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los peores 9 accidentes aereos

Info8/28/2010
-El Vuelo 1549 de US Airways fue un vuelo que despegó el 15 de enero de 2009 del Aeropuerto LaGuardia en Nueva York hacia el Aeropuerto Internacional de Charlotte, en Charlotte (Carolina del Norte); después se iría al Aeropuerto Internacional de Seattle-Tacoma, en SeaTac. El Airbus A320 amerizó en el río Hudson. Según los reportes televisivos de distintas cadenas, todos los pasajeros fueron rescatados.
La tripulación del vuelo 1549 fue condecorada con la Master's Medal del Guild of Air Pilots and Air Navigators. La justificación de la entrega del premio rezaba "Este amerizaje y evacuación forzosos, sin pérdidas de vidas, fue un logro heroico y único en la historia de la aviación". Se lo ha descrito como "el amerizaje más exitoso de la historia de la aeronáutica".

El avión había despegado del Aeropuerto LaGuardia a las 3:11 PM hora local con 150 pasajeros y cinco tripulantes. El avión tuvo que amerizar en las heladas aguas del río Hudson, cerca de la Calle 48 en Manhattan, Nueva York, luego de haber sido impactado por gansos en el fuselaje del avión. La Administración Federal de Aviación reportó que el avión probablemente recibió un impacto de pájaros en el fuselaje.
A las 4:00 PM, el avión se encontraba flotando en el río cerca del Museo Intrepid Sea-Air-Space, cerca de Circle Line en la que se encontraban muchos ferrys y remolques del NY Waterway, y participaron en el rescate. En el instante de la caída del avión, la temperatura ambiente en las proximidades del río Hudson rondaba los 20 grados F (-6 grados C).
La caída del avión comercial de la aerolínea US Airways sobre el río Hudson en Nueva York no tiene relación con algún evento de terrorismo, dijeron funcionarios del área de seguridad.
Según la versión oficial de la Administración Federal de Aviación, un grupo de pájaros y gansos se había estrellado contra los motores del avión y los habían estropeado, obligando al piloto Chesley Sullenberger, que acababa de despegar del Aeropuerto LaGuardia apenas tres minutos antes, a hacer un aterrizaje de emergencia, amerizando en el río Hudson. El avión, un Airbus 320, pudo aterrizar sobre las gélidas aguas del río Hudson, a temperaturas inferiores a los 6 grados bajo cero, gracias a la pericia del piloto, que también salió ileso del accidente. El piloto se vio obligado a realizar una maniobra de emergencia para intentar posarse sobre el agua. Según Ben Von Klemperer, un testigo citado por la cadena CNN, "no iba demasiado rápido y el contacto con el agua se produjo de manera suave", por lo que todo indica que el amerizaje se hizo de manera controlada.
Los ferris locales y remolques empezaron inmediatamente a rescatar a los pasajeros, muchos de los cuales se encontraban parados en las alas del avión, esperando a ser rescatados, mientras que los otros pasajeros se subían a botes salvavidas. En minutos, helicópteros policiales, los Guardacostas, salvavidas, al igual que John D. McKean del FDNY estuvieron en la escena para ayudar a los rescatistas y salvar a los pasajeros.
El Hospital Saint Vincent's Catholic Medical Center en Greenwich Village fue uno de los hospitales en recibir a los pasajeros heridos (al igual que el St. Luke's-Roosevelt Hospital Center), que recibió entre 5-10 pasajeros, debido a la exposición a las gélidas aguas. El Hospital Roosevelt recibió entre 12-15 pacientes.
A pesar del forzoso amerizaje, no se reportaron heridos de gravedad, sin embargo 78 personas tuvieron heridas menores, de las cuales una es una azafata que sufrió una fractura y 4 personas fueron tratadas por hipotermia. Una portavoz de la Administración Federal de Aviación (FAA, según sus siglas en inglés) dijo "Hemos confirmado que todos salieron".


-El accidente aéreo del vuelo número 3054 de la aerolínea brasileña TAM se produjo en un vuelo nacional que unía las ciudades de Porto Alegre con São Paulo el 17 de julio de 2007, tras salirse la aeronave Airbus A320-233 con matrícula PR-MBK (número de serie 789) de la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional de Congonhas[6] para estrellarse con una estación gasolinera ubicada en el exterior del recinto. Según informaciones preliminares el accidente habría provocado la muerte de la totalidad de los 171 pasajeros y 6 tripulantes del avión sin posibilidad alguna de encontrar sobrevivientes.
La cifra inicial de víctimas fue aumentando con el paso del tiempo al saberse que el número de pasajeros era mayor al inicialmente informado llegando a 187 (162 pasajeros, 19 empleados de la empresa y 6 tripulantes). La tragedia del vuelo 3054 fue el peor accidente aéreo de América Latina y el peor con un Airbus A320 en todo el mundo.

El vuelo de la aerolínea TAM despegó desde el Aeropuerto Internacional Salgado Filho de la ciudad de Porto Alegre en el estado brasileño de Rio Grande do Sul a las 17:16 horas locales (20:16 UTC). El vuelo se estrelló en el aeropuerto Congonhas de la ciudad de São Paulo a las 18:50 locales (21:50 UTC).
Según informaciones de testigos la velocidad de la nave al momento de aterrizar era muy elevada, por lo que varias personas que la observaron pensaron que estaba despegando. El avión tocó suelo en el Aeropuerto de Congonhas a unos 220 km/h, pero no desaceleró normalmente, sino que continuó, cruzó una gran avenida y, girando levemente, se estrelló contra un edificio de la propia TAM, a 175 km/h.
Según informes, la nave no pudo desacelerar normalmente producto de la intensa lluvia que en ese momento cubría la localidad. Según una declaración de un bombero que ayudó a apagar el incendio al parecer el piloto al no poder frenar habría intentado despegar nuevamente. Al no frenar ni recuperar altura, el vuelo terminó chocando con el cerco perimetral del aeropuerto, transpasando la avenida Washington Luis, para incrustarse en un depósito de TAM Express que incluía una estación de combustible. El impacto provocó un incendio de proporciones que fue sofocado por bomberos de diversas compañías.
Ante la magnitud de la tragedia, el gobernador del Estado de São Paulo José Serra informó que las posibilidades de superviviencia de alguno de los pasajeros de la nave eran nulas.
*ver video del accidente:


-El accidente del Lago de Constanza del 1 de julio de 2002 fue un accidente aéreo que tuvo lugar en el sector fronterizo entre Alemania y Suiza, cuando dos aviones, cubriendo los vuelos 2937 de Bashkirian Airlines y 611 de DHL respectivamente, chocaron de frente en pleno vuelo aproximadamente a las 23.43 horas en esa región del planeta, desatando la preocupación de las autoridades locales y de la prensa.
En el avión Tupolev 154 ruso de Bashkirian Airlines que chocó con un carguero Boeing 757, del servicio de carga aérea DHL, se habrían embarcado 60 personas, entre ellas 50 niños que realizaban un viaje de vacaciones desde Rusia a España. No obstante, al día siguiente, nuevos despachos de las agencias de noticias, descartaban la presencia de tantos menores aclarando que sólo viajaban ocho niños.
El Tupolev estaba en vuelo de Moscú a Barcelona. La tripulación del avión ruso constaba del capitán Alexander Gross, el capitán en jefe de la aerolínea Oleg Grigoriev, el primer oficial Murat Iktulov, el navegante Sergei Kharlov y un ingeniero de vuelo. Grigoriev se encargaría de supervisar a Gross durante el vuelo. Mientras que el carguero Boeing volaba de Bahrain a Bruselas con escala en la ciudad italiana de Bérgamo. Su tripulación eran el capitán Paul Phillips y el copiloto Brant Campioni.
Las aeronaves colisionaron a unos 12.000 metros de altura a las 23.43 (21.43 GMT) sobre la localidad de Ueberlingen, en el Estado federado alemán de Baden-Württemberg, en el sur de Alemania, según comunicó el Ministerio del Interior regional en Stuttgart. Según los expertos que estudiaron este accidente, se pudo descubrir que el error fue de los pilotos. Las aeronaves se encontraban a una distancia segura para evitar la colisión, cuando el controlador de vuelo; Peter Nielsen, ya se había dado cuenta de que podrían colisionar. En el vuelo de DHL el sistema de navegación avisó de que se descendiera, pues se mostraba en el radar que un avión se acercaba y venía a la misma dirección que ellos, por lo que descendieron. En el vuelo ruso, el controlador les aviso que descendieran 100 metros para evitar la colisión. En el vuelo de DHL seguían descendiendo según le avisaba el avión. El controlador le repite al vuelo ruso a que descienda los 100 metros, pensando que ya para este momento había evitado la colisión. Los tripulantes notaron que la computadora les avisaba ahora que ascendieran, pero como el controlador les había dicho que descendieran, decidieron no hacerle caso a lo que avisaba el avión, y continuaron descendiendo. Los vuelos continuaron descendiendo hasta que, ya a 8 s de la colisión, los rusos vieron el avión de DHL y trataron de ascender, pero inútilmente.
El impacto más fuerte lo recibe el vuelo ruso, pues el vuelo de DHL al pasar por la parte de abajo corta el vuelo ruso en 2 con la cola, causando una explosión y despidiendo pasajeros (entre ellos niños y adultos) por el aire; por lo que inmediatamente comienza a caer a tierra, por pedazos, en diferentes lugares. El vuelo de DHL aún continuó en el aire, tratando de maniobrar el avión, durante al menos 2 minutos, antes de estrellarse a tierra. Ninguno de los tripulantes del avión de DHL sobrevivió. Tampoco los ocupantes del avión ruso.
Testigos relataron a medios destacados en la zona del desastre que escucharon explosiones y luego vieron caer a tierra grandes trozos en llamas. Las primeras imágenes difundidas por la televisión alemana mostraron restos destrozados de parte de los aviones clavados o esparcidos por el suelo.
“Daba la impresión de que el cielo estaba en llamas”, dijo una testigo.
Klaus Barinka, capitán de un transbordador que une las localidades de Constanza y Meersburg relató que de pronto el cielo enrojeció, “como si estuviera ardiendo”. Barinka y algunos pasajeros del transbordador dijeron haber escuchado una o más explosiones antes de ver caer a tierra restos de los aviones en llamas.
La tragedia cobró las vidas de 71 personas, entre niños, adultos y la tripulación de las naves. No hubo supervivientes. Se estima que restos del avión de carga cayeron en el sector norte del lago Constanza, donde hubo una afanosa búsqueda. Las autoridades informaron que en un bosque cercano fue localizada una caja negra, pero no se precisó a cuál de los aviones accidentados pertenece.
Los restos de los aviones quedaron esparcidos en un radio de 30 a 40 kilómetros en la orilla norte del lago Constanza que se encuentra en la zona fronteriza entre Alemania, Suiza y Austria y causaron algunos incendios que fueron sofocados. Entre otras cosas, se incendiaron un colegio, una granja y varias casas, temiéndose en un principio que también aquí habría víctimas mortales.


-El Vuelo 52 de Avianca era un vuelo programado desde Bogotá a Nueva York, via Medellín. El jueves 25 de enero de 1990, la aeronave designada para el vuelo, Boeing 707-321B registrada como HK-2016, se estrelló en Cove Neck en Long Island al quedarse sin combustible. 73 de las 158 personas a bordo murieron.
El 25 de enero de 1990 el vuelo 52 estuvo sobrevolando Nueva York por más de una hora debido al clima adverso que dificultaba las operaciones en el aeropuerto JFK. Durante este tiempo la aeronave acabó con sus reservas de combustible que le habrían permitido desviarse a Boston en caso de emergencia.
77 minutos después de entrar en espera, el control aéreo preguntó a la tripulación por cuánto tiempo podrían seguir volando, a lo que el primer oficial respondió "...about five minutes." (...cerca de cinco minutos.). El primer oficial notificó entonces que Boston ya no era una opción porque el avión no se podría mantener mucho en el aire. Dicho esto el controlador aéreo habilitó la aproximación a la pista 22L.
Al comenzar la aproximación ILS el vuelo 52 encontró vientos cruzados a una altitud de 500 pies (150 metros), los cuales casi provocan la caída del avión cerca de la pista y la pérdida de la aproximación. El control aéreo informó de estos vientos a 1500 pies (450 metros). Para este momento, el avión no tenía suficiente combustible para intentar otra aproximación.
La tripulación alertó al controlador aéreo del problema "We're running out of fuel, sir." (Nos estamos quedando sin combustible, señor.). El controlador le pidió a la tripulación que elevaran la aeronave a lo que el primer oficial respondió "No, sir, we're running out of fuel." (No, señor, nos estamos quedando sin combustible.)
Momentos después, el motor cuatro se apagó y poco después hicieron lo mismo los otros tres. Ahora, sin la fuente de energía principal y solo con la batería, los sistemas no esenciales perdieron poder y la cabina se sumergió en la oscuridad. Sin los motores, el avión planeó poco a poco hacia el pueblo de Cove Neck a 24 kilómetros del aeropuerto.
La aeronave chocó en una colina y se partió en dos. El impacto arrojó la cabina hacia un edificio cercano. Debido a la carencia de combustible, el avión no estalló ni se incendió, lo cual ayudó a salvar muchas vidas. Murieron 73 personas y 85 quedaron heridas.
El rescate de Vuelo 52 fue difícil, puesto que los restos de la aeronave quedaron en una zona de difícil acceso. La oscuridad de la noche y las condiciones meteorológicas solo empeoraron la labor.
como sabran, la causa del accidente fue por la falta de combustible.


-El vuelo 811 de United Airlines experimentó una descompresión explosiva el 24 de febrero de 1989, cuando la puerta de carga se abre en pleno vuelo succionando a 9 pasajeros, que resultaron muertos.
El avión despegó en el aeropuerto de Honolulu, Hawaii. Volaría hacia Australia con una escala en Auckland, Nueva Zelanda.
A bordo se encontraban 355 personas. El 747 despegó de Honolulu en medio de la noche. De pronto, la compuerta de carga del avión se abrió y se desprendió.
La descompresión hizo un enorme agujero al costado de la aeronave, y fueron succionados 9 pasajeros. Algunos de ellos cayeron al Océano Pacífico y otros a los motores 3 y 4 provocando fuego.
Los pilotos apagaron el motor 3 ya que estaba dañado. Luego, el ingeniero de vuelo bajó para ver qué ocurría. Al volver, el ingeniero les avisa a los otros pilotos del gran agujero.
Los pilotos informan al Control de Tráfico Aéreo y deciden volver a Honolulu. También deben descender a una altura respirable, ya que el suministro de oxígeno resultó dañado por la violenta explosión.
Después, los pilotos apagan el motor 4 ya que también se había dañado. Debían aterrizar pronto ya que un jumbo muy cargado no puede volar con 2 motores por mucho tiempo.
Finalmente, el jumbo aterrizó en Honolulu sin estrellarse. Se evacuaron 346 personas, 9 estaban desaparecidas o presumiblemente muertas.
La NTSB concluye al principio que la puerta de carga no se había cerrado bien antes de despegar. Lee Campbell fue una de las víctimas, sus padres comenzaron a investigar por su propia cuenta y descubrieron que Boeing había hecho un mal diseño de la puerta.
Boeing diseñó la puerta para que se abriera hacia afuera. Al cerrarse podía ocurrir un corto que la abría en pleno vuelo. Ya habían ocurrido incidentes y accidentes similares antes.
En 1972, El vuelo 96 de American Airlines un DC-10 experimentó algo similar sin muertos. En 1974, a un DC-10 de Turkish Airlines le ocurrió lo mismo y murieron 346 personas. Finalmente en 1987, un 747 de Pan Am no logró presurizarse bien y volvió al aeropuerto. Descubrieron que la puerta de carga se abrió 4 cm
Después de la investigación de los Campbell, la NTSB concluyó que la puerta de carga tenía defectos de diseño. Y, Boeing advirtió a las aerolíneas que tenían que reforzar los seguros de la puerta en un plazo de 18 meses.
Desgraciadamente, esto requería que los aviones se quedaran 10 h fuera de servicio; un costo muy alto. Inmediatamente después del incidente del vuelo 811 el plazo se redujo a 30 días.


-El vuelo 243 de Aloha Airlines fue un vuelo programado entre el Aeropuerto de Hilo y el Aeropuerto Internacional de Honolulú, ambos en el archipiélago de Hawaii, que al alcanzar la altitud de crucero el 28 de abril de 1988, sufrió una descompresión explosiva que provocó que parte del techo de la cabina se desprendiera, obligando al piloto a realizar un aterrizaje de emergencia en el Aeropuerto de Kahului. El avión era un Boeing 737-200 matriculado N73711 de la compañía aérea Aloha Airlines.
El 28 de abril de 1988, un Boeing 737-200 matriculado como N73711 de Aloha Airlines, se dispone a cubrir la ruta entre el aeropuerto de Hilo y el aeropuerto Internacional de Honolulu.
A las 13:25 (HDT), el avión despega con 95 personas abordo (90 pasajeros y 5 miembros de la tripulación).
Al llegar a la altitud de crucero (24000 pies), el techo de la parte delantera se desprende, dejando al avión completamente despresurizado.
El piloto, solicita un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Kahului, aeropuerto situado entre montañas y donde casi siempre sopla un viento muy fuerte.
Pero la estructura del avión se debilitó y la parte delantera de la cabina se inclinó hacia abajo.
Al sacar el tren de aterrizaje, el piloto se da cuenta que el tren delantero está roto, pero el controlador le dice que no.
El avión consigue aterrizar, con todos los pasajeros con los que había despegado excepto con una veterana azafata, que salió despedida cuando se desprendió el techo.
Tras una larga investigación, se determinó que la causa del incidente se debió a una fatiga del metal, similar a lo ocurrido en el de Havilland Comet.


-Pasadas las 13:40 UTC (20:40 hora local de Yakarta) sobre el Océano Índico, al sur de Java, la tripulación (formada por el oficial Roger Greaves y el ingeniero de vuelo Barry Townley-Freeman, mientras que el comandante Eric Moody se encontraba en el aseo) observó en el parabrisas un efecto similar al Fuego de San Telmo. El fenómeno persistía una vez que Moody volvió del aseo. A pesar de que el radar meteorológico indicaba cielos despejados, la tripulación tomó la precaución de activar el sistema de protección contra hielo en los motores y las señales de cinturones abrochados.
Según avanzaba el vuelo, comenzó a detectarse humo en la cabina de pasajeros, y al principio se pensó que éste provenía de un cigarrillo. Sin embargo, pronto comenzó a hacerse más espeso y adquirir un inquietante olor a azufre. Aquellos pasajeros que podían ver los motores a través de sus ventanas observaron que éstos tenían un brillo inusual, con una luz que resplandecía a través de los rotores produciendo un efecto estroboscópico.[3]
Aproximadamente a las 13:42 UTC (20:42 hora local de Yakarta), el motor número cuatro sufrió una pérdida de compresor y poco después dejó de funcionar. Inmediatamente, la tripulación llevó a cabo el procedimiento estándar tras el apagado de un motor, cortando rápidamente el flujo de combustible y activando los extintores. Menos de un minuto más tarde, a las 13:43 UTC (20:43 hora local de Yakarta), el motor número dos también sufrió una pérdida de compresor y se apagó. En pocos segundos, y de manera casi simultánea, los motores uno y tres también se detuvieron, provocando que el ingeniero de vuelo exclamara: "No me lo puedo creer - ¡todos los motores han fallado!".
Sin propulsión en los motores, un 747-200 tiene una proporción de planeo aproximada de 15:1, lo que significa que es capaz de planear 15 kilómetros por cada kilómetro que desciende. La tripulación determinó con rapidez que la aeronave podría ser capaz de planear durante 23 minutos, cubriendo una distancia de 91 millas náuticas (169 km) desde el nivel de vuelo en el que se encontraba, a 11.000 metros (36.000 pies) de altitud. A las 13:44 UTC (20:44 hora local de Yakarta), Greaves envió una señal de socorro al control del tráfico aéreo local, informando del fallo de los cuatro motores. Sin embargo, el Control de Área de Yakarta entendió mal el mensaje, interpretando que sólo el motor número cuatro había dejado de funcionar. Tuvo que ser un vuelo cercano de Garuda Indonesia el que transmitiera de nuevo el mensaje al control del tráfico aéreo. A pesar de que la tripulación activó el código de emergencia 7700 en el transpondedor, la aeronave no pudo ser localizada por los controladores en las pantallas de sus radares.
Muchos pasajeros escribieron notas para sus familiares. Uno de ellos fue Charles Capewell, que garabateó lo siguiente en una carpeta: "Ma. In trouble. Plane going down. Will do best for boys. We love you. Sorry. Pa xxx" (traducido como "Mamá. En problemas. El avión se viene abajo. Haré lo mejor para los chicos. Te queremos. Lo siento. Besos, Papá".
Debido a la presencia de montañas en la costa sur de la isla de Java, se necesitaba una altitud de al menos 3.500 metros (11.500 pies) para atravesar la costa de forma segura. La tripulación decidió que si la aeronave no era capaz de mantener la altitud para cuando alcanzaran 3.650 metros (11.980 pies), darían la vuelta dirigiéndose hacia el océano para intentar realizar un amerizaje en el Índico. La tripulación comenzó a efectuar los procedimientos de arranque de los motores pese a encontrarse bastante por encima de la altitud máxima recomendada para dicho procedimiento, 8.500 metros (27.900 pies). Los intentos fueron infructuosos.
A pesar de la falta de tiempo, Moody anunció lo siguiente al pasaje, mostrando lo que ha sido descrito como "una obra maestra del comedimiento:
"Señoras y señores, les habla el comandante. Tenemos un pequeño problema. Los cuatro motores se han parado. Estamos haciendo lo imposible para tenerlos bajo control. Confío en que no se angustien demasiado."

A medida que la presión del interior del avión descendió, las máscaras de oxígeno cayeron de los compartimentos superiores (una medida automática de emergencia para contrarrestar la falta de aire). En la cabina de los pilotos, mientras tanto, la máscara de Greaves no funcionaba debido a que el tubo se había separado del resto de la máscara. Fue entonces cuando rápidamente Moody decidió descender a una velocidad de 1.800 metros por minuto hasta una altitud donde la presión exterior fuera la suficiente para respirar casi con normalidad.
A 4.100 metros (13.500 pies), se aproximaban a la altitud a la cual se verían obligados a dar la vuelta e intentar un arriesgado amerizaje. Aunque existían directrices para dicho procedimiento, nunca antes se había intentado en un Boeing 747 - y continúa sin haberse intentado hasta la fecha. Mientras seguían intentando encender de nuevo los motores, el motor número cuatro consiguió arrancar, y a las 13:56 UTC (20:56 hora local de Yakarta), Moody usó la potencia proporcionada por dicho motor para reducir la tasa de descenso. Al poco tiempo, el motor número tres también pudo ser arrancado, permitiéndole ascender lentamente. Inmediatamente después, los motores uno y dos fueron arrancados con éxito de la misma forma. Posteriormente, la tripulación solicitó y ejecutó un aumento en la altitud hasta los 4.500 metros (14.800 pies) con el objetivo de esquivar las grandes montañas indonesias.
Mientras la aeronave se acercaba a la altitud deseada, el efecto del Fuego de San Telmo volvió a repetirse. Moody redujo la potencia en los motores; sin embargo, el motor número dos volvió a sufrir una pérdida del compresor y tuvo que ser apagado. La tripulación descendió de manera inmediata y se mantuvo a 3.600 metros (11.800 pies).
A medida que el Vuelo 9 se aproximaba a Yakarta, la tripulación se encontró con la dificultad añadida de no ver nada a través del parabrisas, y tuvo que realizar la maniobra de aproximación prácticamente sólo con instrumentos, a pesar de los informes meteorológicos que anunciaban buena visibilidad. Decidieron volar el ILS, el sistema de aterrizaje instrumental (Instrument Landing System, en sus siglas en inglés). Sin embargo, la senda de planeo (glideslope en inglés) se encontraba fuera de servicio, así que el comandante se encargó de seguir el localizador (localizer en inglés) mientras que el oficial monitorizaba el DME (del inglés Distance Measuring Equipment). Éste último iba informando a qué altitud deberían estar a cada tramo del DME durante la aproximación final hasta la pista de aterrizaje, creando una senda de planeo virtual que debía ser seguida por el comandante, a los mandos de la aeronave. Aunque las luces de la pista se podían distinguir a través de una pequeña franja en el parabrisas, las luces de aterrizaje del propio avión parecían estar estropeadas. Tras el aterrizaje, la tripulación consideró imposible el rodaje, debido a que las luces de la plataforma creaban un deslumbramiento que hacían opaco el ya rayado parabrisas. Por lo tanto, el City of Edinburgh tuvo que aguardar hasta ser remolcado a la terminal. al dia siguiente se realizaron limpieza dentro del avion y encontraron restos volcanicos, hasta tuvieron que cambiar de combustible (estaba sucio de cenizas volcanicas).


-El 27 de marzo de 1977, dos aviones Boeing 747 colisionaron en el Aeropuerto de Los Rodeos (Tenerife Norte en la actualidad), al norte de la isla de Tenerife, muriendo 583 personas. Es el accidente aéreo con mayor número de víctimas mortales de la historia de la aviación.
Los aviones siniestrados fueron el vuelo KLM 4805, vuelo chárter de las líneas aéreas holandesas KLM, que volaba desde el aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam, en dirección a Gran Canaria y el vuelo PAA 1736, vuelo regular de Pan Am, que volaba desde el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York, procedente del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, California hacia el aeropuerto de Gran Canaria.

El impacto se produjo unos trece segundos después, a las 17:06:50 GMT, tras lo cual los controladores aéreos no pudieron volver a comunicarse con ninguno de los dos aviones. Debido a la intensa niebla, los pilotos del avión de KLM no pudieron ver al avión de Pam Am en frente. El vuelo KLM 4805 fue visible desde PAA 1736 aproximadamente 8 s y medio antes de la colisión, pero a pesar de haber intentado acelerar para salir de la pista, el choque era ya inevitable.
EL KLM ya estaba completamente en el aire cuando ocurrió el impacto, a unos 250 km/h. Los expertos estiman que 25 pies (7,62 metros) más hubieran sido suficientes para evitar el desastre. Su parte frontal golpeó la parte superior del otro Boeing, arrancando el techo de la cabina y la cubierta superior de pasajeros, tras lo cual los dos motores golpearon al avión de Pan Am, matando a la mayoría de los pasajeros de la parte trasera instantáneamente.
El avión holandés continuó en vuelo tras la colisión, estrellándose contra el suelo a unos 150 m del lugar del choque, y deslizándose por la pista unos 300 m más. Se produjo un violento incendio inmediatamente y a pesar de que los impactos contra el Pan Am y el suelo no fueron extremadamente violentos, las 248 personas a bordo del KLM murieron en el incendio, así como 335 de las 380 personas a bordo del Pan Am, incluyendo 9 que fallecieron más tarde por causa de las heridas.
Las condiciones atmosféricas hicieron imposible que el accidente fuera visto desde la torre de control, desde donde solamente se oyó una explosión seguida de otra, sin quedar claros su situación o causas.
Momentos después de la colisión, un avión situado en la plataforma de estacionamiento avisó a la torre de que había visto fuego. La torre hizo sonar la alarma de incendios inmediatamente y, aún sin saber la situación del fuego informaron a los bomberos. Éstos se dirigieron a la zona a la mayor velocidad posible, lo que debido a la intensa niebla seguía siendo demasiado lenta, aún sin poder ver el fuego, hasta que pudieron ver la luz de las llamas y sentir la fuerte radiación de calor. Al despejarse un poco la niebla, pudieron ver por primera vez que había un avión completamente envuelto en llamas. Tras comenzar a extinguir el fuego, la niebla siguió despejándose y pudieron ver otra luz, que pensaron sería parte del mismo avión en llamas que se había desprendido. Dividieron los camiones y al acercarse a lo que pensaban era un segundo foco del mismo fuego, descubrieron un segundo avión en llamas. Inmediatamente concentraron sus esfuerzos en este segundo avión ya que el primero era completamente irrecuperable.
Como resultado, y a pesar del gran alcance de las llamas en el segundo avión, pudieron salvar la parte izquierda, de donde más tarde se extrajeron entre quince y veinte mil kilos de combustible. Mientras tanto, la torre de control, aún cubierta en una densa niebla, seguía sin poder averiguar la situación exacta del fuego y si se trataba de uno o dos aviones implicados en el accidente.
Según los supervivientes del vuelo de Pan Am, entre ellos el capitán del vuelo, Victor Grubbs, el impacto no fue terriblemente violento, lo que hizo creer a algunos pasajeros que se había tratado de una explosión. Unos pocos situados en la parte frontal saltaron a la pista por aberturas en el costado izquierdo mientras se producían diversas explosiones. La evacuación, sin embargo, se produjo con rapidez y los heridos fueron trasladados. Muchos tuvieron que saltar directamente a ciegas y gran parte de los supervivientes tuvieron fracturas y torceduras por la altura del jumbo.
Camiones de bomberos de las ciudades vecinas de La Laguna y Santa Cruz tuvieron que ser empleados y el fuego no fue completamente extinguido hasta las 03.30 del 28 de marzo. En el accidente, murieron el administrador de la ciudad antigua de San José, California, A. P. Hamann junto con su esposa Frances Haman y la ex esposa de Russ Meye, Eve Meyer. El capitán del KLM, debido a la rigidez de las reglas holandesas sobre las limitaciones de tiempo de servicio, sólo disponía de tres horas para despegar desde el aeropuerto de Gran Canaria de vuelta al aeropuerto de Ámsterdam o tendría que suspender el vuelo, con la consecuente cadena de retrasos que eso conllevaría. Además, las condiciones atmosféricas del aeropuerto estaban empeorando rápidamente, lo que podría provocar que el vuelo fuese retrasado aún más. El llamado "síndrome de la prisa" pudo afectar al piloto holandés que inició su recorrido por la pista sin tener autorización para el despegue, tan sólo confirmación de la ruta a seguir una vez que despegara. Esta es la causa directa del accidente y que, a pesar de las reticencias holandesas, es la versión aceptada y corroborada por las cajas negras de los aparatos. En la investigación llevada a cabo por inspectores de los tres países principalmente implicados (España, Países Bajos y EE.UU.) se estuvo de acuerdo en las siguientes conclusiones principales:
* El capitán de KLM despegó sin tener la imprescindible autorización desde la torre de control.
* El capitán de KLM no interrumpió la maniobra de despegue aunque desde el avión de Pan Am se informó de que seguían en la pista.
* El capitán de KLM contestó con un rotundo "sí" a su ingeniero cuando éste le preguntaba (casi afirmando) si el avión de Pan Am había dejado ya la pista.
* El capitán parecía no tener clara la situación. Una vez terminada la maniobra de backtracking (giro de 180º) para situarse en posición de despegue, metió gases sin tener la autorización de ATC. El copiloto le dijo "espera, aún no tenemos la autorización ATC". Seguidamente el comandante paró el avión y le dijo "Sí, ya lo sé, pídela".
* El avión de Pan Am siguió rodando hasta la salida C4 en lugar de tomar la C3, como se les había indicado desde la torre de control.
(video del accidente: )


-El accidente del Vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya, conocido popularmente como el Milagro de los Andes, ocurrió el 13 de octubre de 1972, cuando el avión militar con 40 pasajeros y cinco tripulantes que conducía al equipo de rugby Old Christians, formado por alumnos del colegio uruguayo Stella Maris, se estrelló en la Cordillera de los Andes en ruta hacia Santiago de Chile.

El 12 de octubre el avión Fairchild Hiller FH-227 perteneciente a la Fuerza Aérea Uruguaya partió del Aeropuerto Internacional de Carrasco transportando al equipo de rugby del club de ex alumnos del Colegio Stella Maris de Montevideo, que se dirigía a jugar un partido contra el Old Boys de Santiago de Chile. Se desarrollaba en ese momento un frente de inestabilidad en todo el sector cordillerano central.
El mal tiempo les obligó a detenerse en el aeropuerto El Plumerillo, en la ciudad de Mendoza, Argentina, donde pasaron la noche. Al día siguiente, el frente persistía, pero debido a la premura del viaje y hechas las consultas pertinentes, se esperó sólo hasta la tarde, cuando amainaron levemente las condiciones de tormenta.
El vuelo continuó por la tarde del 13 de octubre con destino a Santiago de Chile. La ruta a seguir era vía Paso del Planchón entre las ciudades de Malargüe (Argentina) y Curicó (Chile).
Debido a un fatal error de navegación del navegante, teniente Ramón Saúl Mártinez, el piloto notificó a los controladores aéreos de Santiago de Chile que se encontraba sobre el Paso del Planchón, en Curicó, cuando en realidad se encontraban más al norte, en las cercanías del cerro El Sosneado y del volcán Tinguiririca, en la provincia de San Fernando, Chile. Este error de más de 100 km dificultó posteriormente las tareas de rescate.
mando del aparato estaba el coronel Julio César Ferradas, y su copiloto, el teniente coronel Dante Lagurara, al mando de los controles del avión. Además, completando la tripulación, iban el navegante, teniente Ramón Saúl Martínez, el sobrecargo Ovidio Ramírez y el mecánico Carlos Roque.
Este tipo de avión tiene la particularidad de volar con la cola más baja que la nariz, como el vuelo de un ganso. Su techo máximo es de 6.800 m y su velocidad de 437 km/h.
Al momento de iniciarse el accidente, el Fairchild iba a unos 6.000 m de altitud, por lo que no sobrevolaba los Andes, sino que los atravesaba por una ruta de alturas intermedias en un corredor aéreo.
El avión comenzó el descenso por instrumentos entre la niebla de una tormenta en desarrollo. Mientras todavía se encontraba sobre las montañas, el piloto creyó, debido a un nuevo error de navegación, que habían ya traspasado totalmente el cordón montañoso, siendo que apenas habían traspuesto las primeras corridas de altas cumbres; viró entonces hacia el norte.
El aparato descendió varios cientos de metros de golpe al atravesar sendas bolsas de aire. Ante esta situación, no faltó quien hiciera chistes sobre el incidente, o quien alzara los brazos y vitoreara como en una montaña rusa, o se aventara un balón de rugby. La serie de descensos bruscos hicieron que el avión perdiera más altitud, en medio de una nube (perdió casi 1.500 m).
Poco después, muchos de los pasajeros cayeron en la cuenta de que el ala del avión estaba muy cerca de la montaña. Dudaron si aquello era normal. Unos momentos después, los pasajeros se miraban unos a otros con terror, otros rezaban, al ver que estaban a unas decenas de metros de las laderas de un encajonado, esperando el inevitable choque del avión.
El Fairchild descendió aún más y se metió en un largo cajón de elevados riscos en medio de una nube neblinosa. Repentinamente, la niebla se abrió, al tiempo que los pilotos vieron cómo su aeroplano estaba en rumbo frontal de colisión, con la parte final del cajón cerrada por un alto farallón, el Cerro Seler. La alarma de colisión dentro de la cabina se activó, lo que alarmó a pasajeros y tripulación.
La aeronave se enfrentó a un alto farallón que el comandante Lagurara a duras penas y mediante un extraordinario esfuerzo físico pudo salvar por un par de metros; pero golpeó la cola en la orilla del farallón en un pico sin nombre (posteriormente denominado Cerro Seler, por Nando Parrado), situado entre el cerro El Sosneado y el volcán Tinguiririca, cerca de la frontera entre Argentina y Chile, pero del lado argentino.
El aparato golpeó una segunda vez un risco del pico a 4.200 msnm, perdiendo el ala derecha, que fue lanzada hacia atrás con tal fuerza que cortó la cola del aparato a la altura de la ventanilla Nº 8 de 10 por el lado de babor y Nº 7 por el lado de estribor. Al desprenderse su cola con el estabilizador vertical, dejó abierto tras sí el interior en la parte posterior del fuselaje. De este desprendimiento, salieron al menos dos filas de asientos y al impactar contra la montaña, murieron instantáneamente cinco personas, incluido el sobrecargo, que iban todavía atadas a sus asientos de la cola.
Al golpear el avión por tercera vez en un segundo pico, perdió el ala izquierda, quedando en vuelo únicamente su fuselaje, a manera de proyectil. Éste, aún con bastante velocidad, golpeó tangencialmente el terreno nevado y resbaló por una amplia ladera nevada y empinada de más de 4 km de largo hasta detenerse en un banco de nieve. Dos pasajeros más, atados aún a sus asientos, salieron despedidos por el boquete posterior.
El golpe de la nariz del avión contra el banco de nieve resultó fatal para los tripulantes de cabina. La fuerza del golpe hizo que el tren de aterrizaje delantero, todavía en su pozo, comprimiera fuertemente la cabina del avión hacia atrás, atrapando a sus ocupantes contra el panel de instrumentos. Lagurara quedó con su cabeza fuera de la ventanilla y con su pecho comprimido contra el fuselaje en el interior.
Los pasajeros que quedaron dentro del fuselaje fueron comprimidos en sus asientos hacia la parte frontal de éste, que se elevó hasta casi tocar el techo. Muchos pasajeros sufrieron traumatismo craneoencefálico (TCE), lo que provocó su muerte, mientras que otros quedaron atrapados en sus asientos sin posibilidad de zafarse. Para el resto, el golpe fue amortiguado. Increíblemente, algunos pasajeros resultaron ilesos o con tan sólo heridas leves. Hubo otros pasajeros con heridas internas graves que fallecieron en horas posteriores. De inmediato, Marcelo Pérez, el capitán del equipo de rugby, organizó a los ilesos para ayudar a liberar a los que seguían atrapados y a los heridos, despejando el fuselaje para prepararse para la noche. Uno de los sobrevivientes salió por atrás del fuselaje y a tientas entre la nieve y el fuselaje se acercó al piloto agonizante y Lagurara solicitó agua, a lo que el sobreviviente le acercó nieve a la boca. Entonces, empezó a decir: " -Anota, estamos en Curicó, anota...-" Entonces, Lagurara le pidió tomar el revólver de la cabina y que le disparara, cosa que no ocurrió.
El piloto Julio Ferradas murió víctima de un TCE y el copiloto Dante Lagurara murió tras agonizar toda la noche, al amanecer del día siguiente.
Existe una extraña coincidencia entre la latitud del accidente de los Andes, (la ubicación de los restos del avión 34º45'48" S) y la de la Sierra de las Animas en Uruguay. La Sierra de las Animas (34º45'48" S 55°19'0.52" O), otrora mirador uruguayo, fue el punto oficial más elevado de aquel país cuando transcurría el año 1972, pero varios años después fue destronado por apenas 13 metros por el actual Cerro Catedral, ubicado más al norte, en la sierras de Carapé. La Sierra de las Animas (1368 km hacia el este) se constituyó varios millones de años atrás como la única de origen volcánico en territorio uruguayo, justo cuando la Cordillera de los Andes comienza a elevarse entre Argentina y Chile hasta la altura de 6.500 metros.
De las 45 personas en el avión, doce murieron en el accidente o poco después (entre ellos miembros de la tripulación); otros cinco habían fallecido a la mañana siguiente, y el octavo día, murió un pasajero de sexo femenino, de nombre Susana Parrado debido a sus lesiones. Muchos de los fallecidos quedaron comprimidos entre asientos o atrapados por ellos mismos.
Los 27 restantes hicieron frente a las duras condiciones ambientales (-25 a -42 °C) de supervivencia en las montañas congeladas, aún en plena época de nevadas, en medio de la primavera austral. Durante varios días las partidas de rescate intentaron localizar los restos del avión sin éxito. Incluso algunos aviones estuvieron cerca del lugar, pero muy alto.
Muchos de los supervivientes habían sufrido diversas lesiones cortantes o moretones y carecían de calzado y ropa adecuada para el frío y la nieve. Se organizaron para resistir las duras condiciones imperantes.
A pesar de las condiciones y el grado de debilidad y aletargamiento, los sobrevivientes liderados por el estudiante de medicina, Roberto Canessa, quien propuso soluciones para todo, fabricó además elementos y utensilios ingeniosos tales como alambiques, guantes (con los forros de los asientos del avión, que se desprendían con facilidad), botas (con los cojines de los mismos) para evitar hundirse en la nieve al querer trasladarse, y anteojos (con el plástico tintado) para resistir el frío y el encandilamiento de la nieve.
La mayoría de los supervivientes dormían con un par de pantalones, tres o cuatro suéteres, tres pares de calcetines, y algunos se tapaban la cabeza con una camisa para conservar el aliento. Para evitar la hipotermia, en las noches más frías, se daban masajes para reactivar la circulación e intentaban mantener la temperatura corporal en contacto entre sí. Algunos preferían dormir descalzos para evitar pegar a alguien con sus zapatos.
La búsqueda se suspendió ocho días después del accidente. En el undécimo día en la montaña los supervivientes escucharon por una radio de pilas, con consternación que se había abandonado la búsqueda.
La noche del 29 de octubre, a 16 días ya de la caída, una nueva tragedia se cernió sobre el resto del avión y los muchachos, en la noche a eso de las 23:00 un alud se deslizó y sepultó los restos del Fairchild FH-227D, ingresando por el boquete de la parte posterior, arrasando el muro provisional y sepultando a quienes dormían en su interior, salvo a un joven, Roy Harley, quien desesperadamente comenzó a cavar en busca de los que yacían bajo la nieve. Pese a los desesperados intentos de rescate por sus compañeros, ocho personas murieron asfixidas bajo la nieve, incluyendo al capitán del equipo Marcelo Pérez y al último pasajero de sexo femenino, Liliana Navarro de Methol. No obstante, el enterramiento del fuselaje permitió al resto de los sobrevivientes no morir congelados más adelante.
A mediados de noviembre, fallecieron dos chicos más, (Arturo Nogueira y Numa Turcatti), a causa de la infección de sus heridas, gangrena.
Los supervivientes disponían apenas de alimentos. A pesar de que durante los días posteriores al accidente racionaron la comida disponible, pronto se mostró insuficiente. En el lugar donde se habían estrellado no había vegetación ni animales de los que pudieran alimentarse, el terreno era suelo desnudo de nieves perpetuas.
El grupo pudo sobrevivir durante 72 días y no morir por inanición gracias a la decisión grupal de alimentarse de la carne de sus compañeros muertos (práctica denominada antropofagia), quienes estaban enterrados en las afueras del fuselaje. No fue una decisión fácil de tomar, y en un principio algunos rechazaron hacerlo, si bien pronto se demostró que era la única esperanza de sobrevivir, muchas consideraciones pasaron por el tema religioso católico. Pronto se impuso la regla (o exigencia), de no utilizar como alimento a ningún familiar cercano, ni tampoco a algún fallecido de sexo femenino, como el caso de las dos mujeres Parrado.
En un primer momento quisieron utilizar la radio de la cabina para pedir auxilio, pero carecía de energía, pues la batería estaba en la cola que ellos habían creído divisar 2 km más arriba. Varios de los supervivientes intentaron localizar la sección de cola que había sido arrancada a raíz del primer impacto, esperando poder recuperar las baterías que se encontraban en esa parte del avión. Cuando por fin llegaron a la sección de cola, ubicada a la distancia que habían supuesto, vieron que las baterías resultaban excesivamente pesadas (cerca de 23 kg cada una), para trasportarlas hasta el fuselaje del avión, por lo que decidieron desmontar la radio de la cabina y llevarla hasta la cola del avión; la batería estaba en buen estado. Además en algunas valijas hallaron chocolates y licores.
A pesar de todos sus esfuerzos no lograron comunicarse con el exterior pues un cortocircuito originado debido al desconocimiento, dañó irreparablemente la radio. Junto con el hallazgo de la cola, también hallaron los cuerpos de dos pasajeros enterrados y aún unidos a sus asientos por los cinturones de seguridad.
El extremo frío de la alta montaña era el peor enemigo que debían afrontar los sobrevivientes, sin embargo, gracias a estas temperaturas se podía conservar adecuadamente la carne y se impedía por completo el desarrollo de las infecciones producidas por los microorganismos que estaban ausentes bajo estas condiciones aun ya comenzado el verano austral en la última etapa.
Para comienzos de diciembre de 1972, el deshielo dejó al descubierto el fuselaje nuevamente y los sobrevivientes pudieron disfrutar de días soleados, bañados con los cálidos rayos del sol. Los supervivientes finalmente vieron que su única esperanza consistía en ir a buscar ayuda. El 12 de diciembre de 1972, Nando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín parten en busca de ayuda. El tercer día de marcha, Antonio resbala y se crea una lesión, por lo que deciden enviarlo de vuelta. También le pidieron dejara su ración de carne, ya que el trayecto sería más largo de lo calculado.
Diez días y habiendo caminado unos 55 km aproximadamente después de partir de los restos del fuselaje llegan a la precordillera curicana del sector de Los Maitenes. De haber caminado hacía el lado argentino, habrían tenido que hacer más de 100 km para encontrar un poblado, sin duda habrían perecido.
Recorren un río para vadearlo por casi día y medio y no pueden lograrlo por la crecida del deshielo. Canessa comienza a sentirse enfermo, por lo que Nando debe llevar las dos mochilas. La carne que llevaban consigo comenzó a descomponerse rápidamente debido al aumento significativo de la temperatura de la precordillera. Al amanecer del día siguiente, ven en la otra orilla a un huaso chileno que los observa. Logran hacerle llegar un mensaje escrito donde dicen ser sobrevivientes de un avión siniestrado.

El mensaje decía:

Vengo de un avión que cayó en las montañas. Soy uruguayo. Hace 10 días que estamos caminando. Tengo un amigo herido arriba. En el avión quedan 14 personas heridas. Tenemos que salir rápido de aquí y no sabemos cómo. No tenemos comida. Estamos débiles. ¿Cuándo nos van a buscar arriba? Por favor, no podemos ni caminar. ¿Dónde estamos?”

Al reverso, una última nota, con lápiz labial: ¿Cuándo viene?
El arriero quien resultó ser Sergio Catalán, entiende el mensaje, les lanza un poco de pan y se dirige al retén de Puente Negro a cargo de Carabineros de Chile con el capitán Courbis al mando, es el más próximo (a diez horas de marcha) y da la noticia. Luego de ello, una patrulla de Carabineros se dirige al sector y le brindan ayuda.
Fernando Parrado y Roberto Canessa junto al arriero Sergio Catalán que los descubrió, después de diez terribles días de caminata.
En aquel día del 22 de diciembre, los pilotos chilenos Carlos García, Jorge Massa y Mario Avila se preparaban para volar en un DC-6 a Punta Arenas entonces recibieron incrédulos la noticia de que habían aparecido sobrevivientes del avión uruguayo extraviado hace más de dos meses en la cordillera.
Se habían realizado por parte de la FACH, hasta suspenderse la búsqueda, 66 misiones sin resultados.
Carlos García, solicitó tres helicópteros Bell UH-1 e inmediatamente se trasladaron hacia el sector Los Maitenes de Curicó para organizar de inmediato el rescate. Había un gran inconveniente, se había levantado una densa niebla y eso en circunstancias normales habría frenado la tarea de rescate, pero se decidió proseguir a pesar de que la visiblidad no era mayor a 100 m.
Una vez en Los Maitenes, los rescatistas interrogaron a Parrado y a Canessa. La niebla se levantó a eso de las 12:00 y Parrado sirvió de guía a los helicópteros, Parrado abordó el UH-89 con García al mando, y fue seguido por el UH-91 a cargo de Massa, con un equipo del SAR (Servicio Aéreo de Rescate). El tercer aparato quedó en reserva en el lugar que ya estaba siendo invadido por periodistas.
El UH-89 y el UH-91 remontaron con gran dificultad las alturas debido a la escasez de corrientes cálidas y falta de aire suficiente para el correcto funcionamiento de los rotores.
Una vez a la vista el sitio del accidente, los pilotos chilenos comprendieron que el rescate iba a ser muy difícil debido a la pendiente del terreno, para mientras los 14 sobrevivientes saltaban jubilosos y gritaban de alegría.
Cuando aterrizaron sobre un solo Skid para afirmarse en la nieve, los rescatistas del SAR descendieron mientras los sobrevivientes intentaban abordar los helicópteros, hubo instantes de angustia ya que el peso de los famélicos sobrevivientes excedía el peso de levante del diseño del UH-Bell, por lo que hubo que bajar a algunos llegando incluso a usarse la fuerza bruta para evitar un nuevo desastre en el lugar.
Se rescataron a siete de ellos en ambos aparatos, el resto se tuvo que quedar una noche más en compañía de los miembros del SAR. No pudieron ser transportados todos ellos debido a que el UH-Bell rescatista había llegado a su máximo peso, obligando a algunos supervivientes a pernoctar una vez más en la montaña. Esa noche algunos de los rescatistas pasaron la noche en el fuselaje destrozado.
Uno de los miembros del SAR que estuvo con este resto, contaría más tarde: -" el avión estaba partido y sin alas, el piloto aun estaba en su puesto, pero su cabeza había desaparecido y solo quedaba el muñón de la columna asomándose por la ventanilla, había escenas de canibalismo evidente, ya que alrededor y debido al deshielo, dejaba entrever restos humanos"-
Tras ser rescatados la totalidad por helicópteros son trasladados a Santiago para ser atendidos por médicos. Los equipos de rescate contaron 11 cuerpos descuartizados, y los demás en calidad de reserva. Los rostros de los sobrevivientes muestran las penurias padecidas y un color amarillo-rosado extraño, con la piel pegada a los huesos.
Roberto Canessa describiría así el momento del impacto:
-" Recuerdo un poco el impacto...Me golpeé la cabeza y además me quedó un ojo hinchado, el impacto no fue tan fuerte como debiera haber sido...el avión empezó a deslizarse y se fue frenando, así el golpe no fue tan intenso... Roberto Canessa al periodista Jorge Abasolo-El Mercurio (diciembre de 2007)
A pesar de las dudas iniciales, los sobrevivientes pronto reconocen y justifican que han debido recurrir al canibalismo para poder sobrevivir. En un principio lo negaron, alegando que en Mendoza adquirieron grandes cantidades de chocolates, conservas, queso y licores. Pero el hecho quedo al descubierto cuando los diarios chilenos El Mercurio y La Tercera de la Hora publicaron fotografías de restos humanos cerca del fuselaje, tomadas por el Cuerpo de Socorro Andino (CSA) y que no se habían dado a conocer. Los supervivientes se vieron obligados a dar una conferencia de prensa para hablar del asunto. Agradecieron profundamente la comprensión de familiares de los fallecidos, quienes los apoyaron en todo momento: "Ellos (los familiares) dijeron que menos mal que había 45 para que podamos tener 16 hijos de vuelta. Nos quieren como hijos. Supongo que en su yo más íntimo cuando nos ven piensan por qué sobrevivimos nosotros y no sus hijos. Es un sentimiento humano lógico"
(para mas informacion entrar a: )


*si les gusto estas terribles novedades dejen comentarios (nota: no puse tantas imagenes porque odio profundamente a los aviones. espero que lo entiendadn).
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