Cleopatra, la última reina de Egipto. Parte 4
Cleopatra fue una dirigente astuta y visionaria, una mujer que logró dominar al mundo en una época en la que el juego de poder era sólo para los hombres. Era valiente y hábil. Uso todo su talento para convertirse en la gobernante más temida y respetada de su tiempo. Lo arriesgó todo por el sueño de un Imperio y sólo para verlo caer al apoyar al hombre equivocado. Cleopatra pagó con la vida su fracaso pero con su muerte nació su leyenda, una leyenda fascinante y seductora, la mujer que sacudió los cimientos del Imperio Romano hace 2000 años.
Era el año 33 a.C. y se habían definido las líneas de batalla. Los romanos que aún apoyaban a Antonio partieron al Asia Menor donde él y Cleopatra agrupaban sus tropas. En ese mismo año Antonio se divorció de Octavia, lo que le molestó a todos.
La presencia de Cleopatra en el cuartel general de Antonio y su insistencia en desempeñar un importante papel en la estrategia militar dañaron la moral de los oficiales de Antonio, pero cuando éste le pidió que volviera a Egipto, aunque sólo para conservar las apariencias, ella se rehusó. Cleopatra era una reina guerrera y por ello exigía respeto.
El divorcio de Antonio y Octavia impulsó a Octavio a declararles la guerra a Cleopatra y a Marco Antonio. Al ver a Octavio en batalla Marco Antonio confió en poder ganarle pero Octavio había acumulado poder durante diez años y había colocado a un brillante general, Marco Agripa al comando de sus tropas. Él demostraría estar a la altura de Marco Antonio.
Con Cleopatra a su lado Antonio guió a su ejército de 85.000 soldados hasta Grecia donde esperaba dar la batalla decisiva. Pero Agripa, hábilmente cortó las líneas de abastecimiento de Antonio. El 2 de Septiembre del año 31 a.C. se encontraron ambas flotas en las costas de Grecia, cerca de Actium. Si bien cada una constaba de aproximadamente 400 embarcaciones, muchos de los escuadrones de Antonio estaban desmoralizados y su lealtad era cuestionable.
Apenas comenzada la batalla gran parte de la flota de Antonio se rindió. Al ver la situación Antonio le pidió a Cleopatra que escapara. El barco de ella, con los tesoros egipcios importantes, inmediatamente izó sus velas y se dirigió hacia el mar abierto seguido de una flota de 60 barcos de guerra.
Después de la lucha Antonio y algunos de sus barcos lograron escapar y luego reunirse con ella. Los seguidores de Octavio describieron la batalla como una huida cobarde de Cleopatra y de su enamorado, según Plutarco: “Y fue aquí cuando Antonio mostró a todo el mundo que ya no actuaba según el pensamiento y las motivaciones de un comandante o un hombre, o incluso por su propio juicio. Tan pronto como la nave de Cleopatra izó las velas abandonó a todos quienes luchaban y morían por él, y siguió sólo a aquella que había causado su ruina”.
Al parecer Antonio y Cleopatra trataron simplemente de salvar lo que pudieron en una situación desesperada. Albergaron la esperanza de poder conseguir nuevos apoyos para su lucha contra Octavio pero pronto se enteraron que todas las potencias del Mediterráneo ahora apoyaban a Octavio.
Octavio le escribió a Cleopatra que si abandonaba a Antonio le concedería cualquier favor. Pero, a pesar de los crueles actos cometidos en el pasado, Cleopatra, cuando tuvo la oportunidad de salvarse no abandonó a su fiel hombre probando así el firme amor por su consorte romano.
Para morir como un verdadero romano, Antonio se preparó para el ataque final con sus escasas tropas contra el ejército invasor de Octavio. Pero cuando llegó al puerto de Alejandría para enfrentar a su enemigo se asombró ante las naves de Octavio que rodeaban una escuadra egipcia que no oponía resistencia. Temiendo la traición y el supuesto suicidio de Cleopatra, Antonio, apesadumbrado, cayó sobre su propia espada.
Cuando encontraron a Antonio con vida fue llevado al monumento donde Cleopatra se escondía de Octavio quien venía a reclamar los tesoros que ella ocultaba. Para mantener cerrada la puerta, ella y sus doncellas hicieron entrar a Antonio a través de una ventana. Momentos después murió en sus brazos.
Cleopatra fue capturada por los soldados de Antonio, si bien a sus tres hijos con Antonio les fue permitido vivir en el exilio, Cesarión y el hijo de Antonio de su primera esposa fueron ejecutados.Cuando se le informó que sería llevada a Roma, Cleopatra recordó a su hermana menor, quién había sido encadenada y arrastrada por las calles de Roma como trofeo de César.
Consiguió entonces que un áspid, una víbora mortalmente venenosa y símbolo de la religión egipcia, fuera introducida en su habitación oculta en una cesta de higos. Arreglada con sus más finas ropas, sobre un sofá dorado, la colocó sobre su cuerpo. Cleopatra murió con el orgullo y la dignidad propias de la más grandiosa reina egipcia. Tenía 39 años.
Cleopatra, Júlio César, Marco Antonio, la ambición y el amor unieron y destruyeron a tres de las figuras más importantes del mundo antiguo. Sus pasiones y sueños de gloria les fueron impuestos a gran parte de la civilización occidental. En sus manos estuvo el destino del mundo grecorromano. La civilización sobreviviría pero marcada para siempre.
La presencia de Cleopatra en el cuartel general de Antonio y su insistencia en desempeñar un importante papel en la estrategia militar dañaron la moral de los oficiales de Antonio, pero cuando éste le pidió que volviera a Egipto, aunque sólo para conservar las apariencias, ella se rehusó. Cleopatra era una reina guerrera y por ello exigía respeto.
El divorcio de Antonio y Octavia impulsó a Octavio a declararles la guerra a Cleopatra y a Marco Antonio. Al ver a Octavio en batalla Marco Antonio confió en poder ganarle pero Octavio había acumulado poder durante diez años y había colocado a un brillante general, Marco Agripa al comando de sus tropas. Él demostraría estar a la altura de Marco Antonio.
Con Cleopatra a su lado Antonio guió a su ejército de 85.000 soldados hasta Grecia donde esperaba dar la batalla decisiva. Pero Agripa, hábilmente cortó las líneas de abastecimiento de Antonio. El 2 de Septiembre del año 31 a.C. se encontraron ambas flotas en las costas de Grecia, cerca de Actium. Si bien cada una constaba de aproximadamente 400 embarcaciones, muchos de los escuadrones de Antonio estaban desmoralizados y su lealtad era cuestionable.
Apenas comenzada la batalla gran parte de la flota de Antonio se rindió. Al ver la situación Antonio le pidió a Cleopatra que escapara. El barco de ella, con los tesoros egipcios importantes, inmediatamente izó sus velas y se dirigió hacia el mar abierto seguido de una flota de 60 barcos de guerra.
Después de la lucha Antonio y algunos de sus barcos lograron escapar y luego reunirse con ella. Los seguidores de Octavio describieron la batalla como una huida cobarde de Cleopatra y de su enamorado, según Plutarco: “Y fue aquí cuando Antonio mostró a todo el mundo que ya no actuaba según el pensamiento y las motivaciones de un comandante o un hombre, o incluso por su propio juicio. Tan pronto como la nave de Cleopatra izó las velas abandonó a todos quienes luchaban y morían por él, y siguió sólo a aquella que había causado su ruina”.
Al parecer Antonio y Cleopatra trataron simplemente de salvar lo que pudieron en una situación desesperada. Albergaron la esperanza de poder conseguir nuevos apoyos para su lucha contra Octavio pero pronto se enteraron que todas las potencias del Mediterráneo ahora apoyaban a Octavio.
Octavio le escribió a Cleopatra que si abandonaba a Antonio le concedería cualquier favor. Pero, a pesar de los crueles actos cometidos en el pasado, Cleopatra, cuando tuvo la oportunidad de salvarse no abandonó a su fiel hombre probando así el firme amor por su consorte romano.
Para morir como un verdadero romano, Antonio se preparó para el ataque final con sus escasas tropas contra el ejército invasor de Octavio. Pero cuando llegó al puerto de Alejandría para enfrentar a su enemigo se asombró ante las naves de Octavio que rodeaban una escuadra egipcia que no oponía resistencia. Temiendo la traición y el supuesto suicidio de Cleopatra, Antonio, apesadumbrado, cayó sobre su propia espada.
Cuando encontraron a Antonio con vida fue llevado al monumento donde Cleopatra se escondía de Octavio quien venía a reclamar los tesoros que ella ocultaba. Para mantener cerrada la puerta, ella y sus doncellas hicieron entrar a Antonio a través de una ventana. Momentos después murió en sus brazos.
Cleopatra fue capturada por los soldados de Antonio, si bien a sus tres hijos con Antonio les fue permitido vivir en el exilio, Cesarión y el hijo de Antonio de su primera esposa fueron ejecutados.Cuando se le informó que sería llevada a Roma, Cleopatra recordó a su hermana menor, quién había sido encadenada y arrastrada por las calles de Roma como trofeo de César.
Consiguió entonces que un áspid, una víbora mortalmente venenosa y símbolo de la religión egipcia, fuera introducida en su habitación oculta en una cesta de higos. Arreglada con sus más finas ropas, sobre un sofá dorado, la colocó sobre su cuerpo. Cleopatra murió con el orgullo y la dignidad propias de la más grandiosa reina egipcia. Tenía 39 años.
Cleopatra, Júlio César, Marco Antonio, la ambición y el amor unieron y destruyeron a tres de las figuras más importantes del mundo antiguo. Sus pasiones y sueños de gloria les fueron impuestos a gran parte de la civilización occidental. En sus manos estuvo el destino del mundo grecorromano. La civilización sobreviviría pero marcada para siempre.
Cleopatra fue una dirigente astuta y visionaria, una mujer que logró dominar al mundo en una época en la que el juego de poder era sólo para los hombres. Era valiente y hábil. Uso todo su talento para convertirse en la gobernante más temida y respetada de su tiempo. Lo arriesgó todo por el sueño de un Imperio y sólo para verlo caer al apoyar al hombre equivocado. Cleopatra pagó con la vida su fracaso pero con su muerte nació su leyenda, una leyenda fascinante y seductora, la mujer que sacudió los cimientos del Imperio Romano hace 2000 años.
Cleopatra fue una dirigente astuta y visionaria, una mujer que logró dominar al mundo en una época en la que el juego de poder era sólo para los hombres. Era valiente y hábil. Uso todo su talento para convertirse en la gobernante más temida y respetada de su tiempo. Lo arriesgó todo por el sueño de un Imperio y sólo para verlo caer al apoyar al hombre equivocado. Cleopatra pagó con la vida su fracaso pero con su muerte nació su leyenda, una leyenda fascinante y seductora, la mujer que sacudió los cimientos del Imperio Romano hace 2000 años.
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