LA MUJER DE JOB que dijo «no» a Dios «Principal culpa del hombre no son sus pecados, pues la tentación es poderosa y su fuerza débil; la falta principal del hombre es que puede en cualquier momento volverse a Dios y descuida hacerlo. De un libro de citas del rabí Boenan y Martín Buver. Job 2: 1-10 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales. Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová dijo: De rodear la tierra y de andar por ella. Y dijo Jehová: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal? Respondiendo Satanás, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás cómo blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehova. Aconteció que otro día vinieron los hijos de Dios para presentarse delante de Jehová, y Satanás vino también entre ellos presentándose delante de Jehová. Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondió Satanás a Jehová, y dijo: De rodar la tierra, y de andar por ella. YJehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal, y que todavía retiene su integridad, aun cuando tú me incitaste contra él para que lo arruinara sin causa? Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y tomaba Job un tiesto para rascarse con él, y estaba sentado en medio de ceniza. Entonces le dijo su mujer. ¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muérete. Yél le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios. Job 42:10-17 Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job. Y vinieron a él todos sus hermanos y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él y cada uno de ellos le dio una pieza de dinero y un anillo de oro. Y bendijo Jehová el postrer estado de Job más que el primero; porque tuvo catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, y tuvo siete hijos y tres hijas. Llamó el nombre de la primera, Jemimá, el de la segunda, Cesiá, y el de la tercera, Keren-hapuc. Y no había mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos. Después de esto vivió Job ciento cuarenta años y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo y lleno de días. Romanos 8:28 Y sabemos que a los que a Dios aman todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. La esposa de lob vive en el país de Uz, en Arabia; probablemente no lejos de Ur de los caldeos, la ciudad de donde Dios llamó a Abraham. Pocas mujeres han sido tan privilegiadas como ella lo fue; su .marido era inmensamente rico, teniendo un enjambre de servidores, casi como un rey. Tenía, además, siete hijos y tres hijas, todos ellos de buena posición, que celebraban frecuentes convites el uno en la casa del otro para estrechar sus lazos familiares. Pero la mayor de sus bendiciones era su propio marido, Job. Job era un hombre que amaba a Dios. Todo lo que sabe acerca de Dios es lo que otros le han dicho, pero esto es suficiente para que Job le sirva fielmente. La vida espiritual de Job es el secreto de la piadosa atmósfera en su hogar. Su vida está de tal modo impregnada por su devoción a Dios que las personas a su alrededor lo sienten; la gente dice que Job es un hombre piadoso y, por tanto, próspero. El fundamento de la vida de la mujer de Job es la piedad en prosperidad, y su marido es tan piadoso como prosperado y bendecido. Esta es la manera de hacer las cosas aquí abajo sobre la tierra. Pero al mismo tiempo algo extraordinario ocurre en el cielo. lob es el objeto en una conversación entre Dios y Satanás. Dios está complacido con Job, un ser humano de la tierra que le ama sinceramente. Dios está buscando personas como Job, pues son la respuesta al propósito para el cual Dios creó al hombre. Satán, el acusador de los creyentes,[1] no está de acuerdo con esto; contradice lo que la gente de la tierra está diciendo acerca de Job. Dice que si Job es piadoso es porque es próspero, e insinúa que si la prosperidad le fuera quitada, Job se volvería en contra de Dios. «Bien -dice Dios-, probemos tu acusación, Satanás. Quítale sus bienes, pero deja su persona.» Satanás es diabólicamente feliz con este permiso y derrama calamidad tras calamidad sobre Job, como las repetidas lluvias del mes de abril; un terrible golpe sucede al otro. Sus grandes rebaños son robados o destruidos por el rayo; esto anula su riqueza. Pero Satanás reserva para el final la mayor de las catástrofes: por medio de un fuerte tornado que arrasa la casa donde están reunidos, quita la vida a todos sus hijos. Todo lo que Job había acumulado con gran esfuerzo durante años se va en pocos momentos como un soplo. El hombre más rico del este queda convertido, repentinamente, en un pobre sujeto sin hijos. Todo lo que le ha quedado, además de su casa, son cuatro servidores... ¡Y su mujer! Satanás ha hecho su obra a la perfección, pero no ha conseguido su propósito. Aun cuando Job, siguiendo las costumbres orientales, rompe sus vestidos, su fe en Dios es inquebrantable. «Desnudo vine del vientre de mi madre y desnudo he de volver allá. El Señor dio y el Señor quitó, sea bendito el nombre del Señor»,[2] dice. Satanás y Dios hablan de nuevo... Otra vez se ocupan de Job. Dios señala la persistencia de su fe y Satanás reacciona diciendo que job no ha sido aún dañado personalmente; solamente lo han sido sus posesiones externas. «¡Toca su cuerpo -dice- y verás si su fe desfallece!» Se le permite hacer lo que desea, con una simple restricción: que no quitará la vida a Job. Satanás envía una enfermedad tan terrible a Job que es suficiente para quitarle a cualquier hombre sus sentidos. Queda cubierto de pequeños granos que se convierten en llagas de pies a cabeza. La ciencia médica nos dice que el sufrimiento de un paciente de estas características sería insoportable, pues va más allá de toda imaginación. La pestilente enfermedad, que le hace supurar pus por todo su cuerpo, le obliga a dirigirse a un estercolero, donde los perros rondan en busca de cadáveres de animales. Allí se sienta y rasca aquellas partes de su cuerpo afectadas por la enfermedad de un modo incipiente, que le producen escozor terrible, tratando de aliviarlo con un pedazo de tiesto... Pero entonces recibe el más fuerte golpe. Su esposa se vuelve contra él; la mujer que, según Dios, tenía que ayudar a Job para mejor o peor, la compañera que él necesita más que nunca, no le ayuda. Por medio de ella Satanás juega su última carta. Calvino la llama «el último instrumento de Satanás». «¿Aún retienes tu integridad? -le dice su esposa con amarga sorna¡Maldice a Dios y muérete!» Sus pocas palabras describen claramente la situación. Ella está totalmente aplastada y vencida por el dolor y sólo ve un camino: renunciar a la fe en Dios y suicidarse. Su reacción es, exactamente, opuesta a la actitud de su marido. La fe de job permanece en esta crisis; los motivos de su situación pueden estar ocultos de él, pero no duda de Dios. Para él, Dios es todavía una realidad; por lo tanto, puede aceptar de Dios tanto el bien como el mal. Su vida está edificada sobre la roca y aun cuando le azoten las tempestades no se hunde, su fundamento permanece. Es como un árbol cuyas raíces están bien arraigadas, que son fortalecidas en una tempestad; así las tempestades del dolor inesperado descubren el fundamento de la vida de un hombre. Job tiene un fuerte fundamento; su mujer, no. Muchos siglos después, cuando el Redentor en quien Job creía (Job 19:25), hubo vivido, muerto, resucitado y ascendido al cielo, Pablo escribe que solamente hay un fundamento sobre el cual el hombre puede edificar su vida: Jesucristo (1o Corintios 3:11 ). Su mujer no tiene fundamento; naturalmente, sus aflicciones son extremadamente grandes y es difícil identificarnos con sus pérdidas, pero habría podido sostenerse si su vida hubiese estado edificada sobre el mismo fundamento solido de su marido. Su reacción, tan diferente, ante el mutuo problema no es debido a la forma diferente de experimentar el dolor, sino que depende de su fundamento.[3] Por esta razón olvida o abandona à su marido en el momento más difícil de su vida. Los amigos de job vienen a visitarle, pero no pueden ayudarle. No leemos que su esposa suavice sus penas de ninguna manera. En todo el período de sufrimiento nunca aparece en el curso de la historia El único talento que Dios ha confiado a una mujer es el animar a otros, pero esto no se ve en la esposa de Job. De repente cambia la situacíón, casi tan súbitamente y de forma radical como al principio. Job y su esposa tienen de nuevo diez hijos (siete hijos y tres hijas). Sus bienes les son restituidos, y vienen a tener más ganado que el que poseían antes de la catástrofe. Pero lo más importante es que la prueba de Job ha traído fruto: Sus relaciones con Dios se han profundizado. «Antes te conocía de oídas dice Job a Dios-, pero mis ojos ahora te ven».[4] Ya Job no necesita apoyarse en la experiencia de otros, pues ha encontrado a Dios personalmente y esto le conduce al arrepentimiento y a la humildad.[5] Estas son dos características indispensables que preceden al encuentro con Dios. Job ha recibido una nueva visión de sí mismo y de Dios. Comprende que necesita un mediador entre el hombre y Dios;[6] así que el sufrimiento ha enido un efecto positivo para él. Le ha revelado cosas acerca de Dios que no había conocido nunca antes. Como Jacob, luchó con Dios y prevalació.[7] El resultado fue una vida más rica y feliz. Y Satanás, aquí, sí que es el perdedor. Buscó resultados de tentar a Job, que han venido a ser totalmente al revés de lo que el tentador quería. Job está más dedicado ahora a Dios que nunca antes lo estuvo. La Biblia nos deja a oscuras en cuanto a la esposa de job. Solamente nos dice que en el fragor de la tentación se puso de la parte mala, dando la culpa a Dios. Como ocurre en ocasiones, aun al creyente, esta mujer fue cegada por Satanás.[8] Falló en entender que, aun cuando Dios permita el sufrimiento, no es su propósito que el hombre sufra en balde, sino que el sufrimiento lleva fruto.[9] Su frágil felicidad le fue arrebatada temporalmente, a fin de que encontrara una felicidad inmutable. Dios mismo. El camino a esta felicidad es, sin embargo, a través de la escuela del sufrimiento. Como mujer del Antiguo Testamento que era, ella llevaba una doble carga pesada. No tenía el aliento de la Palabra de Dios escrita, ni ningún círculo de amigos cristianos para ayudarla. Sin embargo, tenía una prueba viviente de que no es indispensable ser derrotado en una crisis, ni siquiera en sus días. Esta prueba era su propio marido: Job. El Nuevo Testamento le alaba porque continuó confiando en Dios en tiempos de tribulación.[10] Cuando Satanás arrojó sus fieras saetas de tentación, lob usó su fe como escudo, deteniéndolas.[11] De este modo dio pruebas suficientes de que nadie es tentado con tanta fuerza que no pueda resistir, y de que Dios tiene un camino de escape en medio de cada tentación.[12] Job había edificado su vida sobre el fundamento de Dios, pero su esposa no tenía terreno sólido donde poner los pies. El dolor lo acercó a los brazos de Dios, pero la mujer de Job, en la hora crítica de su vida, dijo «no» a Dios. ¡Que no sigamos su ejemplo! NO LEÍ UN CARAJO! Moraleja: Cuándo Dios se pone en bromista no hay con que darle eh? Paralelismo: "Mirá como le doy una patada en la gamba a mi perro y cuando lo llame después sigue viniendo"
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
2,918visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:
Posts Relacionados
El misterio de Anna Matskevich (Refbatch)DarkWorldOF
0
archivadoCuerpo momificado de extraterrestre en egiptoSempromGhost
0
archivado0
archivado0
archivadoDejá tu comentario
No hay comentarios nuevos todavía