda costa. El papel que cumplió Carlos Alberto Lacoste, ministro de Acción Social y hombre fuerte del deporte durante la dictadura, fue clave para que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) recibiera la aprobación del brasileño Joao Havelange, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), quien por esos días aconsejó con fría inescrupulosidad: "No se preocupen por la política de Argentina, preocúpense por su fútbol".
El domingo 28 arribó al país una comitiva de la FIFA comandada por el ex SS nazi Hermann Neuberger. Las operaciones avanzaban y las maniobras militares se multiplicaban. Entre los principales procedimientos, se decidió a las pocas horas que las cuentas de la AFA en el Banco Central fueran bloqueadas. El Mundial tuvo finalmente un presupuesto de 700 millones de dólares, cuando los cálculos financieros realizados tiempo atrás preveían un costo de 100 millones.
El primero de los objetivos de la dictadura se había cumplido. La obra más espantosa de la política argentina había conseguido la puesta en escena que deseaba. Eligió los actores, montó la escenografía y escribió el guión. La trama era conocida por pocos; el final, sólo por los creadores. Lo que se escondía detrás del telón era difícil de ocultar, imposible de callar: 30 mil voces reclamando libertad.
Un osado escribiría un año después: "El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y los que omiten son calamidades (...) Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos0’, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio (...) Éstas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles".
Ese audaz fue el periodista y escritor Rodolfo Walsh, asesinado el 25 de marzo de 1977, un día después de la difusión de su carta dirigida a la Junta Militar. Llegó demasiado lejos. Había traspasado el telón
Pondria Mas, Pero se haria muy denso,muy buena la pagina de donde saque toda la informacion,bueno Taringueros, esto fue todo,espero que les guste
Fuente: http://www.elortiba.org/mundial78.html

