InicioInfoGauchos
gaucho


El gaucho es el jinete sudamericano dedicado generalmente a cuidar los ganados; por esto mantiene semejanzas con el charro mexicano, el huaso chileno, el llanero colombo-venezolano, el vaquero estadounidense, el chagra ecuatoriano, el sabanero costarricense, el qorilazo y el morochuco peruano. Hasta fines del siglo XIX era semi-nómada, forma luego restringida con la aparición del alambrado. Actualmente, se designa gauchos, genéricamente, a los habitantes rurales dedicados a las tareas de ganadería en Argentina, Uruguay, Paraguay, el Chaco boliviano, el sector chileno de la Patagonia y a la población del Río Grande del Sur, sur del Brasil. A la mujer gaucha tradicionalmente se le ha llamado "china" (en quechua: muchacha y por extensión hembra[1] ), "paisana", "guaina" (en el norte litoraleño), "gaucha", "prenda" (en el sur del Brasil).

Los gauchos fueron actores importantes de las guerras de independencia y civiles y desarrollaron una literatura original, la literatura gauchesca, uno de cuyos ejes temáticos fue la denuncia de la injusticia social, que tuvo como punto culminante al libro El gaucho Martín Fierro (1872 y 1879).









etimologia

Existen varias teorías sobre el origen del nombre "gaucho". Se sugieren, entre otras hipótesis, que puede haber sido derivado del quechua "huachu" (huérfano, vagabundo) o del árabe "chaucho" (un látigo utilizado en el arado de animales). En el árabe mudéjar existía la palabra hawsh para significar al pastor y al sujeto vagabundo, por otra parte se ha señalado la probable influencia de inmigrantes moriscos clandestinos en la génesis del gauchaje, tal cual lo indicaba Diego de Góngora en sus informes capitulares a la corona española.[2] Aún hoy en Andalucía —especialmente en la lengua gitana caló— se habla de gacho para significar al campesino y, de modo figurado, al amante de una mujer. En el siglo XVIII Concolorcorvo habla de gauderios cuando habla de gauchos o huasos, gauderio parece ser una especie de "latinización" de las palabras antedichas, latinización asociada al término latino —muy conocido entonces, ya que era usual en la liturgia católica— gaudeus, que significa "regocijo", e incluso "libertinaje", es decir la palabra "gaucho" como la palabra "huaso" —metátesis una de la otra— parecen indudablemente plurietimológicas, y forjadas en un contexto temporal y territorial específico, el ámbito ganadero del Cono Sur. A la formación del gaucho también contribuyeron los camiluchos, estos eran los antiguos peones o "camilos" de las Misiones Jesuíticas, los cuales, al ser expulsada la orden jesuítica en 1767 e invadidas las"reducciones", marcharon hacia la región pampeana.

El primer uso documentado del término data de los años de la independencia argentina, declarada en 1816. Pero se vendría usando desde 1770.







Origen de la expresión "gaucho"



"El origen de la palabra gaucho, como el de tantas otras del Nuevo Mundo, ha dado lugar a las más variadas y no pocas veces alucinantes teorías filológicas".[3]

Las primeras referencias escritas a los gauchos se encuentran a comienzos del siglo XVII, utilizando términos como "mancebos", mancebos de la tierra, "moços perdidos", "moços vagabundos", "criollos de la tierra", "changador".[4]

A mediados del siglo XVII comenzó a utilizarse la palabra "gauderio" para designar a ese grupo social. Poco después aparece la palabra "gahucho", encontrada por primera vez escrita en un documento oficial de la Banda Oriental en 1771,[5] siendo ya de uso generalizado para fin de siglo.

La palabra gaucho al parecer se aplicó inicialmente de manera despectiva para designar , ya sea a partir del quechua "guacho" y luego "guacho" o "guaso" o ya sea del caló "gacho" -lo probable es que ambas palabras se fundieran- a un cierto tipo de poblador habitual en las zonas rurales del Cono Sur, los primeros escritores hablaron de "gauderios" (holgazanes) en la zona, fuera del alcance de las autoridades, era habitual que jóvenes provenientes de distintas regiones que hoy integran Argentina, sur de Brasil, Paraguay y Uruguay, se dedicaran a contrabando -sin saber que lo practicaban ya que los límites entre jurisdicciones eran muy difusos y variaban casi constantemente- de vacunos y cueros. La zona también era un refugio para fugitivos de las leyes opresivas de las autoridades coloniales y poscoloniales y esclavos fugados. Incluso cerca de Río Cebollatí llegó a organizarse una republiqueta gaucha, fortificada con cañones.

En las últimas décadas del siglo XVIII y primeras del siglo XIX la palabra gaucho se extendió por toda la región, para designar a los trabajadores libres que vivían de los vacunos salvajes de las pampas. Inicialmente el término era usado despectivamente, pero ya en la segunda y tercera década del siglo XIX, la palabra comienza a perder su connotación despectiva, de la mano de la causa federalista iniciada por José Artigas, liderando una alianza de provincias integrada por las provincias de Córdoba, de Corrientes, de Entre Ríos, Misiones (incluyendo en esa época también a las Misiones Orientales), la Provincia Oriental y la de Santa Fe.

En 1833 Charles Darwin visitó la región en su famoso viaje alrededor del mundo a bordo del HMS Beagle. Darwin realiza amplias referencias descriptivas sobre los gauchos en su libro A Naturalist's Voyage Round the World. The Voyage of the Beagle (Viaje de un naturalista alrededor del mundo. El viaje del Beagle), utilizando la palabra sin ningún dejo despectivo y reflejando su utilización generalizada en las dos orillas del Río de la Plata e incluso en la Patagonia. Darwin, quien llegó a entrevistarse con Juan Manuel de Rosas, dice que Rosas, "al adoptar la vestimenta y los hábitos del los Gauchos, ha obtenido una ilimitada popularidad en el país".[6]

En 1845 Domingo F. Sarmiento (hijo de José Clemente Sarmiento quien era un arriero entre el Cuyo y Chile, el
padre de D.F. Sarmiento puede considerarse como gaucho) publica Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas, dedicada a analizar la vida de un caudillo gaucho como fue Facundo Quiroga, utilizando extensamente la palabra gaucho, sin connotación despectiva, aunque asociando al gaucho y su cultura con la barbarie.







Modo de vida original


La genealogía del gaucho es compleja; sin duda existen los gauchos —aunque no fuera generalizado ese nombre— ya desde los tiempos de Hernandarias, al requerirse sujetos libres para manejar los numerosos rebaños de ganado cimarrón que medraban en las vaquerías pamperas y campañas del Mar o Vaquerías del Mar en el S XVII. Estos "protogauchos" eran criollos y mestizos en su mayoría (probablemente como el mismo Hernandarias, eran "mancebos de la tierra" . Sin embargo, existe una leyenda que menciona con nombre y apellido al "primer gaucho": según tal leyenda en 1586 en la aldea que entonces era la actual ciudad de Buenos Aires vivía un soldado raso andaluz llamado Alejo Godoy; éste se quejaba del mal trato y las pésimas condiciones de vida y habría enviado una carta al rey de España para que atendiera su condición y las de aquellos que se encontraban en circunstancias semejantes. Como (obviamente) no recibiera respuesta, —se dice— cansado de esperar se acercó al baldío que entonces era la Plaza Mayor y tras gritar "¡Muera Felipe II!" se fugó a galope hacia el campo. Este relato es casi sin duda legendario, pero como muchas leyendas aporta ciertos datos para entender el origen del gaucho.
En Brasil, la historiografía a veces supone a los gauchos con orígenes portugueses. Lo cierto es que en la región contendida de la Banda Oriental, el Río Grande y las Misiones Orientales prosperaron los gauchos que arreaban ganado practicando, sin saberlo, contrabando de ganado entre los territorios entonces españoles y portugueses (el ganado se dirigía a la brasileña "Feria de Sorocaba" siguiendo la Ruta del ganado).
Los gauchos eran generalmente nómadas y habitaban libremente en la región pampeana, la llanura que se extiende desde el norte de la Patagonia argentina hasta el norte del estado de Río Grande del Sur al sur del Brasil, bordeada por los Andes hacia el oeste y aún más al norte, por los llanos chaqueños hasta la región de Chiquitania y Santa Cruz de la Sierra, originado en relación al ganado introducido por los europeos, formando un complejo ecuestre criollo. Puede decirse que hay gauchos en toda la región del Cono Sur donde se puede andar a caballo. Como se ha indicado, la mayoría de los gauchos son criollos o mestizos, si bien esto no es definitorio. Hacia 1875 el viajero gascón Henri Armaignac daba una definición más cercana al respecto de quién era considerado gaucho. En principio, gaucho es —como ya se dijo— el habitante rural que tiene gran destreza como jinete, pero esto no basta. Dice Armaignac: "Un extranjero —por ejemplo un europeo— puede adquirir, aunque sea muy difícil, todas las destrezas del gaucho, vestir como gaucho, hablar como gaucho... pero no será nunca considerado gaucho; en cambio sus hijos aunque todos sus linajes sean directamente europeos, al ser ya nativos o criollos sí serán cabalmente considerados gauchos."







El Gaucho, símbolo en el Cono Sur


Su participación en las Guerras Independentistas

El gaucho interpreta un rol simbólico importante para el nacionalismo (y las relaciones humanas) de la región, especialmente en el Río de la Plata y en el noroeste argentino. El poeta uruguayo Antonio Lussich es considerado uno de los precursores de la poesía gauchesca, y su poema Los Tres Gauchos Orientales fue considerado por Jorge Luis Borges un antecesor del poema épico Martín Fierro del argentino José Hernández. Éste último, la obra más famosa del género, evidencia al gaucho como símbolo de tradición nacional argentina, contraponiéndolo a las tendencias europeizantes de la ciudad y a la corrupción de la clase política. Martín Fierro, héroe del poema, es reclutado por el ejército argentino para la guerra fronteriza contra "el indio", pero deserta y se convierte en un fugitivo de la ley. La imagen del gaucho libre a menudo es contrastada con aquella de los esclavos que trabajan en el norte de Brasil. Estereotípicamente, los gauchos eran fuertes (forzosamente, dadas sus actividades), taciturnos pero arrogantes y capaces de responder con violencia ante una provocación. Si bien en el sur argentino los gauchos mostraban cierta indisciplina, en el norte de Argentina de principios del siglo XIX tuvieron un papel distintivo, ya que tuvieron un trascendental desempeño militar en las luchas por la independencia de España. Este se dio particularmente en la frontera con el Alto Perú. Su lucha fue descripta y recordada épicamente por Leopoldo Lugones como La Guerra Gaucha.

Los hechos históricos señalan que su destacada participación fue crucial para la Independencia Argentina, quienes supieron constituir un grupo militar disciplinado con aquella comunidad multiétnica. Los ancestros de sangre del gaucho norteño eran básicamente de origen indígena sudamericano, español, afroamericano y en menor medida lusitano. La conducción militar de la defensa de la frontera, de lo que fuera el virreinato del Río de la Plata durante los años de lucha independentista, quedó virtualmente en manos los gauchos. Asediados por los españoles, que avanzaban desde el virreinato del Perú después de recuperar militarmente todo el subcontinente, los gauchos norteños defendieron la frontera con firmeza, caracterizándose por el cumplimiento de una férrea disciplina militar, el seguimiento fiel a su jefe y caudillo Martín Miguel de Güemes y la demostración de habilidades y destrezas particulares para el combate a caballo y en la lucha abierta, aun en medios adversos. En la bibliografía histórica militar internacional los gauchos fueron comparados por analogía con los soldados del cuerpo de mamelucos del norte de África que luego formaron parte de las tropas de Napoleón al ingresar a Madrid, cuando ocupó España en 1808.

Los combates de la Guerra Gaucha se desarrollaron en una línea fronteriza de más de seiscientos kilómetros de extensión,teniendo como principal escenario la Quebrada de Humahuaca, que quedó bajo su responsabilidad después del colapso militar patriótico producido por la derrota del Ejército del Norte, conducido por el general argentino José Rondeau, en manos del general español Joaquín de la Pezuela tras la Batalla de Sipe Sipe en 1815.

Aquellas luchas se prolongaron por más de diez años, con un ejército de guerrilla, de línea y de artillería. La modalidad de lucha de guerrillas se daría en llamar "montoneras".

Solamente en territorio argentino aquella fuerza militar gaucha actuó en doscientos treinta y seis batallas diversas defendiendo la vanguardia de la frontera, en seis de las diez invasiones procuradas por el reino español para recuperar los dominios declarados independientes en Tucumán en el congreso de 1816.

http://casoilresource.lawr.ucdavis.edu/drupal/files/images/gaucho.jpg


Axiología gauchesca


Existía toda una axiología gaucha caracterizada por los siguientes valores: valentía, lealtad, hospitalidad —de allí que en Argentina, Uruguay y el sur de Chile la frase "hacer una gauchada" —totalmente opuesta a "hacer una guachada"— significa tener un gesto de hidalguía o una buena actitud. Para una parte de la aristocracia y la burguesía urbana del siglo XIX, el gaucho era un "salvaje peligroso" y la palabra gaucho le resultaba casi un insulto.

Un ejemplo de la idiosincrasia gaucha del s XIX está reflejada por José Hernández (quien se crió entre gauchos) se encuentra en estas estrofas del Martín Fierro (se respetan los modismos y los vocablos gauchescos de ese tiempo):


No me hago al lao de la güeya

aunque vengan degollando,
con los blandos yo soy blando
y soy duro con los duros,
y ninguno en un apuro
me ha visto andar titubiando.

En el peligro, ¡Qué Cristos!,
el corazón se me enancha.
pues toda la tierra es cancha,
y de esto naide se asombre:
el que se tiene por hombre
ande quiera hace pata ancha.

Soy gaucho y entiendanló.
Como mi lengua lo explica,
para mí la tierra es chica
y pudiera ser mayor.
Ni la víbora me pica,
ni quema mi frente el sol.

(...)

lo que al mundo truje yo,
del mundo lo he de llevar.

Mi gloria es vivir tan libre
como el pájaro del Cielo,
no hago nido en este suelo
ande hay tanto que sufrir;
y naides me ha de seguir
cuando yo remonte el vuelo.

Yo no tengo en el amor
quien me venga con querellas,
como esas aves tan bellas
que saltan de rama en rama.
Yo hago del trébol mi cama
y me cubren las estrellas.

Y sepan cuantos me escuchan
de mis penas el relato
que nunca peleo ni mato
si no es por necesidá;
y que a tanta alversidad [adversidad]
sólo me arrojó el mal trato.

Y atiendan la relación
Que hace un gaucho perseguido,
que padre y marido ha sido
empeñoso y diligente,
y sin embargo la gente
lo tiene por un bandido.


Poco más de medio siglo después el escritor y estanciero Ricardo Güiraldes se siente emocionalmente obligado a dar su homenaje a los gauchos (en los inicios de s XX reducidos a la categoría laboral de "peones", es decir: de jornaleros rurales). A pesar de tal ubicación en la "escala social", Güiraldes se ve compelido a reconocer —con mucha nostalgia— los valores del gaucho. Estos valores son puestos en el personaje de un gaucho, al cual sintomáticamente llama "Don Segundo Sombra", y a quien siente que le adeuda su iniciación como hombre. Don Segundo Sombra es su mentor, le da nociones de un especial honor y respeto al prójimo, le enseña a tratar con la naturaleza, e incluso (y esto es clave) es quien le protege de sus temores y fobias burgueses. Éste es uno de los motivos por los cuales Güiraldes, muy joven, concluye, después de que Don Segundo le despidiera, "lo vi irse en el horizonte (...) y me fui como quien se desangra".


La literatura gauchesca

Bartolomé Hidalgo es considerado el "primer poeta gaucho", sus Diálogos patrióticos (1822) inician la literatura gauchesca; Estanislao del Campo, en El Fausto Criollo (1866), Hilario Ascasubi, en su obra referida a Santos Vega (1870), Antonio Lussich y su coetáneo y conocido José Hernández, uno en Los tres gauchos orientales, el otro en el Martín Fierro (1872), presentan un gaucho idealizado, de espíritu noble, respetado por los campesinos por su fuerza física y moral. Sarmiento, prácticamente el hijo de un gaucho, en su Facundo (1845), tiene una relación de amor y odio hacia lo gaucho: caracteriza al gaucho en bueno: rastreador y baqueano, que vive en un estado de armonía con la naturaleza; y malo: «...hombre divorciado con la sociedad, proscrito por las leyes;... salvaje de color blanco» que incluye al cantor, que anda «de tapera en galpón» cantando hazañas propias y ajenas.

A algunos les pareciera que aquella distinción entre el gaucho «bueno» y el «malo», dentro del mito asimismo es muy relevante porque permite entender lo paradójico de este mito. Sarmiento hace hincapié en la existencia nómada del gaucho, en su comportamiento rústico, en su capacidad de sobrevivir en la Pampa, cuya misteriosa belleza y peligro oculto le fascinan, pero sobre todo identifica al habitante de la Pampa como un ser incivilizado, opuesto al avance del progreso en comparación con los refinados ciudadanos «que visten traje europeo, viven de la vida civilizada... [donde] están las leyes, las ideas de progreso, los medios de instrucción... etc».

La imagen del «gaucho malo» se encuentra también en el Juan Moreira (1880), la novela de Eduardo Gutiérrez. Este texto relata la vida de un personaje existente y típico del paisaje tradicional pampeano: Juan Moreira. Nos cuenta los juegos valientes de este «Robin Hood» argentino, cuya nobleza contrasta con un rastro de crímenes horrendos y muertes insidiosas. Sin embargo, aquella violencia tiene una razón que le disculpa al gaucho. En la obra de Gutiérrez, el gaucho, víctima de la sociedad, vuelto malo por la injusticia a la cual se ve sometido, se rebela contra la ley. Su astucia y su temeridad son la base del mito criollo (iniciado por el Martín Fierro). Su inferioridad social, y su mala reputación le obligan al gaucho a aislarse, volviéndose un ser violento y antisocial. Este gaucho lo llamaremos según la expresión popular «gaucho matrero».

Ricardo Güiraldes, en Don Segundo Sombra (1926), vuelve a transformar el campo en poesía. En palabras de Lugones: «Paisaje y hombre ilumínanse en él a grandes pinceladas de esperanza y fuerza. Qué generosidad de tierra la que engendra esa vida, qué seguridad de triunfo en la gran marcha hacia la felicidad y a belleza». Al idealizar al gaucho con líricos toques de virtud y heroísmo en una relación de completa armonía con la naturaleza, nutre el concepto que ha creado el estereotipo del gaucho tan evocado en el folclore argentino.

Si quisiéramos contar la historia del gaucho malo, habría que comenzar con el Santos Vega donde el gaucho es malvado y culpable, y continuar en el Martín Fierro donde es forzado por la autoridad injusta a matar y pelear a ”la partida”, pero se incorpora finalmente al Sistema. En cambio en Moreira, el gaucho matrero se convierte en un super-héroe peleador quién, herido mortalmente por la policía, se muere finalmente en su ley. Todavía ahí no termina la línea del mito del héroe rebelde: encontramos, casi en la actualidad, al bandido-héroe Mate Cosido que, perseguido en el Chaco por la policía, es querido y protegido por los pobladores porque no roba a los pobres sino a las grandes empresas explotadoras y se convierte, así, en una forma de vengador del oprimido. Hay que considerar, sin embargo, que tanto Juan Moreira como Mate Cosido fueron personas reales y no meros personajes literarios, como sí es el caso de Martín Fierro. En cuanto a Santos Vega, el personaje literario parece estar basado en alguien que realmente existió pero de quien prácticamente nada se sabe.

A lo largo del siglo XX declina la literatura gauchesca (si bien pervive, sobre todo en las payadas y en las letras de las canciones folclóricas), aunque se produce un curioso fenómeno: la aparición del gaucho en la historieta (son los casos de Santos Leiva, Lindor Cobas, El Huinca, Fabián Leyes etc. que presentan al gaucho decimonónico en sus aspectos más virtuosos), estos gauchos de historieta idealizados en exceso ya tenían su contrapartida en la narrativa visual de las pinturas hechas por Florencio Molina Campos en donde con gracia es presentado un gauchaje más humano, en los 1970s la tradición visual que representa graciosamente si bien con respeto al gauchaje es proseguida por otros gauchos de historieta: El gaucho Carayá y, especialmente, Inodoro Pereyra (El Renegau), un excelente homenaje en clave humorística realizado por Roberto Fontanarrosa.


Me niego a confesar que no tengo casi fuerzas para avivar el fuego vacilante de la estufa. Aprietan el silencio y el frío; y yo mismo, hombre de intemperie y de veteranos silencios, tengo el alma encogida.
La luz vacilante de la llama danza en las altas paredes de mi cuarto y hacen más agudo su aire pelado de comisaría de campaña. Qué destino el mío! Lo pienso ahora, casi recuperable y cercano
como el poncho que intenta abrigarme.
El cortejo de sombras indecisas no pisa aún el resplandor de las brasas y todavía tengo algún tiempo si no me interrumpen los embelecos de mi pobre hija.
Siquiera en el recuerdo me tengo derecho en los estribos, firmes las riendas en la mano izquierda y el talero seguro en la derecha, mientras detrás de mí,la caballada tasca, impacientes los frenos en la primera luz de la mañana. Para qué habría yo de querer espada?, si a pura voluntad tuve a raya a todos una punta de años.
Todavía me cargosea alguna vez el recuerdo un rostro emboscado detrás de tupidas patillas.Y aquella mirada como de tigre acosado... Pero, cuando se cuadraba, también sabía aflojar el hombre. Yo desplegaba mis vastos telares de silencio y entonces quedaba como indefenso, apretado en un juego que le era ajeno y la pupila tinta en sangre buscaba la guarida del suelo.
Vuelvo a intentar el sabor de los días idos y profundos como el agua de los aljibes. Nadie creería que mi única fiesta era la sombra de algún sauce y mi destracción alguna nube caprichosa que aliviaba la pampa inabarcable.
Monótonas y austeras fueron mis jornadas, parejas como el viento cargando sobre el océano de pastos que goberné como un rey bárbaro.
Sé que vendrán a hablar ahora, del resplandor de la gloria y de mi porfiada pasión por la sangre. Esos, ignorarán siempre mi esencial alejamiento de toda cosa. Ni siquiera la pasión de aquella mujer vibrante como una lanza me sacó del tiro. Es cierto que calmó mis noches como un torrente de perfumes encendidos. También buscó los atajos de mi sangre. Pero, cuando tiritaba la primera luz del alba entre malvones dormidos, el pájaro de sombra anidaba nuevamente en mi corazón.
Ni siquiera el Poder que fatiga su talón en los muros cotidianos de la costumbre, ni las joyas reluciendo en la altas bandejas del cielo, ni el temor del Altísimo, ni la idolatría de la chusma; nada pudo alterar el temible filo de mis labios. Tampoco las imprecaciones de los condenados o los llantos de sus mujeres.
Ni fervor ni ira alteró el paso isócrono de mis espuelas rayando la tierra que creí mía para siempre.
Y esta es la última noche.El frío y el silencio de una
tierra de gringos me gana de a poco. Poco importa ya todo...
Sé ahora que me muero.



fotos





















videos














Datos archivados del Taringa! original
0puntos
1,015visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
0visitas
0comentarios
Dar puntos:

Posts Relacionados

Dejá tu comentario

0/2000

No hay comentarios nuevos todavía

Autor del Post

r
rocky602🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts4
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.