En la Argentina se ha construido una difusa ideología racista fundada en la supremacía europea.[36] Esta ideología tiende a sostener que la Argentina es un país poblado por inmigrantes europeos «bajados de los barcos», a los que suele denominársele «nuestros abuelos», que establecieron un tipo especial de población europea, no latinoamericana, y «blanca».[37] Complementariamente, esta ideología tiende a considerar como poco relevante, y eventualmente indeseable, toda influencia cultural de poblaciones relacionadas con los pueblos originarios, africanos, latinoamericanos, o asiáticos. El racismo blanco-europeísta argentino tiene similitudes con la política de Australia Blanca llevada adelante desde principios del siglo XX.
El racismo blanco-europeista argentino se ha organizado desde el Estado y tiene un fundamento legal en el artículo 25 de la Constitución Nacional inspirado por Alberdi que establece una diferencia entre «inmigración europea» (que debe ser fomentada) e inmigración no europea.
Artículo 25: El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes.
Constitución de la Nación Argentina
El propio Alberdi, padre de la Constitución Argentina de 1853, explicaba los fundamentos de la discriminación en su libro Bases y puntos de partida para la reorganización nacional (1852):
Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción; en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente.
Juan Bautista Alberdi[38]
La discriminación entre inmigración europea y no europea que establece el artículo 25 de la Constitución fue mantenida por todas las reformas constitucionales realizadas (1860, 1868, 1898, 1949, 1957, 1972 y 1994).
Originalmente esta ideología se había configurado de modo tal de incluir a los españoles, italianos, y judíos dentro del grupo indeseable, sosteniendo que las «razas que podían mejorar la especie» en Argentina, eran aquellas que provenían del noroeste de Europa, principalmente de Inglaterra y Francia, los países más progresistas en aquel tiempo.
Alberdi proponía que el idioma nacional fuese el francés, pues pensaba que las tradiciones hispánicas y cristianas eran contrarias al progreso.[39]
Gobernar es poblar en el sentido que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y engrandecer espontánea y rápidamente, como ha sucedido en los Estados Unidos. Mas para civilizar por medio de la población es preciso hacerlo con poblaciones civilizadas; para educar a nuestra América en la libertad y en la industria es preciso poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad y en industria... hay extranjeros y extranjeros; y que si Europa es la tierra más civilizada del orbe, hay en Europa y en el corazón de sus brillantes capitales mismas, más millones de salvajes que en toda la América del Sud. Todo lo que es civilizado es europeo, al menos de origen, pero no todo lo europeo es civilizado; y se concibe perfectamente la hipótesis de un país nuevo poblado con europeos más ignorantes en industria y libertad que las hordas de la Pampa o del Chaco.
Juan Bautista Alberdi[40]
Con tres millones de indígenas, cristianos y católicos, no realizaríais la república ciertamente. No la realizaríais tampoco con cuatro millones de españoles peninsulares, porque el español puro es incapaz de realizarla allá o acá. Si hemos de componer nuestra población para nuestro sistema de gobierno, si ha de sernos más posible hacer la población para el sistema proclamado que el sistema para la población, es necesario fomentar en nuestro suelo la población anglosajona. Ella está identificada con el vapor, el comercio y la libertad, y nos será imposible radicar estas cosas entre nosotros sin la cooperación activa de esa raza de progreso y de civilización.
Juan Bautista Alberdi[41]
Sin embargo, con el paso del tiempo, el fracaso del gobierno en atraer inmigración masiva de esos tres países, y por el contrario, ante el hecho consumado de la inmigración de grandes contingentes de italianos y en menor proporción de españoles, la ideología racista terminó por incluir también a estos grupos como «europeos» y «blancos». Esta tendencia fue fortalecida recientemente con el ingreso de Italia, y sobre todo España, a la Unión Europea. Por el contrario, con respecto a los judíos, la ideología racista argentina, se fue consolidando como antisemita, con el paso del tiempo. El punto más alto de esa tendencia fue la orden secreta del canciller del presidente Roberto M. Ortiz en 1938 para negar las visas a los judíos.[42]
Entre los principales inspiradores del racismo argentino se encuentran Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, José Ingenieros, José María Ramos, etc. Más recientemente, los gobiernos militares elaboraron textos y políticas inspiradas en este peculiar racismo argentino, que reforzaron la ideología y le dieron connotaciones políticas.
Domingo F. Sarmiento, quien fuera presidente durante la gran epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires y la Guerra del Paraguay, hechos a los que se le asigna el exterminio de los afroargentinos, escribió en 1848 en su diario de viaje a EE. UU.:
La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solucion posible; son cuatro millones de negros, y dentro de veinte años serán ocho. Rescatados, ¿quién paga los mil millones de pesos que valen? Libertos, ¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca? Los estados libres son superiores en número y riqueza a los estados de esclavos... ¿Pero adónde irían cuatro millones de libertos? He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto la raza negra pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. ¡Una guerra de razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra atrasada y vil, al lado de otra blanca, la mas poderosa y culta de la tierra!
Domingo F. Sarmiento[43]
La conformación del racismo blanco-europeísta argentino como ideología del Estado inspirada en la Constitución ha utilizado las políticas públicas y en particular la política educativa para su arraigo y difusión en la población. Un modo ampliamente utilizado por el Estado para establecer la naturaleza «blanca-europea» de la Argentina son las políticas destinadas a «invisibilizar» toda cultura o etnia no considerada oficialmente como «blanca-europea». Este mecanismo es tratado más adelante en un subtítulo especial.
Un ejemplo actual de esta actitud del Estado Argentino se puede encontrar en el sitio web de la oficina de turismo perteneciente al gobierno donde se anuncia (agosto de 2006):
El 95% de los argentinos son de raza blanca, descendientes principalmente de italianos y españoles. Con la llegada de la masiva inmigración europea, el mestizo —cruce entre blanco e indio— se fue diluyendo poco a poco, y hoy sólo supone el 4,5% de la población racial argentina. La población indígena pura —mapuches, collas, tobas, matacos y chiriguanos— representa el 0,5% de los habitantes.
Turismo.gov.ar[
El historiador Ezequiel Adamovsky, en un artículo titulado «Gringos y negros», publicado en 2008, ha señalado la profundidad de los fenómenos racistas en la Argentina y su imbricación con el conflicto social. Adamovsky sostiene que:
En Argentina, la jerarquía que da el dinero coincide casi perfectamente con la que da el color de la piel. Existen varios motivos históricos para esta superposición de la clase con la «raza». Uno, no menor, es que las elites que en el siglo XIX organizaron el país tomaron decisiones económicas y políticas que terminaron beneficiando más a los inmigrantes europeos que ellas mismas convocaron, que a los nativos de este suelo... El ocultamiento de la «negritud» bajo el mito de la Argentina blanca fue y sigue siendo una forma de racismo implícito. Pero toda vez que «los negros» se hicieron notar en la historia nacional, el racismo se manifestó de manera más explícita... Aunque sigamos negándonos a reconocerlo, la sociedad argentina está dividida según líneas de clase y de color de piel que existen desde hace mucho tiempo.
Ezequiel Adamovsky.[
wikipedia
El racismo blanco-europeista argentino se ha organizado desde el Estado y tiene un fundamento legal en el artículo 25 de la Constitución Nacional inspirado por Alberdi que establece una diferencia entre «inmigración europea» (que debe ser fomentada) e inmigración no europea.
Artículo 25: El Gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes.
Constitución de la Nación Argentina
El propio Alberdi, padre de la Constitución Argentina de 1853, explicaba los fundamentos de la discriminación en su libro Bases y puntos de partida para la reorganización nacional (1852):
Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción; en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente.
Juan Bautista Alberdi[38]
La discriminación entre inmigración europea y no europea que establece el artículo 25 de la Constitución fue mantenida por todas las reformas constitucionales realizadas (1860, 1868, 1898, 1949, 1957, 1972 y 1994).
Originalmente esta ideología se había configurado de modo tal de incluir a los españoles, italianos, y judíos dentro del grupo indeseable, sosteniendo que las «razas que podían mejorar la especie» en Argentina, eran aquellas que provenían del noroeste de Europa, principalmente de Inglaterra y Francia, los países más progresistas en aquel tiempo.
Alberdi proponía que el idioma nacional fuese el francés, pues pensaba que las tradiciones hispánicas y cristianas eran contrarias al progreso.[39]
Gobernar es poblar en el sentido que poblar es educar, mejorar, civilizar, enriquecer y engrandecer espontánea y rápidamente, como ha sucedido en los Estados Unidos. Mas para civilizar por medio de la población es preciso hacerlo con poblaciones civilizadas; para educar a nuestra América en la libertad y en la industria es preciso poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad y en industria... hay extranjeros y extranjeros; y que si Europa es la tierra más civilizada del orbe, hay en Europa y en el corazón de sus brillantes capitales mismas, más millones de salvajes que en toda la América del Sud. Todo lo que es civilizado es europeo, al menos de origen, pero no todo lo europeo es civilizado; y se concibe perfectamente la hipótesis de un país nuevo poblado con europeos más ignorantes en industria y libertad que las hordas de la Pampa o del Chaco.
Juan Bautista Alberdi[40]
Con tres millones de indígenas, cristianos y católicos, no realizaríais la república ciertamente. No la realizaríais tampoco con cuatro millones de españoles peninsulares, porque el español puro es incapaz de realizarla allá o acá. Si hemos de componer nuestra población para nuestro sistema de gobierno, si ha de sernos más posible hacer la población para el sistema proclamado que el sistema para la población, es necesario fomentar en nuestro suelo la población anglosajona. Ella está identificada con el vapor, el comercio y la libertad, y nos será imposible radicar estas cosas entre nosotros sin la cooperación activa de esa raza de progreso y de civilización.
Juan Bautista Alberdi[41]
Sin embargo, con el paso del tiempo, el fracaso del gobierno en atraer inmigración masiva de esos tres países, y por el contrario, ante el hecho consumado de la inmigración de grandes contingentes de italianos y en menor proporción de españoles, la ideología racista terminó por incluir también a estos grupos como «europeos» y «blancos». Esta tendencia fue fortalecida recientemente con el ingreso de Italia, y sobre todo España, a la Unión Europea. Por el contrario, con respecto a los judíos, la ideología racista argentina, se fue consolidando como antisemita, con el paso del tiempo. El punto más alto de esa tendencia fue la orden secreta del canciller del presidente Roberto M. Ortiz en 1938 para negar las visas a los judíos.[42]
Entre los principales inspiradores del racismo argentino se encuentran Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, José Ingenieros, José María Ramos, etc. Más recientemente, los gobiernos militares elaboraron textos y políticas inspiradas en este peculiar racismo argentino, que reforzaron la ideología y le dieron connotaciones políticas.
Domingo F. Sarmiento, quien fuera presidente durante la gran epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires y la Guerra del Paraguay, hechos a los que se le asigna el exterminio de los afroargentinos, escribió en 1848 en su diario de viaje a EE. UU.:
La esclavitud de los Estados Unidos es hoy una cuestión sin solucion posible; son cuatro millones de negros, y dentro de veinte años serán ocho. Rescatados, ¿quién paga los mil millones de pesos que valen? Libertos, ¿qué se hace con esta raza negra odiada por la raza blanca? Los estados libres son superiores en número y riqueza a los estados de esclavos... ¿Pero adónde irían cuatro millones de libertos? He aquí un nudo gordiano que la espada no puede cortar y que llena de sombras lúgubres el porvenir tan claro y radioso sin eso de la Unión Americana. Ni avanzar ni retroceder pueden; y mientras tanto la raza negra pulula, se desenvuelve, se civiliza y crece. ¡Una guerra de razas para dentro de un siglo, guerra de exterminio, o una nación negra atrasada y vil, al lado de otra blanca, la mas poderosa y culta de la tierra!
Domingo F. Sarmiento[43]
La conformación del racismo blanco-europeísta argentino como ideología del Estado inspirada en la Constitución ha utilizado las políticas públicas y en particular la política educativa para su arraigo y difusión en la población. Un modo ampliamente utilizado por el Estado para establecer la naturaleza «blanca-europea» de la Argentina son las políticas destinadas a «invisibilizar» toda cultura o etnia no considerada oficialmente como «blanca-europea». Este mecanismo es tratado más adelante en un subtítulo especial.
Un ejemplo actual de esta actitud del Estado Argentino se puede encontrar en el sitio web de la oficina de turismo perteneciente al gobierno donde se anuncia (agosto de 2006):
El 95% de los argentinos son de raza blanca, descendientes principalmente de italianos y españoles. Con la llegada de la masiva inmigración europea, el mestizo —cruce entre blanco e indio— se fue diluyendo poco a poco, y hoy sólo supone el 4,5% de la población racial argentina. La población indígena pura —mapuches, collas, tobas, matacos y chiriguanos— representa el 0,5% de los habitantes.
Turismo.gov.ar[
El historiador Ezequiel Adamovsky, en un artículo titulado «Gringos y negros», publicado en 2008, ha señalado la profundidad de los fenómenos racistas en la Argentina y su imbricación con el conflicto social. Adamovsky sostiene que:
En Argentina, la jerarquía que da el dinero coincide casi perfectamente con la que da el color de la piel. Existen varios motivos históricos para esta superposición de la clase con la «raza». Uno, no menor, es que las elites que en el siglo XIX organizaron el país tomaron decisiones económicas y políticas que terminaron beneficiando más a los inmigrantes europeos que ellas mismas convocaron, que a los nativos de este suelo... El ocultamiento de la «negritud» bajo el mito de la Argentina blanca fue y sigue siendo una forma de racismo implícito. Pero toda vez que «los negros» se hicieron notar en la historia nacional, el racismo se manifestó de manera más explícita... Aunque sigamos negándonos a reconocerlo, la sociedad argentina está dividida según líneas de clase y de color de piel que existen desde hace mucho tiempo.
Ezequiel Adamovsky.[
wikipedia