

¿Qué es el viaje astral y cómo hacer viajes astrales?

El viaje astral consiste en acceder al plano astral con nuestro cuerpo astral. Podríamos decir que es la capacidad natural del ser humano para proyectarse energéticamente fuera de su cuerpo. En otras palabras, hacer un viaje astral es eliminar toda barrera física. Puede sonar confuso a las personas que no estén informadas acerca del viaje astral, como todos sabemos existen los fenómenos paranormales y el viaje astral es uno de ellos. También podemos llamarle desdoblamiento astral o proyección astral.
¿Qué es el plano astral?

El plano astral es el lugar en el que aparecemos durante el viaje astral, para lograrlo raramente es involuntario, se debe acceder mediante técnicas.
El plano astral o mundo astral es el plano donde existen las energías de una frecuencia superior a la materia. Existen planos superiores al plano astral, pero estos son dimensiones superiores difíciles de percibir. El plano astral es un mundo paralelo al nuestro.
El plano astral o mundo astral es el plano donde existen las energías de una frecuencia superior a la materia. Existen planos superiores al plano astral, pero estos son dimensiones superiores difíciles de percibir. El plano astral es un mundo paralelo al nuestro.
¿Cómo es el cuerpo astral?

El cuerpo astral es el vehículo que tenemos para movernos en el plano astral. El cuerpo astral está formado por una parte energética nuestra y esta es la que proyectamos astralmente.
¿Cómo es el plano astral?

En el plano astral, además de existir un enorme tráfico de energías (fotones, frecuencias de telefonía, rayos infrarrojos, etc.) existen estructuras energéticas que igual que el cuerpo astral también poseen conciencia propia. Elementales, seres de luz, maestros ascendidos, espíritus fallecidos, todos ellos son formas energéticas conscientes que residen permanentemente en el plano astral.

Los habitantes de los planos superiores pueden ver los individuos de planos inferiores como el nuestro, pero nosotros no podemos ver a seres de este otro mundo, excepto que se posea una enorme sensibilidad espiritual.

El plano astral tiene sus jerarquías, normas de conducta, etc. Es un mundo similar al nuestro estructuralmente hablando, pero en ocasiones difícil de comprender, ya que todo lo que sucede allí no corresponde a las leyes físicas convencionales, sino a las leyes cuánticas.

Síntomas del viaje astral

Hay muchos síntomas del viaje astral: vibraciones, zumbidos, pitidos, sensación de mareo, la cabeza nos da vueltas. Si el estado es más avanzado podemos ver imágenes en nuestra mente, escuchar voces, ver paisajes u otros lugares y si vemos nuestro cuerpo durmiendo es que ya casi lo hemos logrado.
Cuando nos desdoblamos nuestro cuerpo pasa por un estado de adaptación y eso produce síntomas e indicios que determinan si se trata de un viaje astral. Estos síntomas son muy frecuentes a la hora de practicar las técnicas de desdoblamiento, incluso podemos sentirlos en sesiones de meditación si sabemos cómo meditar. En muchos casos estos síntomas no son garantía de que vamos a salir del cuerpo físico, pero si determinan que estamos más cerca de conseguirlo. Es importante saber controlarlos. Si conseguimos mantener el grado de vibración, tarde o temprano acabaremos saliendo.
El problema es que muchas veces perdemos la concentración y eso interrumpe todo el proceso. La única manera de poder mantener la vibraciones o zumbidos es seguir concentrado sin desviar la atención en otros asuntos, solo tenéis que concentraros en el grado de frecuencia que estás teniendo.
El perder el control significa volver a empezar, si esto sucede no te desanimes y empieza otra vez. A largo plazo irás controlando estos síntomas y cada semana conseguirás alguna experiencia nueva. Es muy satisfactorio cuando ves los resultados, esto te empuja a ir adelante y no rendirte.
Técnica para desdoblarse a través de un sueño lucido.

Los sueños lúcidos son aquellos sueños en donde sabemos que estamos soñando mientras vivimos la experiencia. Esta realización, saber o "darnos cuenta", nos permite actuar deliberadamente en nuestros sueños, con la confianza de saber que nada nos puede ocurrir dado que estamos soñando. Por este motivo es que también son conocidos como "sueños conscientes".

Niveles de lucidez onírica Primero que nada, ¿qué es la lucidez? Bueno, se podría definir como la claridad, nitidez y distinción que se tiene de la experiencia consciente. En términos sencillos, viene a ser la "claridad" de nuestro estado mental.

La única gran diferencia entre un sueño común con un sueño lúcido es la clara percepción de que estamos soñando, lo cual nos da una completa libertad de acción dentro del sueño; y no solo eso, sino que, en los sueños lúcidos se producen una serie de fenómenos que definitivamente no se presentan en sueños normales.

Se distinguen diferentes etapas o niveles de lucidez mientras dormimos tales como estado pre, bajo y alto nivel de lucidez lo que a su vez está asociado con un diferente grado de control en nuestros sueños. Y la lucidez absoluta que es cuando logramos permanecer conscientes en todo momento, incluso mientras nos quedamos dormidos; no hay saltos o "vacíos" en la continuidad de la conciencia. Este nivel de lucidez está asociado a casos de un control total en los sueños, como el que dicen tener algunos maestros de meditación budistas.

Incluso si nos encontramos completamente lúcidos, en algunos casos es posible que no tengamos control significativo sobre el sueño, pero de todas maneras se puede disfrutar enormemente la experiencia "sabiendo" que estas soñando y seguros en nuestra cama durmiendo.

Con la práctica, en teoría todos podemos llegar a tener lucidez absoluta en nuestros sueños, para facilitar esa tarea aquí un listado con recomendaciones que recurrentemente aparecen en libros, artículos y manuales sobre sueños lúcidos y que con un poco de paciencia y otro tanto de perseverancia, resultan infalibles:
Un diario de sueños: anotar diariamente al menos fragmentos o escenas de los sueños que recuerdas ayuda a “poner el tema sobre la mesa”, asignándole atención a tu flujo de sueños dentro de tu mapa mental.
Predisposición: una labor esencial para esta o cualquier otra cosa que te propongas, se refiere a una dosis de autoprogramación mental para lograrlo.
Constataciones de realidad: a lo largo de tu día, pregúntate si estás dormido y trata de confirmarlo con alguna prueba física, por ejemplo, pellizca un poco tu brazo. Esto te permitirá contrastar el estado ‘real’ a cuando estés dormido.
Familiarización: familiarízate con tus sueños, con símbolos recurrentes e interpretaciones posibles. Detecta tus propios patrones oníricos.
Alucinación hipnogógica: ¿has notado que justo antes de dormirte tu flujo de pensamientos comienza a flexibilizarse y hay un breve periodo en el que el razonamiento que aún aplica denota una elasticidad irracional? Es importante poner atención a estos momentos que de algún modo representan una delgada frontera entre estar despierto y estar dormido.
Recursos oníricos: existen ciertos recursos, como alimentos o posturas, que potencian la intensidad de sus sueños.
Sustancias: la clave de todo está en la propia mente. Sin embargo, ciertas sustancias facilitan la obtención de lucidez onírica. Aunque, no son recomendadas.
Sueño plácido: si tienes desórdenes de sueño, como insomnio, es fundamental que los combatas. Asegurarte un sueño plácido es importante para luego comenzar a moldearlo.
Aléjate del estrés: aunque para muchos está parecerá misión imposible, al menos es importante entrar al sueño lo más relajado posible. Una meditación de 10 minutos podría ser suficiente para lograrlo.
Despierta periódicamente: aunque podría sonar como una terapia de shock, se ha comprobado que el despertarte cada cierto tiempo, por ejemplo cada 90 minutos, ayuda a avivar tus sueños (muchos onironautas recurren a esta práctica).
Dispositivos: existen diversos dispositivos para facilitar los sueños lúcidos, desde sencillas apps que puedes descargar en tu móvil, hasta artefactos más sofisticados, por ejemplo máscaras que advierten a tu mente, mediante estímulos de luz, cuando ha ingresado en un estado de REM.
Predisposición: una labor esencial para esta o cualquier otra cosa que te propongas, se refiere a una dosis de autoprogramación mental para lograrlo.
Constataciones de realidad: a lo largo de tu día, pregúntate si estás dormido y trata de confirmarlo con alguna prueba física, por ejemplo, pellizca un poco tu brazo. Esto te permitirá contrastar el estado ‘real’ a cuando estés dormido.
Familiarización: familiarízate con tus sueños, con símbolos recurrentes e interpretaciones posibles. Detecta tus propios patrones oníricos.
Alucinación hipnogógica: ¿has notado que justo antes de dormirte tu flujo de pensamientos comienza a flexibilizarse y hay un breve periodo en el que el razonamiento que aún aplica denota una elasticidad irracional? Es importante poner atención a estos momentos que de algún modo representan una delgada frontera entre estar despierto y estar dormido.
Recursos oníricos: existen ciertos recursos, como alimentos o posturas, que potencian la intensidad de sus sueños.
Sustancias: la clave de todo está en la propia mente. Sin embargo, ciertas sustancias facilitan la obtención de lucidez onírica. Aunque, no son recomendadas.
Sueño plácido: si tienes desórdenes de sueño, como insomnio, es fundamental que los combatas. Asegurarte un sueño plácido es importante para luego comenzar a moldearlo.
Aléjate del estrés: aunque para muchos está parecerá misión imposible, al menos es importante entrar al sueño lo más relajado posible. Una meditación de 10 minutos podría ser suficiente para lograrlo.
Despierta periódicamente: aunque podría sonar como una terapia de shock, se ha comprobado que el despertarte cada cierto tiempo, por ejemplo cada 90 minutos, ayuda a avivar tus sueños (muchos onironautas recurren a esta práctica).
Dispositivos: existen diversos dispositivos para facilitar los sueños lúcidos, desde sencillas apps que puedes descargar en tu móvil, hasta artefactos más sofisticados, por ejemplo máscaras que advierten a tu mente, mediante estímulos de luz, cuando ha ingresado en un estado de REM.
