En junio de 1934, época de pleno apogeo nazi, Buenos Aires recibió la visita del Graf Zeppelin. La ingente nave alemana estuvo sólo una hora en el país, pero dejó un recuerdo que perdura hasta hoy.
Las crónicas escritas a partir de los hechos que tuvieron lugar en la fría mañana porteña del 30 de junio de 1934 no dejan de transmitir el asombro del que fueron presa todas aquellas personas que levantaron sus miradas al cielo, o escucharon pasar cerca los cinco potentes motores alemanes que movían ese raro globo ovalado.
Fue un sábado, y la voz corrió rápido: el Graf Zeppelin estaba llegando a Buenos Aires procedente de Alemania. Los medios gráficos hacía días estaban anunciando esta “gran visita”, haciendo una destacada propaganda sobre la sofisticada tecnología y comodidades que poseía la gigante nave. El dirigible, a su vez, también hacía propaganda, pero no de sus ventajas como transporte sino sobre el oscuro régimen nazi que tanto poder había acumulado en Europa.
Algo se asoma en Argentina
Las primeras luces del día invernal comenzaron a dibujar la precisa e imponente figura del Graf Zeppelin avanzando, lento pero constante, sobre el Río de la Plata. De a poco su estructura comenzó a reflejar su amplia sombra por las calles de la capital, mientras que miles de curiosos llenaban las calles, azoteas y balcones para lograr ver esa tremenda obra de ingeniería.
Por todos lados se veía gente saludando con sus brazos en alto, cronistas sacando fotos y caras de asombro; la fascinación fue casi total. Y no es difícil entender por qué esta visita causó tal revuelo si nos imaginamos, aunque sólo por unos segundos, lo que fue ver a semejante dirigible sobrevolando Buenos Aires… en 1934, época en la que no era para nada frecuente ver siquiera aviones surcando los cielos.
El Graf Zeppelin tenía una longitud de 235 metros y 80 metros de diámetro. Sí, más de dos cuadras. Su capacidad interna era de 100.000 metros cúbicos, y su interior estaba equipado con los más sofisticados elementos de navegación y comodidad. Disponía de un comedor para los pasajeros, cocina, salón de fumadores, otro de recreación, y diez camarotes. Esta nave fue un ejemplo de la importancia que habían ganado los dirigibles, aún en tiempos en los cuales los aviones ya les estaban disputando victoriosos el espacio aéreo.
Algo se asoma en Alemania
Ahora bien, lo curioso de la visita va mucho más allá de las asombrosas características que la nave poseía: lo que los felices espectadores no sabrían es que ese mismo día en Alemania se llevaría a cabo la primera masacre nazi comandada por Adolf Hitler, hecho que pasó a la historia con el nombre de “La Noche de los Cuchillos Largos”.
Ese suceso marcó el destino del partido nacionalista alemán, y el de Hitler también. Un año antes, en 1933, el futuro Fürher había logrado convertirse en canciller luego de que su partido ganara las elecciones con más del 35 por ciento de los votos, pero todavía quedaban enemigos por vencer: sólo con un plan oscuro y frío Hitler lograría apoderarse de todos los organismos del Estado alemán y convertirse así en el líder máximo.
Su real oponente dentro del partido nazi era Ernst Röhm -jefe de la SA, cuerpo paramilitar de mucha influencia y poder- quien pretendía absorber al ejército dentro de éste creando una única fuerza de choque. Por este motivo, y acusado de querer realizar pactos socialistas que afectarían las estructuras del gobierno, fue que Hitler comandó una cruel purga dentro del partido con la ayuda de su nuevo grupo de elite, la SS. Además, la homosexualidad de Röhm no encajaba dentro de los preceptos arios que la doctrina nazi sostenía.
Así fue como durante la noche del 30 de junio Hitler asesinó a Röhm y a decenas de sus partidarios. Muchos opositores fueron detenidos (y luego juzgados en un tribunal especial para traidores, sin garantías) a lo largo de varias ciudades. Aludiendo que el objetivo fue terminar con las amenazas a la seguridad nacional, Hitler y sus secuaces acabaron con cientos de vidas.
Esto, como todos sabemos, sería sólo el comienzo.
Visita breve
Sólo unas horas antes de ese episodio lamentable, el Graf Zeppelin aterrizaba en Campo de Mayo, a las 8:47 de la mañana. Hicieron falta 200 soldados para amarrar al coloso de tela y aluminio. Su capitán, el Dr. Eckener, saludó a las autoridades, mientras la nave era abastecida con agua, alimentos, nuevos pasajeros y cartas. La gente, entusiasmada, no dejaba de levantar sus manos agradeciendo la visita. Finalmente partió a las 9:47, luego de permanecer sólo una hora en suelo argentino. Y eso fue todo.
Hoy en día, luego de 76 largos años, podemos apreciar lo que la gente de la época no pudo: de qué manera el régimen nazi utilizó a estos titanes voladores cómo instrumentos de propaganda enfocados a transmitir una ideología.
Antes de marcharse su capitán declaró que volverían a visitarnos. Pero se fue y no volvieron nunca más.
Qué suerte.
http://notio.com.ar/historia/cuando-la-esvastica-sobrevolo-buenos-aires-2340
Las crónicas escritas a partir de los hechos que tuvieron lugar en la fría mañana porteña del 30 de junio de 1934 no dejan de transmitir el asombro del que fueron presa todas aquellas personas que levantaron sus miradas al cielo, o escucharon pasar cerca los cinco potentes motores alemanes que movían ese raro globo ovalado.
Fue un sábado, y la voz corrió rápido: el Graf Zeppelin estaba llegando a Buenos Aires procedente de Alemania. Los medios gráficos hacía días estaban anunciando esta “gran visita”, haciendo una destacada propaganda sobre la sofisticada tecnología y comodidades que poseía la gigante nave. El dirigible, a su vez, también hacía propaganda, pero no de sus ventajas como transporte sino sobre el oscuro régimen nazi que tanto poder había acumulado en Europa.
Algo se asoma en Argentina
Las primeras luces del día invernal comenzaron a dibujar la precisa e imponente figura del Graf Zeppelin avanzando, lento pero constante, sobre el Río de la Plata. De a poco su estructura comenzó a reflejar su amplia sombra por las calles de la capital, mientras que miles de curiosos llenaban las calles, azoteas y balcones para lograr ver esa tremenda obra de ingeniería.
Por todos lados se veía gente saludando con sus brazos en alto, cronistas sacando fotos y caras de asombro; la fascinación fue casi total. Y no es difícil entender por qué esta visita causó tal revuelo si nos imaginamos, aunque sólo por unos segundos, lo que fue ver a semejante dirigible sobrevolando Buenos Aires… en 1934, época en la que no era para nada frecuente ver siquiera aviones surcando los cielos.
El Graf Zeppelin tenía una longitud de 235 metros y 80 metros de diámetro. Sí, más de dos cuadras. Su capacidad interna era de 100.000 metros cúbicos, y su interior estaba equipado con los más sofisticados elementos de navegación y comodidad. Disponía de un comedor para los pasajeros, cocina, salón de fumadores, otro de recreación, y diez camarotes. Esta nave fue un ejemplo de la importancia que habían ganado los dirigibles, aún en tiempos en los cuales los aviones ya les estaban disputando victoriosos el espacio aéreo.
Algo se asoma en Alemania
Ahora bien, lo curioso de la visita va mucho más allá de las asombrosas características que la nave poseía: lo que los felices espectadores no sabrían es que ese mismo día en Alemania se llevaría a cabo la primera masacre nazi comandada por Adolf Hitler, hecho que pasó a la historia con el nombre de “La Noche de los Cuchillos Largos”.
Ese suceso marcó el destino del partido nacionalista alemán, y el de Hitler también. Un año antes, en 1933, el futuro Fürher había logrado convertirse en canciller luego de que su partido ganara las elecciones con más del 35 por ciento de los votos, pero todavía quedaban enemigos por vencer: sólo con un plan oscuro y frío Hitler lograría apoderarse de todos los organismos del Estado alemán y convertirse así en el líder máximo.
Su real oponente dentro del partido nazi era Ernst Röhm -jefe de la SA, cuerpo paramilitar de mucha influencia y poder- quien pretendía absorber al ejército dentro de éste creando una única fuerza de choque. Por este motivo, y acusado de querer realizar pactos socialistas que afectarían las estructuras del gobierno, fue que Hitler comandó una cruel purga dentro del partido con la ayuda de su nuevo grupo de elite, la SS. Además, la homosexualidad de Röhm no encajaba dentro de los preceptos arios que la doctrina nazi sostenía.
Así fue como durante la noche del 30 de junio Hitler asesinó a Röhm y a decenas de sus partidarios. Muchos opositores fueron detenidos (y luego juzgados en un tribunal especial para traidores, sin garantías) a lo largo de varias ciudades. Aludiendo que el objetivo fue terminar con las amenazas a la seguridad nacional, Hitler y sus secuaces acabaron con cientos de vidas.
Esto, como todos sabemos, sería sólo el comienzo.
Visita breve
Sólo unas horas antes de ese episodio lamentable, el Graf Zeppelin aterrizaba en Campo de Mayo, a las 8:47 de la mañana. Hicieron falta 200 soldados para amarrar al coloso de tela y aluminio. Su capitán, el Dr. Eckener, saludó a las autoridades, mientras la nave era abastecida con agua, alimentos, nuevos pasajeros y cartas. La gente, entusiasmada, no dejaba de levantar sus manos agradeciendo la visita. Finalmente partió a las 9:47, luego de permanecer sólo una hora en suelo argentino. Y eso fue todo.
Hoy en día, luego de 76 largos años, podemos apreciar lo que la gente de la época no pudo: de qué manera el régimen nazi utilizó a estos titanes voladores cómo instrumentos de propaganda enfocados a transmitir una ideología.
Antes de marcharse su capitán declaró que volverían a visitarnos. Pero se fue y no volvieron nunca más.
Qué suerte.
http://notio.com.ar/historia/cuando-la-esvastica-sobrevolo-buenos-aires-2340