En una reunión del directorio de Papel Prensa, la viuda de David Graiver confirmó que, estando secuestrada, fue forzada a entregar las acciones de la empresa bajo tortura.
La hora de la verdad
La asamblea de accionistas de Papel Prensa del jueves pasado tuvo dos invitados inesperados: Lidia Papaleo de Graiver, viuda de David Graiver, banquero y accionista privado mayoritario de la compañía, y José Pirillo, ex propietario del diario La Razón. Sus testimonios, tan estremecedores como contundentes, dejaron al descubierto la ilegalidad del traspaso accionario de la principal papelera del país, cuyos principales accionista son los diarios Clarín y La Nación.
“Fui forzada a vender todo. No hubo sugerencias, fue ‘firmás o te mato’”, contó en un conmovedor relato Papaleo de Graiver, en el que dio precisiones sobre su secuestro, así como de las feroces torturas recibidas durante el período que estuvo ilegalmente detenida. “Yo desaparecí y todo lo que pasó fue estando desaparecida”. “Yo vendí antes y durante (de estar en el cárcel). En la cárcel ya estaba legal, me sacaban y me traían desaparecida para firmar y hacer el careo continuo”, relató sobre las terribles condiciones en las que se vio obligada a firmar la supuesta “venta” de las acciones heredadas de su esposo, muerto en circunstancias sospechosas en un accidente aéreo en agosto de 1976.
Su desgarradora exposición fue escuchada por representantes de La Nación –entre los que estaba su presidente, Julio César Saguier–, el coadministrador judicial de Papel Prensa y los síndicos e integrantes del Consejo de vigilancia de esta firma. Los que decidieron retirarse fueron los representantes de Clarín. Su director, Héctor Aranda, optó por seguir las exposiciones de manera intermitente y subrepticia, pese a la sugerencia del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de que se acercara en lugar de asomarse “como un fisgón”.
Por su parte, Pirillo, quien fue convertido en paria social por enfrentar a Héctor Magnetto, recordó como éste -entonces gerente general de Clarín-, le comentó que había gestionado ante el presidente de facto Rafael Videla “la obtención de dos chicos” para la dueña del diario, Ernestina Herrera de Noble.
Asimismo, relató diversas maniobras irregulares perpetradas por Clarín, La Nación y La Razón, en ese entonces en manos de Patricio Peralta Ramos, para beneficiarse con el costo del papel del diario, en detrimento de las publicaciones de la competencia. Contó, además, cómo fue “despojado” de su diario en 1987, tras romper la sociedad en Papel Prensa y publicar la historia completa de la familia Graiver, a través de una maniobra judicial.
Fuera de temario. Papaleo de Graiver y Pirillo habían sido invitados por el funcionario a exponer ante el directorio, una vez dinalizada la asamblea, en el marco de una fuerte confrontación con los accionistas privados mayoritarios de Papel Prensa por el manejo abusivo en el mercado del papel para diarios, irregularidades y presuntas maniobras de corrupción. El orden del día original preveía discutir los estados contables del primer trimestre del año, la oposición de la mayoría de los representantes de los accionistas privados a que los delegados estatales accedan a determinada información sobre la gestión de la empresa, y la ampliación del número de directores independientes, que dejarían en minoría al Estado Nacional a la hora de fijar el precio de papel.
Pero Moreno fue más allá y, una vez finalizada la asamblea, invitó a los presentes a escuchar los testimonios de Papaleo y Pirillo. “Hay una oscuridad total acerca de cómo los actuales accionistas adquirieron las acciones en el marco del terrorismo de Estado”, manifestó en relación con la maniobra por la cual, en noviembre de 1976, Clarín, La Nación y La Razón, se quedaron con la porción mayoritaria de las acciones de la principal productora y proveedora del 75% del papel de diario que se utiliza en el país.
Maniobras corruptas. Previamente, Moreno había repasado la historia de Papel Prensa durante los últimos 30 años y la administración de su gestión por parte de sus accionistas privados. “Hay serias sospechas de que la empresa ha funcionado, en las últimas décadas, con retornos de proveedores recolectados por el actual gerente de la empresa, que es el señor (Jorge) Noseda, y repartidos personalmente a los accionistas”, advirtió el funcionario. E inmediatamente señaló que “le gustaría saber si los directores participaron de esos retornos, o si el señor Noseda lo hizo al accionista Magnetto”. Esas comisiones, según dijo, “oscilan entre el 10% y el 15% de cada factura de compra y, en algunos casos, hay denuncias que fueron formuladas por quienes fueron directivos de la firma”. Estas prácticas serían la causa de la negativa de los directores vinculados con los accionistas privados, a proporcionar la información que los representantes del Estado nacional vienen solicitando desde el año pasado.
Otra modalidad denunciada por Moreno es la forma en que costea Papel Prensa las bobinas que son para los diarios de sus accionistas y las que vende a las demás publicaciones. El menor costo para las destinadas a los primeros le permitiría a la empresa justificar la fijación de precios diferentes, en perjuicio de la competencia de los dos principales diarios del país. Además, se suma el perjuicio a las ganancias de la empresa y, por ende, al patrimonio público, ya que un 27% de ella pertenece al Estado.
En línea con la revelación sobre costos, el secretario de Comercio Interior se refirió a otra irregularidad originada en las políticas de aprovisionamiento de Clarín: las variaciones mensuales de sus compras oscilan 25%, mientras que las demás empresas llegan al 4%. Así, la política del principal matutino del país perjudica a Papel Prensa y al mercado editorial al generar faltantes y sobrantes de stock que impactan sobre los precios y la estabilidad en el abastecimiento.
Impunidad protegida. En otro tramo de su alocución ante los integrantes del directorio, Moreno recordó que un ex asesor de la Comisión Nacional de Valores (CNV) participó en los interrogatorios a los accionistas de Papel Prensa que fueron detenidos hacia fines de 1976. En este organismo le confirmaron a Miradas al Sur que a partir de una investigación realizada por su presidente, Alejandro Vanoli, se comprobó que efectivamente existió un funcionario de estrecha confianza del entonces titular de la CNV, Juan Etchebarne, que cumplió tareas en centros clandestinos de detención a pedido del Primer Comando Cuerpo de Ejército. A raíz de su “eficiente desempeño”, el coronel Roberto Roualdes, jefe del Estado Mayor del Ejército, le hizo llegar al funcionario de la CNV, por intermedio de Etchebarne, una calurosa felicitación. El funcionario torturador asistió a las dos asambleas de accionistas de Papel Prensa realizadas en diciembre de 1976 con motivo de los cambios originados en la propiedad de la empresa.
La impunidad con que la dictadura militar protegió a los apropiadores de las acciones de Papel Prensa fue recordada por Moreno al evocar el caso de Rafael Ianover. Después de firmar los poderes para la transferencia de acciones, el entonces testaferro de David Graiver en Papel Prensa y ex director de esta empresa le pidió a Patricio Peralta Ramos que no le pasara nada ni a él ni a su familia. El entonces propietario de La Razón “le dio su palabra de honor” de que así sería. A la semana siguiente, Ianover fue secuestrado y permaneció catorce meses en esa condición.
Su testimonio, junto al de Papaleo de Graiver y Pirillo, revelan las dimensiones del ilícito en que se produjo el traspaso accionario de Papel Prensa, con prácticas propias del terrorismo de Estado avaladas por sus principales beneficiarios .
Lidia Papaleo de Gravier: “Tuve un tumor cerebra por los golpes que recibíl"
Tras la realización de la asamblea de accionistas de Papel Prensa del jueves pasado, la mujer relató las condiciones en que fue obligada por la dictadura militar a realizar el traspaso de la acciones de la firma. La maniobra contó con el aval de quienes serían sus principales beneficiarios: los diarios Clarín y La Nación, que junto a La Razón, pasaron a ser los dueños mayoritarios de la compañía.
Tras la realización de la asamblea de accionistas de Papel Prensa del jueves pasado, Lidia Papaleo de Graiver relató las condiciones en que fue obligada por la dictadura militar a realizar el traspaso de la acciones de la firma. La maniobra contó con el aval de quienes serían sus principales beneficiarios: los diarios Clarín y La Nación, que junto a La Razón, pasaron a ser los dueños mayoritarios de la compañía.
Guillermo Moreno: –Vamos a escuchar un minuto a la señora Papaleo de Graiver.
Lidia Papaleo de Graiver: –Creo que el interés de todos es saber cómo se hace la maniobra económica de estafa y, sinceramente, no voy a hablar de eso. Yo era una persona muy joven. Un día, se mata mi marido y regreso a la Argentina –porque me dicen que era lo conveniente–, sola con una hija de un año. Pero ya antes en México, empiezo a recibir amenazas, primero telefónicas. Allá concurrí a la Policía…
Moreno: –¿Por qué no le dicen al señor Aranda (director por Clarín y socio de ese grupo) que se acerque así escucha mejor? Se está asomando como un fisgón.
Papaleo de Graiver: –El trabajo más duro que tuve, fue tratar de salir viva de la cárcel y sin resentimientos. Conocí allí gente extraordinaria que me ayudó mucho, compañeras, gente que no estaba en mi medio. Yo no había sido militante de nada, lo único que me importaba era la psicología. Me había casado con el hombre de mis sueños del que me había enamorado a los 14 años. Volví a la Argentina y encontré que tenía que vender todos los bienes. Ayer leí en la parte principal del diario La Nación –que es el único que leo– que se referían al tema del judaísmo. Eso era real. A mí me dijeron que tenía que vender todo, absolutamente todo, a gente del país que no fuera judía.
Eduardo Alberto Lohidoy (abogado con actividad en medios de comunicación y socio del estudio
Sáenz Valiente que atiende al Grupo Clarín): –¿Quién le dijo?
Papaleo de Graiver: –La gente que me vino a ver.
Lohidoy: –¿Quiénes?
Papaleo de Graiver: –Me vinieron a ver coroneles e incluso fui a ver al ex presidente de la república para que me recibiera y me ayudara a llegar a Videla por las amenazas que tenía. Y todo esto consta. Todo el que se te ocurra.
Lohidoy: –¿Eran todos militares?
Papaleo de Graiver: –Sí, militares y gente política. Fui a ver a (Ricardo) Balbín porque era amigo de mi padre y a (Antonio) Cafiero porque era amigo de mi hermano. Primero lo vi en la cárcel…
Lohidoy: –Es decir, militares y civiles.
P. de G.: –Así es. Vi a todo tipo de gente para tratar de parar toda esta situación y la amenaza de sacarme a mi hija.
Julio César Saguier: –¿Balbín y Cafiero también le dijeron que tenía que vender?
Papaleo de Graiver: –No, por eso no los nombré. Los que me decían que vendiera era gente que estaba en el poder, y todos los políticos no estaban en el poder en ese momento. También fui a ver a (Agustín) Lanusse quien me recibió muy bien porque yo había atendido a una de sus hijas. Pero todos me decían que tenía que vender y claramente a gente argentina no judía.
Cuando surgió esto de Papel Prensa fui a ver al señor (Guillermo) Moreno porque consideré que había llegado el momento de enfrentarme con la verdad. Personalmente siempre luché con la verdad y la sufrí pero no la enfrenté, en primer lugar porque viví treinta años de miedo.
En el año ’89, a nosotros nos sacaron 16 millones de dólares –que todavía no nos habían dado– para entregárselos a (Jorge) Born en un juicio totalmente insólito con comprobaciones totalmente insólitas.
Alberto Jorge Gowland Mitre (síndico): –¿La idea de Papel Prensa de quién fue?
Papaleo de Graiver. –Hay una idea general de (César) Doretti y (César) Civita a quienes yo conocí. Civita era un gran empresario y David (Graiver) se las compra y queda él solo.
Toda la gente dice que (José) Gelbard tenía que ver y en realidad es todo lo contrario. Gelbard detestaba la idea de Papel Prensa, no quería saber nada.
Lohidoy: –Cuando usted vende, ¿fue forzada? ¿En qué condiciones vende más allá de las sugerencias?
Sra. Papaleo de Graiver: –Fui forzada a vender todo. No hubo sugerencias, fue “firmás o te mato”.
Lohidoy: –¿Así decían?
Papaleo de Graiver: –Yo desaparecí y todo lo que pasó fue estando desaparecida. También firmé en La Plata estando desaparecida. Hice los careos con (Jacobo) Timerman y todo lo relacionado con La Opinión estando desaparecida, porque desde el departamento de Policía me llevaban a declarar envuelta en una manta gris, porque estaba totalmente quemada, perdí mis pechos, mi abdomen y también mis genitales durante la tortura y me operaron en la cárcel de un tumor cerebral por los golpes que recibí.
Al salir de la cárcel seguí viviendo todo esto, me siguieron amenazando, tuve que intervenir el teléfono y la situación siguió, siguió y siguió.
Lohidoy: –¿Usted vendió antes o después de que estuvo en la cárcel?
Papaleo de Graiver: –Yo vendí antes y durante. Seguí saliendo. En la cárcel ya estaba legal, me sacaban y me traían desaparecida para firmar y hacer el careo continuo. En una oportunidad fui a una casa donde había dejado las acciones de La Opinión –yo tenía todas las acciones de La Opinión–. Fui a ese lugar con un señor que era mi torturador –si bien eran varios y Darío Rojo que era uno de ellos ya murió– y estaban presentes (Miguel) Etchecolatz y (Ramón) Camps. El otro que estaba presente, que no era policía, se llama Cozzani y era el encargado de torturarnos. A mi lado murió mucha gente, incluso niños, porque traían a los padres y si no hablaban, mataban a sus niños. También violaban a todo hombre que entraba –que supuestamente era homosexual–; me preguntaban a mí, que en algunos casos sabía que eran homosexuales pero decía que no, y los violaban hasta matarlos.
Moreno: –Esta historia, los que tenemos edad, la vivimos; es una historia tremenda que me parece que es oportuno recordarla. Lo relevante de todo esto es que alguien, en ese clima, pueda apropiarse de una empresa. De los que estuvieron en esa reunión con ella algunos están vivos. Esto es la realidad. Podría contar la reunión con (Héctor) Magnetto y algunos otros que están en las oficinas. Esto es lo relevante.
Papaleo de Graiver: –Yo estaba en esa reunión. Estaban mis suegros, separados con su mi hijo, y yo estaba en otra mesa y se me acercó un señor…
Saguier: –¿Cuándo fue eso? ¿Fue durante la dictadura?
Papaleo de Graiver: –Después que llegué en junio de 1976. Mi marido murió en agosto de 1976 y yo fui a esa reunión. Estaba un señor que yo no conocía, porque yo había hablado con un señor de La Nación muy alto, Carlés…
Saguier: –Campos Carlés (presidente de Fapel S.A., el sello de goma que sirvió para firmar el boleto de compraventa de las acciones de Papel Prensa que pertenecían a la familia Graiver y Rafael Iannover).
Papaleo de Graiver: –Había hablado siempre con él. Me citaron a esa reunión. Yo siempre he dicho que me acuerdo más de los ojos y de la cara de Magnetto que la de mis torturadores. Me dijo que tenía que firmar.
Saguier: –En el momento del que usted habla, ¿estaba con Carlés?
Papaleo de Graiver: –En el momento que me habló, yo estaba sola con él. Era un lugar del diario La Nación muy grande, había un escritorio con una mesa. Mis suegros estaban por allí y yo estaba por acá. No teníamos contacto. Al día siguiente, nos reunimos de nuevo y Sofovich, que era de Clarín, me llevó a la salida y –estaba el contador mío– me dijo: “¿Usted sabe cómo fue la historia de Clarín? Usted ahora se va de acá. Tome un avión adónde pueda y que después alguien se ocupe de su hija, pero váyase ya”. Esa noche me secuestraron.
Saguier: –¿Ahí también estaba Carlés?
Papaleo de Graiver: –Yo me acuerdo de Carlés por las características físicas. Yo tuve, que me provocaron, una amnesia muy grande, sobre todo por la violencia. Los tumores que me sacaron eran coágulos que se desprendieron del cerebro a raíz de los golpes. Mi nombre de desaparecida era “La impura”, porque me había acostado con un judío.
Saguier: –¿Ustedes estaban en esa reunión?
Papaleo de Graiver: –No, ahí estaba el gordito Mitre de La Nación, Carlés, Sofovich, Magnetto. Estaban todos, pero no juntos. A mí me llevaron siempre a La Nación.
Moreno: –Los que somos mayores sabemos cómo fue esa historia. Los que son menores no saben que cuando ella dice “te llevan y te traen” es literal, porque te llevaban y te traían. Por ejemplo, cuando (Rafael) Iannover cuenta cómo lo agarraron, fue a la salida de la Bolsa de Valores. Lo agarraron con el hijo y le dijeron: “Venga: acompáñenos”, y se terminó.
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