El informe es largo pero tomate el tiempo y leelo uno de los temas que cita es la anorexia
No sabría explicar cómo se fue la angustia, simplemente pasó, aunque aún me toma a ratos, ya me deja respirar la mayor parte del tiempo. A veces pienso que es como el humo: si la dejas acumularse te ahoga, pero si abres una pequeña rendija va escapando poco a poco.
Con todo, hay días que me ponen una sonrisa en el rostro. Una sonrisa pequeña, que apenas curva los labios, pero que ilumina por dentro comu una velita. Fue mi cumpleaños, y temía que esta pequeña crisis de angustia-depresión echara todo a perder. Pero al mismo tiempo no tenía muchas expectativas. Y justo eso, no esperar nada, hizo quetodo fuera perfecto: mi novio cantándome a las seis de la mañana cuando abrimos los ojos abrazados, mi tía llamando desde India con una estática terrible en la línea, un desayuno enormísimo, caminar una hora sola resolviendo pendientes, comida griega con la familia, una clase apacible sobre semiótica, con los ojos de varios alumnos fijos sobre mí, las llamadas, los mensajes, los correos: no podría pedir más. No sé si ha sido mi mejor cumpleaños. Seguro en otros me sentido más frenéticamente alegre, más exitosa, más exaltada. Pero este día lo tuvo todo porque no esperaba nada.
Como mucha gente con anorexia, he pasado mucho tiempo de mi vida obsesionada con la perfección: más que con el cuerpo perfecto, con ser la amiga, la novia, la hermana, la hija perfecta. Con lograr el ensayo, la línea, la clase, el catálogo perfectos. Con hacer momentos perfectos.
No sólo la gente con trastornos alimenticios pasa mucho tiempo esperando cosas que nunca llegarán: los cincuenta kilos, la talla 34, el IMC 17, la cintura de 60. Y digo que nunca llegarán porque cuando finalmente ocurren pasamos de largo por ellos: no eran lo que esperábamos. Y así la vida se nos consume en una espera angustiosa sin fin. No existen el cuerpo, la mujer, la relación o el trabajo perfectos.
O quizá sí, pero sólo podemos verlos si aceptamos las cosas como vienen, si le sacamos jugo al presente como si fuera todo lo que tuviéramos (que lo es). Y al final la perfección es una cosa más natural, más simple que todas nuestras esperas. Algo que pasa mientras estás ocupado haciendo otra cosa. Algo que podemos sentir, aunque sea por instantes.
Hoy es de esos días que me siento pequeña, diminuta, impotente.
De los días en que miro mis manos y no sé qué hacer con ellas. En que siento que he olvidado lo aprendido, en que no encuentro en mí a la competente, ni a la capaz de escribir textos periodísticamente decentes en segundos. Uno de esos días en que soy incapaz de verme a futuro en unos meses porque siento que en cualquier momento me desplomaré sobre el piso y todo habrá terminado. Hoy es de los días en que temo perder la razón, en que imagino las paredes blancas del corredor con manchas de mi sangre.
Y temo echarlo todo a perder, y quiero salir corriendo, hacer que el mundo pare.
Me sentía así muy a menudo cuando estaba enferma (o más enferma, si es que esto no se cura). Hoy sólo respiro, lo contemplo, trato de no ceder al vértigo, de no caer.
Llevo días sola en casa. Cocino, me siento ante el plato y lucho contra el enemigo interno: las arcadas que me vienen al pasar ciertos bocados, la saciedad que llega tras dos mordiscos. No como para nadie. Como para mí, supongo, porque sé por experiencia que si no lo hago luego es peor, para mí antes que nadie.
¿Esto también es estar mejor?
¿Cómo superarlo? Qué decir a alguien con anorexia?
De la parte esencial relacionada con admitir la enfermedad y aceptar la terapia he hablado en esta entrada (El camino hacia afuera).
Pero creo que hay otra parte que no he dicho y que responde a la pregunta: ¿Qué le diría yo a alguien que sufriera de anorexia?
Enamórate, vete de viaje, camina hasta donde jamás creíste que tus pies serían capaces de llevarte.
Vete de fiesta, conoce nuevas personas, lee, descubre que el mundo es mucho más ancho que las cuatro paredes donde a menudo te encierras.
Gasta toda tu energía, agótate. Levántate de madrugada, mira el amanecer, báñate en un río o nada desnuda cuando nadie mire. Pasa el día entero de un lado a otro, duérmete al amanecer bailando o charlando con alguien como si no fuera a existir mañana, como si ese fuera el último día de tu vida. Al menos una semana del año pasa cada noche bajo un techo distinto, conoce un lugar en el que nunca hayas estado.
Fue viviendo así, al límite como descubrí dos de las cosas más importantes que me llevaron a recuperarme: primero, que la vida puede --y tiene que ser-- algo más que el hecho de no morir y, segundo, que para vivir necesitamos energía, necesitamos comer, dormir.
Y por último, siente, hasta que duela si es necesario. Llora si ves una anciana mendigando, si sientes de repente que el mundo es insportablemente feo, que la vida es un lastre demasiado pesado. Pero conmuévete también hasta las lágrimas cuando veas un par de hongos crecer en una cuarteadura del concreto, al pie de un árbol, tras la lluvia; cuando te cedan el asiento en el metro, cuando un indigente te regale flores.
Entonces aprenderás que puedes ser feliz en la medida que conoces el dolor, puedes sentirte seguro en la medida que has tenido miedo y lo has reconocido; que tu seguridad tiene la medida justa de los agujeros que cavó tu angustia.
Así es como uno vive de verdad. Como uno descubre que la vida y un TCA no se llevan, que la anorexia y la bulimia le roban demasiado espacio a lo otro, lo que importa, y su coexistencia es incompatible a la larga.
"¿Ya vas a empezar con tu enfermedad?" Un premio
Parece que fue hace un siglo. Elena de Protesta Muda me dio este premio. Hoy quise subirlo en una carrera, y encontré una frase en su blog que me devolvió a tiempos pasados, digamos, hace unos tres años:
¿YA VAS A EMPEZAR CON TU ENFERMEDAD?
Se lo dijo a ella un chico. A mí me lo dijo también mi chico, como última arma, la más afilada para dar la estocada casi mortal, una noche interminable y tristísima en que no me quise acostar con él. (Interrumpo la memoria para empezar a romper las reglas).
1) Agradecer a quien te dio el premio.
Elena me recordó el hotel, me recordó la ansiedad, el llanto. El querer demostrar a toda costa que no estaba enferma, y por otro, el sentirme aprisionada entre las paredes de mis miedos. Lo bueno es que hay un después de la enfermedad. Y que, siempre, podemos defendernos diciendo que nosotras somos más que nuestra anorexia, más que nuestra bulimia, aunque a veces el trastorno parezca devorarnos por entero.
2) Decir qué pareja, ya sea de libro o película, te gusta más:
Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. Fueron reales, lo sé, desmedida y dolorosamente reales. Se amaron, seguro se odiaron más de una vez. Se tuvieron, se dejaron ir. Pelearon, se amaron entre ellos y a otros. Al final, ni las guerras, ni los otros amores, ni los quiebres ni la enfermedad puedieron apartarlos. Sus vidas aparecen cruzadas en sus novelas, sus disertaciones, sus ensayos, sus textos todos. Porque como dice Sartre:
"Al acariciar al otro hago nacer su carne bajo mis dedos. La caricia es el conjunto de ceremonias que encarnan al otro".
El ser y la nada
3) Nombra a tu amor imposible:
No creo en los amores imposibles. Creo que el amor, para serlo, tiene que ser real. Me gustan platónicamente Johnny Depp (más en California Dreams) y Alessandro Baricco. Si hubiera venido a Guadalajara hubiera tenido que besarlo, tocarlo mínimo, por muchas cosas, pero bastaría para justificarme que él escribió Seda
4) Nombra los ganadores
Elena, de Protesta Muda. Porque su protesta podrá ser silenciosa a veces, dicha sólo en imágenes, o en colores, pero al verla no pasa desapercibida. Bello diseño, me encantan sobre todo sus frases breves, su creatividad.
Dhanaev, poeta de la imagen y la letra en busca de sus alas. Una mujer capaz de curar (y curarse) con palabras.
Ana-rexiaCiega: una mirada, honda y bien escrita, al infierno.
La muchacha del callejón, (aunque no sé si ha bajado su blog) por su sensibilidad, sus desgarres...
Y finalmente, pero muy importante: el blog de Jennifer, ex Miss Plump Venezuela, que conocí gracias a Ysabel. Esta belleza de talla grande nos dice, entre otras cosas:
La belleza de cada mujer va muy por encima de unas curvas poco o muy pronunciadas sino en como sepa responder en cada circunstancia de la vida… Quiero creer que un día no muy lejano, ese concepto y obsesión absurdas de delgadez, que las discriminaciones por el sobre peso y las etiquetas desaparecerán y que este será un mundo con cabida y respeto para todos por igual.
Ser anoréxica o tener anorexia
Para muchas personas la anorexia se convierte en un signo de identidad, en algo que da sentido y guía a su vida cuando nada más parece tenerla. "Soy anoréxica" es una divisa que las vincula a un grupo, que les dice qué hacer y qué no, como actuar, qué esperar.
Sin embargo, la anorexia es una enfermedad. Contra quienes piensen que es un estilo de vida, es algo que en realidad no se elige: es una bomba mezcla de tu circunstancia, tu carácter y tus genes que un buen día estalla y te jode la vida.
Así como no hay quien se precie de ser canceroso o sidoso, es lo mismo con ser anoréxico. No es algo que uno "sea", sino algo que uno padece. La anorexia es algo que te come literalmente, que te devora, que te consume poco a poco, no sólo físicamente sino en todos los aspectos.
Tener anorexia es tener un pacto con la muerte cuyo fin se puede prolongar más o menos, pero siempre es un coquetear con el abismo o como decía Sylvia Plath: "el streaptease de matarse lentamente".
De una enfermedad te curas, pero basar tu identidad en ella es cerrarte a la posibilidad de ser algo más que un trastorno. La anorexia misma es un estereotipo: no todas las que la padecemos tenemos que pesar 35 kilos o estar obsesionadas con el espejo y las calorías. Sin embargo, construirnos como entes individuales es más difícil que buscarnos una identidad propia, que atrevernos a ser nosotras. Es como si refugiándonos en un molde huyéramos de nuestros demonios.
Y sin embargo, al final somos más, podemos ser más que la suma de nuestros miedos y nuestras obsesiones. Podemos ser también nuestra voluntad, nuestros sueños, nuestra esperanza.
Anorexia versus sexo (y amor)
Hace tiempo que quiero escribir esta entrada.
Algo que me ha sorprendido leyendo páginas de otras chicas con anorexia es lo mucho que se preocupan por su relación con sus novios o con los muchachos que les gustan. Sin embargo la anorexia se opone radicalmente a una relación, y no sólo porque la anorexia te aísla al crear un muro de mentiras a tu alrededor, o porque sea difícil estar con alguien a quien le mientes todo el tiempo, sino también por cuestiones físicas.
La anorexia disminuye la libido. Lo aprendí de la forma dura cuando tenía unos dieciocho años y de pronto empecé a notar cuando estaba con mi novio que nunca tenía ganas de caricias ni de estar en la cama con él. Ambos empezamos a preocuparnos: él no sabía que pasaba y no quería hacerlo sentir mal. Decidí sincerarme con mi mejor amigo y él me hizo una pregunta directa y certerísima: "¿Estás comiendo bien?". Ante mi "hmmm" él me respondió que si no comía simplemente no podía tener ganas de nada.
Años más tarde, con el chico con el que vivo actualmente, tuve un periodo en el que me era casi imposible llegar al orgasmo. Otra vez el fantasma de la anorexia se cernía sobre mí. Para ambos fue un periodo frustrante porque no sabíamos qué hacer y cada vez nos íbamos distanciando más, enojados uno con el otro y con nosotros mismos.
Además de eso está el hecho de que el ayuno suele provocar mal aliento, dolores de cabeza y cambios bruscos de ánimo que incluyen enojos repentinos y violentos. Todo eso dificulta una relación de pareja y es un obstáculo para tener relaciones sexuales.
Está también el asunto de que a veces podemos estar tan preocupadas por cómo nos vemos en la cama que dejemos de disfrutar del sexo. Eso es totalmente un error, porque tanto nerviosismo nos impide disfrutar físicamente, además de que nos puede hacer adoptar posturas o actitudes extrañas que desconcierten a nuestra pareja.
Resumiendo: la anorexia se lleva mucho de quién eres, de tu capacidad para relacionarte con los demás, de amarte y de dejar que te amen.
¿Qué se siente tener anorexia? ¿Qué pasa por la cabeza de alguien con anorexia?
Esta es quizá una de las preguntas que más a menudo se hace la gente que no sabe de este trastorno, o incluso quienes tienen a un familiar, amigo o pareja sufriéndolo. Me ha costado mucho trabajo responder. Creo que, básicamente, la anorexia es sobre control. Te sientes superior porque no necesitas alimento, te enorgulleces de tu fuerza de voluntad, de desafiar a la biología porque "vives" de aire.
Mi chico es adicto en recuperación. Para él es muy fácil definir a qué te haces adicto con las drogas: por un lado a la huida, y por otro a la sensación de bienestar inmediata. En el caso de la anorexia no es tan sencillo. Dejar de comer no produce ningún bienestar instantáneo, más bien hace que las endorfinas desciendan a niveles peligrosos. Sin embargo, sí te anestesia. Te hace menos consciente del dolor que te embarga. También te permite desviar la atención de algo que crees que no puedes resolver a algo que que está al alcance de tu mano: tu cuerpo.
Supongo que la anorexia te hace adicto al deseo de perder peso, de sentirte frágil, de ver que cada vez tu ropa te queda más grande, de notar cómo los huesos se marcan sobre tu piel. Te haces adicto a controlar lo que comes, a la ilusión de creer que también controlas tus emociones, a la sensación de seguridad que se adueña de ti cada vez que saltas una comida. Te haces adicto a la disciplina, a rebasar los límites, a darlo todo. Quizá por eso es una adicción tan difícil de superar.
Tampoco creo que sea como con lo alcohólicos que jamás pueden volver a beber. A diferencia de ellos, quienes hemos padecido un TCA debemos lidiar diariamente con la comida. Y claro, también hay alcohólicos que se permiten beber de vez en cuando. El punto peligroso es cuando empezar a ayunar te sume en el conocido vértigo de querer más, de recordar cuán poco llegaste a pesar y desearlo de nuevo. Entonces es momento de parar.
Por ahora sigo caminando por el filo del abismo sin caer, y hasta podría decir que lo he llevado bien con la comida. Estoy temporalmente sin trabajo, lo cual también me hizo reconsiderar la posibilidad de volver a terapia desde el ángulo económico: es inviable por el momento.
Y sigo aquí, siendo yo, luchando. Besos.
La pérdida de la voluntad de vivir nos aparta de los goces de la vida, no de sus penas.
Arthur Schopenhauer
No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado (...) la vida no te quita cosas: te libera de cosas... te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.
Facundo Cabral
clase
No sabría explicar cómo se fue la angustia, simplemente pasó, aunque aún me toma a ratos, ya me deja respirar la mayor parte del tiempo. A veces pienso que es como el humo: si la dejas acumularse te ahoga, pero si abres una pequeña rendija va escapando poco a poco.
Con todo, hay días que me ponen una sonrisa en el rostro. Una sonrisa pequeña, que apenas curva los labios, pero que ilumina por dentro comu una velita. Fue mi cumpleaños, y temía que esta pequeña crisis de angustia-depresión echara todo a perder. Pero al mismo tiempo no tenía muchas expectativas. Y justo eso, no esperar nada, hizo quetodo fuera perfecto: mi novio cantándome a las seis de la mañana cuando abrimos los ojos abrazados, mi tía llamando desde India con una estática terrible en la línea, un desayuno enormísimo, caminar una hora sola resolviendo pendientes, comida griega con la familia, una clase apacible sobre semiótica, con los ojos de varios alumnos fijos sobre mí, las llamadas, los mensajes, los correos: no podría pedir más. No sé si ha sido mi mejor cumpleaños. Seguro en otros me sentido más frenéticamente alegre, más exitosa, más exaltada. Pero este día lo tuvo todo porque no esperaba nada.
Como mucha gente con anorexia, he pasado mucho tiempo de mi vida obsesionada con la perfección: más que con el cuerpo perfecto, con ser la amiga, la novia, la hermana, la hija perfecta. Con lograr el ensayo, la línea, la clase, el catálogo perfectos. Con hacer momentos perfectos.
No sólo la gente con trastornos alimenticios pasa mucho tiempo esperando cosas que nunca llegarán: los cincuenta kilos, la talla 34, el IMC 17, la cintura de 60. Y digo que nunca llegarán porque cuando finalmente ocurren pasamos de largo por ellos: no eran lo que esperábamos. Y así la vida se nos consume en una espera angustiosa sin fin. No existen el cuerpo, la mujer, la relación o el trabajo perfectos.
O quizá sí, pero sólo podemos verlos si aceptamos las cosas como vienen, si le sacamos jugo al presente como si fuera todo lo que tuviéramos (que lo es). Y al final la perfección es una cosa más natural, más simple que todas nuestras esperas. Algo que pasa mientras estás ocupado haciendo otra cosa. Algo que podemos sentir, aunque sea por instantes.
Hoy es de esos días que me siento pequeña, diminuta, impotente.
De los días en que miro mis manos y no sé qué hacer con ellas. En que siento que he olvidado lo aprendido, en que no encuentro en mí a la competente, ni a la capaz de escribir textos periodísticamente decentes en segundos. Uno de esos días en que soy incapaz de verme a futuro en unos meses porque siento que en cualquier momento me desplomaré sobre el piso y todo habrá terminado. Hoy es de los días en que temo perder la razón, en que imagino las paredes blancas del corredor con manchas de mi sangre.
Y temo echarlo todo a perder, y quiero salir corriendo, hacer que el mundo pare.
Me sentía así muy a menudo cuando estaba enferma (o más enferma, si es que esto no se cura). Hoy sólo respiro, lo contemplo, trato de no ceder al vértigo, de no caer.
Llevo días sola en casa. Cocino, me siento ante el plato y lucho contra el enemigo interno: las arcadas que me vienen al pasar ciertos bocados, la saciedad que llega tras dos mordiscos. No como para nadie. Como para mí, supongo, porque sé por experiencia que si no lo hago luego es peor, para mí antes que nadie.
¿Esto también es estar mejor?
¿Cómo superarlo? Qué decir a alguien con anorexia?
De la parte esencial relacionada con admitir la enfermedad y aceptar la terapia he hablado en esta entrada (El camino hacia afuera).
Pero creo que hay otra parte que no he dicho y que responde a la pregunta: ¿Qué le diría yo a alguien que sufriera de anorexia?
Enamórate, vete de viaje, camina hasta donde jamás creíste que tus pies serían capaces de llevarte.
Vete de fiesta, conoce nuevas personas, lee, descubre que el mundo es mucho más ancho que las cuatro paredes donde a menudo te encierras.
Gasta toda tu energía, agótate. Levántate de madrugada, mira el amanecer, báñate en un río o nada desnuda cuando nadie mire. Pasa el día entero de un lado a otro, duérmete al amanecer bailando o charlando con alguien como si no fuera a existir mañana, como si ese fuera el último día de tu vida. Al menos una semana del año pasa cada noche bajo un techo distinto, conoce un lugar en el que nunca hayas estado.
Fue viviendo así, al límite como descubrí dos de las cosas más importantes que me llevaron a recuperarme: primero, que la vida puede --y tiene que ser-- algo más que el hecho de no morir y, segundo, que para vivir necesitamos energía, necesitamos comer, dormir.
Y por último, siente, hasta que duela si es necesario. Llora si ves una anciana mendigando, si sientes de repente que el mundo es insportablemente feo, que la vida es un lastre demasiado pesado. Pero conmuévete también hasta las lágrimas cuando veas un par de hongos crecer en una cuarteadura del concreto, al pie de un árbol, tras la lluvia; cuando te cedan el asiento en el metro, cuando un indigente te regale flores.
Entonces aprenderás que puedes ser feliz en la medida que conoces el dolor, puedes sentirte seguro en la medida que has tenido miedo y lo has reconocido; que tu seguridad tiene la medida justa de los agujeros que cavó tu angustia.
Así es como uno vive de verdad. Como uno descubre que la vida y un TCA no se llevan, que la anorexia y la bulimia le roban demasiado espacio a lo otro, lo que importa, y su coexistencia es incompatible a la larga.
"¿Ya vas a empezar con tu enfermedad?" Un premio
Parece que fue hace un siglo. Elena de Protesta Muda me dio este premio. Hoy quise subirlo en una carrera, y encontré una frase en su blog que me devolvió a tiempos pasados, digamos, hace unos tres años:
¿YA VAS A EMPEZAR CON TU ENFERMEDAD?
Se lo dijo a ella un chico. A mí me lo dijo también mi chico, como última arma, la más afilada para dar la estocada casi mortal, una noche interminable y tristísima en que no me quise acostar con él. (Interrumpo la memoria para empezar a romper las reglas).
1) Agradecer a quien te dio el premio.
Elena me recordó el hotel, me recordó la ansiedad, el llanto. El querer demostrar a toda costa que no estaba enferma, y por otro, el sentirme aprisionada entre las paredes de mis miedos. Lo bueno es que hay un después de la enfermedad. Y que, siempre, podemos defendernos diciendo que nosotras somos más que nuestra anorexia, más que nuestra bulimia, aunque a veces el trastorno parezca devorarnos por entero.
2) Decir qué pareja, ya sea de libro o película, te gusta más:
Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre. Fueron reales, lo sé, desmedida y dolorosamente reales. Se amaron, seguro se odiaron más de una vez. Se tuvieron, se dejaron ir. Pelearon, se amaron entre ellos y a otros. Al final, ni las guerras, ni los otros amores, ni los quiebres ni la enfermedad puedieron apartarlos. Sus vidas aparecen cruzadas en sus novelas, sus disertaciones, sus ensayos, sus textos todos. Porque como dice Sartre:
"Al acariciar al otro hago nacer su carne bajo mis dedos. La caricia es el conjunto de ceremonias que encarnan al otro".
El ser y la nada
3) Nombra a tu amor imposible:
No creo en los amores imposibles. Creo que el amor, para serlo, tiene que ser real. Me gustan platónicamente Johnny Depp (más en California Dreams) y Alessandro Baricco. Si hubiera venido a Guadalajara hubiera tenido que besarlo, tocarlo mínimo, por muchas cosas, pero bastaría para justificarme que él escribió Seda
4) Nombra los ganadores
Elena, de Protesta Muda. Porque su protesta podrá ser silenciosa a veces, dicha sólo en imágenes, o en colores, pero al verla no pasa desapercibida. Bello diseño, me encantan sobre todo sus frases breves, su creatividad.
Dhanaev, poeta de la imagen y la letra en busca de sus alas. Una mujer capaz de curar (y curarse) con palabras.
Ana-rexiaCiega: una mirada, honda y bien escrita, al infierno.
La muchacha del callejón, (aunque no sé si ha bajado su blog) por su sensibilidad, sus desgarres...
Y finalmente, pero muy importante: el blog de Jennifer, ex Miss Plump Venezuela, que conocí gracias a Ysabel. Esta belleza de talla grande nos dice, entre otras cosas:
La belleza de cada mujer va muy por encima de unas curvas poco o muy pronunciadas sino en como sepa responder en cada circunstancia de la vida… Quiero creer que un día no muy lejano, ese concepto y obsesión absurdas de delgadez, que las discriminaciones por el sobre peso y las etiquetas desaparecerán y que este será un mundo con cabida y respeto para todos por igual.
Ser anoréxica o tener anorexia
Para muchas personas la anorexia se convierte en un signo de identidad, en algo que da sentido y guía a su vida cuando nada más parece tenerla. "Soy anoréxica" es una divisa que las vincula a un grupo, que les dice qué hacer y qué no, como actuar, qué esperar.
Sin embargo, la anorexia es una enfermedad. Contra quienes piensen que es un estilo de vida, es algo que en realidad no se elige: es una bomba mezcla de tu circunstancia, tu carácter y tus genes que un buen día estalla y te jode la vida.
Así como no hay quien se precie de ser canceroso o sidoso, es lo mismo con ser anoréxico. No es algo que uno "sea", sino algo que uno padece. La anorexia es algo que te come literalmente, que te devora, que te consume poco a poco, no sólo físicamente sino en todos los aspectos.
Tener anorexia es tener un pacto con la muerte cuyo fin se puede prolongar más o menos, pero siempre es un coquetear con el abismo o como decía Sylvia Plath: "el streaptease de matarse lentamente".
De una enfermedad te curas, pero basar tu identidad en ella es cerrarte a la posibilidad de ser algo más que un trastorno. La anorexia misma es un estereotipo: no todas las que la padecemos tenemos que pesar 35 kilos o estar obsesionadas con el espejo y las calorías. Sin embargo, construirnos como entes individuales es más difícil que buscarnos una identidad propia, que atrevernos a ser nosotras. Es como si refugiándonos en un molde huyéramos de nuestros demonios.
Y sin embargo, al final somos más, podemos ser más que la suma de nuestros miedos y nuestras obsesiones. Podemos ser también nuestra voluntad, nuestros sueños, nuestra esperanza.
Anorexia versus sexo (y amor)
Hace tiempo que quiero escribir esta entrada.
Algo que me ha sorprendido leyendo páginas de otras chicas con anorexia es lo mucho que se preocupan por su relación con sus novios o con los muchachos que les gustan. Sin embargo la anorexia se opone radicalmente a una relación, y no sólo porque la anorexia te aísla al crear un muro de mentiras a tu alrededor, o porque sea difícil estar con alguien a quien le mientes todo el tiempo, sino también por cuestiones físicas.
La anorexia disminuye la libido. Lo aprendí de la forma dura cuando tenía unos dieciocho años y de pronto empecé a notar cuando estaba con mi novio que nunca tenía ganas de caricias ni de estar en la cama con él. Ambos empezamos a preocuparnos: él no sabía que pasaba y no quería hacerlo sentir mal. Decidí sincerarme con mi mejor amigo y él me hizo una pregunta directa y certerísima: "¿Estás comiendo bien?". Ante mi "hmmm" él me respondió que si no comía simplemente no podía tener ganas de nada.
Años más tarde, con el chico con el que vivo actualmente, tuve un periodo en el que me era casi imposible llegar al orgasmo. Otra vez el fantasma de la anorexia se cernía sobre mí. Para ambos fue un periodo frustrante porque no sabíamos qué hacer y cada vez nos íbamos distanciando más, enojados uno con el otro y con nosotros mismos.
Además de eso está el hecho de que el ayuno suele provocar mal aliento, dolores de cabeza y cambios bruscos de ánimo que incluyen enojos repentinos y violentos. Todo eso dificulta una relación de pareja y es un obstáculo para tener relaciones sexuales.
Está también el asunto de que a veces podemos estar tan preocupadas por cómo nos vemos en la cama que dejemos de disfrutar del sexo. Eso es totalmente un error, porque tanto nerviosismo nos impide disfrutar físicamente, además de que nos puede hacer adoptar posturas o actitudes extrañas que desconcierten a nuestra pareja.
Resumiendo: la anorexia se lleva mucho de quién eres, de tu capacidad para relacionarte con los demás, de amarte y de dejar que te amen.
¿Qué se siente tener anorexia? ¿Qué pasa por la cabeza de alguien con anorexia?
Esta es quizá una de las preguntas que más a menudo se hace la gente que no sabe de este trastorno, o incluso quienes tienen a un familiar, amigo o pareja sufriéndolo. Me ha costado mucho trabajo responder. Creo que, básicamente, la anorexia es sobre control. Te sientes superior porque no necesitas alimento, te enorgulleces de tu fuerza de voluntad, de desafiar a la biología porque "vives" de aire.
Mi chico es adicto en recuperación. Para él es muy fácil definir a qué te haces adicto con las drogas: por un lado a la huida, y por otro a la sensación de bienestar inmediata. En el caso de la anorexia no es tan sencillo. Dejar de comer no produce ningún bienestar instantáneo, más bien hace que las endorfinas desciendan a niveles peligrosos. Sin embargo, sí te anestesia. Te hace menos consciente del dolor que te embarga. También te permite desviar la atención de algo que crees que no puedes resolver a algo que que está al alcance de tu mano: tu cuerpo.
Supongo que la anorexia te hace adicto al deseo de perder peso, de sentirte frágil, de ver que cada vez tu ropa te queda más grande, de notar cómo los huesos se marcan sobre tu piel. Te haces adicto a controlar lo que comes, a la ilusión de creer que también controlas tus emociones, a la sensación de seguridad que se adueña de ti cada vez que saltas una comida. Te haces adicto a la disciplina, a rebasar los límites, a darlo todo. Quizá por eso es una adicción tan difícil de superar.
Tampoco creo que sea como con lo alcohólicos que jamás pueden volver a beber. A diferencia de ellos, quienes hemos padecido un TCA debemos lidiar diariamente con la comida. Y claro, también hay alcohólicos que se permiten beber de vez en cuando. El punto peligroso es cuando empezar a ayunar te sume en el conocido vértigo de querer más, de recordar cuán poco llegaste a pesar y desearlo de nuevo. Entonces es momento de parar.
Por ahora sigo caminando por el filo del abismo sin caer, y hasta podría decir que lo he llevado bien con la comida. Estoy temporalmente sin trabajo, lo cual también me hizo reconsiderar la posibilidad de volver a terapia desde el ángulo económico: es inviable por el momento.
Y sigo aquí, siendo yo, luchando. Besos.
La pérdida de la voluntad de vivir nos aparta de los goces de la vida, no de sus penas.
Arthur Schopenhauer
No estás deprimido, estás distraído. Por eso crees que perdiste algo, lo que es imposible, porque todo te fue dado (...) la vida no te quita cosas: te libera de cosas... te alivia para que vueles más alto, para que alcances la plenitud.
Facundo Cabral
clase