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El Pombero como arquetipo del traidor

Info8/10/2010
El Pombero como arquetipo del traidor



Los mitos conllevan siempre creencias que norman la conducta, ofrecen premios y castigos o aclaran algo que nos podría explicarse de otra manera. Aceptados por el pensamiento popular, todos utilizan el miedo como intangible arma. Si caemos en sus redes, quedarán enredadas nuestras ideas en sus antojos. Si usamos el raciocinio se liberarán nuestros ríos interiores.
La mente, individual o colectiva, es el Centro donde nace crece y se desarrolla la Conciencia que, a su vez, es el punto obligado donde se entrecruzan todas las coordenadas de nuestras ideas, creencias y sentimientos.
En el caso del Pombero, siguen insistiendo en su existencia física. Tanto es el afán por que realmente sea así, que terminan por verlo y hasta palparlo. Aún después de darles una explicación razonable, preguntan sobre si existe o no. La respuesta es: Si se cree, existe. Si razonamos, no. En cambio, como Mito sí existe. Aún está vigente.
Los guaraníes, utilizaron inteligentemente los mitos para regular sus relaciones entre comunidades y establecer normas de conductas. Lo demuestra el cambio de objetivo del Jaguar Azul y de las funciones del Kurupí, después de la llegada de los españoles. Para desenmascarar al español, inventaron a Jasykatere, al descubrir el doblez de los tupinamba, crearon el Pombero.
El Pombero es arquetipo del traidor. Siguió existiendo en la memoria como el entregador. En la actualidad, está en plena vigencia. Vemos con claridad la similitud con aquellos de antaño. Actualmente, suman millones. Hablan de cuidar palomas de la justicia, pero una vez en el poder o en connivencia con quienes lo manejan, resultan ser los traidores de siempre. Venden sus palabras, malversan los fondos públicos y nos entregan a la voracidad de intereses espurios. Se los reconoce con cierta facilidad, aunque saben mimetizarse y saben mentir.
Son los obsecuentes, serviles y coimeros beneficiarios del despilfarro de los bienes públicos. Semejantes a los primigenios murciélagos, enemigos del saber, riñen entre ellos por los mendrugos que tiran los poderosos. Merecen ser ajusticiados por las poderosas garras del Jaguar azul o que Kurupí los castigue como él sabe hacerlo. Quizás así, podamos aliviar a nuestras sociedades de tanta corrupción.
Si preguntáramos a los pomberos de antaño sufre sus actividades, alegarían que querían liberar a sus hermanos de la opresión. Los actuales, usarían la misma falacia de ser ellos los defensores de bienes y valores de sus conciudadanos.
Los palomeros, espantapájaros de antaño, espiaban a los de su estirpe para beneficiar los secuestradores. Los de ahora, dicen amar a las palomas de la paz, la justicia y del espíritu santo. Luego traicionan sus palabras, convertidos en pusilánimes sirvientes entregadores que, a hurtadillas, sacan provecho propio de sus traiciones. Están mimetizados en todas las clases sociales y todos los matices políticos. Se cubren de privilegios e inmunidades. Son intocables aprendices de Mefistófeles, bisnietos del mítico personaje guaraní, aliados ahora con los descendientes del bíblico Caín. Como el antiguo, al que gustaba del dulce y el tabaco, al moderno le gusta la plata dulce y la holganza. Todos los espías son traidores. Traicionan sus palabras, traicionan sus promesas, traicionan a sus semejantes. Siempre traicionan.
Es necesario golpear, con crudas expresiones los aldabones de la conciencia para que la sociedad despierte a la realidad. Podríamos enderezar las torcidas conductas de los Pomberos, clavando en las espaldas de cada uno de ellos el rótulo de "Pombero, entregador del pueblo". Así es como funciona el mecanismo de los mitos. Es posible utilizarlos y aprender cómo, porqué y para qué fueron creados. Debemos entrar sin miedo entre los cacharros donde hierven los caldos de nuestras ilusiones y fantasías, aquella olla donde se cocinan las virtudes y las maldades de nuestra obligada aunque divertida y maravillosa aventura de vivir, para librarnos del agobio de tantas iniquidades.

El texto fue cedido por el DR. Arnaldo Gómez, que a su vez lo tomo del libro "XIII Narradores correntinos". Editorial "Ko'êju". Corrientes, 1987 y con el cuento El Pombero de la isla.
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