“Una bicicleta vacía refleja la imagen de un cuerpo ausente.”
Rosario es una de las ciudades argentinas que más artistas e intelectuales renombrados ha producido en este país, después de Buenos Aires, claro. “Caminando por Rosario siempre vuelvo a sonreír”, entona el conocido cantautor argentino Fito Páez, y la verdad es que podemos sorprendernos dando vueltas por ahí.
Una de las sorpresas que nos da esta ciudad, cuya insignia suele ser el gran río Paraná, son sus famosas bicicletas abandonadas en muros, alcantarillas, veredas, etc., que ya son un icono de la ciudad. Son las bicicletas de Fernando Traverso, pintadas con la técnica de esténcil, de tamaño real y numeradas, que en un primer momento simbolizaron la ausencia de los amigos del artista desaparecidos durante la cruel dictadura militar en Argentina, y que hoy extienden su significado más allá de Rosario, viajando por diferentes países, adaptando su concepto a diferentes reclamos, universalizándose, como ocurre con las mejores obras de arte.
Traverso descubrió el potencial de la bicicleta abandonada contra un muro en la vía pública como símbolo de la ausencia a través de una experiencia personal. Veintinueve amigos suyos fueron secuestrados y desaparecidos por la dictadura -de los treinta mil que hubieron aproximadamente en total en la Argentina-. Uno de ellos había dejado su bicicleta en la vereda, pero nunca más volvería a buscarla. En algún graffiti el artista ha dejado un anuncio, una pregunta retórica junto a la silueta de una bicicleta: ¿cuándo vendrás a buscarla? La ausencia es justamente el silencio, el vacío como respuesta.
Sus bicicletas empezaron a aparecer en diferentes lugares de Rosario en el año 2001. La primera surgió una noche de indignación y melancolía, como una manifestación personal en contra del olvido. Es una forma de fomentar la recuperación de la memoria y la reconstrucción histórica. Muchos dirigentes habían sembrado en la conciencia colectiva el olvido de esta etapa oscura, todavía tan fresca en la conciencia de los argentinos, pues, algunos de los responsables todavía caminan por las calles libremente (incluso ocupan, hasta hoy, cargos políticos importantes en Argentina).
“Me cuidaste y seguiste de largo”, dice un verso de un poema del artista, quien devela el misterio: “En ese poema hablo de un amigo mío que dejó su bicicleta atada en un árbol y luego desapareció. Eso de -me cuidaste y seguiste de largo- es porque yo pienso que él me estaba cuidando: si me saludaba, nos llevaban a los dos… En esa época éramos todos vulnerables. Entonces siguió de largo, como si no me hubiera visto. Yo caminé dos cuadras más y, cuando me di vuelta, la bicicleta estaba atada ahí, pero a él nunca más volví a verlo. Ese recuerdo fue lo que disparó la idea de la obra.” Esa noche, Traverso pintó su primera bicicleta en la pared de la casa de uno de los desaparecidos; al otro día observó que todos los vecinos se amontonaban para contemplarla, se preguntaban qué quería decir.
Así, poco a poco, Fernando llegó a pintar 350 bicicletas en todo Rosario, cada una en un punto estratégico donde su significado recobrara mayor sentido: lugares cargados de recuerdos de sus amigos, centros clandestinos de tortura, etc.