Con el objetivo de favorecer la salud y evitar las enfermedades, es sumamente importante saber diferenciar entre los buenos y los malos hábitos de higiene, y convertir los primeros en un hábito personal.
El baño o la ducha tienen gran importancia, entre otras cosas para el adecuado cuidado de la piel, tenga en cuenta que la piel es algo más que una capa protectora del cuerpo. Contiene glándulas sudoríparas que vierten humedad sobre ella cuando hace calor, con lo que contribuyen a mantener fresco el organismo.
Es conveniente que se bañe o duche una vez al día. Por un lado, para quitar la suciedad adherida al cuerpo, las células muertas de la piel y las bacterias que pueden provocar infecciones. Y por otro lado, por el efecto estimulante que el baño y la ducha ejercen en a circulación, los músculos y nervios cutáneos.
E posible que la elección entre baño y ducha esté tanto en función de gustos, como el tiempo que se dispone, como también del agua que debemos ahorrar.
El baño es relajante, ayuda a conciliar el sueño y relajar tensiones. En la ducha el agua se renueva constantemente y es más limpia.
Antes de tomar un baño de inmersión, debe ducharse ligeramente, para eliminar el polvo y otras sustancias.
Bajo la ducha, empiece por masajear con un guante de crin, y un poco de gel, suave y vigorosamente, desde los pies hasta el cuello. Se reactivará la circulación sanguínea y la piel quedará limpia de asperezas y escamaciones. Termine de ducharse con agua fría, lo más fría que soporte.
Contra una excesiva sudoración del cuerpo, puede prepararse usted misma una receta: haga una infusión con 30 hojas de salvia y un cuarto de litro de agua, y beba una taza antes de costarse.